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¿ Quién se quedó con las manos vacias ?

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  Nidia Díaz, analista internacional, periodista de Granma   A las ya conocidas listas de buenos y malos; de amigos y enemigos, de terroristas y palomas; de narcotraficantes y víctimas puestas de moda por la administración republicana de George W. Bush se suma desde este lunes la que confeccionará  el senador Charles Grassley con aquellas naciones que en la V Reunión de la Organización Mundial de Comercio (OMC), "boicotearon" según él, un acuerdo beneficioso para los ricos.
Quien lo anuncia no es un legislador más, sino el Presidente del Comité del Senado norteamericano que tiene entre sus atribuciones detener propuestas de acuerdos de libre comercio y que deben ser ratificadas por el Congreso.
Desde las primeras sesiones en Cancún, los negociadores norteamericanos y europeos vieron con preocupación la creación del llamado G-21, grupo de naciones que lidereadas por Brasil, agrupa a más de la mitad de la población mundial y al 65% de los productores agrícolas.
Precisamente la puja de esta nueva ronda de negociaciones estuvo centrada entre las posiciones unitarias del G-21,-devenido luego G-23 por el ingreso de Indonesia, Nigeria y Turquía y la baja de El Salvador por presiones de los yankis- y la troika EE.UU-Unión Europea-Japón.
Estos últimos pretendían, como lo vienen haciendo desde hace tiempo, vía libre a la apertura indiscriminada de los mercados del Tercer Mundo, mientras se resisten a eliminar los subsidios agrícolas, que perjudican a los productores pobres en tanto distorsionan los precios en el mercado internacional y obstruyen la apertura a la producción de las naciones del Sur.
Por primera vez en una reunión de la OMC, los ricos se tropezaron con una posición firme  de los subdesarrollados que como una sola voz, a pesar de las múltiples presiones que contra ellos se ejercieron, presentaron una plataforma sobre temas agrícolas que recogía los intereses y especificidades de las naciones en desarrollo.
Frente a un Norte intransigente a ceder prebendas heredadas desde el colonialismo, el G-22 mantuvo su exigencia en ese sentido e impidió, además, la introducción de otros temas que distraerían las negociaciones de temas puntuales.
 Si alguna lección hay que sacar de las jornadas de Cancún, es que, quizás por primera las naciones pobres unieron filas e impidieron que las grandes potencias les impusieron su agenda.
Para algunos, como es el caso del negociador norteamericano, Robert B. Zoellick, la V Reunión Ministerial de la OMC, fracasó. Acostumbrado a repartir migajas, se enojó por no conseguir, en esta ocasión, que los menesterosos hicieran fila para recibir la magra ración a la que los acostumbró el imperio y las viejas potencias coloniales.
"Los países en desarrollo que se opusieron a negociar van a pagar la pobre realidad de volver a casa con las manos vacías", refunfuñó Zoellick quien  terminó amenazando con que "la estrategia comercial de  EE.UU., tiene múltiples frentes".
Se referería, sin duda, a la política de divide y vencerás, al otorgamiento de exiguos beneficios a algunos para atraer a otros. Táctica con la que tradicionalmente han logrado algún pírrico éxito.
Allí mismo, en Cancún, le tiraron tanto de las orejas a Francisco Flores, el bufón de la corte, que El Salvador terminó abandonando el G-21, convertido, según informaciones,en G-23.
Charles Grassley y Robert B. Zoellick seguirán amenazando, en todo caso ese es el papel que les toca como representantes del imperio. La verdad,  es que en las arenas de Cancún se le dio el primer conteo de protección al Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA) y ahí serán ellos los que regresen a casa con las manos vacías.

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Nidia Díaz

Nidia Díaz

Periodista cubana, especializada en temas internacionales. Actualmente trabaja en el semanario Granma Internacional.