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ESTO ES FALUYA: MUERE PRIMERO, VOTA DESPUÉS

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EL MUNDO, ESPAÑA / THE GUARDIAN, UK

NAOMI KLEIN / Naomi Klein es autora de los libros 'No Logo' ('Sin logo') y 'Fences and Windows' ('Vallas y ventanas').

El rey del hip hop P. Diddy anunció el pasado fin de semana que su campaña «¡Vota o muere!» iba a seguir en vigor. El impulso al registro de votantes durante las presidenciales de EEUU no ha sido, según ha declarado, más que «la primera fase, el primer paso para hacer que la gente se comprometa».
 
Fantástico. Tengo una sugerencia para la segunda fase: P. Diddy, Ben Affleck, Leonardo DiCaprio y el resto de quienes se han descrito a sí mismos como la coalición de la buena gente deberían subir al avión que han alquilado y volar a Faluya. Ahora bien, primero van a tener que darle la vuelta al lema y en lugar de «¡Vota o muere!» decir «¡Muere y vota después!».

Porque eso es lo que está ocurriendo aquí. Las posible vías de escape están atoradas, se tiran abajo viviendas y se ha reducido a polvo una clínica de urgencias, todo en nombre de los preparativos necesarios en la ciudad para las elecciones de enero. En una carta al secretario general de la ONU, Kofi Annan, el primer ministro iraquí por designación de EEUU, Iyad Alaui, ha explicado que era imprescindible este ataque a gran escala «para salvaguardar vidas, las elecciones y la democracia».

Tantos millones gastados en «construir la democracia» y «la sociedad civil» en Irak, para llegar a esto: el que consiga sobrevivir al ataque de la única superpotencia del mundo podrá depositar una papeleta en una urna. Los faluyanos van a votar aunque para eso tengan que morir primero, ¡qué puñeteros!

Que nadie se equivoque: son los habitantes de Faluya los que están bajo el punto de mira. «El enemigo tiene rostro. Se llama Satanás. Vive en Faluya», ha declarado a la BBC el teniente coronel Gareth Brandl.

Bueno, por lo menos ha reconocido que algunos de los combatientes viven efectivamente en Faluya, a diferencia de Donald Rumsfeld, que nos había hecho creer que todos habían venido de Siria y de Jordania. Por otra parte, puesto que los vehículos militares de EEUU no dejan de difundir grabaciones que prohiben a los hombres de entre 15 y 50 años que abandonen la ciudad, habrá que interpretar que, como mínimo, hay unos cuantos iraquíes entre los que la CNN describe ahora obedientemente como «fuerzas anti-iraquíes».

Las elecciones de Irak no iban a ser pacíficas en ningún caso pero tampoco hacía falta que fueran una guerra sin cuartel contra los votantes. El lema «Deja paso al voto» de la campaña del señor Alaui es el resultado directo de una desastrosa decisión tomada hace un año.

El 11 de noviembre de 2003, Paul Bremer, por entonces jefe de la delegación de EEUU en Irak, voló a Washington para reunirse con Bush. Los dos hombres estaban preocupados porque, si mantenían su promesa de celebrar elecciones en Irak en los meses siguientes, el país caería en manos de unas fuerzas que no serían suficientemente pronorteamericanas. Tal circunstancia echaría por tierra el objetivo de la invasión y amenazaría las posibilidades de reelección de Bush. En aquella reunión se maquinó una revisión del plan original: las elecciones se retrasarían más de un año y, entretanto, desde Washington se seleccionaría cuidadosamente el primer gobierno soberano de Irak.

El plan permitiría al señor Bush argumentar durante su campaña electoral que se registraban progresos al tiempo que mantenía Irak férreamente sujeto bajo control de Washington. En EEUU, las proclamas de Bush de que «la libertad está en marcha» servían a sus propósitos pero, en Irak, el plan conducía a la carnicería que contemplamos en estos días.

Al señor Bush le gusta pintar las fuerzas opuestas a la presencia de EEUU en Irak como enemigos de la democracia. De hecho, las causas de la sublevación pueden ligarse directamente a las decisiones adoptadas en Washington para sofocar, retrasar, manipular y frustrar las aspiraciones democráticas del pueblo iraquí. Cierto, la democracia cuenta en Irak con enemigos recalcitrantes pero, antes de que Bush y Paul Bremer decidieran romper su compromiso fundamental de transferir el poder a un gobierno iraquí elegido, esas fuerzas estaban aisladas y contenidas.

Eso cambió cuando Bremer volvió a Bagdad y trató de convencer a los iraquíes de que todavía no estaban preparados para la democracia.Argumentó que el país era todavía inseguro y que no existía un censo de votantes. Los convencidos fueron pocos.

Por aquellas fechas eran muchos los que sostenían que Irak era lo suficientemente seguro para celebrar elecciones y sugerían que las listas del programa de Petróleo por Alimentos de la época de Sadam podían utilizarse como censo. Pero el señor Bremer no estaba dispuesto a cambiar de opinión y la ONU (escandalosa y lamentablemente) respaldó su decisión.

Al cabo de diez meses y de la pérdida de miles de vidas iraquíes y norteamericanas, se ha fijado una fecha de convocatoria de unas elecciones que van a tener lugar con una parte del país paralizada por culpa de otra invasión y casi todo el territorio restante bajo la ley marcial. Por lo que se refiere al censo electoral, el Gobierno de Alaui está estudiando la utilización de las listas del programa de Petróleo por Alimentos, tal y como se propuso hace un año.

Así que resulta que todas las excusas no eran más que mentiras: si ahora pueden celebrarse elecciones, se podrían haber celebrado casi con toda seguridad hace un año.

Sin embargo, las elecciones entonces habrían negado a Washington la oportunidad de instalar en Irak un régimen marioneta y posiblemente habrían impedido a Bush obtener su segundo mandato.

Las prometidas elecciones en Irak se han sacrificado al interés de las expectativas de reelección de Bush. El propio asedio de Faluya se ha supeditado de la manera más grosera a esos mismos intereses. Los cazabombarderos no esperaron siquiera a que transcurriera una hora desde que Bush hubiera terminado su discurso de aceptación para empezar los ataques. Una vez que ya se había votado en condiciones de seguridad en EEUU, podía destruirse Faluya en nombre de sus futuras elecciones.

En otra demostración de su compromiso con la libertad, el primer objetivo de los soldados norteamericanos fue un ataque por sorpresa al principal hospital de la ciudad. ¿Por qué? Aparentemente, porque fue la fuente de los «rumores» sobre el gran número de bajas de no combatientes la última vez que los soldados pusieron sitio a Faluya, lo que despertó indignación en Irak y en el mundo árabe. «Es un centro de propaganda», denunció a The New York Times un oficial norteamericano de alto rango al que no se identificaba.

Según ese diario, el hospital de Faluya fue un objetivo fácil de capturar. Se registró un herido, no obstante, «un soldado iraquí al que se le disparó accidentalmente su fusil kalashnikov».Yo creo que lo que hay interpretar es que se disparó él mismo intencionadamente. No es el único caso.

 

 

 

 

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Naomi Klein

Naomi Klein

Es una periodista e investigadora de gran influencia en el movimiento antiglobalización, nacida en Montreal. Es economista política, periodista y escritora.