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Roberto Fernández Retamar: “Solo soy el modesto, humilde y sencillo Presidente”

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Roberto Fernández Retamar

Roberto Fernández Retamar

A propósito de Encuentro con… la Casa de las Américas, donde fue invitado el poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, presidente de la institución cubana a quien la 18va. Feria Internacional del Libro le rinde homenaje por su cincuenta aniversario.

(Primera parte)

Uno de los momentos más esperados del programa de la Casa de las Américas en esta 18va. Feria Internacional del Libro Cuba 2009 ha sido, sin dudas, el habitual Encuentro con… que conduce la periodista Magda Resik. Esta vez tomó como invitada a la propia Casa pero a través del poeta y ensayista Roberto Fernández Retamar, presidente de la institución cubana.

De ese modo, la tarde del viernes finalizó con un provechoso dueto entre Retamar, en representación de los trabajadores de la Casa, muchos de ellos presentes en la amplia sala Nicolás Guillén, y Resik. Acompañaron también la singular conversación, Abel Prieto, Ministro de Cultura, Fernando Rojas, viceministro, Iroel Sánchez, presidente del Instituto Cubano del Libro, organizador principal de la Feria, y otros directivos de esta entidad.

Preferimos hacerles llegar a nuestros lectores, el testimonio de lo que allí aconteció, y de esta manera le ofrecemos una versión de un diálogo que atraviesa parte del pasado, presente y porvenir de la Casa por medio de la palabra de su presidente.

Magda Resik y Roberto Fernández Retamar

Magda Resik y Roberto Fernández Retamar

Magda Resik: Agradecemos al ministro de Cultura, Abel Prieto, a Fernando Rojas, viceministro, y a Iroel Sánchez, presidente del Instituto Cubano del Libro, su presencia hoy. Hace poco cuando grabábamos el programa Entre libros, empezamos a evocar el momento inicial de encuentro de Retamar con el universo de la Casa de las Américas. ¿Cuándo fue este momento? ¿Cómo logró Retamar entrar ahí?

Roberto Fernández Retamar: Antes de responderte, quisiera llamar la atención de que en realidad este no es un encuentro conmigo, es un encuentro con la Casa de las Américas. Quiero agradecer mucho la presencia aquí de tantas compañeras y tantos compañeros de la Casa de las Américas que seguramente en algún momento podrán responder alguna de las preguntas que hagas. Quiero subrayar, lo he subrayado muchas veces, pero esta es una excelente ocasión para insistir sobre el punto, que la Casa de las Américas cuenta con un excepcional equipo de trabajadores manuales e intelectuales y con una dirección colegiada.

La Casa no es una persona, si alguna persona pudo ser la Casa, fue Haydee Santamaría, desde luego, la fundadora y alma de la Casa de las Américas. Pero, en términos generales, nos consideramos un equipo de trabajo. Algunos de nosotros ya un poco usados, somos como un equipo de segunda mano, pero algunos son muy recientes. Hay muchos directivos de la Casa que nacieron después de su fundación. Creo que el 70 % de la población cubana actual nació después del triunfo de la Revolución en 1959, y, como se sabe, la Casa fue creada menos de cuatro meses después. De manera que esa presencia juvenil en la Casa se corresponde con la presencia juvenil en el país todo.

Quiero insistir en esto porque, por ejemplo, cuando me preguntan a qué hora es el concierto, suelo responder: yo soy solo el presidente de la Casa de las Américas, no puedo saber de esas cosas. Seguramente lo del concierto lo sabe María Elena, lo de artes plásticas, Lourdes, lo de literatura, Jorge Fornet. Soy el modesto, humilde y sencillo presidente de esa institución colectiva.

A propósito de ese carácter colectivo y la condición de ese colectivo que está formado por creadores manuales e intelectuales, querría comenzar mencionando dos compañeros que ya no están con nosotros, que han desaparecido recientemente y encaja muy bien esa riqueza, dualidad de los trabajadores de la Casa de las Américas. Uno es Harold Gramatges, que fue fundador de la Dirección de Música de la Casa. Él tenía esa responsabilidad cuando la Casa celebró en 1967 el famoso Encuentro de la Canción Protesta, después salió a otras tareas; y el otro es Arquímides Nuviola, uno de los más antiguos trabajadores, estaba ya en el edificio cuando se fundó la Casa. Ambas pérdidas son muy dolorosas para nosotros, y como les decía encarnan, de manera bastante arquetípica, la riqueza de trabajo que se hace en la Casa de las Américas.

Harold es un intelectual de primera fila, ya se sabe, pero Arquímides que no era un intelectual en ese sentido estrecho de la palabra, era fundamental para nosotros. Su ausencia se nota mucho en la Casa de las Américas, él garantizaba la llegada de las revistas y los libros, se preocupaba enormemente por eso. Había asimilado lo que Mariano (Rodríguez), el gran pintor que fue presidente de la Casa de las Américas después de la muerte de Haydee, solía llamar el espíritu de la Casa.

Una compañera generosa dijo una vez que la Casa era un estado de alma. De alguna manera, con más o menos felicidad en la expresión, eso lo sentimos todos. Sentimos la alegría, el orgullo, la responsabilidad de pertenecer colectivamente a la Casa de las Américas.

Ahora voy a tu pregunta y, por lo tanto, mi respuesta. Lo he repetido en otras ocasiones. Yo ofrecí la segunda conferencia que se dio en la Casa, en julio de 1959. Fue una conferencia sobre Andrés Bello, el escritor venezolano-chileno. Había una semana dedicada a Venezuela en la Casa. La primera conferencia la dio el embajador de Venezuela, y yo di la segunda. Después atendí un curso sobre literatura hispanoamericana. En aquel momento la Casa estaba recién fundada. Se creó por ley el 28 de abril de 1959 y empezó a funcionar en julio. La Casa no tenía un rostro, empezaba a adquirirlo. Al final de ese año tuve que abandonar ese curso porque fui nombrado por (Raúl) Roa diplomático en París. Mi cargo tenía el descomunal título del de Consejero Cultural de Cuba para la Europa Occidental con sede en París. De más está decir que eso existió nada más en el papel. Pude viajar una vez a Suiza, era la época en que existían cargos desmesurados.

A mi regreso colaboré en la revista Casa, fui miembro del jurado en 1962 en que entonces las obras que optaban por el Premio se presentaban con seudónimo. Yo no sabía el nombre de un poeta que me fascinó tan pronto lo leí y, gracias a mi proposición, se le dio mención, y ese poeta fue Roque Dalton. Vine a conocerlo primero enmascarado.
No vine a vincularme definitivamente con la Casa sino hasta el mes de marzo de 1965. Había hecho un viaje a Europa, primero a Génova, Italia, París y luego a Praga. Al regresar, a mediados de marzo de 1965, me acuerdo que estaba en la UNEAC, en un pequeño café, allí me encontré con Calvert Casey, empezamos a hablar de muchas cosas. Le dije que no sabía qué iba a hacer, entonces él me dijo que en la Casa de las Américas ya Antón no está dirigiendo la revista Casa, porqué no hablas con Haydee. Fui a hablar con Haydee, le dije que me interesaría trabajar en la Casa de las Américas y Haydee me propuso que dirigiera la revista Casa. Eso fue en el año 1965 y estamos en 2009, ha pasado una eternidad. La mayor parte de mi vida la he pasado en la Casa de las Américas, y seguramente, la parte más importante y más grata de mi vida.

Magda Resik y Roberto Fernández RetamarM.R.: Usted siempre recuerda y evoca a Haydee como una figura. Pero, ¿cuánto le impuso Haydee de su espíritu a la Casa? ¿Qué métodos de dirección ella implementó en el mundo de la cultura? ¿Cuántas cosas exigía Haydee en la Casa? ¿En qué cosas se entrometía? ¿Qué decía, qué les pedía a los trabajadores de ese espíritu de ella que todavía sobrevive dentro de la institución?

R.F.R.: Creo que la Casa tiene el sello de Haydee Santamaría. Ella marcó para siempre con su impronta de fuego la Casa. Su audacia, su lealtad a lo mejor de la Revolución Cubana. Su interés enorme por la América Latina y el Caribe, entonces no se decía América Latina y el Caribe. Se decía sólo América Latina. Su manera de combinar el rigor con la osadía, por así decir. Por suerte, ella fue creando en torno suyo una serie de trabajadores que continuaron, enriquecieron, cumplieron sus designios. Quiero nombrar a Marcia Leiseca, aquí en primera fila, quien desempeñó un papel muy importante y vuelve a desempeñarlo hoy en día cuando es vicepresidenta primera. Está Silvia Gil en algún lugar del público, quien llevó adelante las tareas de canje de las publicaciones nuestras, hay otros compañeros de esa época. Creo que el más viejo soy yo, así que no debo buscar mucho porque soy el más viejo de toda esta gente.

Ese viejo equipo o experimentado y añoso de la Casa de las Américas, como dije al principio y voy a insistir mucho en eso, se ha enriquecido con mucha gente nueva, joven. Algunos no son solo nuevos, sino jóvenes, otros no son jóvenes pero son nuevos. La Casa ha ido creciendo, yo diría, en torno al núcleo que diseñó para siempre Haydee Santamaría.

Haber trabajado junto a Haydee Santamaría es un extraordinario privilegio. Trabajé 15 años, y otros compañeros pueden decir otro tanto, y eso es un verdadero privilegio. En algún momento, recordé los versos de García Lorca, de El romancero gitano, “viva moneda que nunca se volverá a repetir”. Era una persona única, extraordinaria, que marcaba con su sello cuanto hacía e hizo muchas cosas.

M.R.: En cuanto a la visión sobre la cultura cubana y la latinoamericana que ella misma, Haydee, diseñó y proyectó para la Casa, ¿encuentra de alguna manera hecho o vivo su pensamiento?

R.F.R.: El caso de Haydee es muy singular, porque creo que solo estudió la escuela primaria, era prácticamente autodidacta, era una lectora voraz, de leer toda la noche si el libro le interesaba, tenía una sensibilidad a flor de piel para la música, para las artes plásticas, ya he dicho que era una lectora enorme. Yo diría que llevó a la Casa de las Américas no la sabiduría académica, que no tuvo ni le interesaba para nada, sino la frescura de entrar en el mundo de la cultura sin prejuicios. Por ejemplo, ahora es una batalla que no tiene sentido, pero durante un tiempo se censuró que los pintores hicieran arte abstracto y a ella cuando le preguntaban, por ejemplo, bueno, qué quiere decir este cuadro, respondía y qué quiere decir el atardecer o el amanecer. Tenía una inteligencia deslumbrante, que era, creo yo, particularmente deslumbrante porque no se atenía a norma alguna. Generalmente uno espera que una persona inteligente le diga a uno repuestas inteligentes, pero determinadas respuestas inteligentes. Haydee te daba otras respuestas distintas a las que uno podía esperar. Así se acercó al arte, a la literatura, a los problemas ideológicos complejos, complejos siempre pero en aquellos momentos de manera particular.

Recuerdo que la última década de su vida la vivió en el seno de la Casa de las Américas, que ella llegó a considerar su casa, y efectivamente la Casa de las Américas es la Casa de Haydee.

En esa última década de su vida hubo momentos muy

difíciles en relación con la cultura. El gran ensayista y crítico Ambrosio Fornet llamó a parte de esos años “quinquenio gris”. Después se ha discutido mucho si era más o menos un quinquenio, si era más o menos gris. No importa. Ambrosio tuvo la primera oportunidad de acuñar el sintagma “quinquenio gris”. Ese quinquenio gris Haydee lo vivió en lucha en el seno de la Casa de las Américas, lo agradecemos de manera particular.

Como se sabe, por desgracia, muchos escritores, artistas, pensadores del país padecieron los embates de ese quinquenio gris. Y siempre he dicho y esta es una ocasión para repetirlo, que el hecho de que Mariano y yo fuéramos vicepresidentes ambos de Haydee, Mariano era el vicepresidente primero y yo el otro, el hecho de que no fuéramos directamente afectados por el quinquenio gris hay que atribuírselo al enorme prestigio de Haydee Santamaría. Ella no permitió que esa onda negativa entrara en la Casa de las Américas. Aunque tuvo, desde luego, que pasar momentos difíciles, amargos. Ver a Haydee pasar momentos amargos fue tremendo para uno, y desgraciadamente lo vimos. Pero ella lo hacía con una energía, con una lucidez, con una audacia enorme.

A propósito de esta relación suya con las artes en general, no se puede olvidar que a Haydee se debe, en gran medida, que se haya podido desarrollar ese importante movimiento artístico que se llamaría después la Nueva Trova. Entonces todavía eran unos muchachos, Silvio, Pablito, Nicola, y estos muchachos encontraron en Haydee una respuesta inteligente, valiente, coherente. Haydee los defendió profundamente. Porque hoy en día esas personas son ya unos clásicos de las artes cubanas, Nicola ya desaparecido, su obra es la de un clásico. Pero en aquel momento no siempre encontraron comprensión, ni estimación de parte de muchas personas. En cambio, en Haydee encontraron un fervoroso apoyo.

De tal manera que tiempo después, cuando ya se había constituido el llamado Movimiento de la Nueva Trova, recuerdo en un acto en el tercer piso de la Casa de las Américas, que ahora se llama sala Che Guevara, en aquel momento no se llamaba así, Silvio proclamó que la Casa de las Américas era el útero de la Nueva Trova. Realmente más que la Casa, era la persona de Haydee. La persona que se jugaba entera por una causa. Sabemos que se jugó entera por causas políticas, pero también por causas artísticas, literarias.

M.R.: La Casa se convirtió desde entonces en un punto de integración cultural latinoamericana. Hoy en día vivimos un proceso de integración latinoamericana en otros ámbitos, otras esferas. Pero ¿cuánto pudo haber incidido la Casa y cuánto la cultura, en ese camino de integración?

R.F.R.: Realmente uno no puede sino pensar con tristeza que Haydee no haya podido ver este momento de América Latina y el Caribe. Cuando ella desapareció en 1980 apenas había comenzado a apuntar la Revolución Sandinista y el resto de América Latina vivía en condiciones bastantes difíciles.

Ella conoció horas extraordinariamente graves de nuestra América. Logró, a través de la Casa, que Cuba mantuviera relaciones culturales a menudo muy intensas, con muchos de los mejores escritores, intelectuales y artistas de América Latina. De hecho, la Casa fue una de las vías a través de las cuales la Revolución Cubana mantuvo esas relaciones con el resto de nuestra América. Como decía antes, y es obvio, este momento es distinto porque no solo tenemos buenas relaciones con escritores y artistas, sino también, lo que a menudo nos sorprende, buenas relaciones con los gobiernos, es una novedad.

Recuerdo que le decía a Aurelio Alonso, subdirector de la revista Casa, que hubo un momento en que era muy fácil hacer la revista porque estábamos contra todas las banderas. De manera que, mandaran lo que mandaran, lo íbamos a publicar, porque seguramente si criticaban al gobierno A, B o C, nosotros íbamos a respaldar. Ahora somos más cautelosos, ahora tenemos que tener cuidado, este artículo que no lastime a éste… La verdad es que seguimos lastimando a alguna gente.

Roberto Fernández RetamarEl otro día le decía yo a Grínor Rojo que un ensayo que mandó, que publicamos en la revista Casa, iba a levantar ronchas. Pero cuando presenté la revista en Cienfuegos le dije: si un ensayo no va a levantar ronchas, para qué se va a escribir. Realmente para decir que la silla tiene cuatro patas, no hay que escribir un ensayo. El ensayo tiene que remover el piso al lector. De alguna manera, el arte tiene que desempeñar este papel.

Pero vuelvo sobre lo anterior. En aquel momento la tarea de Haydee y de quienes tuvimos la oportunidad excepcional de seguirla fue prodigiosa, porque tuvo una relación de Cuba con el resto de nuestra América en el orden intelectual. Hay que decir, como se sabe, un poco antes de crearse la Casa de las Américas se creó el ICAIC, con Alfredo Guevara al frente como Haydee lo estaba al frente de la Casa. Y durante mucho tiempo estuvimos muy unidos. También el ICAIC contribuyó a mantener relaciones profundas, no solo en la cinematografía, en el campo de las ideas en general con el resto de nuestra América.

No podemos sino pensar con tristeza que este momento, que en gran medida ella hizo posible, no haya podido ser contemplado por Haydee, como tampoco haya podido ser contemplado por el Che Guevara que tanto hizo también en otros órdenes tan profundos por la unidad de los pueblos de nuestra América.

M.R.: Usted habla de los momentos difíciles de Haydee, pero usted es un poeta, un escritor, es un hombre del mundo del arte, de la literatura y ha entregado muchos años de su vida a una obra que más bien tiene que ver con la gestión cultural, en un sentido muy amplio. Quizás ha sacrificado algo suyo por eso. Quisiera saber cuánto y a lo mejor, algo que nunca me he atrevido a preguntarle, pero hoy como estamos hablando de Casa… ¿Habrá habido un momento duro, muy difícil para Retamar en la Casa?

R.F.R.: Voy a empezar por el final. Sí, hubo momentos duros. En general el país vivió momentos muy duros, y la Casa no pudo estar exenta de eso. Pero voy al centro de la pregunta suya. Haydee tenía una relación particular con Mariano. Mariano era un gran pintor, un hombre que yo quise mucho realmente, y una vez Haydee me dijo: “tú sabes porqué yo aprecio tanto a Mariano, porque me recuerda a mi padre”.

Llegó a tener una relación muy entrañable con él. Y ella le decía a Mariano que su tarea en la Casa de las Américas era parte de su tarea cultural. No sólo pintaba, sino, además, desempeñaba determinada tarea cultural en el seno de la Casa de las Américas. A mí no me lo dijo nunca, pero estoy seguro que pensaba lo mismo.

Por otra parte, la idea de que realizar tareas, digamos no literarias, lo empobrece a uno, es un criterio muy difícil de mantenerse en Cuba. Porque quien hizo una tarea descomunalmente importante en el orden de la literatura en nuestro país, si no estoy equivocado, se llamó José Martí, y la cantidad de cosas que hizo: un partido para hacer la revolución, escribir en infinidad de periódicos, hacer una revista para niños y jóvenes, y tantas cosas. Un hombre que murió cuando apenas había cumplido 42 años. Fue una tarea portentosa. Cuando uno dice que uno admira a Martí lo menos que puede hacer es no quedar mal ante su memoria, ante la exigencia de su ejemplo.

Yo no siento que he perdido mi tiempo o que he hecho un mal uso de mi tiempo en las tareas de la Casa de las Américas. Pienso que en alguna medida también me he realizado en la Casa de las Américas, como nos realizamos todas y todos los que trabajamos allí. Con eso no le restamos al resto de nuestra faena. Esa es una de las razones por la cuales la Casa de las Américas tiene tal vitalidad, tal carácter vívido. Porque realmente las tareas de la Casa de las Américas se acometen como se acometen las tareas de la creación artística.

Vuelvo al ejemplo que mencioné hace un rato de Arquímides. Él no era un escritor, ni un pintor, pero vivía con intensidad la responsabilidad de ser un cuadro de la Casa de las Américas. Y creo que los que trabajamos en la Casa de las Américas, los que durante tanto tiempo lo hemos hecho y los que han ingresado en tiempos más recientes, tenemos esa certidumbre. No le estamos robando el tiempo a otras cosas cuando trabajamos por y para la Casa de las Américas. También nos realizamos al trabajar para y por la Casa de las Américas.

(Fin de la primera parte)

Trascripción de La Ventana, Portal informativo de la Casa de las Américas.

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