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Movimiento por la Justicia Global:Un arma que necesita ser afilada

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Las marchas, aunque sean en todo el mundo y en ellas participen millones de personas, no bastan. La escritora india Arundhati Roy, una de las voces más reconocidas del llamado Movimiento por una Justicia Global, alerta sobre el riesgo de que ese movimiento se convierta en un “teatro político” y en “un activo para nuestros enemigos”. Para ella, es preciso afilar y reimaginar el “arma preciosa” de la resistencia mundial. “Necesitamos enfocarnos en blancos reales, librar batallas reales e infligir un daño real”. En otras palabras, realizar acciones que afecten de verdad los intereses del poder económico y político global. Porque al señor George W. Bush, las marchas domingueras le tienen sin cuidado


La escritora

MUMBAI.- El pasado enero, miles de nosotros, de todo el mundo, nos reunimos en Porto Alegre, en Brasil, y declaramos -reiteramos- que “Otro Mundo es Posible”. A unos miles de kilómetros al norte, en Washington, George W. Bush y sus asesores pensaban lo mismo.

Nuestro proyecto era el Foro Social Mundial. El suyo, continuar lo que muchos llaman El Proyecto por un Nuevo Siglo Estadunidense.

En las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos, donde hace unos años estas cosas sólo podrían haber sido pronunciadas en voz baja, ahora la gente habla abiertamente sobre el lado bueno del Imperialismo y la necesidad de un Imperio fuerte que patrulle un mundo indócil. Los nuevos misioneros quieren orden a costa de justicia. Disciplina a costa de la dignidad. Y superioridad a cualquier precio. Ocasionalmente invitan a algunos de nosotros a “debatir” el asunto en plataformas “neutrales” provistas por los medios corporativos. Debatir el Imperialismo es un poco como debatir los pros y contras de la violación. ¿Qué podemos decir? ¿Que realmente la extrañamos?

En cualquier caso, el Nuevo Imperialismo ya está aquí. Es una versión remodelada, aerodinámica, de lo que alguna vez conocimos. Por primera vez en la historia, un solo Imperio, con un arsenal de armas que podría arrasar con el mundo en una tarde, tiene una absoluta hegemonía unipolar económica y militar. Usa diferentes armas para abrir a la fuerza diferentes mercados. No existe país en la tierra de Dios que no esté en la mira del misil crucero estadunidense y la chequera del FMI. Argentina era el modelo a seguir si quieres ser el chico predilecto del capitalismo neoliberal; Irak, si quieres ser la oveja negra.

Los países pobres que son de valor estratégico geopolítico para el Imperio, o que tienen un “mercado”, de cualquier tamaño, o infraestructura que puede ser privatizada, o, ni lo quiera Dios, recursos naturales de valor -petróleo, oro, diamantes, cobalto, carbón- deben hacer lo que se les diga o se convertirán en blancos militares. Aquellos con las mayores reservas de riqueza natural son los que más están en riesgo. A menos de que voluntariamente entreguen sus recursos a la máquina corporativa, la agitación civil será fomentada, o habrá guerra. En esta nueva era del Imperio, en la que nada es lo que aparenta ser, se permite que los ejecutivos de empresas interesadas influyan en las decisiones de la política exterior. El Center for Public Integrity, en Washington, encontró que nueve de los 30 miembros de la Junta de Política de Defensa del gobierno estadunidense estaban relacionados con compañías a las que se dieron contratos de defensa por 76 mil millones de dólares entre 2001 y 2002. George Schultz, ex secretario de Estado estadunidense, fue presidente del Comité para la Liberación de Irak. También forma parte de la junta de directores de Bechtel Group. Cuando se le preguntó si existía un conflicto de intereses, en el caso de una guerra en Irak, dijo: “No sé si Bechtel se beneficiaría en particular de una [guerra]. Pero si hay trabajo que hacer, Bechtel es el tipo de compañía que podría hacerlo. Pero nadie lo ve como algo de lo cual uno se beneficia”. Tras la guerra, Bechtel firmó un contrato por 680 millones de dólares para la reconstrucción en Irak.

El Nuevo Racismo

Este esquema brutal ha sido usado una y otra vez en América Latina, Africa, Asia Central y Sudeste. Ha costado millones de vidas. Sobra decir que cada guerra emprendida por el Imperio se convierte en una Guerra Justa. Esto, en gran medida, se debe al papel que han jugado los medios corporativos. Es importante entender que los medios corporativos no sólo apoyan el proyecto neoliberal. Son el proyecto neoliberal. No se trata de una posición moral que escogieron asumir, es estructural. Es intrínseco a los intereses económicos de los medios masivos.

La mayoría de las naciones tiene secretos familiares adecuadamente atroces. Así que los medios no necesitan mentir a menudo. El punto está en qué se enfatiza y qué se ignora. Digamos, por ejemplo, que escogen a la India como blanco de una guerra justa. El hecho de que unas 80 mil personas han sido asesinadas en Cachemira desde 1989, la mayoría de ellas musulmanas, la mayoría a manos de las Fuerzas de Seguridad Indias; el hecho de que en febrero y marzo de 2002 más de 2 mil musulmanes fueron asesinados en las calles de Gujarat, las mujeres sufrieron violaciones tumultuarias, quemaron a niños vivos y 150 mil personas fueron sacadas de sus hogares mientras la policía y la administración miraban, y a veces participaban activamente; el hecho de que nadie ha sido castigado por estos crímenes y que el gobierno que los supervisó fue relegido… todo esto daría titulares perfectos en los periódicos internacionales en el preámbulo de la guerra.

Lo siguiente que sabríamos es que los misiles Crucero apuntarán hacia nuestras ciudades, nuestros pueblos serán cercados con alambre concertina, los soldados estadunidenses patrullarán nuestras calles, y Narendra Modi, Pravin Togadia o cualquiera de nuestros populares fanáticos intolerantes estarán, como Saddam Hussein, bajo custodia estadunidense, revisándoles el cabello en busca de piojos y las amalgamas de sus dientes serán examinadas en horario triple A.

Pero mientras nuestros “mercados” estén abiertos, mientras a corporaciones como Enron, Bechtel, Halliburton, Arthur Andersen se les dé manga ancha, nuestros líderes “elegidos democráticamente” pueden, sin temor alguno, borrar las líneas divisorias entre la democracia, el mayoritarismo y el fascismo.

La cobarde disposición de nuestro gobierno de abandonar la orgullosa tradición de India de ser No Alineado, su prisa por ser el primero en la fila de los Completamente Alineados (la frase de moda es “aliado natural” -la India, Israel y Estados Unidos son “aliados naturales”) le ha dado el espacio para convertirse en un régimen represor sin comprometer su legitimidad.

Las víctimas de un gobierno no sólo son aquellos a quienes mata y aprisiona. Aquellos que son desplazados y desposeídos y sentenciados a una vida de inanición y privaciones deben ser incluidos entre las víctimas. Millones de personas han sido desposeídas por proyectos de “desarrollo”. En los pasados 55 años, sólo las Grandes Presas han desplazado entre 33 y 55 millones de personas en la India. No tienen acceso a la justicia.

En los últimos dos años ha habido una serie de incidentes donde la policía ha abierto fuego sobre manifestantes pacíficos, la mayoría adivasi y dalit. Cuando se trata de los pobres, y en particular de las comunidades dalit y adivasi, los matan por invadir tierras forestales, y los matan cuando tratan de defender las tierras forestales de invasiones -de presas, minas, plantas siderúrgicas y otros proyectos de “desarrollo”. En casi todas las ocasiones en las que la policía abrió fuego, la estrategia gubernamental ha sido decir que el tiroteo fue provocado por un acto de violencia. Aquellos contra los que abrieron fuego inmediatamente son llamados militantes.

En todo el país, miles de personas inocentes, incluso menores de edad, han sido arrestados bajo la POTA (Ley de Prevención del Terrorismo) y se les mantiene en la cárcel indefinidamente y sin juicio. En la era de la Guerra contra el Terror, la pobreza es astutamente mezclada con el terrorismo. En la era de la globalización empresarial, la pobreza es un crimen. Protestar contra un mayor empobrecimiento es terrorismo. Y ahora, nuestra Corte Suprema dice que irse a huelga es un crimen. Criticar a la Corte es, claro, un crimen también. Están sellando las salidas.

Como en el viejo Imperialismo, el éxito del Nuevo Imperialismo también depende de una red de agentes -elites locales corruptas que sirven al Imperio. Todos conocemos la sórdida historia de Enron en la India. El entonces gobierno Maharashtra firmó un acuerdo de adquisición de energía que le dio a Enron ganancias que ascendieron a 60% de todo el presupuesto de desarrollo rural de la India. ¡Se le garantizó a una sola compañía estadunidense una ganancia equivalente a los fondos para el desarrollo de infraestructura para unas 500 millones de personas!

A diferencia de tiempos pasados, el Nuevo Imperialismo no necesita caminar penosamente por el trópico arriesgándose a contraer malaria o diarrea o una muerte temprana. El Nuevo Imperialismo puede ser conducido a través del correo electrónico. El vulgar racismo del Viejo Imperialismo, que se aplicaba abiertamente, ya pasó de moda. La piedra angular del Nuevo Imperialismo es el Nuevo Racismo.

Perdonar al pavo

En Estados Unidos, la tradición de “otorgar el perdón al pavo” es una maravillosa alegoría del Nuevo Racismo. Todos los años, desde 1947, la Federación Nacional del Pavo le entrega al presidente estadunidense un pavo para “la Acción de Gracias”. Cada año, en un show de ceremonial magnanimidad, el presidente le perdona la vida a ese pájaro (y se come otro). Tras recibir el perdón presidencial, el Elegido es enviado a Frying Pan Park, en Virginia, para acabar de vivir su vida natural. El resto de los 50 millones de pavos que se criaron para la Acción de Gracias son sacrificados y comidos el Día de Acción de Gracias. ConAgra Foods, la compañía que ganó el contrato del Pavo Presidencial, dice que entrena a los suertudos pájaros para que sean sociables, para que convivan con los dignatarios, los niños escolares y la prensa. (¡Pronto hasta hablarán inglés!)

Así funciona el Nuevo Racismo en la era empresarial. A unos pocos pavos cuidadosamente criados -las elites locales de varios países, una comunidad de adinerados inmigrantes, banqueros de inversión, uno que otro Colin Powell o Condoleezza Rice, algunos cantantes, algunos escritores (como yo)- se les da la absolución y un pase a Frying Pan Park. Los millones restantes pierden el empleo, son desalojados de sus hogares, les cortan sus conexiones de electricidad y agua, y mueren de sida. Básicamente, son para la cazuela. Pero las Afortunadas Aves en Frying Pan Park la pasan bien. Algunas de ellas hasta trabajan para el FMI y la OMC -así que, ¿quién puede acusar a estas organizaciones de estar en contra de los pavos? Algunos son miembros de la Junta de la Comisión que Elige los Pavos -así que, ¿quién puede decir que los pavos están en contra del Día de Acción de Gracias? ¡Participan en él! ¿Quién puede decir que los pobres están en contra de la globalización empresarial? Hay una estampida por entrar a Frying Pan Park. ¿Y qué si la mayoría muere en el camino?

El Nuevo Genocidio

Parte del proyecto del Nuevo Racismo es el Nuevo Genocidio. En esta nueva era de interdependencia económica, el Nuevo Genocidio puede ser facilitado a través de sanciones económicas. Lo cual significa crear las condiciones que lleven a una muerte masiva sin tener que, efectivamente, salir a matar gente. Denis Halliday, el coordinador humanitario de la ONU en Irak entre 1997 y 1998 (después, disgustado, renunció), usó el término genocidio para describir las sanciones en Irak. En Irak, las sanciones rebasaron los mejores esfuerzos de Saddam Hussein y cobraron la vida de más de medio millón de niños.

En la nueva era, el Apartheid, como política formal, es anticuado e innecesario. Los instrumentos comerciales y financieros internacionales supervisan un complejo sistema de leyes comerciales multilaterales y acuerdos financieros que mantienen a los pobres en sus bantustanes [enormes guetos]. Su propósito es institucionalizar la inequidad. ¿Por qué otra razón habría Estados Unidos de tasar una prenda hecha por un manufacturero de Bangladesh 20 veces más que lo que tasa una prenda hecha en Gran Bretaña? ¿Por qué más sería que los países que cultivan 90% del cacao sólo producen 5% del chocolate en el mundo? ¿Por qué más sería que los países que cultivan el cacao, como Costa de Marfil y Ghana, son expulsados del mercado a través de impuestos si intentan convertirlo en chocolate? ¿Por qué más sería que los países ricos, que gastan más de mil millones de dólares al día en subsidios a los agricultores, demandan que los países pobres, como la India, retiren todos los subsidios agrícolas, incluyendo la electricidad subsidiada? ¿Por qué más sería que después de ser saqueados por los regímenes colonizadores durante más de medio siglo, las ex colonias están hasta el cuello en deudas contraídas con esos mismos regímenes, y les pagan unos 382 mil millones de dólares al año?

Por todas estas razones, el descarrilamiento de los acuerdos comerciales en Cancún fue tan crucial para nosotros. Aunque nuestros gobiernos intentan atribuirse el éxito, sabemos que fue el resultado de años de lucha de muchos millones de personas en muchos, muchos países. Lo que Cancún nos enseñó es que para poder infligir daño real y forzar un cambio radical, es vital que los movimientos de resistencia locales hagan alianzas internacionales. De Cancún aprendimos la importancia de globalizar la resistencia.

Cuando los héroes se hacen chiquitos

Ninguna nación individualmente puede enfrentarse sola al proyecto de Globalización Empresarial. Una y otra vez hemos visto que cuando se trata del proyecto neoliberal, los héroes de nuestro tiempo de pronto se hacen chiquitos. Cuando los extraordinarios y carismáticos hombres, gigantes de la Oposición, toman el poder y se convierten en Cabezas del Estado, se vuelven impotentes en el escenario global. Estoy pensando en el presidente Lula de Brasil. Lula fue el héroe del Foro Social Mundial el año pasado. Este año, está atareado poniendo en práctica los lineamientos del FMI, reduciendo los beneficios de jubilación y purgando a los radicales del Partido de los Trabajadores. También pienso en el ex presidente de Sudáfrica, Nelson Mandela. A los dos años de su toma de posesión (1994), su gobierno se arrodilló, sin que mediara advertencia, ante el Dios del Mercado. Instituyó un programa de privatización y ajuste estructural que ha dejado a millones de personas sin hogar, sin trabajo y sin agua y electricidad.

¿Por qué sucede esto? No tiene caso golpearnos el pecho y sentirnos traicionados. Lula y Mandela son, a todas luces, hombres magníficos. Pero en el momento en que cruzan el umbral entre Oposición y Gobierno, se vuelven rehenes de un espectro de amenazas -la más malévola es la amenaza de la fuga de capitales, que puede destruir a cualquier gobierno de la noche a la mañana. Imaginar que el carisma de un líder y un currículum de lucha harán mella al Cartel Empresarial es no tener la más mínima compresión de cómo funciona el Capitalismo, o, si a esas vamos, de cómo funciona el poder. Un cambio radical no puede ser negociado por los gobiernos; sólo puede ser realizado por el pueblo.

Maravilloso, pero insuficiente

En el Foro Social Mundial, algunas de las mejores mentes del mundo se juntan para intercambiar ideas sobre lo que pasa a nuestro alrededor. Estas conversaciones afinan nuestra visión del tipo de mundo por el cual estamos luchando. Es un proceso vital que no debe ser socavado. Sin embargo, si todas nuestras energías son desviadas hacia este proceso a costa de una acción política real, entonces el FSM, que ha jugado un papel tan crucial en el Movimiento por una Justicia Global, corre el riesgo de convertirse en un activo para nuestros enemigos. Necesitamos urgentemente discutir las estrategias de resistencia. Necesitamos enfocarnos en blancos reales, librar batallas reales e infligir un daño real. La Marcha de la Sal de Gandhi no sólo fue teatro político. Cuando, en un simple acto de desafío, miles de indios marcharon hacia el mar e hicieron su propia sal, rompieron las leyes de impuestos sobre la sal. Fue un golpe directo al sostén económico del Imperio Británico. Fue real. Si bien nuestro movimiento ha ganado algunas victorias importantes, no debemos permitir que la resistencia no violenta se atrofie y se convierta en un teatro político inefectivo, de buenas intenciones. Es un arma preciosa que constantemente necesita ser afilada y reimaginada. No podemos permitir que se vuelva mero espectáculo; una oportunidad de foto para los medios.

Fue maravilloso que el 15 de febrero del año pasado, en una espectacular demostración de moralidad pública, 10 millones de personas en cinco continentes marcharan contra la guerra en Irak. Fue maravilloso, pero no fue suficiente. El 15 de febrero cayó en fin de semana. Nadie tuvo que perder un día del trabajo. Las protestas de vacaciones no paran las guerras. George Bush lo sabe. La confianza con la que desairó la arrolladora opinión pública debería de ser una lección para todos nosotros. Bush cree que Irak puede ser ocupado y colonizado -como se hizo con Afganistán, como se hizo en Tibet, como se hace en Chechenia, como antes se hizo en Timor del Este, como aún se hace en Palestina. Piensa que lo único que tiene que hacer es mantenerse agachado y esperar a que los medios, obsesionados con las crisis, habiéndose comido esta crisis hasta el hueso, la tiren y continúen su camino. Pronto, el cadáver cae en la lista de popularidad de los best-sellers, y todos nosotros, los indignados, perderemos interés. O eso esperan que suceda.

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Este movimiento nuestro necesita una gran victoria global. No es suficiente tener la razón. A veces, aunque sea sólo para probar nuestra determinación, es importante ganar algo. Para ganar algo necesitamos estar de acuerdo en algo. Ese algo no necesita ser una predestinada ideología suprema en la cual hagamos que quepan a la fuerza nuestros seres encantadoramente facciosos y argumentativos. No necesita ser una lealtad incondicional a una u otra forma de resistencia que excluya todo lo demás. Podría ser una agenda mínima.

Si todos nosotros efectivamente estamos en contra del Imperialismo y en contra del neoliberalismo, entonces volteemos la mirada hacia Irak. Irak es la inevitable culminación de ambos. Bastantes activistas contra la guerra han retrocedido confundidos desde la captura de Saddam Hussein. ¿No está mejor el mundo sin Saddam Hussein?, preguntan con timidez.

De una vez por todas, miremos esta cosa a los ojos. Aplaudir la captura de Saddam Hussein y, por lo tanto, justificar la ocupación de Irak, es como deificar a Jack El Destripador por destripar al Estrangulador de Boston. Y eso, después de un cuarto de siglo de ser socios, tiempo durante el cual Destripar y Estrangular era una empresa común. Se trata de un altercado en casa. Son compañeros de negocios que disputaron por un negocio sucio. Jack es el ejecutivo en jefe.

Así que si estamos en contra del Imperialismo, ¿estaremos de acuerdo en que estamos en contra de la ocupación iraquí y que creemos que Estados Unidos debe retirarse de Irak y pagar indemnizaciones al pueblo iraquí por el daño ocasionado por la guerra?

¿Cómo comenzamos a armar nuestra resistencia? Comencemos con algo realmente pequeño. El asunto no es apoyar la resistencia en Irak contra la ocupación o discutir exactamente quién constituye la resistencia. (¿Son viejos baatistas Asesinos, son fundamentalistas islámicos?)
 


Afortunadamente, los niños no son “adultos miniatura”

Tenemos que convertirnos en la resistencia global a la ocupación. Nuestra resistencia debe comenzar por rehusarnos a aceptar la legitimidad de la ocupación estadunidense de Irak. Lo cual significa actuar para hacer que sea materialmente imposible que el Imperio logre sus metas. Significa que los soldados se deberían de rehusar a pelear, la reserva se debería de rehusar a servir, los trabajadores se deberían de rehusar a cargar los barcos y aviones con armas. Definitivamente significa que en países como la India y Pakistán debemos bloquear los planes del gobierno estadunidense de enviar soldados indios y paquistaníes a Irak a limpiar tras ellos.

Sugiero que escojamos, de alguna manera, dos de las principales empresas que están lucrando con la destrucción de Irak. Luego podríamos enumerar todos los proyectos en los cuales están involucrados. Podríamos localizar sus oficinas en todas las ciudades y todos los países en todo el mundo. Podríamos ir tras ellos. Podríamos hacer que cierren sus oficinas. Se trata de juntar nuestra sabiduría colectiva y experiencia de luchas pasadas y aplicarlas hacia un solo blanco. Se trata de desear el triunfo.

El Proyecto del Nuevo Siglo Estadunidense busca perpetuar la injusticia y establecer la hegemonía estadunidense al precio que sea, aunque sea apocalíptico. El Foro Social Mundial demanda justicia y supervivencia.

Por estas razones, debemos de considerarnos en guerra.

(Traducción: Tania Molina Ramírez. Se publica con la autorización de la escritora)

Fotografias: AFP

Publicado en La Jornada

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Arundhati Roy

Arundhati Roy

Es una escritora y activista india. Ganó el Premio Booker en 1997 por su primera novela, “El Dios de Las Pequeñas Cosas”.