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El latido del bolero, en el corazón de Cuba: Mayte Martín y Marta Valdés

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A la rica piña colada con Marta Valdés, dos almas gemelas más allá de la distancia.  Foto: Isabel Camps

A la rica piña colada con Marta Valdés, dos almas gemelas más allá de la distancia. Foto: Isabel Camps

Por Núria Martorell/ El Periódico de Catalunya

Mayte Martín cantó en La Habana y La Habana se estremeció. Era su primera visita a la isla y su puzle emocional ya no es el mismo. Tampoco el de los que esa noche comprobaron “cómo los boleros alcanzaban todo su sentido”. Así lo expresó una cubana tan ilustre y venerada como Marta Valdés, la admirada y reivindicada cantautora a la que la artista barcelonesa brindó su actuación en el Teatro Mella de la capital caribeña.

Mayte (Barcelona, 1965) y Marta (La Habana, 1934) no se conocían. La conexión fue inmediata. Mágica. La venerable y humilde autora de ‘Palabras’ y ‘¿Hacia dónde?’ –las piezas que Martín había incorporado como siempre en su repertorio pero con más emoción que nunca–, se presentó en el hotel donde Mayte se alojaba antes de que partiera de vuelta hacia Barcelona. Y vestida de riguroso negro le soltó divertida: “Vengo así, del color de tus músicos, para que me lleves contigo”.

Mayte hizo mención de su presencia, y el público que abarrotaba la sala la buscó impaciente entre las butacas. Cuando por fin reconoció su menuda figura entre las últimas filas, el resorte fue inmediato: se puso de pie y la ovación duró largos minutos. “El momento más emocionante del concierto”, aseguró luego Mayte. “Este éxito te lo dedico a ti. Y a mi madre, que me enseñó a valorar lo esencial”, le soltó después, en el camerino, cuando le regalaba el ramo de flores que le acababan de entregar en el escenario.

“Mayte Martín electriza a la audiencia cubana”. “Mayte Martín o el amor convertido en música”. Estos son algunos de los titulares de las crónicas de los muchos medios de comunicación que recogieron su debut. Octavio Borges, de la Agencia de Información Nacional, resaltó en su previa del recital: “Mayte Martín: ‘Venir a Cuba es una lección de vida”.

“Me impactó que dijera algo así. Por eso lo escogí”, aclaró. ¿Y cómo explica la entusiasta reacción del público? “Primero, por el hecho de que estuviera Marta Valdés, la voz más culta y autorizada para hablar de música en Cuba. Hay una sintonía entre estas dos mujeres increíble. Y segundo, por la atmósfera del propio bolero, en ese ambiente de sinceridad y de entrega que Mayte consigue. Es una fuerza telúrica desatada, que tiene la sabiduría de pasar del susurro al desgarro. A todos nos conmovió su capacidad de dar esa carga tan fuerte de sentimientos desde la mesura“.

Un hogar para mi alma

Mayte Martín ha querido escribir para DOMINICAL el impacto que le ha supuesto “encontrar un hogar” para su alma. Y ha decidido reeditar el disco de boleros ‘Cosas de dos’ el lunes 30 de noviembre, con el sello Satélite K. El álbum llegará así por primera vez a las tiendas. Hace dos años que lo publicó gracias al micromecenazgo y solo se podía adquirir a través de su web. Aviso a los fans locales: anuncia una nueva cita bolerística en Barcelona: en la sala Luz de Gas, el próximo 3 de junio. Los programadores apenas la invitan. Y ella sigue autoprogramándose.

“La moda nunca quiso estar con nosotras”, filosofó Marta Valdés. “El arte no es un divertimento. Ha de remover las entrañas. Todo lo que no duela, no me interesa. El arte es un impulso del alma. Un reflejo puro. Un acto irracional. Y ‘Cosas de dos’ es un acto de rebeldía, de revolución. Quería quitar del medio a todo aquel que le interesara el dinero en vez de la música”, asintió Mayte Martín.

Un eco muy profundo

Cuando un artista se aleja de los artificios y de las servidumbres, cuando evita caer en las redes de una industria que no prioriza el talento, le resulta difícil encontrar recovecos. Y acaba siendo como la niebla: no suele acomodarse. La libertad implica peajes. Y aprendizajes. La música es para ellos el eco de un lugar muy profundo.

“A veces parece que tengamos incluso que justificar que estamos vivas –se lamentó Valdés–. Y a ti te veo tan libre de prejuicios que eres capaz de llevarte las canciones donde te da la gana”. “Es como si hubiera estado toda la vida esperando este momento. Guardándome para esto. He podido devolverle a Cuba, al bolero y a ti, Marta, todo lo que me habéis dado. Ni en mis mejores sueños…”, suspiró Martín. “¡Las cosas que pasan con la música! Yo esta noche ni duermo. Tengo el síndrome de la hipersensibilidad”, rió Valdés.

Marta Valdés no quiso perserse ninguna de las dos primeras actuaciones que Mayte iba a dar en su ciudad, programada por el festival Les voix humaines, de la mano de otro personaje clave en esta historia, el compositor, guitarrista y director de orquesta cubano Leo Brouwer. El alma del evento, que la presentó como “una de las grandes voces de la historia del flamenco” y como “la intérprete de boleros más personal” que jamás había escuchado.

El tocaor Pedro Sierra fue el músico que la arropó la primera de las veladas. Luego, Mayte y su bien ensamblado quinteto ensayó en el estudio de grabación que les cedió el cantautor Pablo Milanés el set-list de la gran noche. El contrabajo de Guillermo Prats era tamaño XXL (estaba en el estudio de Milanés) y sonó desafinado. “¡Estás despedido!”, le soltó Mayte. “Entonces, ¿me puedo ir ya? Es que he quedado con una chica…”, le respondió guasón el instrumentista.

La primera ovación de la noche

La cantante conoce tan bien las virtudes y capacidades de sus acompañantes, que saca lo mejor de ellos. El benjamín del grupo, Biel Graells, hizo un solo al violín de ‘Corazón loco’ perfecto. Clavado. “Te has tragado mucho metrónomo, ¿eh, mi niño?”, le agradeció mientras lo besaba. La pianista cubana Nelsa Baró le ayudó a llevar las riendas en los ensayos y en los recitales. Subió el maltrecho taburete para que el teclado se ajustara a su altura y derramó sin querer al suelo la botella de agua. El encargado del estudio vino con un trapo, se agachó y la recogió. “Aquí en Cuba no tenemos fregonas”, explicó.

Para Nelsa, este viaje a su patria conllevó momentos de una intensidad dolorosa. Llevaba dos años sin ver a sus padres. Su madre, de 86 años, está enferma y no pudo ir a verla tocar. Su padre, de 91, sí acudió al Teatro Mella y comprobó cómo la primera ovación de la noche se la llevó su hija, bordando su espectacular solo en ‘Corazón loco’. “La música es su vida. Era muy buena estudiante y la mamá la matriculó en el Conservatorio como algo complementario. ¡Y fíjese!”, exclamó sin ocultar su orgullo Aníbal Baró.

“Ustedes lo que hacen es música de cámara, con una sensibilidad tan especial que emociona. Que hace que la gente no se vaya de vacío. Y Nelsa. ¡Vaya con Nelsa! Tiene una manera de tocar que me recuerda al gran Frank Emilio, con gran sabor y tradición en sus improvisaciones“, constató la entusiasta Marta Valdés. A Mayte y Nelsa, esta vez solas, les quedaba un último reto: actuar en el concierto que Silvio Rodríguez había organizado en la plaza Roja del barrio 10 de Octubre, como parte de su gira en suburbios. Había otro valor añadido: era también la clausura del festival que la había traído a Cuba.

Llovía sin cesar, y el único respiro que dio el cielo llegó cuando ellas tocaron. En el colegio de la zona que sirvió de camerino, Leo Brouwer le presentó a Silvio. “Tú vienes de Catalunya, que como nosotros está en la onda de la libertad. Hay que darle al pueblo lo que quiere. Todo lo prohibido acaba rebelándose”, le dijo a Mayte el autor de ‘Mi unicornio azul’.

Inundada de riquezas

Minutos antes, con las nubes amenazando el diluvio, Mayte le contó a una periodista: “Este proyecto de llevar el arte a los desfavorecidos es sumamente importante. Vincular cultura y poder adquisitivo empobrece el espíritu de los países“. Mayte volvió de Cuba con el alma inundada de riquezas.

Escribe Mayte Martín

“Escribo estas líneas tras varias semanas de mi vuelta de Cuba. Cuando ya puedo sentir el poso que esta reparadora experiencia ha dejado en mí y soy mínimamente capaz de describirla.

En realidad, no existen palabras que puedan abarcar mi emoción ni la dimensión de lo vivido; y sé que lo que pasó dentro de mí durante ese bendito encuentro con el pueblo cubano podría transmitirlo solo existiendo, cantando; y que esta Mayte Martín que aquí escribe no es la misma que la que partió a La Habana. 

En este desierto que escogí caminar encuentro de vez en cuando un oasis, y me paro a beber, a descansar, a coger fuerzas para seguir en ese camino que sé que, por duro que sea, nunca voy a abandonar. Tengo razones sagradas para no hacerlo. Hay alguien que me mira desde arriba y se enorgullece de quien soy, y nada en el mundo tiene más valor para mí que esa mirada de orgullo. 

Pero a fuerza de vivir a contracorriente y tropezando con la banalidad, mi alma se desconfigura a veces, se marchita un poco, y es necesario un gesto de la vida que me recuerde que hay alguien al otro lado que tampoco teme caminar desnudo.

La vida tuvo ese gesto hace treinta años, cuando Tete Montoliu puso su mirada sobre mí. Y hace veinticinco, cuando me encerré a cantar con el maestro Sabicas en un cuarto de la casa donde murió Carmen Amaya y vi las lágrimas brotar de sus ojos. O hace ocho, cuando las hermanas Katia y Marielle Labèque me escogieron entre todas las voces del mundo para crear juntas su hermoso proyecto.

La sagrada y bendita vivencia que aquí contamos empezó el 16 de diciembre del pasado año, cuando el maestro Leo Brouwer vino a Barcelona para invitarme a participar en el festival Les voix humaines de La HabanaCUBA esperaba mis boleros y ese era un sueño que, de tan mágico, jamás me atreví ni a soñar.

Cada día transcurrido desde la invitación de Leo lo viví imaginando cómo recibirían mis boleros en La Habana. Pero nada de lo que en aquellos días pude imaginar se acercó ni de lejos a lo que viví. 

Cuando recibí la primera ovación del amorosísimo público que abarrotaba el Teatro Mella, se me recompuso todo por dentro.

Se me encajaron las piezas y, de pronto, esa manera mía de mostrarme, tan esencial y tan despojada que tanto me pone en contradicción con el mundo, contenía el elemento fundamental e imprescindible para conectar con lo más profundo del alma de cada uno de los cubanos que esa noche compartió uno de los momentos más emocionantes que he vivido jamás.

Algunas semanas antes del viaje a La Habana, mi adorada Marta Valdés, con quien no había tenido jamás contacto directo, me escribió para contarme que mi querida compañera Maribel Quiñones ‘Martirio’ la había hecho conocer mi música hacía unos años y que, desde entonces, formaba parte de las cosas que más la emocionan. Me dijo que estaba muy ilusionada con mi paso por su Cuba y que estaría sentada en el patio de butacas para disfrutar de mis conciertos. Estuve releyendo ese email y contemplando su nombre en mi bandeja de entrada durante días. 

El maestro Silvio Rodríguez, que acompañó tantas tardes de lluvia y melancolía en mi adolescencia, me invitó a participar en uno de los conciertos gratuitos que ofrece en barrios de La Habana al sector más desfavorecido del pueblo cubano. Allí, músicos y público, todos bajo la lluvia y con la bandera cubana erguida a nuestras espaldas, hicimos juntos que la música fuese lo que debe ser: manifestación de los dioses, algo que nos hace a todos iguales, estemos arriba o abajo del escenario; y algo que todo el mundo debe poder disfrutar sea cual sea su estatus económico y social. 

He regresado de La Habana recompuesta, agradecida, reconfortada, con la fe encendida, sabiendo que, aunque lejos, muy lejos, existe un pueblo sensible y culto que solo da valor a lo importante, que venera lo esencial y que jamás se entretiene en lo superfluo. Allí, en esa Habana que ya añoro, encontré un hogar para mi alma. Y hoy puedo afirmar, con más rotundidad que nunca, que hay vivencias que reciclan las certezas”.

De izquierda a derecha, Guillermo Prats, Biel Graells, Nelsa Baró, Mayte Martín, Chico Fargas y Vicens Soler, en el Teatro Mella. Foto: Isabel Camps

De izquierda a derecha, Guillermo Prats, Biel Graells, Nelsa Baró, Mayte Martín, Chico Fargas y Vicens Soler, en el Teatro Mella. Foto: Isabel Camps

La cantante barcelonesa recorrió las calles de La Habana, entre concierto y concierto. Foto: Isabel Camps

La cantante barcelonesa recorrió las calles de La Habana, entre concierto y concierto. Foto: Isabel Camps

Con Silvio Rodríguez y Leo Brouwer, antes de que el cantautor cubano y Mayte actuaran una lluviosa tarde en un recital gratuito. Foto: Isabel Camps

Con Silvio Rodríguez y Leo Brouwer, antes de que el cantautor cubano y Mayte actuaran una lluviosa tarde en un recital gratuito. Foto: Isabel Camps

La bandera cubana respaldó a Mayte Martín y a Silvio Rodríguez, durante su recital gratuito. Foto: Isabel Camps

La bandera cubana respaldó a Mayte Martín y a Silvio Rodríguez, durante su recital gratuito. Foto: Isabel Camps

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