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Patética Australia

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El 8 de noviembre de 2006, la Asamblea General de las Naciones Unidas se pronunció otra vez, con una mayoría aplastante de 183 votos, contra las crueles sanciones económicas que Estados Unidos impone a la población cubana desde hace cerca de medio siglo. Washington, convencido una nueva derrota, intentó barrenar el voto tratando de introducir en la resolución una enmienda relativa a los derechos humanos.1

Después de que la Unión Europea y otras naciones se negaran a prestarse al juego de Estados Unidos, Australia decidió sumarse a él y promover el texto que elaboraron los diplomáticos de la Casa Blanca. Pero los países miembros de las Naciones Unidas apreciaron poco esa maniobra politiquera y rechazaron por unanimidad el proyecto en cuestión.2

No es la primera vez que el gobierno australiano se alinea devotamente con la posición estadounidense. Así, Australia envió más de 2.000 soldados para participar en la invasión ilegal de Iraq en marzo de 2003. Además, cerca de 1.300 militares australianos todavía siguen allí.3

El Ministro de Asuntos Exteriores cubano, Felipe Pérez Roque, denunció duramente la actitud de Canberra. "[Esta enmienda] es sólo una prueba de [la] abyecta sumisión [de Australia] al Gobierno de Estados Unidos [...]. El gobierno de Australia es cómplice del imperialismo norteamericano. Es una especie de ‘imperialismo de bolsillo', siempre listo en el Pacífico, para seguir a sus mentores de Washington".4

El representante cubano puso en tela de juicio la autoridad moral de Australia para referirse a la cuestión de los derechos humanos y criticó las numerosas violaciones que cometen las autoridades de la nación del Pacífico.5

Según Amnistía Internacional, los indígenas australianos son víctimas constantemente de violencia por parte de las autoridades. Según un informe gubernamental, un aborigen tiene once veces más probabilidades de terminar en la cárcel que cualquier otro australiano. Del mismo modo, un aborigen vive como promedio 17 años menos que otro ciudadano de este país.6

Varios refugiados políticos fueron encarcelados ilegalmente y privados de asistencia médica adecuada. Las leyes antiterroristas adoptadas en diciembre de 2005 atentan gravemente contra "derechos fundamentales", según Amnistía. Por ejemplo, cualquiera puede ser detenido de manera preventiva y secreta durante un período de 14 días sin acusación y sin juicio. Las nuevas legislaciones contra la sedición limitan mucho "la libertad de expresión".7

Varios ciudadanos australianos están detenidos en el presidio de Guantánamo desde 2001. Por ejemplo David Hicks sigue esperando para ser juzgado por un tribunal militar estadounidense que "no respeta las normas internacionales en cuanto los juicios equitativos", según Amnistía. El gobierno australiano, en cuanto a él, afirmó varias veces que esos tribunales otorgarían un juicio justo a sus ciudadanos y se negó a interceder en su favor.8

Después del tsunami que devastó la región del Pacífico en 2004, Cuba mandó varias misiones humanitarias para brindar asistencia a las víctimas del cataclismo natural, muchas de ellas  abandonadas por las autoridades locales. Varias zonas como Kiribati, o Timor Leste dependen de la ayuda médica cubana. Después del terremoto en mayo de 2006 en Java, Indonesia, otras misiones cubanas llegaron allí. Las poblaciones socorridas aprecian mucho la abnegación y el altruismo de los doctores enviados por el presidente Fidel Castro.9

Ronny Rockito, coordinador regional de salud de Indonesia alabó el trabajo de los 135 profesionales cubanos presentes en el país que construyeron dos hospitales de campaña. Según él, su trabajo tuvo un impacto más importante que el de cualquier otro país. "Aprecio a los equipos médicos cubanos. Su estilo es muy amistoso y su nivel de atención es muy elevado. Todo es gratuito y no hay ningún apoyo por parte de mi gobierno en ello. Estamos muy agradecidos a Fidel Castro. Muchos aldeanos suplicaron a los médicos cubanos que se quedaran", subrayó.10

Sri Lanka y Aceh también se beneficiaron de la ayuda médica cubana, todavía presente allí. Después de una petición de Timor Leste, 286 médicos cubanos trabajan actualmente en las zonas rurales abandonadas por los médicos locales. Se creó una escuela de medicina para formar a jóvenes estudiantes del país. Las Islas Salomón así como Papúa Nueva Guinea hicieron solicitudes a La Habana para beneficiarse de una ayuda similar y firmar acuerdos de cooperación.11

Desde 1962 con el envío de la primera misión a Argelia, Cuba se ha comprometido a curar a los pobres del planeta. Cerca de 132.000 médicos cubanos y otro personal de la salud prestaron servicios voluntariamente en 102 países. Actualmente 31.000 colaboradores médicos ofrecen sus servicios gratuitos en 69 naciones. El 19 de septiembre de 2005, después de la tragedia que provocó el huracán Katrina en Nueva Orleans, Cuba creó la brigada Henry Reeve, un contingente médico especializado en catástrofes naturales, compuesto por 10.000 personas. En la época, La Habana había ofrecido a Washington mandar a 1.500 médicos para socorrer a las víctimas, pero recibió una negativa obstinada del presidente Bush.12

Después del terrible terremoto que asoló Pakistán en noviembre de 2005, 2.564 miembros de la brigada Henry Reeve brindaron apoyo a las víctimas durante más de ocho meses. Se montaron treinta y dos hospitales de campaña que luego se donaron a las autoridades médicas del país. Más de 1.800.000 pacientes fueron atendidos y pudieron salvarse 2.086 vidas. Ninguna otra nación del mundo ha brindado semejante ayuda.13

En 2004, Cuba lanzó la Operación Milagro que consiste en operar gratuitamente a las personas que han perdido la vista a causa de cataratas u otras enfermedades oculares. Cerca de 485.000 pacientes de 28 países diferentes pudieron recobrar la vista gracias a la política internacional cubana. Esta campaña humanitaria y social, apoyada por Venezuela, tiene como objetivo curar a un millón de personas al año.14

Cuba está formando gratuitamente a más de 46.000 estudiantes en medicina procedentes de 82 naciones del mundo, incluso de Estados Unidos, gracias particularmente a la Escuela Latinoamericana de Medicina de La Habana.15

Saludada por todos los gobiernos de la región, la iniciativa cubana sólo suscitó críticas por parte de Washington y de... Canberra. La administración Bush llevó la indecencia hasta presionar al gobierno pakistaní para que rechazara la ayuda cubana. La hostilidad histórica de Estados Unidos contra Cuba es poco sorprendente. En cambio, la actitud servil del gobierno australiano es realmente patética.16

Notes

1 Felipe Pérez Roque, «Discurso del canciller de Cuba en la ONU», Bohemia Digital, 9 de noviembre de 2006.

2 Ibid.

3 Ibid.

4 Ibid.

5 Ibid.

6 Amnesty International, «Rapport 2006: Australie», abril de 2006.

7 Ibid.

8 Ibid.

9 Tom Fawthrop, «Impoverished Cuba Sends Doctors Around the Globe to Help the Poor», The Syndney Morning Herald, 28 de octubre de 2006.

10 Ibid.

11 Ibid.

12 Felipe Pérez Roque, op.cit.

13 Felipe Pérez Roque, op.cit.

14 Agencia Bolivariana de Noticias, «Más de 485 mil pacientes beneficiados por Operación Milagro» 19 de noviembre de 2006.

15 Felipe Pérez Roque, op.cit.

16 Tom Fawthrop, op.cit.


El francés Salim Lamrani es investigador de la Universidad Denis-Diderot en París y está especializado en las relaciones de Cuba y Estados Unidos. Colabora habitualmente en Rebelión. La traducción al español es suya y ha sido revisada por Caty R., de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala, la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción se puede reproducir libremente, a condición de mencionar al autor-traductor, a la revisora y la fuente.

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Salim Lamrani

Salim Lamrani

Profesor, escritor y periodista francés, imparte cursos en la Universidad París Descartes y en la Universidad Paris-Est Marne-la-Vallée, especialista de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Ha publicado, entre otros, Doble Moral. Cuba, la Unión Europea y los derechos humanos (Hondarriaba: Editorial Hiru, 2008). Su nuevo libro se titula Cuba. Ce que les médias ne vous diront jamais (París: Editions Estrella, 2009) con un prólogo de Nelson Mandela.

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