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Honduras: perspectivas tras el acuerdo

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Editorial, de La Jornada

Una mujer viste una pañoleta con una imagen del presidente constitucional Manuel Zelaya, el sábado 31 de octubre de 2009, en Tegucigalpa (Honduras). El Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado en el país mantendrá su boicot contra las elecciones del 29 de noviembre próximo, incluida la retirada de propaganda, hasta que se produzca la restitución de Zelaya anunció este sábado uno de sus coordinadores.  Foto: EFE/Efraín Salgado

Una mujer viste una pañoleta con una imagen del presidente constitucional Manuel Zelaya, el sábado 31 de octubre de 2009, en Tegucigalpa (Honduras). El Frente de Resistencia contra el Golpe de Estado en el país mantendrá su boicot contra las elecciones del 29 de noviembre próximo, incluida la retirada de propaganda, hasta que se produzca la restitución de Zelaya anunció este sábado uno de sus coordinadores. Foto: EFE/Efraín Salgado

Fue necesaria la intervención directa de Estados Unidos, por medio de una comisión especial encabezada por el subsecretario de Estado, Thomas Shannon, para que los estamentos oligárquico-militares que subvirtieron la democracia el pasado 28 de junio en Honduras acordaran poner fin a su aventura golpista, profundizaran las gestiones para destrabar la crisis política en aquel país y aceptaran formalmente, mediante la firma de un documento, el establecimento de un gobierno de conciliación. La eventual restitución del legítimo presidente, Manuel Zelaya Rosales, tendrá que ser ratificada en días próximos por el Congreso de la nación centroamericana.

De tal forma, los sectores en pugna en Honduras dieron un paso importante para la resolución de un conflicto que parecía hallarse en un impasse insuperable, y acordaron el restablecimiento de una normalidad institucional que, de cualquier forma, no podrá ser la misma que la que había hasta antes del 28 de junio: en caso de ser avalada por la instancia legislativa, dicha normalización se llevará a cabo sobre bases democráticas vulneradas por la vía de las armas y por encima de las vidas que se perdieron como consecuencia de las acciones represivas emprendidas por el gobierno usurpador.

Para el gorilato encabezado por Roberto Micheletti, acorralado entre el rechazo y el aislamiento internacional y las admirables muestras de resistencia popular al interior de Honduras, el resultado de las negociaciones encierra una perspectiva de derrota, pues demuestra la inviabilidad de su proyecto golpista y el fracaso de sus aspiraciones por legitimarse mediante la realización de las elecciones presidenciales del próximo 29 de noviembre, las cuales, de cualquier forma, habrían estado descalificadas de antemano.

Sin embargo, y a contrapelo del beneplácito expresado por la comunidad internacional y por el propio Zelaya, el acuerdo comentado reviste elementos cuestionables, empezando por la recuperación de los postulados incongruentes y antidemocráticos de la propuesta desarrollada por el mandatario costarricense Oscar Arias, particularmente el referido a premiar a los golpistas mediante su inclusión en un “gobierno de unidad”.

Tales claroscuros se profundizan al analizar el papel desempeñado por Estados Unidos, país que exhibió una reacción tibia y tardía en las semanas siguientes al golpe militar, así como una división entre las posturas del presidente Barack Obama y del Departamento de Estado, encabezado por Hillary Clinton. De manera significativa, la encargada de la política exterior estadunidense se congratuló el pasado viernes “con el pueblo de Honduras, así como con el presidente Zelaya y el señor Micheletti” por el acuerdo alcanzado, y el propio Thomas Shannon se refirió a ambos personajes como “héroes de la democracia hondureña”, en un empeño improcedente por equiparar a un mandatario elegido democráticamente con el dirigente de un gobierno cuartelario que justamente significó un enorme retroceso para el país y la región en términos democráticos.

Asimismo, resulta por lo menos cuestionable que el Congreso hondureño sea el responsable de avalar o no la restitución de Zelaya en el cargo, pues fue esa misma instancia la que avaló, el pasado 28 de junio, el cuartelazo en Honduras, presentó una apócrifa carta de renuncia del mandatario e invistió como presidente interino a Micheletti.

En suma, la conclusión formal de la crisis política en Honduras y el reconocimiento de la necesidad de restañar la institucionalidad democrática en ese país son hechos de suyo positivos. Pero la comunidad internacional deberá estar atenta para que esto no sea usado como coartada para convalidar la intentona golpista y dejar impunes los crímenes de lesa humanidad cometidos durante los últimos cuatro meses en aquella nación.

Se han publicado 2 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • hector s. dijo:

    Siempre me informo en la pag de Granma. Pero veo a Cubadebate con mas informac. (veré los 2) . Me comunico para expresar un anhelo. Quisiera ver a Fidel en un discurso importante. Se que habrá proximamente una reunión de presidentes en La Habana. El debe saber que todavia lo necesitamos. Queremos emocionarnos con su presencia…Y que el lo sepa.

  • JESUS dijo:

    Preguntémonos: ¿Se resuelve la crisis política en Honduras con dicho acuerdo? Antes de respondernos expliquémonos algo:
    Bueno, crisis política existe en todas partes, con sus diferencias. Lo que hace de particular la crisis en Honduras es que EN ESTE MOMENTO se encuentran confrontados activamente los unos que defienden la democracia de los siempre dominantes con los otros que sienten que esa democracia debe ser defendida porque asi sienten que se defiende la voluntad política eleccionaria de las mayorias. No existe una confrontación entre democracia capitalista y democracia popular, socialista u otro similar.
    Por nuestro lado, tanto nos preocupa y mucho nos anima esta crisis, preocupa por la posibilidad de qu el pueblo hondureño sienta luego una frustración que los postre, nos anima en la posibilidad de que esta confrontación produzca la ideología y la política para el cambio, para la transformación y liquidación del orden capitalista.
    Recordemos esta frase:
    SOLO UNA CRISIS, REAL O PERCIBIDA PRODUCE UN CAMBIO REAL (que lo leí a través de Cubadebate)
    Por eso, lejos de quejarnos o de vislumbrar un “fracaso” o una “frustación”, debemos aprender a reconocer y asumir las lecciones de esta crisis. Y la primera lección es que ésta no puede tener un resultado exitoso para el pueblo Hondureño, no es posible si es que no se confronta a las fuerzas golpistas y a sus inspiradores, y se los derrote no solo políticamente, sino militarmente, ¿o los militares y golpistas se rendirán ante la fuerza democrática del pueblo que no tiene ejercito?. Otra lección es que, en efecto, lograr la solidaridad internacional con la conformación de un gran frente de resistencia, es indispensable para otros casos similares.
    Pero también sería bueno reflexionar sobre el que hacer luego de la “superación de la crisis”, que espero no concluya sino hasta que el pueblo entienda y asuma la responsabilidad de saber que tienen el deber histórico de construir una nueva sociedad.
    Como en todas las circunstancias políticas, la resolución de una crisis viene como resultado de eso que llamamos: CORRELACIÓN DE FUERZAS. Y si bien los hondureños lograron un gran frente de resistencia AL GOLPE, ésta no se define con claridad ni en lo ideológico ni en lo político, y menos en el aspecto económico.
    Por eso tendremos que contestarnos a la pregunta inicial: LA CRISIS NO SE SOLUCIONA, el hecho de resolverlo obedece a la coyuntura simplemente. Se solucionaría en cuanto el Pueblo logre no solo la restitución de Zelaya (que tampoco se garantiza), sino que lograra la total reorganización del aparato estatal, comenzando por el actual ejército, su poder judicial, etc. instituciones que participaron a favor del golpe. Pero eso no se puede dar por obvias razones.
    Restitución, amnistía y gobierno de reconciliación nacional, como hasta cualquier ingenuo puede reconocer, no soluciona la crisis, simplemente puede agravarla, puede frustrar a la resistencia, viendo como se mantienen en el poder a los mismos generales, que reprimieron al pueblo, seguir comandando al ejercito hondureño, asi como a esa corte suprema, incluso con gobierno Zelayista.
    Por tanto, lo que debe quedar de todo este movimiento de resistencia, es asumir la conciencia política de organizar a todos cuantos participaron y participarán en nombre del pueblo trabajador. Porque existe la necesidad de mantener todo este esfuerzo político del Pueblo que se resiste al golpe, que no se pierda en la incertidumbre, en la resignación del “que se hará pues” y mucho menos se entusiasme (y pierda su perspectiva histórica) con los apetitos electoreros de cuanto oportunista (que siempre hay) y pequeño burgués esté participando en la resistencia.
    Recojo una frase de alguien que también escribió un artículo sobre este tema y que concluyera afirmando: (esta crisis) “…les enseñó, brutalmente, que pueden dejar de ser objetos de la historia para convertirse en sujetos y protagonistas de la misma. Y tal vez por eso, más allá de lo que ocurra con este acuerdo, decidan seguir avanzando en sus luchas por la construcción de una Honduras diferente, esa que no se consigue con injustas amnistías o espurias reconciliaciones”.
    Y nuestro deber, es convertirnos pues en sujetos de la historia y no en objetos o marionetas de la historia.
    Desde Perú escribo

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