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La NSA también espió al Congreso estadounidense

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La NSA no sólo controlaba las comunicaciones telefónicas de los ciudadanos estadounidenses, sino también las de sus congresistas con el Gobierno de Israel. Imagen tomada de mundo.sputniknews.com

La NSA no sólo controlaba las comunicaciones telefónicas de los ciudadanos estadounidenses, sino también las de sus congresistas con el Gobierno de Israel. Imagen tomada de mundo.sputniknews.com

Concluye otro y, con él, otro período de esquizofrenia en las relaciones entre Estados Unidos e Israel.

Y, en el caso de 2015, con una guinda justo en el final: la NSA, Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos, ha espiado las comunicaciones electrónicas entre los miembros del Congreso de ese país y el Gobierno de Benjamin Netanyahu.

Es decir, la Agencia, famosa tras las revelaciones del ex espía Edward Snowden, asilado en la Rusia de Vladimir Putin, no solo controlaba las comunicaciones telefónicas y online de los estadounidenses de a pie, sino también de los congresistas.

Claro que ‘controlaba’ podría no ser la palabra correcta. Acaso habría que decir ‘controla’. Porque, según el diario The Wall Street Journal, que es quien ha destapado la noticia, la NSA ha seguido haciéndolo, a pesar de la promesa de Barack Obama, realizada en 2012, de que EEUU iba a dejar de espiar a países aliados.

Obama anunció ese cambio después de que a las jefas de los Gobiernos de Alemania, Angela Merkel, y Brasil, Dilma Rousseff, les diera una sofoquina al enterarse, gracias a Snowden, de que las agencias de espionaje, efectivamente, espían, y de que los servicios secretos alemán y brasileño no se habían ni enterado de que los estadounidenses tenían pinchado el teléfono de sus presidentas.

Que EE.UU. e Israel se espíen es algo tan excepcional como que la Navidad caiga en diciembre. A fin de cuentas, Steve Rosen y Keith Weissman dos de los mayores responsables del Comité de Asuntos Políticos Israelí-Americano [AIPAC], que es la principal organización del ‘lobby’ proisraelí estadounidense, fueron procesados en 2007 por espionaje, aunque el caso no prosperó. En aquel proceso, un alto cargo del Pentágono, Lawrence Franklin, muy cercano al principal promotor de la invasión de Irak, Paul Wolfowtiz, sí fue condenado por pasar información secreta a los líderes de AIPAC. Franklin solo fue condenado a seis meses de libertad condicional.

El presunto espionaje a los congresistas no tendría que ver con Israel, sino con Irán. El Gobierno de Tel Aviv nunca ha ocultado que se opone al acuerdo nuclear entre la comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, y la República Islámica. El primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, apoyó al candidato republicano a la presidencia en 2012, Mitt Romney, y este año ha intervenido de forma todavía más descarada en la política interna de EEUU cuando se dirigió al Congreso de ese país, reunido en sesión conjunta, para prevenir contra la ratificación del acuerdo nuclear con Irán. Netanyahu había sido invitado por el republicano John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes.

Para el Gobierno de Obama y sus aliados, esa actitud fue un intento intolerable de injerencia el terreno de la política doméstica¿alguien se imaginaría a Angela Merkel o a David Cameron exigiendo a EE.UU. que cambiara sus relaciones con Rusia?– que dejó virtualmente a Barack Obama y a Benjamin Netanyahu sin hablarse (en el supuesto de que todavía se dirigieran la palabra más allá de formalismos).

Ahora bien, una cosa es espiar a un Gobierno extranjero. Y otra al Legislativo, usando una organización que depende del Ejecutivo. Eso suena a los escándalos de España con el viejo CESID durante la presidencia de Felipe González. Y ahí es donde el Gobierno de Obama puede haber traspasado líneas rojas.

Según los colaboradores del presidente, sin embargo, las garantías constitucionales no se han roto, porque el Ejecutivo dijo a la NSA que seleccionará solo la información pertinente a las negociaciones con Irán. Claro que ésa es una solución, como poco, chapucera, y, en el peor de los casos, ilegal, porque dejar a una agencia de espionaje libertad para decidir qué comunica a una rama del Estado sobre otra no encaja bien dentro de lo que se supone que es una democracia.

(Tomada de elmundo.es)

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  • José M. Calero Gross dijo:

    La paranoia en su máxima expresión.

    Saludos en este nuevo Año 2016.

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