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Lo que Bush no mencionó en su discurso

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No puedo esperar a ver la prisión de Abu Ghraib reducida a escombros por los estadunidenses... a petición del nuevo gobierno iraquí, claro. La convertirán en polvo para destruir un símbolo de la brutalidad de Saddam Hussein. Eso es lo que nos dice el presidente Bush. Así pues, la rescritura de la historia sigue adelante.

En agosto pasado fui invitado a Abu Ghraib, nada menos que por mi general estadunidense favorita, Janis Karpinski, para ver el remozamiento de ese lugar de abyección, el cual se realizaba entonces al costo de millones de dólares.

Celdas que rechinaban de limpias, tubos de dentífrico y pants nuevos para los "terroristas" internos. Y ahora, de pronto, el armatoste ya no es un centro de tortura estadunidense, aunque sigue siendo un centro de tortura iraquí, y por lo tanto es digno de la demolición.

La rescritura de la historia iraquí se lleva a cabo ahora a velocidad supersónica. ¿Ar-mas de destrucción masiva? Olvídenlas. ¿Vínculos entre Saddam y Al Qaeda? Olvídenlos. ¿Iraquíes liberados de las torturas de Saddam en Abu Ghraib? Olvídenlos. ¿Ma-tanza de convidados a una boda? Olvídenla. Despejen el área para la "plena (sic) soberanía" y para los "acontecimientos caóticos". Así son las cosas, al menos para el presidente Bush. Al escuchar la noche del lunes su vacilante pronunciación de Abu Ghraib co-mo "Abu Grub", no pude más que estar totalmente de acuerdo (* ).

Sin embargo, otra vez estamos en peligro de perder el detalle. Así como las autoridades de ocupación describen a los mercenarios armados no supervisados que murieron en Irak como "contratistas" o, en forma aún más mendaz, como "civiles", así también están dejando que la responsabilidad por los interrogatorios pornográficos en Abu Ghraib se aleje flotando junto con la resolana veraniega sobre el río Tigris.

Por consiguiente, retrocedamos un mo-mento a las largas semanas en que el Departamento de Manzanas Podridas permitió a sus gorilas poner cuerdas al cuello a los iraquíes, obligar a los prisioneros a tener sexo entre sí y violar a algunos jovencitos iraquíes en la cárcel. Y lancemos nuestra mirada sobre esa pequeña pero sumamente importante cuestión de la responsabilidad.

Los verdaderos interrogadores acusados de animar a los soldados estadunidenses a abusar de los prisioneros iraquíes trabajaban al menos para una compañía que tiene extensos lazos militares y comerciales con Israel. Hoy se sabe que el jefe de una em-presa estadunidense cuyo personal estuvo implicado en las torturas en Irak asistió a un campo de adiestramiento "antiterrorista" en Israel, y que a principios de este año recibió un premio de manos de Shaul Mofaz, derechista ministro de Defensa de Tel Aviv.

Según la empresa CACI International, la visita a Israel del doctor J. C. London, su propietario -patrocinada por un grupo de cabilderos pro israelíes en el que figuran congresistas estadunidenses y otros contratistas de defensa-, tenía el objetivo de "promover oportunidades de asociaciones estratégicas y empresas conjuntas entre agencias israelíes y estadunidenses de defensa y se-guridad interna".

El Pentágono y las potencias de ocupación en Irak insisten en que sólo a ciudadanos estadunidenses se les ha permitido interrogar a prisioneros en Abu Ghraib, pero tal definición no excluye a estadunidenses que tal vez posean doble nacionalidad. El informe antes secreto del general Antonio Taguba sobre las torturas menciona "nacionales de terceros países" involucrados en el maltrato a prisioneros en Irak.

El general Taguba menciona a Steven Staphanovic y John Israel como participantes en los abusos. Según Taguba, Staphanovic, quien trabajó en CACI -conocida como "caqui" entre los militares estadunidenses- "permitió y/o instruyó a los policías militares, que no estaban entrenados en técnicas de interrogatorio, facilitar los cuestionamientos 'estableciendo condiciones' (...) sin duda sabía que sus intrucciones equivalían a abuso físico".

Uno de los colaboradores de Staphanovic, Joe Ryan -a quien el informe de Taguba no menciona-, afirma ahora que se so-metió a "un curso israelí de interrogación" antes de ir a Irak.

Sabemos que el Pentágono solicitó a Israel sus "reglas de compromiso" en Gaza y Cisjordania ocupadas. Oficiales israelíes han adiestrado a sus pares y, según The Associated Press, "en enero y febrero de 2003 soldados israelíes y estadunidenses entrenaron juntos en el desierto de Negev, en el sur de Israel (...) El país hebreo también recibió durante una semana a funcionarios policiacos y de procuración de justicia estadunidenses en un seminario sobre contraterrrorismo".

Staphanovic, de CACI, quien probablemente es también australiano, fue acusado en el informe de Taguba de hacer "una de-claración falsa al equipo de investigación, referente a su (...) conocimiento de los abusos". Otro interrogador externo, Adel Na-khia, tal vez de origen egipcio, fue testigo del "empalamiento" de prisioneros desnudos en Abu Ghraib. John Israel "engañó" a los investigadores al negar que hubiera atestiguado conductas indebidas y señalar que no tenía "autorización de seguridad".

Israel, según Titan -dos de cuyos em-pleados fueron mencionados en el informe de Taguba-, trabaja en una de las "subcontratistas" de esa empresa, cuyo nombre se negó a proporcionar. ¿Por qué? Entre los antiguos directores de Titan está el ex director de la CIA James Woolsey, uno de los arquitectos de la invasión estadunidense de Irak, amigo de Ahmed Chalabi y prominente cabildero pro israelí en Washington.

El doctor London sostiene que CACI "no condona ni tolera o promueve en ninguna forma cualquier conducta ilegal o inapropiada de sus empleados, bajo ninguna circunstancia ni en lugar alguno".

Resulta claro, sin embargo, que el rastro de la tortura en Abu Ghraib tiene que ir mucho más allá de un grupo de brutales po-licías militares estadunidenses, todos los cuales aseguran que "oficiales de inteligencia" les ordenaron "ablandar" a los prisioneros para interrogatorio. ¿Eran israelíes? ¿Sudafricanos? ¿O británicos? ¿Vamos a dejar que la historia se esfume?

(* ) Juego de palabras. "Grub" tiene el sentido de cavar hoyos, meterse en profundidades.

© The Independent

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Robert Fisk

Robert Fisk

Periodista inglés. Corresponsal para el Oriente Medio del diario británico "The Independent".