Fidel de los Milagros
En su cabeza y hasta en sus manos, los números no son simples piezas de cálculo. Son, en cualquier caso, elementos de la operación matemática indispensable y exacta para que lo poco dé mucho, para probar que en la tierra hay panes y peces para todos y que la distribución justa no es solo moralmente necesaria, sino materialmente posible.
"La economía no es una ciencia exacta -insiste- es una ciencia social". Y lo prueba con obras que de tan raras en este mundo, podrían considerarse milagros, aunque la liturgia eclesial se niegue a beatificarlo. Pero no por falta de pruebas, sino porque él cometió la herejía de demostrar que es posible hacer justicia en el reino de este mundo, y no en el de los cielos, como predican tantos falsos enviados del Dios.
Por suerte, en esta época no hace falta que lo declaren San Fidel para que el mundo sepa quién es y a qué se enfrenta. Ya sus ideas y su obra han saltado el alto muro de la desinformación y el silenciamiento y no podrán hacerle lo que a las de Cristo, que, siglo tras siglo, se han manipulado para negociar el hambre y la sed de las mayorías, al amparo de las mismas oraciones con que se bendice a los mercaderes que aquel echó a latigazos del templo.
Tampoco nos interesa esperar a que no esté para declararlo santo de los mil parajes donde ha peleado para transformar el mundo.
Queremos que sea ahora que es la hora en que, sobreviviente de más de 600 atentados y de infinitas conjuras imperiales, en lugar de sentarse a descansar para contemplar el milagro de su voluntad y sopesar la fuerza de su impulso libertario, ha elegido trabajar más, soñar más, transformar más, revolucionar más.
Ahora es el momento de felicitarnos por saberlo de nosotros y tomar nota de las lecciones que nos está dando desde aquel día en que creíamos sabernos las respuestas y él llegó a cambiarnos las preguntas. Desde aquel momento en que nos desafió a descifrar lo trascendente y pensar con sentido de urgencia, no sobre nuestra estrecha realidad, sino desde ella hacia el mundo que todavía nos parecía demasiado ancho y ajeno.
En las aldeas de Centroamérica y de Haití, en los cerros venezolanos, en las comunidades africanas, en las faldas del Himalaya o en las frágiles islas del Pacífico y del Caribe, ya saben quién es Fidel y llaman milagros a las misiones que cumplen sus enviados al salvarlos de la muerte, la ceguera o la ignorancia.
Nosotros también podemos dar fe de verdaderos milagros si a una economía ortodoxa, competitiva, tecnocrática, le tocara explicarlos: de haber logrado que todo un país sobreviviera al cierre de sus mercados externos; de las aulas y los hospitales abiertos y funcionando, incluso deteriorados, para crear, sin recursos materiales, el talento y las vidas que ya nos sitúan entre los países con más alto desarrollo humano; de los estudiantes africanos y latinoamericanos y los niños de Chernobil y tanta solidaridad que siguió practicándose sin cobrarle a ninguno cuando nuestras cuentas daban cero.
Y podemos entender como nadie más las palabras que hace poco le dijo a sus pares de Suramérica, sobre esos pozos de petróleo que no ven y tienen al alcance de las manos: la inversión en el ahorro, tan valiosa como la inversión en el capital humano, única explicación posible a esta sobrevivencia colectiva a todos los bloqueos, cercos y campañas que llevan 47 años asediándonos, mientras Fidel trabaja en el próximo milagro, como ése que así se nombra, de operar a cientos de miles de personas de distintas nacionalidades para que recuperen la visión perdida, en menos de un año.
A nosotros nos lo explicó una vez en los términos de nuestro propio oficio: "el economista -dijo- tiene que ser político como el político tiene que ser economista. La economía es una ciencia social y tiene que estar al servicio del ser humano, sino ¿para qué vale?"
Editorial de El Economista de Cuba, publicación bimensual de la Asociación de Economistas y Contadores de Cuba (ANEC) con motivo del 80 cumpleaños de Fidel.


Querida amiga Arleen, le expreso la admiración de mi familia y amistades por su labor en la Mesa redonda y por tanta consagración a su tarea de periodista al servicio de la Revolución. No sé si usted sabrá que este artículo suyo se ha vuelto un tesoro que circula impreso entre quienes amamos a Fidel y a la Revolución, pasa de mano en mano y así es como supe de su existencia. Me llenó de emoción leerlo y lo busqué aquí en Cubadebate. Muchas felicidades para usted, su familia y nuestro pueblo por un nuevo aniversario del Triunfo de la Revolución Socialista. !Viva Cuba libre y Fidelista hasta la muerte!