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Propiedad y expropiación en la economía del conocimiento

4 enero 2007

Todos los pícaros son tontos; los buenos son los que ganan a la larga.

José Martí…

La conciencia y los estudios sobre la nueva posición del conocimiento (y de la generación organizada de conocimiento) en los sistemas económicos son relativamente recientes.

No ha habido tiempo histórico para acumular datos empíricos y extraer de ellos conclusiones. Más aún, los datos que se puedan coleccionar hoy sobre las relaciones entre la investigación científica y la economía en diferentes países, probablemente sean de utilidad limitada, ya que lo que estamos presenciando en la función del conocimiento en la economía no es un cambio incremental sino una discontinuidad. Y las discontinuidades no se dejan explorar fácilmente con extrapolaciones de tendencias pasadas.

Aceptemos entonces desde el inicio, que el camino recorrido no es suficiente para ofrecer datos y conclusiones; pero si lo es para comenzar a construir una visión, que por temprana puede ser imprecisa, pero también por temprana puede ser oportuna.

Construir esta visión desde la perspectiva de la experiencia cubana es por otra parte, una oportunidad singular. En el mundo hay ya abundantes experiencias que estudiar sobre la integración de la ciencia a la economía (sistemas nacionales de innovación, parques tecnológicos, etc.) pero todos en el contexto de economías de mercado; es decir, quizás diferentes en sus formas de organización y gestión pero muy similares en sus formas de propiedad.

Esta uniformidad ha sesgado el análisis, pues la gran mayoría de los estudios sobre el tema se concentran en discutir la forma de gestión de las recursos productivos (en este caso del conocimiento), e ignoran el problema de la apropiación; cuando es precisamente el régimen de propiedad lo que distingue en esencia los sistemas socioeconómicos.

Uno de los pocos lugares donde puede analizarse una experiencia de desarrollo científico técnico y económico basado en el conocimiento, en el contexto de un sistema socialista, y desde la perspectiva de compromiso social de sus actores, es Cuba.

Súmese a eso que la experiencia cubana ocurre en el contexto de una economía subdesarrollada, en un país del llamado “Tercer Mundo”, y se verá claramente que el análisis de esta experiencia puede ser relevante (y útil) para la gran mayoría de la humanidad.

Esto justifica el intento y excusa las limitaciones en el artículo que van a leer.

QUE ES LA ECONOMIA DEL CONOCIMIENTO?

El término “Economía del Conocimiento” intenta capturar un conjunto de fenómenos que denotan una importancia creciente del conocimiento en el funcionamiento y desarrollo de los sistemas productivos de bienes y servicios.

En los últimos años se ha ido acumulando una gran cantidad de literatura sobre el tema.

Por solo citar 2 conocidos pensadores sobre el futuro de las economías, Alvin Toffler (1) en su libro “El Cambio de Poder” (Powershift) declara que “…dado que él reduce las necesidades de materias primas, fuerza de trabajo, tiempo, espacio y capital, el conocimiento se vuelve el recurso central de las economías avanzadas”; mientras que Peter Drucker concluye que “Las industrias que en los últimos 40 años han pasado a ocupar el centro de la economía son aquellas cuyo negocio es la producción y la distribución de conocimiento, y no la producción y distribución de objetos” (2).

Que el conocimiento es importante para la producción no es nada nuevo: Hace falta tecnología, experiencia, información, etc., para extraer petróleo, para producir azúcar, para ofrecer servicios turísticos; para todo.

Lo nuevo está en la expansión de industrias y ramas enteras de la economía, donde el conocimiento es el “recurso limitante”, no la tierra, no las materias primas, ni siquiera el capital.

Considérense como situaciones límites en un extremo las industrias extractivas (petróleo por ejemplo) y en el otro extremo la producción de software.

En las industrias extractivas como petróleo y minería, es obvio que el recurso limitante es la disponibilidad de materia prima. Si se dispone de ella en abundancia, se podrán atraer el capital y las tecnologías necesarias. Y aún en esos casos, de evidente protagonismo del componente materia prima, los conocimientos geológicos, tecnológicos y de negociación, así como la capacitación de los trabajadores, tienen un papel creciente como catalizadores del proceso que convierte el recurso natural en recurso económico realizable en el mercado.

En la industria del software, en el otro extremo, la materia prima no existe; es todo conocimiento. Téngase el conocimiento y se tiene todo.

Los restantes sectores de la producción y los servicios están en algún lugar intermedio, en el balance entre el componente material y el componente intangible como determinantes del resultado.

Pero son precisamente aquellos sectores donde el conocimiento tiene un papel determinante, los que más se han expandido en los últimos años en los países industrializados: software, microelectrónica, computación, telecomunicaciones, industria farmacéutica, biotecnología, industria aeroespacial, polímeros y plásticos de alta tecnología, nuevos materiales, química fina, etc.

En los 20 años transcurridos entre 1976 y 1996, la fracción del comercio mundial clasificable como “productos de alta tecnología” se duplicó (de 11% a 22%) mientras que la fracción correspondiente a productos primarios se redujo de 34% a 13%. (3).

Por todas partes vemos surgir los síntomas de esta transformación:

·        El incremento en la cantidad de trabajadores que solo trabajan con información.

·        El incremento del valor del conocimiento incorporado en la estructura de los costos y los precios.

·        El crecimiento exponencial del depósito de patentes y los litigios sobre patentes.

·        La competencia por “diferenciación de productos” más que por escala y precio.

·        El acortamiento del tiempo de obsolescencia de los productos, que desplaza la competitividad hacia la capacidad de innovación.

·        El incremento de las transacciones económicas sobre “activos intangibles”.

Y muchos otros síntomas que anuncian el proceso esencial subyacente de transformación del conocimiento en el RECURSO CRITICO limitante del desempeño económico.

El acceso a este recurso comienza a ser ya un nuevo factor de polarización de la economía mundial.

Los países industrializados, con menos del 20% de la población mundial, realizan más del 80% de la inversión mundial en Investigación-Desarrollo, publican más del 85% de los artículos científicos, y son titulares de más del 90% de las patentes. La fracción de la población dedicada a la ciencia y la tecnología en el Norte se estima en 0.2%, mientras que en el Sur es inferior a 0.05% (4).

EL RECURSO “CONOCIMIENTO”: SIMILAR y DIFERENTE.

El conocimiento como recurso económico tiene rasgos semejantes a otros recursos como las materias primas, la fuerza de trabajo y los bienes de capital.

El conocimiento tiene un costo, y no es barato. Si se tiene en cuenta que en muchos países desarrollados el sistema educacional absorbe aproximadamente el 10% del Producto Interno Bruto (PIB), que las empresas gastan otro 5% del PIB en capacitación, y que otro 3-5% se emplea en Investigación-Desarrollo, se concluye que las economías más avanzadas invierten hoy la quinta parte de su PIB en producir y diseminar conocimiento, lo cual es más que lo que esas mismas economías invierten en la formación de capital tradicional (2).

El costo del conocimiento se transfiere al costo y al precio de los productos. En la medida en que el conocimiento se ha hecho limitante y ha dejado de ser un elemento de “externalidad” libremente accesible, las empresas tienen que pagar por el; ya sea por adquirirlo (patentes, transferencia de tecnologías, etc.) o por generarlo.

Este conocimiento incorporado es fuente de valor; porque es una expresión del trabajo. Según Marx el valor de la mercancía solo surge del trabajo; es precisamente la fuerza de trabajo la única capaz de generar valor. Pero en ese proceso operan tanto el “trabajo inmediato” que ocurre durante el proceso concreto de manufactura, como el “trabajo general” que se incorpora al valor a través de los conocimientos y las tecnologías. El propio Marx lo define así: “Es trabajo general todo trabajo científico, todo conocimiento, todo invento” (5).

Pero el recurso “conocimiento” tiene también particularidades que lo diferencian de otros recursos. La tierra, los recursos naturales, la fuerza de trabajo y el capital son finitos. Se puede poseer mucho, pero tarde o temprano se agota. El conocimiento por el contrario es infinitamente expansible: siempre se puede generar más.

El conocimiento por otra parte no “se gasta”. Dos empresas no pueden usar al mismo tiempo la misma parcela de tierra, ni la misma brigada de trabajadores; pero si pueden usar simultáneamente el mismo conocimiento.

Algunos han llevado esta idea al extremo de decir que el conocimiento es accesible, que no puede ser “apropiado”. Como veremos más adelante esta extrapolación es falsa; y uno de los procesos más complejos y peligrosos del capitalismo actual consiste precisamente en el intento de encontrar formas de privatizar el conocimiento. Aunque también es cierto que el conocimiento es más difícil de privatizar que la tierra y los bienes de capital; y ahí radica precisamente la oportunidad.

El conocimiento rara vez es aplicable directa o inmediatamente. Su aplicación requiere en muchos casos de nuevo conocimiento, vinculado al contexto concreto, nacional o local en que se usa.

El conocimiento por ultimo se deprecia muy rápidamente, al ser sustituido por conocimiento nuevo. No se puede “almacenar”.

Estos dos últimos rasgos implican que las ventajas o desventajas que derivan del rol del conocimiento en la economía dependen menos de la cantidad de conocimiento que hoy se tiene como de la capacidad de generar, rápida y continuamente, nuevo conocimiento. Es en el sistema de ciencia e innovación tecnológica, donde está el centro del problema.

El conocimiento, como cualquier otro recurso, tiene una “productividad”, una especie de rendimiento o retorno del conocimiento. Sobre esto no hay mediciones, ni siquiera una teoría; pero sí la intuición de que el mismo esfuerzo de generación de conocimientos produce retornos económicos diferentes en distintos contextos. El ejemplo más citado (quizás gastado) es la comparación para el período posterior a los años 50, entre la notable producción de conocimientos científicos en Inglaterra con limitada traducción en competitividad industrial; y el ascenso económico de Japón, que no se basó principalmente en la producción de conocimiento nuevo (2).

De manera que, cuando empezamos a ver al conocimiento como recurso productivo, vemos también que disponer de este recurso es una cosa, e invertirlo bien para obtener retorno económico, es otra. Ello nos lleva inmediatamente a la idea de que disponer de un sistema de Ciencia e Innovación Tecnológica es una cosa, y conectarlo inteligente y eficazmente con el aparato productivo, es otra. La Ciencia es obviamente, condición necesaria, pero ni con mucho condición suficiente.

EL CONOCIMIENTO COMO RECURSO ECONOMICO: LA FALACIA DE LA “CIRCULACIÓN”.

Los cambios cualitativos en las funciones del conocimiento en los sistemas económicos están ocurriendo  en tres planos simultáneamente:

-         A nivel de la generación del conocimiento.

-         A nivel de la circulación del conocimiento.

-         A nivel de la apropiación del conocimiento y su valorización en transacciones económicas.

Ingenua o intencionalmente la literatura sobre el tema se concentra en el volumen y velocidad de circulación del conocimiento.

Pareciera que es suficiente conectarse a Internet con suficiente ancho de banda para impulsar el desarrollo socioeconómico.

Es cierto que asistimos a una explosión sin precedentes de la información: Hay cientos millones de computadoras personales en el mundo, cada año se depositan 1 millón de patentes y se publican 2 millones de artículos científicos; y se estima que hay más de 400 millones de usuarios de Internet. Alguien calculó que al ritmo de publicación actual, si se ponen los libros publicados uno junto a otro en fila, habrá que moverse a 150 Km/h para seguir el extremo de la fila. Y aún pudiéramos añadir otras cifras y cálculos, cada cual más impresionante (4).

Hay mucho conocimiento circulando y habrá más. Pero ahí no está lo esencial. La circulación de conocimientos, al igual que la circulación de mercancías, no crea valor.

Los cambios esenciales están en que el conocimiento está siendo generado de manera diferente, y está siendo apropiado de manera diferente.

El proceso de generación de conocimientos ha estado transformándose a lo largo de todo el siglo XX.

El hombre ha buscado siempre conocer; pero la ciencia, como actividad conciente, organizada y sistemática de obtener conocimientos nuevos y  generalizables, no es tan vieja en la historia de la humanidad. De hecho era una actividad “de aficionados” hasta el Siglo XVIII. Solo en el siglo XIX surge la profesión remunerada de investigador científico; en sus inicios muy vinculada a las universidades (6).

En el siglo XX ocurren, casi superponiéndose, tres cambios importantes:

El primero es el surgimiento de Institutos de Investigación Científica, creados por el Estado, al margen del sistema universitario. Esto ocurre por primera vez en Alemania, en 1911 (7). De ahí en adelante, crecen y se desarrollan sistemas de instituciones científicas no-docentes, con diferentes formas organizativas y dimensiones, pero casi  siempre bajo el control y el financiamiento del Estado. La investigación operaba así como parte de los gastos sociales, creando un contexto de conocimientos y cuadros de los cuales se aprovechaban las empresas sin pagar por ello, como externalidades económicas.

El segundo cambio es la creciente inversión de las empresas para financiar investigaciones científicas, mediante diferentes modalidades de contratos o alianzas con instituciones académicas o universitarias. Los datos de la década del 90 registran que más del 50% de la actividad científica no-militar en los principales países industrializados, es financiada por la industria privada (7) y esta cifra sobrepasa el 70% en Japón.

El tercer cambio, que se superpone en el tiempo con el segundo, y que es probablemente el más importante, es la creciente internalización de la actividad de             investigación-desarrollo como parte del contenido de trabajo de las propias empresas de producción y servicios.

En los Estados Unidos, hacia 1920 ya existían unos 300 “laboratorios” en las corporaciones, y en 1960 estos llegaban a 5400. La constitución misma de estos laboratorios es el reconocimiento de situaciones en las cuales la producción material ya no puede avanzar sin integrar un proceso organizado de producción de conocimientos (8). La gran industria farmacéutica puede servir para ilustrar esta tendencia. Sus gastos en I+D pasaron del 12% de la facturación al 22% de la facturación en los últimos 17 años; un gasto en I+D en el orden de las decenas de billones de dólares por año.

En los últimos 20 años del Siglo XX comienzan a surgir empresas en que la generación de conocimientos no es solo una actividad intrínseca, sino la actividad principal.

Cuando el conocimiento se convierte en el “recurso limitante” las empresas asumen la responsabilidad de generar la mayor parte del conocimiento que necesitan y de las que depende su competitividad. Esto ocurre de manera asincrónica en diferentes sectores de la economía, y resulta más visible en los llamados “sectores de alta tecnología” en cuyas empresas pueden distinguirse los siguientes rasgos:

-         Altos gastos en Investigación-Desarrollo.

-         Oferta de productos y servicios especializados, a veces únicos.

-         Competencia por diferenciación de productos, más que por escala y precio.

-        Frecuentes negociaciones sobre “activos intangibles” (patentes, marcas, tecnologías, etc.).

-         Amplio uso de la protección de patentes.

-         Aceptación del riesgo como consustancial a la gestión empresarial.

-         Empleo de fuerza de trabajo de alta calificación.

-         Los recursos humanos son irremplazables: se tratan como un “activo” y no como un “costo”.

No es difícil ver que tales “empresas” van asumiendo los rasgos que han caracterizado siempre a las instituciones de investigación científica: orientación a futuro, resultados poco predictibles, recursos humanos de alta calificación.

Esta tendencia en las empresas, sumada a la tendencia creciente de los Centros Científicos a preocuparse y ocuparse del impacto económico de sus investigaciones, crean juntas una situación en la cual las fronteras entre empresas que investigan y Centros Científicos con impacto económico, se hacen borrosas, siendo cada vez más difícil clasificar una organización en uno u otro grupo. El esfuerzo por mantener artificialmente esa frontera es inútil, y fracasará, sino hoy, en un futuro cercano.

El caso de las “empresas biotecnológicas” puede estudiarse como un “caso límite” de esa tendencia. Hoy, más de 20 años después del surgimiento de las primeras empresas biotecnológicas en los Estados Unidos y Europa, todavía más del 80% de esas empresas operan en flujo de caja negativo y no se autofinancian con sus ventas. Ello es consecuencia de que invierten en Investigación-Desarrollo más dinero que el que ganan (¡). ¿Cómo lo hacen? Pues básicamente a expensas de inversiones de capital de riesgo y/o de ventas de acciones en las Bolsas de Valores, vendiendo “percepciones y promesas” lo que se convierte en la práctica en una forma de financiar la inversión (en I+D) a expensas de las ganancias futuras (si se realizan), en vez de a expensas de las ganancias pasadas como hacen todas las demás industrias.

LA CUESTION DE LA PROPIEDAD: EL VERDADERO PROBLEMA.

El acortamiento de las conexiones entre la generación del conocimiento y la producción de bienes y servicios, hasta subsumir (al menos parcialmente) la investigación científica en la gestión empresarial, es un proceso objetivo e indetenible, consecuencia del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Esto no es intrínsecamente negativo para el futuro de la humanidad, ni para la aspiración superior de la justicia social.

Enfrentarse a esta tendencia sería enfrentarse a un falso problema, lo que equivale a rehuir el problema verdadero. Y es que el problema verdadero y principal no es el de la producción sino el de la apropiación. Se produce de una manera u otra y cada vez mejor. La cuestión es: ¿a quién pertenece lo que se produce? Y ¿a quién pertenecen los medios para producir?.

Desde que la humanidad abandonó la comunidad primitiva y generó excedentes productivos por encima del nivel de subsistencia se planteó la cuestión de la propiedad, especialmente la propiedad sobre los medios de producción.

Las batallas en torno a la propiedad han tenido en las diferentes etapas, formas diversas, al concentrarse sobre aquellos factores de la producción que son en cada momento los principales, los más escasos y limitantes.

Así, la esclavitud legitimó la propiedad de unos hombres sobre otros hombres, considerando al esclavo y su fuerza de trabajo inmediata como un “medio de producción”. La propiedad de la tierra fue después el centro de la batalla. No fue siempre así: hubo siglos enteros en que la tierra sobraba, en proporción a la población humana y sus capacidades para explotarla. Eran “tierras comunes”. Cuando se hizo limitante fue apropiada por las clases poderosas. Después fue el capital y los “bienes de capital”, las fábricas y maquinarias que a partir de la revolución industrial deciden el desempeño económico y la competitividad.

Los conflictos sobre la propiedad han acompañado a la humanidad durante más de 3000 años. Desde esta óptica no es sorprendente que la transformación del conocimiento en el “recurso limitante” para la producción de bienes y servicios, se acompañe, en el capitalismo, por un agresivo intento de apropiación y privatización del conocimiento.

La propia pregunta ¿a quién pertenece el conocimiento?, parece a primera vista absurda. Choca con la ética y con la cultura. Si algo es un producto netamente social es precisamente el conocimiento, tan dependiente de la cultura y el acervo precedente.

En su clásico de filosofía de la ciencia “La Estructura de las Revoluciones Científicas” Thomas Kuhn llamaba a “reconocer que la herencia común de la humanidad no son solo el cielo y los océanos, sino el avance tecnológico mismo”. (9)

Pero es precisamente el intento de privatizar el conocimiento lo que estamos presenciando, como reacción del sistema capitalista a sus nuevas funciones de recurso limitante en la economía. Se trata de uno de los fenómenos más peligrosos de este inicio del Siglo XXI, sobre el que es necesario alertar, antes de que se haga irreversible. Lo que está ocurriendo es un cambio en la forma que toma la apropiación individual de los resultados del trabajo social.

Sucede además, que los procesos de apropiación no siempre son transparentes. Los científicos tenemos en este asunto tres tareas impostergables:

La primera es descubrir las formas concretas en las que ocurre la apropiación privada del conocimiento. Estas formas, como se verá más adelante, son básicamente 4:

-         La protección de la Propiedad Intelectual.

-         La internalización del trabajo científico en grandes organizaciones de la industria.

-         La especulación de las Regulaciones.

-         El “Robo de Cerebros”.

La segunda tarea es hacer un juicio ético de este proceso, que genere una conciencia colectiva sobre la ilegitimidad de dicha apropiación.

La tercera y más compleja es construir las alternativas a los procesos actuales, que contengan las formas concretas de “expropiar a los expropiadores”.

PROPIEDAD INTELECTUAL: LOS “TRIPS” Y LA ACUMULACIÓN ORIGINARIA DEL CONOCIMIENTO.

La primera y más evidente (aunque no la única) forma de privatización del conocimiento es la llamada “Propiedad Intelectual” (término intrínsecamente contradictorio) que se expresa en la ciencia y la técnica principalmente a través de las patentes. Cada año se depositan más de 1 millón de patentes.

La imposición universal de la protección de Propiedad Intelectual es parte de los acuerdos del GATT* (General Agreement on Tariff and Trade), que dieron origen en 1995 a la Organización Mundial de Comercio (10). Realmente los temas de Propiedad Intelectual fueron muy poco tratados en las negociaciones del GATT desde su nacimiento en 1947, hasta que fueron incluidos en la Agenda de la Ronda Uruguay en 1986 bajo presión principalmente de las grandes empresas farmacéuticas.

Una patente es un derecho monopólico de comercialización (y de exclusión de terceros de la comercialización) que otorga un Estado durante un tiempo dado, a alguien que ha hecho una “Invención”, que debe ser de utilidad práctica y además no-obvia a partir del conocimiento precedente.

Leyes de patentes existen hace mucho tiempo, y durante cierta etapa funcionaron bien. Pero a medida que la generación de conocimiento nuevo de aplicación inmediata pasó a ser un evento cotidiano en muchos sectores de la producción y servicios, la cantidad de patentes depositadas se multiplicó, la competencia obligó al depósito precoz de patentes sobre invenciones carentes aun de evidencia de utilidad práctica, las fronteras entre lo obvio y lo no-obvio se borraron o se hicieron arbitrarias, y los litigios se multiplicaron.

El desplazamiento de la fuente de financiamiento de la investigación hacia el sector privado, estimuló a universidades e institutos públicos a proteger con patentes prácticamente todo.

Los costos de las patentes y los litigios pusieron el poder de la propiedad intelectual en manos de quienes tienen más recursos para pagarlos. Los costos de abogados solamente alcanzan los $ 10 000 USD para obtener una patente, y emprender un litigio cuesta no menos de 1.5 millones (11).Las empresas multinacionales tienen hoy miles de patentes.

La situación va llegando a extremos absurdos recientemente con la polémica sobre la patentabilidad de los genes. En 1991, el NIH (Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos) abrió la polémica al depositar su primera patente sobre fragmentos de genes expresados (EST: Expresed Séquence Tags) cuya función biológica y su aplicación práctica no eran conocidas (12).

En 1998 la Directiva Europea sobre la Biotecnología (Directiva 98/44 del Parlamento Europeo) estableció la patentabilidad de cualquier material contentivo de información genética. Hay hoy más de 6000 patentes de genes concedidas en los Estados Unidos y de ellas más de 1000 corresponden a genes humanos; y se dice que hay más de medio millón pendiente de análisis.

El sistema, además de injusto, es infuncional. La obtención del conocimiento nuevo, se apoya siempre en el conocimiento precedente. Hoy se reclama Propiedad Intelectual sobre resultados científicos que hace apenas unos años hubiesen sido publicados y de libre acceso. Así, cada vez más, cualquier investigador en prácticamente cualquier proyecto, encontrará que muchas piezas de conocimiento que necesita usar para llevar adelante su proyecto, son ya propiedad de alguien, que tiene derecho a excluirlo de su uso o a exigirle un pago. Los costos de transacción pueden ser enormes y disuasivos, y el sistema entero se convertirá en un obstáculo para la investigación científica.

En el campo de los medicamentos, las aristas éticas de este problema son aún más agudas. La concesión de derechos monopólicos sobre descubrimientos científicos inevitablemente restringe el uso y aumenta los costos. Las recientes polémicas internacionales sobre el acceso a medicamentos para el tratamiento del SIDA, muestran ya la cara trágica de la privatización del conocimiento.

La lógica de las patentes está en buscar una “Tasa de Retorno” sobre la inversión (en este caso en la investigación) y es una consecuencia de la aplicación de las leyes del mercado a la investigación científica. Pero sucede que en la producción de conocimiento (a diferencia de la producción de objetos materiales), el “inventor” hace solamente el tramo final de un largo proceso creativo que depende de la sociedad en su conjunto.

El conflicto ético no concierne en verdad solamente a la propiedad del conocimiento, sino al sistema entero de propiedad sobre los medios de producción y de apropiación privada de productos socialmente generados; pero en el caso del conocimiento esta contradicción es mucho más evidente.

Estamos ante una situación análoga a la que Marx describió como “Acumulación Originaria del Capital” y definió como: “el proceso histórico de disociación entre los productores y los medios de producción”. Explicando este proceso en “El Capital”, Marx describió como la tierra de labraza al convertirse en “recurso limitante” fue expropiada violentamente en el Siglo XVIII a la población rural de Inglaterra, que la utilizaba como un bien común. La apropiación se estableció mediante una “Ley de Cercado de los Terrenos Comunales” (Bill for Inclosure of Commons; 1785), a favor de las clases dominantes (5).

Los Acuerdos sobre Propiedad Intelectual (TRIPS: TRADE-RELATED INTELLECTUAL PROPERTY) aprobados en 1994 y protegidos por la Organización Mundial de Comercio, funcionan ahora como una especie de “Ley de Cercado de los Conocimientos”, que conduce a la apropiación violenta y a una especie de acumulación originaria del conocimiento, hasta ahora fruto común de la cultura y el intelecto creativo de muchas personas.

LA ECONOMIA DE ESCALA DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA Y LA REPRODUCCIÓN AMPLIADA DEL CONOCIMIENTO.

Las leyes de protección a la Propiedad Intelectual en sus diferentes variantes constituyen una forma muy visible de privatización del conocimiento, pero no es la única.

La propia creación de organizaciones de investigación científica dentro de la industria establece, independientemente de la Propiedad Intelectual, otro mecanismo al crear las condiciones para la internalización del trabajo pretérito en el capital.

Intentemos disecar un poco más este fenómeno. La investigación científica es vista por muchos como un acto de creatividad individual, mediante el cual determinados individuos con talento y preparación para ello son capaces de encontrar las piezas relevantes de información dentro de la enorme y confusa cantidad de datos que ofrece el mundo real. Este es un proceso intuitivo, esencialmente probabilístico, que no tiene “metodologías”. El “Método Científico” se relaciona con la manera en que las preguntas relevantes se responden, pero no con la manera en que se formulan.

Pero en cierto momento de madurez de una rama de la ciencia o de la técnica (y esto es diferente en cada campo) se acumula una enorme cantidad de preguntas científicas relevantes, de procedimientos experimentales válidos y de datos importantes por obtener, que rebasa con mucho la capacidad práctica de un investigador científico. Entonces esa rama de la ciencia está madura para transitar hacia el escalado y la estandarización de la investigación.

Tomemos por ejemplo la prospección farmacológica para el descubrimiento de nuevas drogas. Una vez que se conoce que determinado receptor molecular en la célula es importante para determinada función, el paso siguiente es estandarizar un método de ensayo sensible, específico y barato, y emplearlo para evaluar cuantas moléculas sean posible; ayudado o no por procedimientos de simulación en computadoras. Una vez que se dispone de alguna molécula con efectos agonistas o antagonistas, se construye la serie de análogos y se exploran las relaciones entre estructura química y actividad biológica mediante procedimientos bien estandarizados; y luego los candidatos más atractivos entran en una maquinaria de estudios toxicológicos y farmacológicos, también estandarizados; y después a los ensayos clínicos en sus varias fases; aún más estandarizados.

Lo que se dice en las 10 líneas del párrafo precedente puede ser labor de cientos de científicos, durante varios años, a un costo de decenas o cientos de millones. Ejemplos similares pueden encontrarse en casi todas las ramas de la ciencia y la técnica. Comienza así a funcionar la “economía de escala” de la investigación científica: grandes laboratorios en las industrias, muy bien equipados; muchos investigadores, procedimientos estandarizados, etc. El científico individual pierde el control del proceso y se vuelve incluso sustituible. La organización con sus recursos, es decir el capital, asume el trabajo.

También aquí podemos encontrar una analogía con los primeros tiempos del capitalismo y la revolución industrial: con el surgimiento de la manufactura como forma especial de organización del trabajo que sustituye la artesanía, y con el empleo sistemático de la maquinaria, el obrero perdió su independencia técnica convirtiéndose en una parte de la organización productiva. La fábrica y su maquinaria, es decir, el capital, internalizaron parte del trabajo inmediato, y el proceso separó definitivamente al obrero de los resultados de su trabajo, limitándolo a vender la mercancía “fuerza de trabajo”.

Eso ocurrió hace 200 años con el llamado “trabajo inmediato”, el que se realiza durante el proceso productivo. Ahora asistimos a un fenómeno análogo, pero esta vez con el “trabajo general”, el que incorpora valor al producto a través de los conocimientos, invenciones y tecnologías, fruto de esfuerzos pretéritos.

La organización de investigación científica industrial a gran escala subsume el trabajo intelectual dentro del capital, como hace 2 siglos lo hizo la máquina con el trabajo inmediato. La ciencia ha sido transformada en Capital. A partir de ahí, y dentro de esas organizaciones, el conocimiento se reproduce a si mismo, en una especie de “reproducción ampliada del conocimiento”, en la cual, de manera análoga a como lo definió Marx para el Capital “toda acumulación sirve de medio de nueva acumulación”.

Por supuesto que sería absurdo convocar a una oposición a la organización de la investigación científica en grandes colectivos con procedimientos eficientes; tal como fue absurda la oposición de los obreros ludistas a la maquinaria como fenómeno técnico.

Una vez más la ilegitimidad del proceso no está en la forma de producción, sino en el régimen de apropiación. Los grandes Centros de la Biotecnología cubana por ejemplo, de propiedad estatal, tienen totalmente otro significado.

Sobre este tema volveremos más adelante.

LA ESPECULACIÓN DE LAS REGULACIONES.

Las regulaciones o “Barreras Técnicas al Comercio” no han dejado de crecer en los últimos 30 años. De acuerdo con las definiciones dadas por la propia Organización Mundial del Comercio, una “barrera técnica” es:

“…un documento que establece las características de un producto o de sus procesos y métodos de producción, incluyendo provisiones administrativas aplicables, cuyo cumplimiento es obligatorio…”

Este fenómeno es particularmente evidente en el campo de la industria farmacéutica y la biotecnología, donde los costos asociados a llevar los productos y los procesos a los estándares regulatorios vigentes son enormes. Un fenómeno similar comienza a pesar ya sobre la industria de productos alimenticios.

No se trata aquí, digámoslo de inicio para evitar confusiones, de criticar los estándares regulatorios necesarios para obtener productos de calidad y proteger a los consumidores. Ese no es el tema.

El problema comienza cuando los requisitos regulatorios dejan detrás los necesarios requerimientos de calidad y son artificialmente inflados, convirtiéndose en mecanismos no arancelarios de proteccionismo económico a favor de las grandes empresas.

En estas condiciones, la satisfacción de los requisitos regulatorios genera enormes costos fijos que tienen dos efectos: en primer lugar sacan de la rentabilidad a toda empresa mediana o pequeña que no tenga un volumen de facturación suficiente para absorber estos costos fijos en sus ganancias; y en segundo lugar tales costos se trasmiten a los precios, limitando en el caso de los medicamentos por ejemplo, que puedan ser adquiridos por quienes los necesitan, y reduciendo así su impacto en los problemas de salud que se supone deban resolver.

Si la función de los productos farmacéuticos se midiera por su impacto en la salud a escala poblacional, se haría evidente que, si bien en el extremo de regulaciones insuficientes habría poco impacto por insuficiente calidad, en el otro extremo de regulaciones infladas vuelve a haber poco impacto por el alto costo y la poca accesibilidad del producto.

En el límite hay situaciones cercanas al absurdo, como es el caso de la vacuna de la poliomielitis, eficiente producto que ha logrado detener y está cerca de erradicar una terrible enfermedad; y que todos los expertos reconocen que existe porque se obtuvo en los años 50, pero que si hubiese sido re-descubierta hoy, con los estándares regulatorios actuales, jamás hubiese sido aprobada.

Este problema tiene aristas muy complejas, como todo problema que depende de encontrar un justo medio entre extremos inconvenientes; y ante tal complejidad muchos prefieren no abordarlo y continuar el juego del incremento constante de los requisitos regulatorios; esperando quizás que, como en la fábula del traje del emperador, alguien exponga un día el absurdo y diga: “el emperador está desnudo”.

El carácter proteccionista de una parte de las actuales barreras técnicas es objeto hoy de mucho debate, incluso dentro de la OMC; pero no es esta la faceta del tema que se quiere tratar en este artículo. El motivo de incluir esta sección en un análisis sobre la apropiación del conocimiento como recurso económico es otro: se trata de que el manejo exitoso del contexto regulatorio se ha convertido en una tecnología en si misma, sustentada en literalmente miles de documentos regulatorios que se aplican en diferentes combinaciones en cada situación concreta y cuyo dominio completo, además de imposible, ni siquiera es una garantía de éxito pues la propia interpretación de regulaciones vigentes está sujeta a percepciones que varían con los propios estándares que cada sector industrial va creando.

El conocimiento necesario para enfrentar las barreras técnicas va quedando cada vez en menos manos; y en parte es comercializado (como conocimiento) a través de cientos de agencias de consultoría, centros de entrenamiento, dispositivos docentes y organizaciones de investigación por contrato (CRO: Contract Research Organization).

Este conocimiento dista mucho de ser “público”. Parte de la ventaja competitiva de las grandes empresas farmacéuticas deriva de su “know-how” para manejar el contexto regulatorio. De hecho la complejidad del problema opera como disuasión para muchas empresas pequeñas, que prefieren no intentar cerrar el ciclo investigación-producción-mercado, sino negociar licencias con las grandes empresas. El valor del conocimiento necesario para enfrentar las barreras regulatorias es parte de lo que reciben a cambio de su producto en esas transacciones.

Así este “know-how” añade valor al producto y crea ventajas competitivas. Pero a diferencia del conocimiento incorporado al producto por un descubrimiento científico o una innovación en el proceso productivo, el valor creado por el dominio del contexto regulatorio, es al menos en parte, valor especulativo; derivado de conocimiento útil para resolver problemas que han sido artificialmente creados.

El proceso se parece mucho al crecimiento especulativo del valor de las acciones, que se basa en percepciones artificialmente creadas, y que durante un tiempo es realmente negociable. O al estímulo al consumo de mercancías que venden “imagen”. El resultado neto es un flujo grande de dinero a cambio de poco valor agregado real. Un proceso que genera más concentración de capacidades y que continuará con ese rumbo hasta que tal concentración se convierta en un obstáculo para la productividad de todo el sistema, incluso en los países más ricos.

“Encuentre una necesidad y cobre por satisfacerla” era una recomendación reiterada en varios textos sobre estrategias comerciales. “Invente una necesidad y cobre por satisfacerla” parece ser la variante que se aplica al tema que estamos discutiendo.

EL “ROBO DE CEREBROS”: PASO ATRÁS HACIA LA PROPIEDAD SOBRE LAS PERSONAS.

El fenómeno que estamos analizando, es decir, la transformación del conocimiento en “recurso limitante” en cada vez más sectores de la producción y los servicios, no ocurre en el vacío: se da en un contexto histórico concreto caracterizado por el poder del imperialismo y por la globalización neoliberal.

En la época en que Marx escribió “El Capital” las contradicciones del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación se expresaban de forma tan aguda, que se comenzaba a hablar de “capitalismo agonizante”.

Cien años después, el Che alertó de lo prematuro de este juicio y anotó: “Hay que tener cuidado con afirmaciones como esta: “agonizante”. Un hombre maduro ya no puede sufrir más cambios fisiológicos, pero no está agonizante. El sistema capitalista llega a su madurez total con el imperialismo, pero ni siquiera este ha aprovechado al máximo sus posibilidades en el momento actual y todavía tiene gran vitalidad”; y continuaba afirmando que la visión de la relación entre la burguesía y el proletariado como relación de clase fundamental “corresponde a la concepción clásica de Marx, que no había previsto el Imperialismo” e insiste en que “la tendencia del Imperialismo es a hacer participar a los obreros en las migajas de su explotación a otros pueblos” (13).

En la era de la globalización, ningún problema puede analizarse al margen de sus relaciones globales. Mucho menos el tema de las funciones del conocimiento en las economías. Estamos asistiendo a un proceso acelerado de concentración de riquezas y marginación de personas; que es evidente con cualesquiera indicadores que se deseen usar para medirlo: distribución del PIB, consumo de alimentos, consumo de energía u otros. La participación del 20% más pobre de la población mundial en los ingresos mundiales ha disminuido del 2.3% al 1.4% en los últimos 20 años, mientras que la participación del 20% más rico aumentó del 74% (1970) al 83% (1990) y la tendencia continúa (14). En 1965 la renta media por habitante de los 7 países más ricos era 20 veces mayor que la de los 7 países más pobres; y en 1995 era ya 39 veces mayor (15).

El proceso, cuando ocurre a escala internacional, es aún más cruel y peligroso que cuando ocurre en el interior de las naciones, ya que la escasa base jurídica que establece la responsabilidad de los Estados con el bienestar de todos sus ciudadanos, se diluye a escala internacional. Nadie en Washington se siente responsable de lo que ocurre en Chiapas.

La tendencia concentrativa en la producción de conocimientos, es aún más aguda. Los países industrializados concentran más del 90% de toda la producción científica.

Ya hemos visto en las secciones anteriores como se privatiza el conocimiento socialmente producido a favor del capital en esos países industrializados. Se trata ahora en esta sección de añadir como se privatiza también, a favor de las economías industrializadas, la escasa inversión en generación de conocimientos que se hace en los países del Sur.

Una parte importante de esa inversión en conocimiento está en la formación de cuadros científicos y técnicos. Ellos son portadores del recurso “conocimiento” creado por la inversión social. Parecería que esto no es “apropiable” a menos que ocurra una “apropiación de las personas”. Eso es precisamente lo que ocurre.

Hay 1.2 millones de profesionales de América Latina y el Caribe trabajando como emigrantes en Estados Unidos, Inglaterra y Canadá. Si se estima en $ 30 000 USD el costo de formación de un profesional, esta emigración ha significado la transferencia, del Sur al Norte, de 36 000 millones de dólares lo cual es equivalente a 10 años de inversión en Ciencia y Técnica, y es varias veces más que toda la ayuda del BID al desarrollo científico de la región.

El 23% de todos los PhD que trabajan en los Estados Unidos provienen de otros países y esta cifra llega al 40% en el campo de la computación. Aproximadamente 1/3 de todos los científicos formados en los países del Tercer Mundo, no trabajan en sus países y actualmente se estima que algo más del 50% de los que viajan a hacer un Doctorado en Norteamérica y Europa, no regresan.

Las cifras son elocuentes en si mismas, pero eso no es todo. Debe tenerse en cuenta además, que si bien la emigración selectiva de científicos y tecnólogos comenzó espontáneamente, guiada por el gradiente en condiciones de vida y de trabajo; en los últimos años la promoción de esta emigración se ha convertido en una política oficial de Estado en varios países del Norte, con incentivos y procedimientos especialmente diseñados a ese fin.

La emigración selectiva se convierte así en un eficiente mecanismo para expropiar a los países más pobres, de la escasa inversión que han podido hacer en generación de conocimientos.

Estos científicos y tecnólogos emigrantes generan una parte importante de las patentes; y entonces incluso la propia teoría de la propiedad intelectual como mecanismo de retorno de la inversión entra en contradicción, porque en este caso el resultado económico no retorna al país donde se hizo una parte importante de la inversión para capacitar esos científicos.

Tal tendencia, combinada con la creciente internalización del trabajo científico en grandes organizaciones privadas, con alta concentración de capital, hace que el emigrante (tal como el obrero con su fuerza de trabajo) no tenga otra alternativa que “vender” su capacidad de generar conocimiento, a cambio de un salario que es el costo de reproducción de esa fuerza calificada, y que nada tiene que ver con el valor creado por su trabajo científico; el cual pertenece a otros.

Aquí concluimos la disección de las formas de apropiación privada del conocimiento en su condición de recurso económico.

Veamos a continuación algunas consecuencias adicionales.

UN PROBLEMA “GLOBAL”.

El término “Problemas Globales” se ha venido usando crecientemente en los últimos años para describir problemas tales como el crecimiento de la población, la escasez de recursos energéticos, las migraciones, la contaminación ambiental, las limitaciones en la producción de alimentos, la violencia, el narcotráfico, la pandemia del SIDA, etc., a cuyo impacto no escapa ningún país y cuya solución no puede ser emprendida por ninguna nación aisladamente.

Sumemos a la lista la Concentración Geográfica de la Ciencia, y veamos porqué es negativa para todos, incluso para los países más ricos. Resulta sorprendente como este fenómeno es excluido del inventario de “problemas globales”, dado que la polarización de la ciencia no es solamente un problema en si mismo, sino que a su vez limita la aparición de soluciones viables a los restantes problemas.

La polarización de la actividad científica amenaza con excluir del conocimiento al 80% de la humanidad. Ciencia y conocimiento son prácticamente el mismo problema. En el mundo actual la capacidad para usar el conocimiento está cada vez más vinculada a la capacidad de generarlo. Los modelos de “transferencia de tecnología” son cada vez menos funcionales. A la velocidad a la que las nuevas tecnologías surgen y se renuevan, cualquier “transferencia” tiene que ser muy creativa. Sin capacidad de generar conocimiento, tampoco será posible asimilarlo.

La apropiación privada y la concentración en pocas manos del conocimiento acumulado y de la capacidad de crear más, es un asunto de tremendas implicaciones éticas y políticas. Pero dejemos por un momento ese aspecto del problema y concentrémonos en esta sección en identificar que también es una amenaza para la eficiencia y productividad de la creación científica a escala global, y veamos porqué:

-         La Ciencia se está transformando rápidamente en un componente de la cultura general; un procedimiento estructurado para comprender el mundo real, mediante la adquisición, análisis y verificación organizada de datos. Esta tendencia sería muy positiva, si fuese verdaderamente cultural, lo que significa masivamente asequible a la gente. La concentración de la ciencia en pocos grupos tendrá un efecto tan negativo como la concentración de la capacidad de leer y escribir.

-         La ciencia se beneficia de la diversidad de enfoques. Esta diversidad está profundamente enraizada en el carácter social de la actividad científica y se relaciona con la diversidad intrínseca de las sociedades en que se realiza. La concentración de la ciencia reduce esta diversidad e interfiere con la imprescindible sustitución de paradigmas.

-         La ciencia avanza no solo a través del surgimiento de piezas completamente nuevas de conocimiento, sino también mediante la “recombinación” del conocimiento existente. Este proceso es directamente proporcional al número de equipos científicos, persiguiendo diferentes objetivos, así como a la intensidad de las comunicaciones (la “conectividad” de la red científica). La genética ha descubierto hace tiempo las ventajas de la recombianación y el polimorfismo; la organización de la ciencia aún no parece haber captado el mensaje.

-         La ciencia, especialmente en el campo de la Biología, debe tomar en cuenta la enorme diversidad de los sistemas biológicos, que se distribuyen en el mundo, principalmente en el Sur. La concentración de la Biotecnología introduce el riesgo de sesgar la investigación hacia “sistemas modelo”, en vez de sistemas reales.

Y la lista podría ser mayor. Baste para comprender, e intentar hacer comprender, que la tendencia concentrativa actual de la actividad científica es negativa para la productividad del proceso a escala global, no solo en los países desfavorecidos.

A ello se suman las consecuencias de la apropiación privada del conocimiento, que ya comienza a conformarse como un freno. Todavía sus efectos mayores no son completamente visibles. Aún hasta la década final del Siglo XX cualquier proyecto científico, que siempre necesita apoyarse en el conocimiento precedente, se apoyaba en un contexto de conocimiento anterior que era en su gran mayoría de dominio público. Téngase en cuenta que la explosión de protección de propiedad para virtualmente cualquier pieza nueva de conocimiento, comienza en la década de los 80.

A partir de ahora y cada vez más, veremos cualquier proyecto chocar desde sus inicios con decenas de patentes y tecnologías propiedad de otros, con amplios derechos de exclusión de terceros, aún desde la etapa de investigación. La contradicción entre la apropiación privada del conocimiento y el carácter intrínsecamente social de la producción de conocimiento, frenará el desarrollo de las fuerzas productivas.

Marx, con su sensibilidad de revolucionario, deseó el fin del capitalismo por razones de justicia; pero al mismo tiempo, con su rigurosidad de pensador científico previó el fin del capitalismo no por esa razón, sino por las limitaciones que las contradicciones derivadas de su régimen de propiedad impondrían al desarrollo económico. La creciente transformación del conocimiento en recurso limitante de la producción de bienes y servicios agudiza esas contradicciones.

CIENCIA y DESARROLLO ECONOMICO: ASOCIACION o CAUSALIDAD?.

Con cualquier par de indicadores que se intente graficar la relación entre actividad científica y desarrollo económico (PIB vs Número de Científicos; Producción Industrial vs Publicaciones; Consumo Energético Percápita vs Patentes, o cualquier otra combinación) se verá una estrecha relación entre ambas cosas: se hace más ciencia e innovación en los países más ricos.

Resulta esto tan evidente que la siguiente pregunta pudiese parecer tonta: ¿Es la intensidad de la actividad científica la causa del desarrollo económico; o es su consecuencia distal?. Como se verá, la respuesta a esta pregunta no es evidente y sus consecuencias no son triviales.

Los países desarrollados invierten entre el 2 y el 2.5% de su Producto Interno Bruto en Investigación y Desarrollo. Ese %, contra un PIB de Trillones, como el norteamericano, supone mucho, mucho dinero; que puede financiar mucha actividad científica. El efecto de la economía sobre la investigación es directo, casi lineal; pero el efecto de la investigación sobre la economía no guarda la misma relación de inmediatez y proporcionalidad.

Hay a nivel “macro” (de país) algunos datos publicados que sugieren que existen grandes diferencias entre países en la productividad del conocimiento. Por ejemplo, los indicadores de intensidad de la actividad científica en la 2ª mitad del Siglo XX en Inglaterra son superiores a los de Alemania y Japón. Los indicadores de crecimiento económico se comportan al revés. Sin embargo el tema no ha sido suficientemente estudiado a ese nivel, y mucho menos a nivel “micro”, por ramas de la economía y por empresa.

Aún aceptando que en los procesos sociales las relaciones “causales” son muy difíciles de establecer, intuimos que existen 2 grandes categorías de actividad científica: una se coloca por delante del desarrollo económico y lo impulsa directamente; la otra se coloca por detrás y lo parasita, o al menos sus efectos sobre la economía se hacen tan indirectos y a largo plazo que se pierde la evidencia.

Tal distinción sería de gran importancia práctica, porque todos los razonamientos precedentes sobre la función del conocimiento en los sistemas económicos y su apropiación se aplican principalmente al primer tipo de actividad científica y de innovación. Pero carecemos de indicadores útiles para hacer esta clasificación. Ni el volumen de científicos, ni el gasto en I+D, ni la producción de publicaciones, resultan indicadores adecuados para disecar la actividad científica según su impacto económico, y mucho menos para predecir.

Quizás la cantidad de patentes en explotación (no las depositadas), la cantidad de científicos que trabajan en organizaciones industriales y la fracción del comercio exterior que corresponde a productos protegidos por patentes o producidos con tecnologías propias y recientes, sean mejores indicadores para estudiar, no solo la generación de conocimientos, sino donde se generan, como se usan y cuanto rinden; y asumir este balance como criterio de madurez del sistema científico-técnico.

Intentar descubrir y medir, no toda la actividad científica, sino aquella fracción que realmente impulsa la economía será sin duda muy difícil. Pero hay que intentar el análisis. No todo lo que se correlaciona con el PIB es causal de desarrollo. Por este camino de razonamiento se pudiera llegar al “absurdo del perfume”. También el consumo de cosméticos, como el consumo percápita de energía, se asocia con el PIB, pero las implicaciones de estas asociaciones son obviamente muy distintas.

¿Qué fracción de nuestra Ciencia es energía y cuál es solo perfume para la economía?. Es de preveer que este tipo de análisis tendrá enormes implicaciones prácticas. Quede pendiente para otro trabajo.

EXPROPIAR A LOS EXPROPIADORES.

La conquista de la Justicia Social y la construcción del Socialismo tienen un importante componente de batalla económica; y esta batalla se va a dar cada vez más en el contexto de una economía basada en el conocimiento y globalizada.

Las condiciones de producción y las relaciones de propiedad del conocimiento; y su impacto en las relaciones económicas internacionales estarán en el centro de cualquier estrategia, para cualquier país que emprenda este camino; y por supuesto, para el nuestro.

Desde cierta perspectiva se pueden ver como amenazas los procesos descritos en las secciones anteriores mediante los cuales se intenta la apropiación privada del conocimiento generado por la sociedad, y la concentración del capital se traduce también en concentración del conocimiento. Es cierto que son amenazas, pero también desde otra perspectiva el desplazamiento al campo del conocimiento de las palancas principales de la productividad y la competitividad, puede verse como una oportunidad.

Veamos porqué:

-         En primer lugar este proceso, como decíamos al principio de este artículo, más que la prolongación de una tendencia pasada, es una discontinuidad. Y las discontinuidades son siempre espacios para la creatividad y las estrategias innovadoras. Toda discontinuidad crea una oportunidad (para quien la sepa aprovechar, bien y rápido)

-         En segundo lugar, porque los mecanismos de apropiación del conocimiento son relativamente nuevos en tiempo histórico, y sus bases jurídicas están insuficientemente sedimentadas, y mucho menos aceptadas. Las recientes batallas internacionales alrededor de las patentes de los medicamentos del SIDA así lo indican.

-         Y en tercer lugar, porque las analogías que hemos descrito entre el conocimiento y otros recursos para la producción (recursos materiales, capital, fuerza de trabajo) son solo eso, analogías. No son identidades. El conocimiento, como recurso productivo tiene características que hacen mucho más difícil su apropiación y su concentración en pocas manos. El capitalismo lo intentará; pero a nosotros nos corresponde “impedirlo a tiempo”.

¿Qué habría que hacer?.

Por supuesto que el autor no va a intentar (ni el lector aceptaría) la pretensión de diseñar estrategias desde una primera y elemental aproximación al tema; ni mucho menos formular recetas simplificadoras. Pero hay algunos contornos del camino a recorrer que ya comienzan a verse, y vale la pena anotar.

Habrá dos grandes tareas simultáneas: denunciar la realidad y construir la alternativa. Lo primero sin lo segundo no sería lucha, sino lamento. Lo segundo sin lo primero, puede chocar con enormes obstáculos.

Y no confundir el “blanco” de la denuncia. Lo que hay que denunciar no es el uso del conocimiento en la producción de bienes y servicios, ni las transacciones sobre intangibles, ni el crecimiento de las áreas de I+D en las industrias, ni el surgimiento de empresas que basan su gestión económica en la producción de conocimiento. Todo eso es consecuencia objetiva del desarrollo de las fuerzas productivas, y sea bienvenido.

El problema, como siempre desde hace 3000 años, está en la propiedad. Denunciar la apropiación del conocimiento, y poner al descubierto sus mecanismos, los más evidentes y los más sutiles, es la primera tarea.

El enfrentamiento a la apropiación, comienza por la creación de conciencia ética sobre la ilegitimidad de esa propiedad. Esa conciencia ética se transformará más temprano que tarde, en ordenamiento jurídico.

Esa batalla la perdimos, los países del Tercer Mundo, en la mesa de negociaciones del GATT. Hay que retomarla. Y todo comienza por construir consenso, a escala mundial, sobre la inmoralidad implícita en el uso del conocimiento para amplificar las desigualdades entre los seres humanos.

El juicio ético creará las bases para su expresión jurídica, y esta a su vez, legitimizará la presión política. La expropiación no ocurrirá sin cierta forma de presión, y estas nuevas formas de presión política, y habrá que encontrarlas.

CONSTRUIR LA ALTERNATIVA.

En esto hay camino recorrido en Cuba y experiencia social analizable. Comenzamos a recorrerlo, si fuésemos a fijar una fecha, aquel 15 de enero de 1960, cuando Fidel le dijo a un país que entonces tenía casi un 30% de analfabetos que “El futuro de Cuba tiene que ser necesariamente un futuro de hombres de Ciencia” (16).

Hay 4 temas que surgen inmediatamente al revisar la experiencia de estos años:

-         La gente que crea el conocimiento.

-         La organización del “aparato productivo” del conocimiento.

-         La colaboración internacional.

-         La realización económica del conocimiento.

Lo primero es la gente. La producción de cualquier cosa, incluido el conocimiento, requiere muchos y buenos productores. El esfuerzo de formación de recursos humanos para la ciencia y la técnica realizado en los años 60 y 70 (y continúa) puso al país en un indicador de más de 1.6 profesionales dedicados a I+D por cada 1000 habitantes, un indicador cercano al europeo y 4 veces el promedio de América Latina (17).

Y los científicos “profesionales” son solo un componente del sistema. A eso se suman los cientos de miles de trabajadores vinculados a masivos movimientos de innovación, como se evidencia en los Forum de Ciencia y Técnica, la Asociación Nacional de Innovadores y Racionalizadores (ANIR), las Brigadas Técnicas Juveniles (BTJ) y otros. Esto es muy importante. Es cierto que la cantidad no lo decide todo, y que hay importantes factores cualitativos; pero también es cierto que existe un “efecto de masa”. La buena innovación surge mejor si hay muchos innovadores.

Y aquí está una de nuestras ventajas competitivas; quizás la más importante. Los Recursos Humanos para la I+D no sobran en el mundo, más bien comienzan a escasear. Las políticas oficiales que han elaborado algunos países industrializados para fomentar la inmigración de científicos e ingenieros procedentes del Sur así lo indican.

Este tema demandaría un estudio en si mismo, pero comienza a apreciarse como si la propia lógica capitalista de proletarización del trabajo científico y alienación entre la creación científica y la propiedad de los resultados, y el empleo de la competencia y otros mecanismos de mercado para regular también la inversión en conocimientos, empezara ya a erosionar los sistemas de Ciencia e Innovación en los países capitalistas industrializados.

En cualquier caso, la existencia en Cuba de grandes cantidades de profesionales y técnicos, preparados, motivados, y comprometidos con el proyecto social del que son parte y consecuencia, es una poderosísima fuerza para la reversión de la tendencia mundial concentradora de la generación y uso del conocimiento.

Además está el hecho del tipo de científico y tecnólogo que debemos formar, dotado no solo de preparación técnica, sino sobre todo de cultura y conciencia social; motivado no solo por producir conocimiento, sino porque éste se use para crear equidad y no para ampliar injusticias. Es eso lo que explica la exitosa resistencia a las enormes presiones del “robo de cerebros”.

En segundo lugar esta el diseño del aparato productivo del conocimiento. Me refiero a los colectivos e instituciones (intencionalmente sin apellido).

El acercamiento y borramiento de fronteras entre lo que eran en los años 60 los Centros Científicos presupuestados y las empresas del sistema productivo de la economía, es un proceso objetivo, y, bien manejado, es conveniente. Es el reflejo en el plano organizacional de la integración del conocimiento como recurso protagónico en la producción de bienes y servicios.

Este acercamiento se ha ido produciendo en Cuba desde ambos extremos: por una parte la expansión y organización de los sistemas de Investigación-Desarrollo en las Industrias, como es el caso del sistema del Ministerio de la Industria Básica (6), y por otra parte la creación de Centros de “Investigación-Producción” a partir de colectivos científicos como es el caso del Polo Científico de la Biotecnología (18).

El esquema formado por centros científicos presupuestados, programa de “introducción de resultados” y empresas contratantes de proyectos científicos, va quedando atrás. No desaparecerá, pues cada forma organizativa deja su aporte, e incluso se perfeccionará, pero ya no es suficiente, ni es el camino principal.

Científicos, Tecnólogos, Innovadores, Organizaciones Científicas, Colectivos de I+D, son los protagonistas de la expropiación de los expropiadores, ahora en el campo del conocimiento.

En tercer lugar esta el acceso a los flujos mundiales de creación y circulación de conocimientos y la conectividad (no electrónica) con la comunidad científica mundial. Ello requiere una gestión intensa e inteligente de la colaboración internacional. Excepto unos pocos (China, India, Brasil) la mayoría de los países del Tercer Mundo son (somos) países pequeños. La viabilidad de las naciones pequeñas en el mundo interconectado de hoy, ya no puede basarse en una autosuficiencia imposible (aunque solo sea por razones de tamaño), sino en la capacidad de insertarse en la compleja red de relaciones mundiales, en este caso para la generación de conocimiento, y especialmente en la capacidad de manejar creadoramente la inevitable contradicción entre la profundidad de las conexiones mundiales y la preservación de los intereses nacionales.

Posiblemente no haya asunto más complejo en el tema que estamos tratando.

La colaboración científica internacional, tal como la manejan muchos organismos internacionales y países industrializados, aún quienes lo hacen con buenas intenciones, esta asentada sobre bases equivocadas.

Presupone que los países “en desarrollo” están siguiendo el mismo camino de los países actualmente industrializados, solo que con 100 años de diferencia en el tiempo, y que por tanto basta con preparar los cuadros y reproducir las formas organizativas.

Esto no es verdad. Los países del Sur no están siguiendo un camino de desarrollo tecnológico igual, pero desfasado, al de los países del Norte; están siguiendo un camino DIVERGENTE, que conduce a otra parte.

Veamos porqué:

-         Cuando Europa y Norteamérica estaban construyendo sus embrionarios sistemas científicos, tenían poco desarrollo, pero eran sin embargo siempre los líderes. No había ningún otro “primer mundo” para mirar. La investigación científica era equivalente a innovación original, quedando muy poco espacio para la imitación, la búsqueda de reconocimiento externo o la sensibilidad a presiones externas.

-         Al inicio del Siglo XX la investigación científica no estaba tan directamente ligada a la producción y el comercio como lo esta hoy.

-         La ciencia moderna emergió en los países hoy industrializados en una atmósfera de libre intercambio y publicación de resultados. No había nada parecido al actual sistema de protección de propiedad intelectual.

-         La investigación científica era en sus primeros tiempos, una tarea individual, que no demandaba tanto como ahora complejas instituciones, servicios de apoyo, recursos organizacionales, etc.

Así, cualquier esquema de colaboración internacional para el desarrollo científico-técnico que desconozca esas realidades esta condenado al fracaso. Y eso es precisamente lo que sucede.

-         Los programas de cooperación ofertan “becas”, cuando lo que se necesita son proyectos conjuntos.

-         Los programas de cooperación insisten en el desarrollo de individuos, cuando el objetivo correcto sería el desarrollo de instituciones; o al menos de colectivos científicos.

-         Los programas de cooperación se concentran frecuentemente en intercambios académicos, cuando el objetivo correcto sería poner juntos los componentes académicos y empresariales.

Y la lista pudiera ser mayor; pero baste para identificar que cualquier esfuerzo serio por revertir la tendencia concentrativa de la actividad científica, pasa por una  profunda revisión de la colaboración internacional norte-sur. Es evidente que esto no lo podemos hacer nosotros solos, y que requiere un esfuerzo negociador intenso; pero es muy importante.

Otra faceta no menos importante es la llamada cooperación Sur-Sur. Sobre esto se ha escrito mucho y no se pretende tratar aquí a fondo el tema. Se menciona solo para insistir que es algo de lo que no se puede prescindir (y muchos lo hacen). No habrá cooperación Norte-Sur eficiente si no hay al mismo tiempo, cooperación Sur-Sur.

La cooperación Norte-Sur no puede ser solo ayuda filantrópica; tiene que ser cada vez más negociación (dada la creciente relación entre la ciencia y la economía), y si esto se hace por separado, se generará una especie de “dumping” de los activos de los países del sur para esas negociaciones de colaboración científica.

La cooperación internacional puede ser, o bien el camino de la desconcentración del conocimiento y del desarrollo, o bien el camino de la dependencia y el robo de cerebros. Hay que trabajarla con intensidad, con prisa, pero sin ingenuidades.

EL CICLO COMPLETO: RECURSOS-CONOCIMIENTOS-RECURSOS.

Por último está el tema de la realización económica del conocimiento. Es el último, pero es el que completa y valida todo lo anterior. Si el conocimiento ha de ser un recurso de la economía, debe tener como los otros recursos, un ciclo cerrado que se completa cuando el conocimiento es “realizado” en transacciones económicas y genera nuevos recursos, para su reproducción ampliada y para beneficio de toda la sociedad.

Así, cualquier análisis de cómo el conocimiento se genera, y de cómo generar más, por muy exhaustivo y profundo que sea, es solo la mitad del problema. La otra mitad es como ese conocimiento es atrapado e incorporado en activos negociables. Y en países pequeños como el nuestro esto significa principalmente conocimiento realizable en negociaciones internacionales.

La concentración y apropiación del conocimiento es algo que esta ocurriendo a escala global, internacional. La lucha por expropiar a los expropiadores también debe ser en ese plano. No se trata de desconocer la necesidad de ordenar las transacciones entre centros científicos cubanos y empresas cubanas; pero esto es procedimiento y no objetivo: el objetivo verdadero es capacitar a la industria cubana para su competitividad internacional.

El Che explicaba ya en 1962: “Nosotros partimos de la base de que en todos los ministerios productivos, en todo lo que es el sector socialista de la producción, el producto que pasa de una fábrica a otra, de una empresa a otra, incluso de un organismo a otro, no es una mercancía” (13).

Además, los sectores de alta tecnología en la economía (y lo estamos viendo en la práctica con la Biotecnología) son sectores con un alto costo fijo de Investigación-Desarrollo, que difícilmente es recuperable en el pequeño mercado doméstico. De manera que, aunque existan excepciones, hay una vinculación general entre alta tecnología y orientación exportadora.

Esta orientación exportadora debe ser crecientemente dirigida hacia los países industrializados; en busca de precios altos. Ese alto precio refleja los niveles económicos en esos países, construidos con la plusvalía extraída del sur y con el intercambio desigual; y accediendo a ellos comenzamos en cierta forma a revertir el proceso concentrativo de la riqueza. Esto es especialmente así siempre que el conocimiento incorporado al valor provenga de nosotros; y no se trate de alta tecnología “por maquila”.

Uno de los problemas actuales de la globalización es que se reduce el componente nacional en las exportaciones de los países del Tercer Mundo. Esta tendencia será difícil de revertir con el componente material de las producciones; pero en productos y servicios con un alto contenido de conocimiento en la formación del precio, puede ser posible revertir esa tendencia.

El concepto de “ciclo completo” para el conocimiento nos lleva al análisis de cómo se incorpora el conocimiento a activos negociables. La primera vía es el conocimiento incorporado al producto mismo (y a su precio). Es lo que ocurre con las proteínas recombinantes y otros productos de la Biotecnología. Ello requiere Centros de Investigación-Producción-Comercialización que conduzcan el proceso sin fragmentaciones estériles en fronteras interinstitucionales. El enorme potencial de esta forma organizativa es una de las principales cosas que hemos aprendido en los años 90.

Ello requiere también Propiedad Intelectual. Un instrumento que tarde o temprano entrará en crisis a escala mundial pero que por el momento es imprescindible emplear. Estamos ya operando con más de 500 patentes en el sector de la Biotecnología. Es “propiedad del conocimiento” pero en manos diferentes y con un significado social diferente. Su significado no puede disociarse del carácter social (estatal) de la propiedad de los Centros científicos que son los titulares de esas patentes. Preservar el carácter de propiedad social de las instituciones ha sido la directiva más importante en todas las negociaciones, pues ello le da un nuevo significado a toda su gestión económica.

Por otra parte la propia estructura, organización y experiencia de los Centros contienen y protegen conocimiento incorporado, independientemente de las patentes. No hay patentes cubriendo el sistema SUMA, ni los servicios de Restauración Neurológica del CIREN, pero la experiencia y el conocimiento tácito que contienen esas organizaciones hacen único y no-copiable el producto. Ello da  valor agregado y debemos encontrar cada vez formas más eficientes de realizar ese valor en las transacciones comerciales con países industrializados. Es necesario además, sistematizar y estructurar el análisis de la experiencia adquirida en este tipo de organización, en nuestras condiciones concretas, e identificar las regularidades que sean extrapolables.

La segunda vía es la de complejas negociaciones sobre el conocimiento mismo, aún no incorporado a productos. Los ejemplos prácticos que han ocurrido en estos años son las licencias no-exclusivas de patentes; las negociaciones de transferencia de tecnología y los acuerdos de inversión a riesgo para desarrollo conjunto de productos. En todos esos casos, el activo negociable es principalmente conocimiento. En las negociaciones el conocimiento se convierte en valor.

Obviamente en muchos casos la mejor opción es incorporar el conocimiento a productos y obtener el máximo valor en la comercialización de productos. Pero sucede frecuentemente con el conocimiento lo mismo que con el petróleo: se tiene, pero hace falta inversión para “extraerlo”; es decir para convertirlo en algo directamente negociable. En el caso del petróleo esa inversión es la tecnología de perforación. En el caso de un producto biotecnológico esa inversión puede tener la forma de los recursos necesarios para completar ensayos clínicos, en Cuba y en el exterior, vencer las barreras técnicas-regulatorias, escalar la producción, etc. Y existen también, diferencias importantes: La primera es que los recursos minerales se conservan, mientras que el conocimiento se deprecia aceleradamente. La segunda es que el petróleo todo el mundo sabe lo que vale (hay incluso precios mundiales) mientras que el valor del conocimiento es aún dependiente de “percepciones”, estimación de riesgo y habilidad de negociación.

La primera diferencia (velocidad de depreciación) nos impulsa a apurarnos en el proceso negociador. La segunda diferencia (subjetividad en la asignación de valor) nos indica negociar con mucho cuidado y sin apuros. ¿Qué hacer?. Obviamente preparar muchos y buenos cuadros para conducir este proceso; y construir un marco de directivas negociadoras que lo ordenen y sirvan de instrumento de trabajo.

Además de estas características generales de las negociaciones sobre el valor del conocimiento, comenzamos a atisbar que hay fuentes especiales de valor para determinados productos que pudiéramos explotar mejor; como por ejemplo las dos siguientes:

a)      Cuando el producto o servicio termina aplicándose en el Sistema de Salud. La validación que da su aplicación masiva, a escala poblacional como se hace en Cuba, pudiera convertirse en un activo de mucho valor, si logramos extraer y ordenar la información.

b)      Cuando el producto se relaciona con un recurso propio de nuestra biodiversidad, lo cual de inicio es un factor de diferenciación y ventaja competitiva. La Convención de Río de Janeiro en 1992 estableció que los recursos de la biodiversidad son propiedad soberana de las naciones. Fue una victoria política; pero será incompleta hasta que encontremos los medios prácticos de utilizar ese derecho. Ello nos obliga a revisar constantemente lo que hacemos en el campo del estudio de los genomas endémicos y de los productos naturales.

CONCLUSIONES (¿?).

Las conclusiones son pocas. Las tareas si son muchas.

Evidentemente el tema de la transformación del conocimiento en recurso económico y sobre todo su realización comercial concreta es un tema muy complejo. La economía del conocimiento esta naciendo y en nada que nace hay experiencia. Será necesario un largo camino de diversidad de estrategias; de ensayo y error.

La economía acelerada e intensiva en conocimiento de nuestra época requiere claramente más flexibilidad y menos estandarización, que la de la época de las producciones industriales de gran escala. Ello demandará a su vez un alto grado de descentralización de las decisiones operativas hacia las empresas de alta tecnología que vayan surgiendo.

Pero una vez más, y esta es quizás la idea principal en todo el artículo, no podemos confundir gestión y propiedad. Algunos en otras latitudes, tradujeron dinamización y descentralización como retirada del Estado de la economía y privatizaciones. No necesitamos teorizar: el experimento esta hecho y se conocen sus desastrosos resultados.

Si se trata de aprovechar la oportunidad creada por la economía del conocimiento para defender una alternativa de desarrollo socioeconómico diferente a la globalización neoliberal, y en esa batalla estamos, no puede haber confusiones ni concesiones en el tema de la propiedad; y todas las alternativas que exploremos, variadas, flexibles, descentralizadas y todo eso, deberán estar al mismo tiempo cohesionadas por el propósito único de defender la propiedad social de los medios de producción (sean las fábricas o los conocimientos) y la distribución socialista de los resultados.

Será difícil y complejo; pero podemos hacerlo.

REFERENCIAS:

1)      Toffler, A. Powershift. Batam Press, London, 1990.

2)   Drucker, P.F. La Sociedad Post-Capitalista. Editorial Norma, Bogotá, 1994.

3)      Banco Mundial. World Development Report: Knowledge for Development. Oxford University Press, New York, 1998.

4)     Castro Diaz-Balart, F. y Pérez, H. Apuntes para una Agenda del Sur. Ciencia, Innovación y Desarrollo 5: 51-61, 2000.

5)      Marx, C. El Capital. Instituto del Libro, La Habana, 1973.

6)      Castro Díaz-Balart, F. Ciencia, Innovación y Futuro. Instituto Cubano del Libro, Ciudad Habana 2001.

7)    Papón, P. y Barré, R. Los Sistemas de Ciencia y Tecnología: Panorama Mundial. En: UNESCO: Informe Mundial sobre la Ciencia, pp8-22, Ediciones UNESCO, Paris, 1996.

8)    Mandel, E. El Capitalismo Tardío. Ed. ERA; México, 1979.

9)      Kuhn, T. The Structure of Scientific Revolutions. University of Chicago Press, Chicago, 1962.

10)      Velázquez, G. y Boulet, P. Globalization and Access to Drugs: Implications of the WTO/TRIPS Agreement. World Health Organization, Geneva, 1997.

11)      Barton, J.H. Reforming the patent system. Science 287: 1933-1934, 2000.

12)       Heller, M.A. y Eisenberg, R.S. Can Patents Deter Innovation?. The Anticommons in Biomedical Research. Science 280: 698-701, 1998.

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14)     Dieterich, H.F., Franco, R. Y Peters, A. El Nuevo Proyecto Histórico. Editorial Nuestro Tiempo s.a. México 1998.

15)        Soberón, F. Finanzas Banca y Dirección. Instituto Cubano del Libro. Ciudad Habana, 2000.

16)        Castro, F. Ciencia, Tecnología y Sociedad. Editora Política. Ciudad Habana, 1991.

17)       Simeon, R.E. Intervención en el Acto Central por el Día de la Ciencia Cubana. Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, 1997.

18)       Lage, A. Las Biotecnologías y la Nueva Economía: Crear y valorizar los bienes intangibles. Biotecnología Aplicada 17: 55-61, 2000.

*  Centro de Inmunología  Molecular

Agustín Lage Dávila

Agustín Lage Dávila

Destacado científico cubano. Director del Centro de Inmunología Molecular de La Habana.

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