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Leonard Weinglass: ESPERO ESTAR EN CUBA CUANDO LOS CINCO REGRESEN A CASA

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Leonard Weinglass.Tiene una historia difícil de igualar en la jurisprudencia norteamericana. Se graduó de abogado en la Universidad de Yale en 1958 y ha sido protagonista de los más sonados casos a favor de los derechos civiles en Estados Unidos, que le hizo merecedor del Premio más codiciado en su especialidad, el Clarence Darrow.

Leonard Weinglass, abogado de Antonio Guerrero y uno de los pilares en la defensa de los Cinco cubanos presos en EE.UU., repasa su agitada vida profesional desde la perspectiva privilegiada de quien se asoma a casi medio siglo de bregar en la jurisprudencia norteamericana y reconoce que, aún cuando se ha retrocedido en materia de derechos ciudadanos, hay todavía espacios desde donde se puede luchar por la justicia. Y ganar.

-Usted fue Capitán de las Fuerzas Armadas Norteamericanas hasta el año 61. ¿Cómo llegó hasta allí y por qué salió de ese cuerpo del Ejército?

-Fui a la Universidad durante la Guerra de Corea. En la escuela donde yo estudiaba, era una obligación unirse a la Fuerza Aérea y cuando me gradué, me otorgaron el grado de oficial y fui designado como piloto. Pero la Guerra acabó de repente y los pilotos ya no eran necesarios. Entonces expresé que deseaba estudiar Derecho y me dejaron hacerlo por tres años. Luego regresé a completar mi servicio militar. Serví como Capitán de la Fuerza Aérea, un año en Texas y otro en Islandia, como oficial en el servicio legal. Me enviaron a Islandia como represalia, por haber defendido a un soldado afroamericano. En el curso del juicio  denuncié el racismo del que había sido víctima mi defendido,  y me enviaron a Islandia donde no había soldados afroamericanos.

-¿Quiere decir que usted empezó su vida de luchador por los derechos civiles dentro del propio Ejército Norteamericano?

-Sí, y esta lucha fue una de las razones por las que estudié Derecho. Abandoné el ejército en 1961, cuando cumplí con la obligación del servicio militar. Me ofrecieron irme a Vietnam, pero me negué. En aquel momento no podía imaginarme por qué estaban enviando soldados a Vietnam, mucho antes de que Estados Unidos se involucrara en esa guerra.

-Unos años después se involucra directamente contra la guerra de Viet Nam y otros reclamos civiles, en el famoso proceso de los “Ocho de Chicago”, que se parece al caso de los Cinco por la utilización del sistema judicial con fines políticos. ¿Por qué la extraordinaria repercusión nacional e internacional de este juicio, hasta el punto de que se estudia en las escuelas de Derecho norteamericanas como paradigma de la jurisprudencia en asuntos de civiles?

-Por supuesto ambos, el Juicio de los Ocho de Chicago y el de los Cinco, fueron procesos motivados por causas políticas. En el de Chicago pudimos presentar ante el tribunal materiales que desacreditaban la política de Estados Unidos en la Guerra de Vietnam y fue el primer enjuiciamiento de significación en la administración  Nixon, con implicaciones en las políticas domésticas de la ley y el orden durante ese gobierno. En el de los Cinco se pudo presentar ante el tribunal, materiales y documentos que desacreditaban la política exterior de EE.UU. hacia Cuba. En ambos casos, los acusados recibieron cargos por violaciones técnicas de la Ley. En los dos casos enfrentaron la posibilidad de la pena máxima por una situación en que nadie fue herido, no hubo violencia. Solo se había desencadenado un proceso político.

En el caso de los Cinco, a pesar de las poderosas evidencias presentadas por la defensa, el jurado rápidamente declaró a los Cinco culpables de los 26 cargos presentados en su contra. En el caso de Chicago también fueron acusados de conspiración, pero el Jurado los  absolvió de dichos cargos; aquí también se usaron procedimientos especiales, que normalmente no se usan, y lo mismo se ha hecho para los Cinco. En el caso de Bobby Seal, uno de los Ocho de Chicago, líder del movimiento afroamericano, fue atado y amordazado en el juicio. Esto no había sucedido nunca antes en EE.UU.. En el caso de los Cinco, los pusieron en celdas aisladas de castigo durante 17 meses, incluso antes de que el proceso comenzara. Eso también es extremadamente raro e inusual.

-Otro de sus litigios contra la administración de Nixon fue el proceso, en 1972, que involucró a dos periodistas -uno de ellos Anthony Russo- que revelaron documentos del Pentágono donde se demostraba que el gobierno mintió sobre la guerra de Viet Nam. Más de 30 años después estamos ante una situación similar con la administración Bush.

-Ese caso también tiene grandes similitudes con el de los Cinco. En 1972 se presentaron 46 volúmenes, siete mil páginas de materiales sobre la larga historia de los Estados Unidos en Vietnam; y estos materiales revelaban las mentiras que el Gobierno le había dicho al pueblo norteamericano. En el caso de los Cinco, los numerosos documentos que la defensa presentó ante el Jurado y los testigos que llamaron, revelaban la guerra que estaba siendo conducida ilegalmente contra Cuba desde las costas de Miami. Con la documentación de ambos casos, se puede impartir un curso universitario completo sobre Política Exterior. Muy pocos casos tienen esta cualidad.
En la mayoría de los casos la pregunta es muy directa y simple.  ¿Hubo un asesinato?  ¿Hubo un robo de banco?  ¿Hubo un secuestro?  Es lo que se pregunta en casos corrientes de criminalidad, pero rara vez se presentan como testigos generales y almirantes, y otros ejecutores o diseñadores de las políticas del gobierno, acompañados de documentos oficiales que constituyan las bases del caso. Cuando esto ocurre, el proceso judicial es altamente educativo, y resulta inevitable jugar las acciones del gobierno.
Otro ejemplo clásico fue el caso contra Amy Carter, la hija del Presidente Carter. Ella y un grupo de estudiantes se apoderaron de un edificio en un área universitaria. Esta acción era claramente ilegal; pero trató de justificarla trayendo expertos para demostrar que la CIA, que estaba intentando utilizar el edificio, era una entidad criminal que en aquel momento estaba involucrada en actividades delictivas  contra Nicaragua. En ese caso, testificaron Daniel Ellsberg, Ramsey Clark, Howard Zinn y un oficial de la CIA. Toda la política contra Nicaragua fue puesta en este juicio que se realizó en una zona rural, con posiciones muy conservadoras. Sin embargo, luego de oir toda la evidencia, ese Jurado declaró a Amy Carter inocente, porque encontraron que la política de los Estados Unidos hacia Nicaragua justificaba las acciones que ella realizó.
Algo similar a lo que hemos visto en el caso de los Cinco. La defensa intentó presentarle al Jurado las acciones del Exilio Cubano y sus ataques violentos contra Cuba y le pidió al juez que le diera al jurado la oportunidad de juzgar moralmente si las acciones de los Cinco estaban o no justificadas. Pero el juez le quitó esta oportunidad al jurado y no le permitió tomar esta decisión. Nosotros utilizamos esto como argumento en la apelación, porque es un derecho fundamental del jurado. El jurado habla en nombre de la conciencia de la comunidad y sin embargo, esa función principal no fue permitida en el caso de los Cinco.

-La esencia de todos esos casos es el silenciamiento ante la opinión pública de procesos esenciales en la vida política norteamericana, tal y como estamos viendo ahora frente a la guerra de Iraq. ¿Qué ha pasado con los derechos civiles de los norteamericanos en estos últimos 30 años?

-Es una pena que los derechos de los ciudadanos norteamericanos se hayan perdido gradualmente en los últimos 30 años. La última vez que un juez de ideas liberales integró el Tribunal Supremo fue hace 35 años. Fue el señor Thurgood Marshall, un afroamericano que fue designado en el Tribunal por Lyndon Johnson en 1968. Desde ese momento los derechos han disminuido gradualmente, con algunas excepciones. Ha habido grandes conquistas con respecto a las mujeres, conquistas de la comunidad homosexual, los impedidos físicos; pero se han deprimido enormemente los derechos básicos que un norteamericano puede tener en la Corte. Y ha habido ocasiones en que se perdieron de una forma dramática. Luego del bombardeo de Oklahoma City en 1996, la Administración Clinton aprobó la Ley Antiterrorista que, dramáticamente, cambió algunos derechos. Después del 11 de Septiembre de 2001, al aprobarse la Ley Patriótica se restringieron dramáticamente algunos de los derechos más importantes de los norteamericanos. Ahora están permitidos los juicios secretos, los arrestos secretos… Esto nunca había ocurrido. Se ha estado incluso discutiendo si un acusado debe o no tener un abogado en la corte, y si se admiten las evidencias. Nunca en nuestra historia se cuestionaron estos derechos. Treinta años atrás hubieran sido garantizados de inmediato. Así que el mero hecho de que este sea un tema cuestionable hoy en Estados Unidos, dice mucho sobre la naturaleza de los derechos, independientemente de lo que decida la Corte.

-Es decir, que ahora usted hubiera perdido totalmente el caso de la hija de Carter. La Ley Patriótica establece la intervención de la CIA y el FBI en la vida privada de los norteamericanos, sin previo aviso.

-Sí, pero estoy convencido de que veremos más y más casos como este de la hija de Carter. Las nuevas leyes son muy, muy generales. Ahora es un crimen apoyar a una “organización terrorista”. Así que alguien está apoyando a los palestinos en su lucha y hable o escriba a su favor, puede ser procesado. También, quien contribuya con algún dinero a hospitales para cuidados médicos, o da ayuda a alguna organización que el Gobierno dice que es una organización terrorista. Estos son los peligros que existen hoy. El pueblo norteamericano, con excepción de los nativos, es una colección de personas de todas partes del mundo que dejaron su casa para ir a vivir a Estados Unidos. Muchos de ellos eran perseguidos en sus propios países. Es natural que quieran contribuir con las luchas que se llevan a cabo en sus países de origen para mejorar la vida de sus viejos amigos. Los irlandeses en Estados Unidos siempre han apoyado y contribuido con las luchas en Irlanda. Los judíos siempre contribuyeron y apoyaron las luchas en el naciente Israel. Todos eran legales e incluso incitados para que lo hicieran, porque estaban propiciando sistemas más democráticos dentro de sus propios países. Pero ahora eso ha cambiado; si uno contribuye con su país de origen, corre el peligro de ser acusado de ayudar a terroristas y es potestad del Gobierno el definir qué es un terrorista. Y la Corte ha dicho que una vez que el Ejecutivo decida que una organización es terrorista, ninguna Corte puede interferir en esa designación; así que es una forma de separar al pueblo norteamericano de las luchas por la justicia que se desarrollan alrededor del mundo.

-En ese caso y teniendo en cuenta curriculum vitae de Weinglass, el Gobierno puede involucrarlo en una acusación por apoyar a organizaciones y países considerados “terroristas”.

-Recientemente me han retenido en aeropuertos y eso nunca antes me había sucedido. Lo extraordinario es la doble moral que hay en este asunto. En el Sur de la Florida hay excepciones con respecto al apoyo que se le da a los terroristas. Ninguna de esas organizaciones que tienen una larga trayectoria en el terrorismo, han sido designadas como tales, como tampoco lo fueron los contras en Nicaragua. Tuve que defender a algunos palestinos en Los Ángeles que fueron acusados de ayudar al Frente Popular de Liberación de Palestina y estaban siendo acusados y deportados por esa razón. En ese proceso, presenté un testigo que estaba recaudando dinero para los contras. El estaba haciendo lo mismo, reuniendo dinero y enviándolo a Honduras; pero en su caso le fue permitido vivir en los Estados Unidos sin problemas. Le dijo a la Corte que solo tuvo problemas cuando dijo que no quería hacerlo más. Lo amenazaron con expulsarlo del país.

-Otro proceso famosísimo de Leonard Weinglass fue aquel donde defendió a Jane Fonda contra Nixon, en una pelea por el reconocimiento de los derechos constitucionales de la actriz y activista política. ¿Hay posibilidad de que surja una nueva Jane Fonda contra Bush?

– No, no lo creo posible por el momento. Sin embargo, Jane ganó su juicio. Un tribunal ordenó que el Gobierno suspendiera las acciones contra Jane. Lo que pasó fue ridículo; la veían como una amenaza tal que conservaron un expediente sobre Jane en la Oficina Oval de la Casa Blanca. Henry Kissinger tenía el expediente de Jane en su oficina. No solo el FBI y la CIA, los más altos niveles del Gobierno poseían documentos en contra de ella. Era una especie de Osama Bin Laden de los años Sesenta. Pero luego de oír toda esta información, un juez federal le ordenó al Gobierno que jamás volviera a hacer algo así contra Jane Fonda. Así que si encontramos evidencias de que esto pueda estar sucediendo de nuevo, tendremos que volver a Corte.

-Ahora el gobierno norteamericano tiene retenidas ilegalmente a cientos de personas, incluidos ciudadanos norteamericanos. Guantánamo es una evidencia también de las violaciones de los derechos más elementales de los seres humanos. ¿Es posible alguna acción individual que levante un litigio contra las violaciones de la administración Bush por esta causa?

-Sí, realmente sí se puede. En torno al tema de la legalidad de Guantánamo, este caso ya fue presentado y estamos aguardando una decisión. Los que estuvieron presentes durante el alegato en la Corte, están optimistas. La Administración Bush ha asumido una posición tan extrema de derecha y tan abiertamente violadora de los derechos de la gente que, incluso esta Corte tan conservadora, quiere distanciarse de estas medidas tan extremas.

-Usted vivió de manera muy intensa las manifestaciones en contra de la guerra de Vietnam que, sin embargo, tardaron más de seis años en producirse. Ha vivido también las manifestaciones contra la guerra en Iraq, que a diferencia de las movilizaciones en los años Setenta, se organizaron en muy pocas semanas y en ese contexto altamente represivo que usted ha descrito. ¿Cómo valora estas circunstancias?

-He sido un hombre muy afortunado en mi vida. He visto triunfar al pueblo de Vietnam, al pueblo de Cuba y al pueblo de África del Sur. Mis amigos me dicen que no debía ser tan codicioso. Esto es más de lo que uno puede esperar en una vida. He visto que en todos estos años que, frente a cada acción errónea, claramente errónea de un poder imperial, aparece también una oportunidad para el cambio. He visto crecer al movimiento antibélico, no solo en Estados Unidos, sino globalmente. En febrero del 2003 fui testigo de la más dramática oposición que ha habido contra una guerra en el mundo. Incluso el New York Times ha confesado que ahora hay dos superpoderes nuevamente: Estados Unidos por un lado y la opinión pública mundial, en el otro. Así que soy optimista con respecto al futuro. En la política uno debe ser optimista, creer en la posibilidad de un cambio. Por supuesto, cada día en la televisión hay ejemplos dramáticos de las limitaciones de los derechos civiles, de las brutalidades del poder militar. Esto es muy desalentador de cierta forma. Cualquiera puede sentirse muy mal y condolerse con aquellos que sufren, pero toda esta situación genera necesariamente espíritu de lucha y gente que se opone a este estado de cosas. En eso se fundamenta mi optimismo.

-Me llama la atención un análisis que usted hacía recientemente del caso de Ángela Davis. Valoraba que la solidaridad internacional había hecho posible que ella, condenada o procesada supuestamente por el asesinato de un policía, fuera absuelta gracias a ese respaldo. ¿Por qué le da tanta trascendencia al apoyo internacional?

-El caso de Ángela Davis fue de gran inspiración internacional. Aquí se tenía a una mujer afroamericana, miembro del Partido Comunista, acusada del asesinato, no solo de un policía, sino de un oficial judicial blanco en un crimen muy dramático. La procesaron ante un jurado, totalmente blanco, luego de haber obtenido un cambio de tribunal, que fue muy importante, y fue declarada inocente. El apoyo internacional y el apoyo nacional fueron muy grandes y muy decisivos en su caso. Es un ejemplo del papel que juega el apoyo en un juicio político. También debería mencionar que su equipo legal en la Corte estaba todo compuesto de afroamericanos, excepto una mujer blanca. Yo no estuve en el juicio, pero escribí con sus abogados los argumentos del proceso legal.

-Usted también fue abogado de Mumia Abu Jamal. ¿Cómo ha sido posible la transformación gracias a la lucha política, de los conceptos conque se juzgó inicialmente a Mumia, quien ha pasado de ser un “terrorista” a un periodista reconocido, ante la opinión pública norteamericana?

-El caso de Mumia es un ejemplo de la necesidad que hay de una labor ardua en búsqueda de apoyo. Y también, de la necesidad de tener paciencia. Cuando me inserté en el caso de Mumia, él había estado preso nueve años, condenado a muerte. En ese momento se creó un comité de apoyo y muchas personas comenzaron a trabajar arduamente. En un período de cinco años ya existía un apoyo significativo nacional e internacional. Y aunque durante esos quince años Mumia estuvo condenado a pena de muerte, luego de que el apoyo demostró ser tan grande, él obtuvo su primera victoria en la Corte y le quitaron la pena de muerte. Creo que esto fue una consecuencia clara de esa solidaridad. Claro, este caso aún no se ha cerrado, pero no podemos olvidar que Mumia tuvo que esperar quince años antes de alcanzar su primera victoria. Tuvo que esperar que ese apoyo nacional e internacional crecido mucho.
En el caso de los Cinco, ellos han estado presos casi seis años ya y se puede apreciar el inicio del apoyo que se está desarrollando. No sé cuánto tiempo tomará, pero ya hay señales significativas de que ese apoyo está teniendo un impacto. El año pasado los pusieron en celdas aisladas de castigo y los papeles decían que debían estar en ellas durante un año; pero luego de 30 días y una gran protesta internacional, el gobierno reconsideró la orden y los liberó. Así que es un ejemplo de la importancia del apoyo internacional. Y ahora estamos esperando por las decisiones de la Corte de Apelación. Fue muy importante que en esa audiencia participaran abogados sudamericanos, centroamericanos, europeos.

-Aún cuando hay señales efectivamente de interés internacional, la prensa norteamericana y los grandes medios de todo el mundo siguen silenciando lo ocurrido en el proceso contra los Cinco, al igual que ocurre con quienes hacen resistencia al poder global.

-Por supuesto, los medios de comunicación están bajo el control de personas y corporaciones que no favorecen las luchas por la justicia y tienden a tratar solo hechos sensacionales. Incluso ahora estoy valorando positivamente que, finalmente, los medios estén reportando la verdad acerca de lo que les sucedió a los presos en Iraq; pero tengo el deber de preguntarme cuánto de esto está relacionado con el sexo y sensacionalismo. Durante un año hicieron silencio sobre los miles de iraquíes que murieron en la guerra. Los mismos medios que ahora están dando amplia cobertura a los temas del sadismo y la tortura sexual, dijeron muy poco o nada sobre los muertos civiles iraquíes. Tampoco han hablado mucho sobre los presos en Guantánamo, cuando se sabía que el General Miller, quien estaba a cargo de la Base Navel,  daba las órdenes para maltratar de los presos en Iraq. La idea de deshumanizar a las personas a través de la perversión sexual, como una forma de hacerlos hablar en los interrogatorios, puede haber sido algo que el General Miller aprendió cuando estaba dirigiendo Guantánamo, porque esta idea vino de algún lugar, era una política, no solo el mal comportamiento de unos cuantos soldados. Creo que la pregunta debe ser: ¿cómo instruyeron esta política? ¿Dónde aprendieron a torturar? ¿De qué experiencias se valieron? Es muy sospechoso que Miller, que dirigía Guantánamo, estuvo también relacionado con lo ocurrido en las prisiones de Iraq… Algún día sabremos la verdad. No debemos olvidar que los medios de comunicación se exaltaron y enorgullecieron cuando expusieron los horrores de Mi Lai, pero les tomó 18 meses para reportarlo, aún cuando tenían las fotos desde muchísimo antes. Es muy probable que lleguemos a saber toda la verdad, pero va a tomar algún tiempo…

-¿Qué trascendencia puede tener para la administración Bush el reconocimiento de que no solo le ha mentido al país en torno a los motivos de la guerra contra Iraq, sino sobre otros hechos que supuestamente engendraron la guerra contra el “terrorismo” internacional?

-Debo decir que hasta ahora esto es desalentador. Hasta hace 30 días el público norteamericano no estaba actuando a partir de los hechos. Los discursos políticos eran fantasías. Se estaba aceptando una irrealidad. Incluso luego de ser expuestas las mentiras sobre las armas de destrucción masiva y las mentiras con respecto a la conexión de Sadam Hussein con Al Qaeda, el público no reaccionó. Bush convenció al país de que aunque hubiese mentiras, el pueblo de Iraq aceptó la intervención norteamericana y que Estados Unidos traería la democracia a los iraquíes y convertiría a todo el Medio Oeste en su aliado amistoso. La administración Bush fue capaz de presentar las mentiras como verdades y conseguir que el pueblo se concentrara en hechos irreales que podrían ocurrir en el futuro, y el público estuvo dispuesto a aceptar esto. El público quería creerlo. Hubo una negación de la realidad y los discursos públicos eran una fantasía y la tasa de aceptación de Bush con respecto a la guerra fue de un 60 por ciento en marzo de 2004. Como siempre, en este momento fue cuando las bajas norteamericanas comenzaron a incrementarse y solo ahora, frente a las fotos de los presos, es que el pueblo está volviendo a cuestionarse todo el asunto de la guerra. Pero durante un año el país estuvo viviendo una ilusión y el pueblo iraquí pagó el precio.

-Toda Cuba conoce a Weinglass como abogado de Antonio Guerrero, uno de los Cinco cubanos presos en Estados Unidos por luchar contra el terrorismo. Pero su vínculo con la Isla no empezó con este proceso. Cuéntenos cómo se inició esa relación con nuestro país.

-Cuando triunfó la Revolución Cubana era un joven que la vio con simpatías. Recuerdo que me fui al Parque Central en Nueva York para oír hablar a Fidel Castro. Creo que fue en 1961, casi 45 años atrás. Me impresionó mucho. Quise conocer más y comencé a leer a Fidel, al Che. Conocí qué había acontecido durante el gobierno de Batista. Sabía algo desde antes, pero me entusiasmé mucho con respecto a los cambios profundos que la prometía la nueva Revolución. Desde entonces le he seguido los pasos. No tuve oportunidad de venir a la Isla hasta 1967, después de que mi cliente Tom Hayden tuviera una entrevista con Fidel en Cuba.
Fidel le preguntó cómo era posible que no lo habían encarcelado por escribir un libro sobre la rebelión afroamericana en Newark, donde documentó los asesinatos de más 20 personas cometidos por la policía. Tom Hayden le explicó a Fidel que existieron varios procesos en los que sí trataron de encarcelarlo, pero que habíamos ganado todos los casos y que él no había pasado ni un día en prisión. Fidel le preguntó el nombre del abogado y entonces recibí una invitación especial a la celebración del 26 de Julio en Camagüey. Por supuesto, me sentí muy complacido y honrado y, desde entonces, había venido a Cuba en otras ocasiones, hasta que fui honrado con la posibilidad de representar a los Cinco. Ya tengo 72 años y no se cuántos casos me quedan por delante, pero me complace haber vivido lo suficiente como para hacer esta contribución a Cuba. Y espero estar aquí cuando los Cinco regresen a casa.

Traducción y transcripción realizada por: Marta Lili Roqueta Rodríguez-Baz

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Rosa Miriam Elizalde

Rosa Miriam Elizalde

Periodista cubana. Vicepresidenta de la UPEC y la FELAP. Es Doctora en Ciencias de la Comunicación y autora o coautora de los libros “Antes de que se me olvide”, “Jineteros en La Habana”, “Clic Internet” y “Chávez Nuestro”, entre otros. Ha recibido en varias ocasiones el Premio Nacional de Periodismo “Juan Gualberto Gómez” En twitter: @elizalderosa

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