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Operación Verdad

22 enero 2004

  Juan Marrero, Premio Nacional de Periodismo “José Martí”  

Por estos mismos días, en enero de 1959, hace ya 45 años, el pueblo cubano inició una larga batalla contra la desinformación. No habían transcurrido aún tres semanas del triunfo de la Revolución Cubana cuando ya estaba en marcha la primera gran campaña de mentiras, calumnias y difamación contra Cuba, organizada desde territorio de los Estados Unidos.

Fundamentalmente, las dos agencias noticiosas norteamericanas -Associated Press y United Press–, la  Sociedad Interamericana de Prensa, varios congresistas y el propio gobierno de los Estados Unidos desataron la campaña más infame e injusta lanzada hasta entonces contra pueblo alguno, a raíz de que el Gobierno Revolucionario de Cuba tomó la decisión de juzgar a los más notorios y sanguinarios oficiales del ejército de la dictadura de Batista, que en 7 años causaron la muerte de más de 20 000 civiles cubanos.

No por odio ni por venganza, sino por justicia reclamada por el pueblo, se juzgó a cerca de 400 oficiales de la dictadura, y fueron sancionados a la pena de muerte aquellos casos en que no hubo la menor duda sobre su culpabilidad en los asesinatos y torturas de campesinos, obreros y estudiantes. Recordamos que Sosa Blanco, uno de aquellos criminales, asesinó en una sola tarde a más de 50 campesinos. Los que vivimos aquellos días aún tenemos muy frescas las imágenes de los juicios efectuados por los tribunales revolucionarios, donde los acusados tenían todos los derechos legales, incluso cuestionar la sentencia y llevarla a un tribunal de apelaciones, el cual dictaba el fallo definitivo.

Por el solo hecho de ajusticiar a algunos de esos verdugos del pueblo cubano, se comenzó a difamar y calumniar a la Revolución Cubana con el objetivo de aplastarla cuando aún estaba recién nacida. Los mismos que permanecieron en silencio con los crímenes de Batista a lo largo de 7 años, los mismos que callaron sobre el trato justo que tuvo el Ejército Rebelde con el enemigo y cómo millares de prisioneros fueron devueltos en los campos de batallas y cientos de heridos enemigos atendidos por los pocos médicos rebeldes, ahora hablaban de la existencia de “matanzas”, “baño de sangre”  de opositores políticos en Cuba, sin mencionar los crímenes y atroces torturas en que participaron.

Fue esa la primera gran campaña de propaganda anticubana que se extendió rápidamente a otros países de América Latina y Europa, sobre todo por el poder de penetración y control de los medios que tenían entonces las agencias cablegráficas norteamericanas.

Cuba respondió a esa campaña con la Operación Verdad. Correspondió a un grupo de periodistas cubanos, dignos y honestos,  cursar las invitaciones a colegas de Estados Unidos y América Latina para que viesen con sus propios ojos lo que acontecía en Cuba en aquellas primeras semanas tras el triunfo revolucionario.

No tan solo inquietaban a los grandes intereses oligárquicos e imperialistas los juicios contra los oficiales de la dictadura batistiana. También decisiones de la revolución de cancelar  a la misión militar norteamericana que estaba en Cuba, un elemento injerencista y perturbador dentro de la nueva  realidad cubana, y de poner fin a instituciones represivas como el Buró de Represión de Actividades Comunistas, conocido como el BRAC.

El 21 de enero, frente al antiguo Palacio Presidencial, en la Avenida de las Misiones (donde hoy se encuentra el Museo de la Revolución),  Fidel habló al millón de cubanos  allí concentrados y a los periodistas invitados sobre tal campaña.

Entonces, desde Santo Domingo, el tirano Trujillo daba pasos para organizar una llamada Legión del Caribe con el fin de atacar a Cuba, la cual integraban varios centenares de mercenarios y doscientos ex militares de la dictadura de Batista que habían logrado escapar de Cuba en los primeros días de enero. Los incipientes servicios de inteligencia de la Revolución habían detectado ya planes para asesinar a Fidel. Eso llevó al líder de la Revolución a decir ante la masiva concentración frente a Palacio:

“Asesinándome a mi no van más que a fortalecer la Revolución”, y a renglón seguido expresaba que le iba a proponer al Movimiento 26 de Julio que designase al compañero Raúl como segundo jefe. “Lo hago no porque sea mi hermano -aclaraba Fidel–, sino porque lo considero con cualidades suficientes para sustituirme en caso de que yo muriera en esta lucha. Porque, además, es un compañero de firmes convicciones revolucionarias que ha demostrado su capacidad en la lucha”.

Al día siguiente, el 22 de enero, Fidel se reunió durante varias horas con los 380 periodistas del continente en el hotel Havana Riviera, donde se habían hospedado en sus 240 habitaciones y tenían todas las facilidades para la transmisión de sus informaciones.

Fidel les dijo que con su presencia en Cuba buscábamos evitar la propagación de las calumnias y los invitó a hablar con el pueblo, a ver la realidad de Cuba, a conocer la verdad. Fidel respondió a todas las preguntas que se le hicieron sobre los juicios a los criminales de guerra, la situación en América Latina y el rumbo de la Revolución Cubana, entre otros temas.

En ese encuentro con los periodistas Fidel se lamentó que América Latina no contase con una agencia internacional de prensa para dar a conocer su realidad. Y tras la conclusión de la Operación Verdad, uno de sus participantes, el periodista argentino Jorge Ricardo Masetti, cumpliendo también un sueño del Che Guevara expresado desde la Sierra Maestra, comenzó a trabajar en la fundación de la agencia Prensa Latina, muy entrañable para este periodista pues formé parte de su primer equipo de redacción, y en ella, en verdad, comencé a practicar el periodismo revolucionario.

Aquel episodio de la  Operación Verdad, que lo considero la primera gran batalla de la Revolución contra la desinformación, está inscripto como parte indisoluble de la tenaz lucha librada desde entonces por los periodistas cubanos, siempre al lado de la Revolución y en defensa de sus nobles y elevados objetivos y principios, para la formación de una prensa diferente a la que imperó en el pasado neocolonial, que fue negocio y no pensamiento, que estuvo llena de vicios y corrupciones, que respondía a grandes intereses económicos de la oligarquía y del imperialismo, y no a los intereses de las masas del pueblo. 

Cuarenta y cinco años después un grupo de profesionales de la prensa cubana, que vivieron los tormentosos días de aquel enero de 1959, recordaron anécdotas e hicieron reflexiones sobre lo ocurrido durante la Operación Verdad y  otros episodios relacionados con la lucha por el rescate de un periodismo digno, ético y revolucionario. Fue un encuentro emocionante y hermoso.

La Operación Verdad está muy viva porque el Imperio no ha cesado desde entonces en buscar pretextos para mentir, tergiversar y calumniar a la Revolución Cubana y a su pueblo. Un verdadero diluvio de desinformación ha caído sobre el mundo en los últimos 45 años, acrecentado y potenciado aún más en la misma medida en que se han desarrollado las tecnologías de la comunicación.

Los enemigos de Cuba emplearon en un inicio, fundamentalmente, las agencias cablegráficas, algunas revistas y periódicos para llevar fuera de los Estados Unidos los mensajes venenosos contra Cuba, pero hoy lo hacen no sólo con esos medios sino utilizando las comunicaciones de satélite que permiten trasladar imágenes televisivas y sonido al momento, con Internet y otros medios digitales. Hoy, por supuesto, el barraje de propaganda anticubana alcanza más amplitud, es mucho más poderoso.

Nada de eso ha intimidado o intimida al pueblo cubano que desde aquel enero de 1959 dio una prueba al mundo de que estaba dispuesto a desafiar a los monopolios de la información imperialista, a su propaganda subversiva, desestabilizadora y mentirosa.

Los periodistas cubanos y en general todos los profesionales de la comunicación, que han estado siempre en la primera línea de combate, han desafiado siempre tales acciones de la propaganda enemiga, incluyendo sus emisiones dirigidas a territorio cubano por Radio y TV Martí, las radios piratas que transmiten  desde La Florida y otras partes del territorio norteamericano y la prensa mafiosa de Miami.

Todo el aparato de propaganda anticubana del Imperio no ha podido impedir que la razón y la verdad se abran paso siempre desde aquella Operación Verdad, cuyo espíritu y lección tienen permanente vigencia entre los periodistas y profesionales de la comunicación. Esas armas –la razón y la verdad, acompañadas siempre por el desafío permanente a tales campañas de propaganda– son invencibles. Esas son armas más poderosas que las sumas multimillonarias y recursos materiales destinados por el  Imperio para intentar aplastar o debilitar el ejemplo de Cuba.

Juan Marrero

Juan Marrero

Periodista cubano, vicepresidente de la Unión de Periodistas de Cuba