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Los kurdos iraquíes desafían con un referendo independentista

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Un cartel llama la movilización para votar por la independencia del Kurdistán el próximo 25 de septiembre. Foto: Reuters.

Un cartel llama la movilización para votar por la independencia del Kurdistán el próximo 25 de septiembre. Foto: Reuters.

A mediados de esta semana todavía el presidente kurdo, Masud Barzani, hacía un último llamiento al Gobierno de Iraq: ofrézcannos una alternativa y lo cancelamos todo. Bagdad, sin embargo, no ha recogido el guante, y el lunes los kurdos iraquíes están llamados a las urnas para pronunciarse en un histórico referéndum de independencia, cuyo resultado más que probable será un sí rotundo a la creación de un Estado propio.

“No sé si es el buen momento, pero muchos sentimos que es ahora o nunca”, afirma convencido Munip, joven empleado del museo de tapices de Erbil, haciéndose eco de la consigna lanzada por Barzani. El pasado abril, el presidente del KRG (el Gobierno Regional kurdo) echó un órdago al Ejecutivo federal y a buena parte de la comunidad internacional al anunciar esta consulta no vinculante pero con la que se iniciaría el proceso secesionista.

Un hombre vende material propagandístico a favor del referéndum de independencia del Kurdistán. Foto: Reuters.

Un hombre vende material propagandístico a favor del referéndum de independencia del Kurdistán. Foto: Reuters.

En la capital del Kurdistán iraquí los carteles a favor del ‘sí’ empapelan calles y vehículos, y los mítines llenan estadios. Pero a pesar del entusiasmo general de la población, las incógnitas sobre las condiciones en que se celebrará el plebiscito -principalmente si tendrá lugar en zonas en disputa con el gobierno central, como Kirkuk y Sinyar-, se multiplican en las horas previas a la votación, al igual que las alarmas sobre sus consecuencias a nivel regional.

Las instituciones federales se oponen de plano a la consulta, incluido el Tribunal Supremo de Irak, que ha ordenado su suspensión, y la mayoría de actores regionales e internacionales, incluidos Estados Unidos, la Unión Europea y Rusia, se han pronunciado en contra con mayor o menor aplomo. El viernes, los ministros de Exteriores de Iraq, Turquía e Irán (los dos últimos, principales socios económicos de Erbil) emitieron un comunicado conjunto afirmando que tomarían “medidas de forma coordinada” para evitar la celebración del referéndum.

Aunque en última instancia solo Israel apoya abiertamente la consulta, el contexto de hostilidad generalizada no amilana al gobierno: “Tras la I Guerra Mundial no era un buen momento, con la Guerra Fría no era posible… ¿Y ahora tampoco? ¿Entonces cuándo? Déjeme decirle algo: con el cambio actual en la configuración geopolítica de la zona, este es un momento perfecto”, asegura a Público Ari Mersin, peshmerga diputado del KDP y presidente de la Comisión de Defensa del parlamento kurdo. “Primero enseñaremos a Bagdad el papel que muestra lo que nuestro pueblo quiere y después nos sentaremos a negociar en una posición de fuerza con Teherán, Ankara, Rusia, China, la UE, Estados Unidos… En un año máximo podremos llamarnos República Democrática del Kurdistán”, afirma.

Manifestantes muestran su apoyo al referéndum de independencia del Kurdistán. Foto: Reuters.

Manifestantes muestran su apoyo al referéndum de independencia del Kurdistán. Foto: Reuters.

Una país kurdo que es independiente de facto.

La autodeterminación es una aspiración histórica del pueblo kurdo y una de las grandes cuestiones que quedaron por resolver en Oriente Medio tras la Primera Guerra Mundial, cuando la caída del Imperio Otomano y su reparto entre las principales potencias dejó a la población kurda dividida entre cuatro Estados: Turquía, Iraq, Irán y Siria.

En el caso del Kurdistán iraquí, si bien aún no es independiente sobre el papel, en muchos sentidos ya es un país de facto. Goza de autonomía desde la primera Guerra del Golfo en 1991, cuando Washington creó una zona de exclusión aérea en el noroeste de Irak; con la invasión estadounidense en 2003, la caída de Sadam Husein y la nueva Constitución de 2005, obtuvo el estatuto autónomo de forma oficial.

Tras años de salvaje represión y arabización por parte del régimen baasista en esta región, hoy su población más joven habla a duras penas el árabe, a diferencia de Turquía, Siria e Irán, donde la asimilación forzada hace que la población kurda domine la lengua oficial. Frente al resto del caótico y empobrecido Iraq, asolado por 14 años de guerra, en Erbil o Suleimania las calles están limpias, los jardines, verdes y cuidados, y en sus amplias avenidas se suceden modernos centros comerciales y hoteles de cinco estrellas. En los últimos años, el maná petrolero ha permitido un desarrollo rápido y la liberalización de la economía ha atraído numerosas inversiones extranjeras.

Pero pese a la aparente bonanza económica, en la actualidad la zona se encuentra inmersa en una profunda crisis: la lucha contra el Estado Islámico ha hecho mella en las arcas públicas y desde 2014, los funcionarios, en torno a 1,4 millones, han visto drásticamente recortados sus salarios por la cancelación de transferencias del Gobierno central, que cerró el grifo al KRG cuando este decidió empezar a exportar el petróleo de su territorio por su cuenta.

Los recursos energéticos de la región –se estima que cuenta con unas reservas de 45.000 millones de barriles de petróleo y más de 5,6 billones de metros cúbicos de gas–, sostienen un modelo apenas diversificado y Kurdistán, que un día fue el granero de Irak, hoy importa casi la totalidad de sus productos de consumo, lo que lo hace extremadamente dependiente de sus vecinos.

En el plano político, la imagen de relativa estabilidad enmascara un régimen clientelar donde la corrupción y el nepotismo campan a sus anchas y el pastel económico se reparte entre dos familias: el clan de los Barzani y el de los Talabani, al frente del otro gran partido, la Unión Patriótica del Kurdistán (PUK).

Un hombre decora su coche con propaganda en favor del referéndum de independencia del Kurdistán. Foto: Reuters.

Un hombre decora su coche con propaganda en favor del referéndum de independencia del Kurdistán. Foto: Reuters.

“No estamos preparados”.

Es en su bastión, Suleimania, donde se concentran las críticas a la consulta. “No estamos preparados para la independencia”, afirma desde esta ciudad Hama Tofiq, responsable de Relaciones Internacionales del Movimiento por el Cambio (Gorran). Su partido, segunda fuerza de un parlamento que lleva suspendido desde 2015, es el único junto a otro grupo que se ha posicionado en contra del referéndum.

“Para ser independientes necesitaríamos unas instituciones fuertes, un Ejército unido, una política exterior unificada, una economía sana… Lo que tenemos son instituciones partidistas que miran por sus propios intereses en lugar de por el bien común, dos ejércitos que responden respectivamente ante el KDP y el PUK en vez de salvaguardar el interés nacional y una economía rentista y dependiente del petróleo”.

Al final, dice el portavoz de Gorran, “el Gobierno no hará nada. La gente bailará en las calles un par de días y cuando vea que no ocurre lo prometido, saldrá a manifestarse el tercero”. Como este dirigente, muchos creen que la convocatoria no busca la independencia real, sino que es una herramienta del KRG para presentarse ante Bagdad en una posición de fuerza para negociar sobre Kirkuk, asentada sobre el 10% de las reservas de crudo iraquí y que los kurdos controlan desde la desbandada del ejército iraquí en 2014 ante la llegada de las huestes del Estado Islámico.

Históricamente reclamada por los kurdos, la provincia de Kirkuk, con una población étnicamente mixta, centra las disputas entre el Gobierno autónomo y el Ejecutivo iraquí, y podría convertirse en el detonante de un nuevo enfrentamiento armado si en ella gana el sí a la independencia y Bagdad decide intervenir para retomar el control. Ante esta eventualidad, las fuerzas gubernamentales ya están en la zona: el jueves lanzaron una campaña militar para recuperar Hawija, ciudad de la gobernación de Kirkuk en manos del Daesh (acrónimo árabe del Estado Islámico).

“Lo que quiere Barzani es eternizarse en el poder”.

El periodista y activista Kamal Chomani incide en las dificultades a las que se enfrentaría un Estado independiente en la situación actual: “A quienes nos oponemos al referéndum nos llaman traidores, pero es que no se dan las condiciones: no hay unidad política ni garantías democráticas básicas, Barzani se saltó al Parlamento para convocar la consulta. Por otro lado, tenemos tal dependencia de nuestros socios comerciales (Irán, Turquía y, de forma creciente, Rusia) que seremos un Estado títere”.

Pese a haber prometido que no se presentará a un nuevo mandato en las elecciones legislativas del próximo mes de noviembre, en el fondo “Barzani no quiere abandonar el poder y se sirve de él para sus ambiciones personales”, dice Chomani. “Está usando el referéndum para ocultar los problemas reales y para revalidarse: acabaremos teniendo un líder eterno”, afirma el periodista, denunciando una campaña de intimidación y amenazas contra quienes se oponen al plebiscito.

No es la primera vez que se celebra un referéndum separatista en la región: en 2005 hubo una consulta, organizada por la sociedad civil en paralelo a las elecciones generales en Irak, en la que un 99 % de los votantes se declaró a favor. Hoy, aunque las encuestas publicadas por los medios locales, en la inmensa mayoría controlados por el PUK o el KDP, están fuertemente sesgadas, ninguna se atreve a diagnosticar una victoria tan aplastante del sí como hace 12 años.

Shatoo, estudiante de Relaciones Internacionales de la Universidad Americana de Suleimania, resume la disyuntiva a la que muchos se enfrentan: “Todos los kurdos, en su fuero interno, desean la independencia, pero pienso que no es el momento adecuado: crear un Estado propio ahora nos traería muchísimos problemas y Barzani no es un presidente en el que se pueda confiar… Yo aún no he decidido mi voto”, sostiene.

El miedo a la reacción de las potencias regionales y del Gobierno de Bagdad, sumado a la mala situación económica, siembra dudas entre la población, aunque es impensable que pierda la opción a favor de la autodeterminación. El sol de la bandera roja, blanca y verde del Kurdistán brilla hoy con fuerza, pero a partir del lunes es probable que se avecine tormenta en la región.

(Tomado de Público)

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  • Sergio dijo:

    estos MERECEN un terriorio,,,dividos por siglos cuatro tres países,

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