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Rocambolesca situación en la embajada de Honduras en Washington

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Con información de EFE

jekyll_hydeLa pequeña embajada de Honduras en Washington vive estos días una rocambolesca situación, pues tiene al frente a dos responsables, uno “zelayista” y otro “michelettista” que, si bien trabajan juntos, están muy divididos.

La legación hondureña tiene poca actividad y trasiego de personal pese a la intensa crisis que vive el país, nueve días después del golpe de Estado que derrocó al presidente Manuel Zelaya y lo expulsó de su propio país.

Ante las constantes llamadas de los periodistas, la respuesta más recurrente del personal que atiende el teléfono estos días es: “tienen que entender la difícil situación en la que nos encontramos”.

La razón es evidente, pues la polarización que se ha producido en el país ha tenido su reflejo inmediato en la embajada, que estos días vive una situación que, de no ser por lo dramático del caso, parecería sacada de un programa de ficción televisiva.

Uno de los protagonistas es Roberto Flores, el embajador que había nombrado Manuel Zelaya, pero que, tras su derrocamiento, se alineó con el nuevo Gobierno de Roberto Micheletti.

Flores fue llamado a consultas a Tegucigalpa la semana pasada, donde se puso a disposición del nuevo canciller, Enrique Ortez, el mismo que dijo que Obama era “un negrito que no sabe nada de nada”. Allí afirmó que lo que vivió Honduras hace nueve días “no es un golpe de Estado”.

Flores se convirtió en el primer alto representante diplomático de su país en el exterior en reconocer al nuevo Ejecutivo hondureño.

El mismo día en que el embajador de Honduras ante la Casa Blanca se decantó públicamente por el Gobierno de Micheletti, Zelaya lo destituyó desde Panamá.

Durante la ausencia de Flores, la hija de Micheletti, Bianca Lillian Micheletti Fiallos, de 23 años, que está a cargo de la sección consular en Washington, debía encargarse de la embajada, según fuentes diplomáticas consultadas.

Sólo había un problema: en Washington se había quedado Rodolfo Pastor, hace poco ministro de Asuntos Políticos, a pesar de que fue llamado también a consultas por el nuevo Gobierno en Honduras.

El depuesto presidente y su canciller, Patricia Rodas, confiaron en él y le pusieron como encargado de negocios interino de la legación, lo que le convierte en el máximo responsable cuando no hay embajador.

Pastor se opuso a la petición procedente del nuevo Gobierno de Honduras de poner a la hija de Micheletti al cargo. Bianca también fue destituida, según las fuentes.

Este lunes, una vez de vuelta de Tegucigalpa, Flores convocó al personal de la embajada para informarles de su decisión de apoyar al nuevo Gobierno.

Las dos posturas, tan diferentes, quedaron aclaradas abiertamente. No había equívoco: a partir de ahora, había “dos” encargados de la legación.

Otro elemento que complica la situación es la postura del Gobierno de Estados Unidos, que no reconoce al Gobierno de Micheletti y exige la pronta restitución de Zelaya.

Según fuentes conocedoras del proceso, el Departamento de Estado dispone de la notificación de la destitución de Flores como embajador del Gobierno de Zelaya, pero aun no ha comunicado que no reconoce al diplomático como embajador legítimo ante la Casa Blanca.

El lunes, el portavoz del Departamento de Estado, Ian Kelly, dijo, cuando fue preguntado por el caso de Flores: “alguien que está representando a un régimen que no reconocemos lo va a tener difícil para conseguir las credenciales” necesarias para el cargo.

Flores no ha presentado de nuevo sus credenciales, según las fuentes consultadas, y él asegura que no ha recibido hasta ahora ninguna indicación del Departamento de Estado acerca de que no le reconocen como embajador de Honduras en EE.UU.

Está pendiente de lo que diga Washington y asegura que respetará la decisión, cualquiera que sea.

Esta decisión podría llegar tan pronto como hoy, después de que Zelaya se reúna con la secretaria de Estado de EE.UU., Hillary Clinton, indicaron a Efe fuentes diplomáticas.

Mientras tanto, Pastor y Flores se ven las caras todos los días en la embajada, al menos cuando coinciden. Y la diferencia entre ambos no es solamente su visión de los hechos, sino también de índole monetario, porque lo más probable es que el primero no cobrará por su trabajo.

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