¿Liberarán a los presos de Guantánamo?
Durante la toma de posesión de su segundo mandato, el presidente de los Estados Unidos, George W. Bush, además de autodeclararse como el "libertador" del mundo, apeló a concederle la libertad a todos los disidentes que permanecían encarcelados. ¿Estaría pensando en ese oscuro lugar del mundo que es el campo de concentración de Guantánamo?
La repetitiva alocución del nuevo emperador -mencionó la palabra libertad una veintena de veces- fue pronunciada un día después que Cuba denunciara en una Declaración de su Ministerio de Relaciones Exteriores los abusos y torturas de que son víctimas los 500 prisioneros enemigos que desde hace tres años permanecen en un limbo legal tras las rejas de la base naval ilegalmente ocupada.
La nota diplomática que Cuba le entregara a las autoridades del Gobierno de los Estados Unidos en La Habana subraya: "La arbitraria detención de estos prisioneros extranjeros sin que haya mediado un proceso judicial, así como las torturas y el tratamiento degradante a que son sometidos, constituyen una grosera violación de los derechos humanos y de numerosos tratados y convenciones internacionales, en particular, la Declaración Universal de los Derechos Humanos y la Convención contra la Tortura y Otros Tratos y Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes".
El documento destaca además que con esta hipócrita conducta, el Gobierno de los Estados Unidos ha demostrado la falsedad de sus propias declaraciones públicas al ocultarle a su propio pueblo y a la comunidad internacional las horrendas torturas, crueldades y el tratamiento humillante y denigrante dado a los prisioneros retenidos en la Base Naval de Guantánamo.
La denuncia cubana se suma a las realizadas por varias organizaciones internacionales preocupadas por el respeto de los derechos humanos. Amnistía Internacional (AI), por ejemplo instó hace pocos días al presidente de Estados Unidos, George W. Bush, a cumplir, justo durante su segundo mandato, la normativa internacional sobre detención de sospechosos en su "guerra contra el terrorismo".
En un comunicado emitido desde su sede en Londres con motivo de la inauguración de la nueva presidencia de Bush, la organización le pide a Washington la "erradicación de la tortura y malos tratos" de los presuntos terroristas arrestados, así como frenar, "las políticas de detención e interrogación en la guerra contra el terrorismo que desobedecen los principios de los derechos humanos".
De igual forma, en días recientes la Unión Americana de Libertades Civiles (ACLU), entabló una querella contra la Administración del presidente George W. Bush, sobre la base de unos mensajes electrónicos a los que tuvo acceso, en los cuales se narran dantescos incidentes ocurridos en 2003 y 2004.
Entre las prácticas se mencionan la colocación de cigarrillos encendidos en las orejas de los detenidos, a quienes -por su condición de árabes- los envolvían en una bandera israelí para humillarlos, los amenazaban con estrangularlos y los golpeaban.
A pesar del desprestigio de la gran prensa norteamericana, el escándalo de las torturas en Guantánamo no ha permanecido al margen del interés de sus comentaristas. El periódico The New York Times difundió una información según la cual funcionarios de primerísimo nivel del gobierno de George W. Bush, habían presionado hacía poco a los senadores estadounidenses para asegurar el fracaso de un proyecto de ley que le impediría a la CIA practicar la tortura en operaciones antiterroristas.
La iniciativa, al parecer, tenía muchas posibilidades de ser aprobada por el Senado, con mayoría republicana, pero la Casa Blanca se jugó a fondo para impedirlo. El New York Times puso en boca de un senador la siguiente afirmación: "La administración (de George W. Bush) quiso preservar la opción del uso de la tortura".
De acuerdo con el diario las presiones no se ejercieron de manera indirecta, sino dejando pruebas y rastros por todos lados y algunos dirigentes de la Casa Blanca enviaron misivas escritas a los senadores para influir en su decisión. Por ejemplo, la entonces consejera para la seguridad nacional de Bush, Condoleezza Rice y el Pentágono, enviaron cartas en las que se "llamaba firmemente" a los senadores a revisar su postura.
Según aseguró Bush en discurso de investidura la seguridad de Estados Unidos "depende cada vez más del éxito de la libertad en otras tierras" y para ello "usará las armas cuando sea necesario". ¿Serán la tortura y la proliferación de campos de concentración al estilo del que existe en la Base Naval de Guantánamo, algunos de los medios para conseguir tales fines?
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