El voto anticipado en Estados Unidos supera los 10 millones de sufragios

Más de la mitad de esos votantes se identifica como demócrata, con una marcada presencia inicial de ese electorado en diversos distritos. Foto: EFE.
El voto anticipado para las elecciones intermedias de Estados Unidos avanza con alta afluencia en Alaska, Arkansas y Colorado, en medio de una profunda polarización por la gestión federal. La apertura generalizada arrancó el lunes 19 de octubre, encabezada por Texas, Alaska, Arkansas, Colorado, Connecticut y Carolina del Sur, y la cifra nacional supera ya los 10 millones de sufragios emitidos.
Más de la mitad de esos votantes se identifica como demócrata, con una marcada presencia inicial de ese electorado en diversos distritos, en Alaska, las urnas permanecerán abiertas durante 15 días antes de la jornada del 3 de noviembre. La ciudadanía define cargos para el Senado federal, la Cámara de Representantes, la gobernatura y la legislatura estatal, además de medidas locales.
Arkansas proyecta otro escenario de peso, el secretario de Estado estima una participación anticipada de medio millón de personas. En condados como Saline y Pulaski los primeros reportes evidencian la fractura del electorado, los sectores conservadores respaldan a la gobernadora Sarah Huckabee Sanders y al senador Tom Cotton, a quienes destacan por su sintonía con la administración de Donald Trump.
Del otro lado, votantes opositores y docentes rechazan al oficialismo federal, denuncian la ausencia de rendición de cuentas en el Congreso y reclaman más equilibrio entre los poderes en Washington.
Por la complejidad del sistema de votación, la División de Elecciones advirtió que las contiendas ajustadas podrían resolverse recién el 18 de noviembre, cuando concluya el recuento de las opciones clasificadas.
Colorado habilitó el 19 de octubre sus centros de votación presencial y despachó por correo cuatro millones de boletas. Los registros preliminares muestran que el 13% de los demócratas ya devolvió su papeleta, por encima del 10% de los republicanos y del 7,5% de los no afiliados, ese último bloque constituye el grupo demográfico más grande del Estado, donde se renuevan todos los principales cargos ejecutivos y legislativos.
La expansión territorial del sufragio no se detiene, a los Estados que abrieron el lunes se sumaron Hawái, Luisiana, Utah, Wisconsin y Misuri, mientras el proceso incorpora territorios a medida que se acerca la cita electoral.
Florida prepara la apertura de su período presencial obligatorio para el 24 de octubre, donde el electorado de habla hispana ronda el 29% de la población y pesa de forma decisiva en el resultado.
La mayoría de quienes ya sufragaron se identifica con el Partido Demócrata, una apuesta por frenar en el Congreso la agenda conservadora. Ese movimiento temprano confirma la estrategia de ese bloque para las elecciones del 3 de noviembre.
La inflación, la seguridad pública, la defensa de los beneficios sociales y el control del poder presidencial dominan las prioridades que organizaciones comunitarias y votantes independientes mencionan en Arkansas y Colorado. Esas demandas conviven con el rechazo al oficialismo que se expresa en las urnas desde el primer día, en un contexto donde los sondeos muestran el momento de popularidad más bajos de la actual administración de Trump.
(Con información de agencias)
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Muchos tuvimos la esperanza que en las elecciones de medio término; los Demócratas, ganen la mayoría en el Congreso. Eso sucederá en la cámara baja; pero no en el Senado. Y aunque ganen mayoría en ambos, no sucederá lo que muchos deseamos, la aplicación de la Enmienda 25 a Trump; eso sólo será posible si El Vicepresidente y otros miembros del ejecutivo lo soliciten al Congreso; y eso es poco probable que suceda; porque Trump se ha rodeado de fieles seguidores de él. Por lo que desgraciadamente, tendremos que sufrir y soportar a Trump hasta 2028. A no ser que lo inhabiliten por incapacidad física y/o mental; para lo cual no es válido el dictamen publicado por 20 expertos sobre su deterioro cognitivo.
La gran batalla de Trump ahora es conservar el senado, pues la cámara de representantes es una causa perdida. En contra de Trump se alían Irán y Yemen con el respaldo de Rusia y China. Las sanciones de Irán contra occidente se están intensificando al igual que los ataques a petroleros en Ormuz y la guerra de los huties contra los desventurados saudíes.
Trump en su desesperación está barajando algún tipo de campaña militar renovada contra Irán, partiendo de la teoría de que eso le hará parecer de alguna manera un "líder fuerte" a fin de ganar apoyo para el Senado, esto supondría una apuesta temeraria, dada la segura represalia iraní.
El mero hecho de que Trump se lo esté planteando, Hegseth estuvo hace dos días en Israel discutiendo este tema, da idea del precario estado de sus perspectivas políticas.
Si realmente existiera una base militar racional para una nueva campaña militar contra Irán, ya se habría llevado a cabo hace meses, Trump perdió la guerra contra Irán y perderá la próxima de forma más contundente.
Una nueva guerra no producirá un acuerdo, lo que provocará serán recesiones más profundas en el Golfo, una escasez energética más prolongada, más indignación en las calles europeas y una factura más elevada para un Israel que ya se está quedando sin margen de maniobras.
Todo va según el plan iraní, lo que deja claro que quien tiene el control no es Trump, Irán continua con sus ataques a petroleros, incluso intensificandolos, mientras lanzan mensajes desafiantes a Estados Unidos e Israel, todo con la ayuda de la guerra de los huties contra los saudíes.
Irán de hecho está prolongando las conversaciones con Estados Unidos para impedir que Trump obtenga una victoria política antes de las elecciones y no busca ningún acuerdo.
Los mercados petroleros parecen estar tachando las tonterías de Trump de que "controlamos el estrecho" como su afirmación de que "los precios bajarán tras las elecciones de medio termino".
Asi las cosas.
La gran batalla de Trump ahora es conservar el senado, pues la cámara de representantes es una causa perdida. En contra de Trump se alían Irán y Yemen con el respaldo de Rusia y China. Las sanciones de Irán contra occidente se están intensificando al igual que los ataques a petroleros en Ormuz y la guerra de los huties contra los desventurados saudíes.
Trump en su desesperación está barajando algún tipo de campaña militar renovada contra Irán, partiendo de la teoría de que eso le hará parecer de alguna manera un "líder fuerte" a fin de ganar apoyo para el Senado, esto supondría una apuesta temeraria, dada la segura represalia iraní.
El mero hecho de que Trump se lo esté planteando, Hegseth estuvo hace dos días en Israel discutiendo este tema, da idea del precario estado de sus perspectivas políticas.
Si realmente existiera una base militar racional para una nueva campaña militar contra Irán, ya se habría llevado a cabo hace meses, Trump perdió la guerra contra Irán y perderá la próxima de forma más contundente.
Una nueva guerra no producirá un acuerdo, lo que provocará serán recesiones más profundas en el Golfo, una escasez energética más prolongada, más indignación en las calles europeas y una factura más elevada para un Israel que ya se está quedando sin margen de maniobras.
Todo va según el plan iraní, lo que deja claro que quien tiene el control no es Trump, Irán continua con sus ataques a petroleros, incluso intensificandolos, mientras lanzan mensajes desafiantes a Estados Unidos e Israel, todo con la ayuda de la guerra de los huties contra los saudíes.
Irán de hecho está prolongando las conversaciones con Estados Unidos para impedir que Trump obtenga una victoria política antes de las elecciones y no busca ningún acuerdo.
Los mercados petroleros parecen estar tachando las tonterías de Trump de que "controlamos el estrecho" como su afirmación de que "los precios bajarán tras las elecciones de medio termino".
Asi las cosas
Hay motivos para cuestionar la estrategia de Trump y sus proclamaciones de “control total” de Ormuz. Pero este comentario pasa de señalar problemas reales a presentar como hechos una derrota definitiva estadounidense, una victoria iraní y hasta el resultado de guerras futuras.
La visita de Hegseth a Israel y las conversaciones sobre nuevas operaciones están documentadas. Suponer que todo responde exclusivamente a salvar el Senado requiere pruebas adicionales. Y una Cámara de Representantes electoralmente desfavorable todavía no es una Cámara perdida: faltan los votos.
También hay información periodística que atribuye a Irán la intención de retrasar las negociaciones para debilitar a Trump. Eso merece atención, pero no demuestra que cada acontecimiento responda a un plan iraní perfectamente ejecutado.
Interrumpir el tráfico marítimo demuestra capacidad de causar daño; no demuestra control absoluto ni victoria estratégica. Hay que considerar también los costos que soportan Irán, sus ciudadanos y los países compradores de esa energía.
La afirmación de que “si una operación tuviera fundamento militar ya se habría realizado” tampoco se sostiene: las decisiones dependen de riesgos, recursos, inteligencia y alternativas diplomáticas.
Una nueva ofensiva podría agravar la crisis y merece un examen crítico. Precisamente por eso hacen falta argumentos y escenarios, no anunciar de antemano quién perderá.
Cuestionar la propaganda de Washington es legítimo. Dar por infalible a Teherán exige el mismo escrutinio. Para concluir que alguien ganó hay que comparar sus objetivos con los resultados y los costos, no solamente celebrar que el adversario atraviesa dificultades.