Imprimir
Inicio » Opinión  »

De tal palo... peor astilla

| +

Tras la segunda conflagración mundial, devino la llamada guerra fría entre las dos superpotencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, que desató una competencia en la fabricación de armamentos de todo tipo capaz de conducir a una guerra nuclear en la que podrían desaparecer grandes porciones de la humanidad. Sin embargo, durante todo ese tiempo después de 1945 se puede decir que predominó una larga paz con esporádicos amagos de nuevos holocaustos, hasta el meteórico desmoronamiento del campo socialista que deja el camino abierto a un mundo unipolar.

Hace su aparición entonces, con gran fuerza, la gran vedette con redoble de tambores. La única gran potencia era entonces Estados Unidos. A Washington le había caído en sus manos todo el poder del mundo. A la sazón, en los finales de los 80, bajo la égida entonces del Viejo Bush -Bush Senior- se lanza con todos los hierros y el apoyo de una coalición de países europeos y hasta algunos países árabes en una alianza contra natura, a protagonizar la llamada Guerra del Golfo, la primera guerra del siglo XXI como la calificaron algunos, debido a los poderosos medios electrónicos y técnicos en juego. Se metieron en el conflicto, como se meten en todo, aprovechando contradicciones entre Iraq y Kuwait, que no vienen al caso analizar aquí, pero que el ambicioso enemigo de Bagdad capitalizó a su favor habida cuenta de que la región guardaba el 67 por ciento de la reservas de petróleo.

Con todo y su abrumadora superioridad que les permitió liberar a Kuwait y doblegar a su enemigo Sadam Husein, tuvieron que enfrentar importantes manifestaciones de rechazo del pueblo norteamericano mientras veían regresar las víctimas mortales envueltos en sus "todopoderosas" Stars and Stripes.

Recuérdese de que ya antes, el 1989, violando todos los compromisos internacionales, incluyendo la Carta de la OEA, había tomado la irresponsable decisión de invadir a Panamá. Ya aquello demostraba que la supuesta distensión entre la dos grandes potencias, y la paz que propugnaban no era tal para los países pobres, cuya paz debería pasar primero por la soberanía y la independencia. Con aquel acto el Bush viejo, trataba de impedir a ultranza la devolución del Canal establecido por el tratado Torrijos-Carter. Aquello ya le reportaba un costo político por la repulsa mundial ante tal demostración de fuerzas que fue resistida en combate desigual por el pueblo panameño.

Aproximadamente una década más tarde, se instala en la poltrona presidencial por sus... fraudulentas elecciones, el retoño W. Bush, con el cociente de inteligencia más bajo de todos los presidentes que han pasado por la Casa Blanca, según apuntan recientes estudios, pero con el firme propósito de utilizar el poder para rellenar sus ya abultados bolsillos y los de su clan de multimillonarios. Lo que menos le ha preocupado es el pueblo norteamericano y mucho menos los países pobres y los que él ha convertido en supuestos enemigos peligrosos con el mendaz argumento de la seguridad interna de Estados Unidos. Ya la tan gastada falacia del terrorismo no la cree la mayor parte de la opinión pública doméstica y mundial. Muchos han sentido en carne propia que no hay mayores terroristas que el Pentágono y la Casa Blanca.

Ha metido tropas en Afganistán con la excusa de encontrar a Bin Laden, pero no ha dado con él y no sale de ahí. Ha destruido a Iraq y ha matado a miles de nativos y causado la muerte de otros miles de soldados de Estados Unidos, la mayoría reclutados entre los inmigrantes, campesinos y negros. Lo peor es que no le importa para nada que la humanidad entera sepa que la excusa con la que atacó con todo su sofisticado poderío al país árabe fue la gran mentira de que guardaban armas nucleares que no pudieron encontrar jamás ni los más avezados especialistas enviados a registrar todo el territorio iraquí.

Pero ya no son los mismos tiempos en que su padre tomaba decisiones desde el Salón Oval. Este Bush está pagando un altísimo precio político por sus errores. Estos cuatro años de guerra -ahora sin un grupo de países europeos apoyándolo como en la Guerra del Golfo, que si mal no recuerdo eran más de veinte- apuntalado ya a medias sólo por el 10 de Downing street, lo han dejando totalmente desprestigiado ante sus conciudadanos y el mundo. Le resulta difícil salir del pantano en que está inmerso. No hay que olvidar que hasta ahora, en toda la historia, han sido las tropas terrestres las que han definido el triunfo de un contendiente sobre otro, pese a las grandes ventajas que siempre tienen los imperialistas en cuanto a armamentos se refiere.

Por otra parte, y cambiando de continente, la ridícula gira en la que fue repartiendo migajas por unos pocos países latinoamericanos demuestra que tampoco son los tiempos en que su padre pudo invadir Panamá. Ya los pueblos del sur del Imperio han tomado conciencia de quiénes son los culpables de sus desgracias y aúnan esfuerzos y voluntades para salir adelante, mientras al payaso de la Avenida Pensylvania sólo le dedican una sonada trompetilla.

Su feroz política contra Cuba es harina de otro costal y motivo de otro comentario. Mientras más aprieta Bushito, empujado por la mafia anticubana, más terreno pierde ante los ojos del propio pueblo norteamericano. Por todas estas razones y muchas otras, en este momento tiene el más bajo nivel de popularidad en sus dos períodos en la Casa Blanca -ambos mediante elecciones fraudulentas- y posiblemente el de todos los presidentes de ese país en toda la historia. Nada, que está por el sótano, como le sucede con la inteligencia.

¿Y Naciones Unidas? Bien, gracias.

Haga un comentario



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Lillian Lechuga

Lillian Lechuga

Periodista cubana especializada en temas internacionales.

Vea también