El pulso de las olas (Capítulo 3): Danza de las combinadas, instantáneas

Foto: Pedro Pablo Chaviano
El día 7 de enero llegamos al poblado de Blanca Arena. Este fue el tercer destino de un recorrido que busca contar las historias de 10 localidades costeras del norte del occidente cubano. Hasta el extremo de Pinar del Río por la carretera norte, para ver las cosas con cierto detenimiento, aprendernos más las curvas y las lomas, a sufrir el sol.
Muchas fueron las historias con las cuales chocamos, pero también muchas fueron las imágenes. En esta galería quisiéramos sacar algunas de esas que no formaron parte del texto original, pero que de alguna forma retratan el pueblo, hablan de él y de su gente.
Ese texto, los dramas y las alegrías detrás de cada foto las puede encontrar aquí.
El pulso de las olas (3): Sin olas Blanca Arena
La cuarta parada es La Mulata, ya adentrados, oficialmente, en la provincia de Pinar del Río. El texto saldrá en unos días. Mientras rescatamos algunos fragmentos del reportaje anterior, junto con las instantáneas que se nos quedaron en el tintero.

Hay carreteras con lomas y hay lomas con carreteras (Pedro Pablo Chaviano)
“Hay carreteras con lomas y hay lomas con carreteras. Son las tres de la tarde y las lomas del camino nos quebraron el aire. Cuando se acabaron, este pedraplén de cuatro kilómetros que saben a quince tampoco dio sosiego. La noche fue difícil.”

Un pueblo rodeado de caña (Pedro Pablo Chaviano)
“Leonardo nos explica que toda la caña que se corta por estos lares se lleva en camiones para el central Harlem, unos pocos kilómetros al oeste de Bahía Honda. No siempre fue así. Antes del 2001 estaba el Pablo de la Torriente Brau, algo más cerca, y cuando aquello la caña, su ambiente, se respiraba más profundo en el pueblo. El tren del Pablo llegaba justo hasta este pueblo, cargaba y regresaba al central.”

Un pueblo levantado tras el 59 (Pedro Pablo Chaviano)
“La carretera de Blanca Arena tiene agravantes en su historial reciente. La carretera de Blanca Arena fue reparada en 2019. Decir que es la peor del país sería arriesgado, pero lo que aseguran todos es de difícil crédito. “Reparar” no es la palabra, no cuando dicen que se asfaltó completa, no cuando asegura Gilberto que con los recursos que se vertieron ahí, no en 1987 sino en 2019, se pudo haber levantado este mismo pueblo otra vez. Esto ocurrió hace apenas cinco años, menos probablemente, porque este domingo siete de enero hace lucir al 2024 demasiado joven.
Nadie que pase hoy por acá podría imaginar tal cosa. En menos de cinco años el asfalto no desaparece, no debería…”

Mandarria con él (Pedro Pablo Chaviano)
—Al hierro se le trata así. No puedes tenerle miedo. Mandarria con él —, dice Esteban.

Valiente o irresponsable (Pedro Pablo Chaviano)
“—Bueno, imagínate tú, qué vamos a hacer. Esto es así. Aquí todo el mundo se ha dado un martillazo en un dedo, pero ya, hay que seguir. Además, no es lo mismo ser valiente que irresponsable. Aquí no se puede tener miedo porque entonces no puedes hacer nada —, dice Jorge.”

El trabajo en las manos de Esteban y Jorge (Pedro Pablo Chaviano)
“—Nosotros somos choferes, pero bueno, como ahora no hay gomas, estamos mecaniqueando para la zafra.
Nos enseñan las uñas y explican que el detergente líquido es mejor que el de polvo para quitar la grasa. Los poros se tupen y hay que darle hasta cepillo al pellejo.”

Soldadura (Pedro Pablo Chaviano)

La danza de las combinadas
La danza de la zafra en la tierra se vuelve una escena de difícil olvido. Todo confluye para construir la maravilla del olor del tallo recién cortado, la paja que el viento no permite que caiga junto a la caña en la cama del camión, las garzas en persecución intermitente de las combinadas, a la caza de lombrices, cucarachas, lagartos, ranas y ratones que quedan al descubierto, los hombres saltando de las combinadas como en cualquier imagen épica de historia patria, el sol de invierno cubano de las 11 de la mañana, la inestabilidad del suelo del sembrado, los giros de cuerpo de baile de los camiones llenos y vacíos, que salen unos y entran otros para que la combinada siga cortando y cortando y no se pare y ¡contra! ¡que la combinada de Amaury está cogiendo candela!

El corte (Pedro Pablo Chaviano)
“Cuando los sacaron de circulación, al central y al tren, en esos primeros años de la década del 2 000, dice Leonardo, Blanca Arena se resintió mucho, porque siempre fue un pueblo cañero y de pronto la orientación fue sembrar otras cosas y criar animales.”

Pensando lejos (Pedro Pablo Chaviano)
“—La gente se quedó sin saber qué hacer. Por suerte recuperamos los campos de caña, pero el central no. La gente dejó la tierra y se fue a otras cosas, a hacer guardia en la zona franca del Mariel, para el SEPSA, para lo que fuere, lejos de aquí.”

Producir (Pedro Pablo Chaviano)
–La de Blanca Arena es la zafra más larga por estos lados. Aquí se está produciendo el azúcar que se comerá la gente de Artemisa y Pinar del Río. Cuando terminemos, a finales de febrero, vamos para el sur a apoyar en la zafra de allá.

El reposo (Pedro Pablo Chaviano)
“Monstruosas y viejas combinadas reposan en torno a la nave. La llave, la grasa y el martillazo se armonizan crudamente para cortar el próximo surco. A las 11 de la mañana, algunas entrarán a la caña y estarán lo que resta de día quitándole cañaveral a la tierra y solo dejándole la paja húmeda. Otras no. Otras no entrarán hoy porque siguen rotas y otras entrarán, cortarán medio surco y quedarán quebradas. Se arreglarán de inmediato y se volverán a romper tres cuartos de cordel más adelante.”

Los límites (Pedro Pablo Chaviano)
En Blanca Arena se respira la maldita circunstancia del límite por todas partes. Antes pertenecían al último municipio de Pinar por el noreste y ahora son del último de Artemisa en sentido contrario. Siempre, antes y ahora, les ha tocado estar en una esquina.

El Saber (Pedro Pablo Chaviano)
“Yo soy analfabeto”, nos decían campesinos y pescadores, como si se disculpasen antes de soltar la idea. Entonces, la vergüenza nos embarga al calibrar la falsedad del hecho. Mientras nosotros nos rompemos la cabeza, infructuosamente además, para zafar una goma de bicicleta en 30 minutos, estos hombres, en 15, restructuran y reinventan una maquinaria azucarera que se quebró en un forcejeo de tantos y que solo a mandarriazos vuelve a la vida. Ellos saben a qué profundidad come el emperador, a cuál se encuentra el castero y cuántos minutos de cloro necesita el ostión para no envenenar a quien lo coma. Desde una rígida y oxidada palanca de tractor conciben la delicadeza suficiente para mover una uña hacia arriba los hierros de la alzadora de caña.

Analfabetos nosotros (Pedro Pablo Chaviano)
Analfabetos somos nosotros, quienes desgraciadamente solo sabemos leer y escribir y habrá quien tenga argumentos para espetar que ni siquiera eso.
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De lo mejor que he leído en la prensa cubana en los últimos años. No paren.
Qué forma tan bella y profunda de VER y sentir a Cuba, desde lejos.....
Un ojo extraordinario, imágenes, que no son imágenes, están vivas y tremenda bomba, (corazón..)
Excelente propuesta,
Es Cuba debatiendo en sus campos, en su quehacer de pueblo trabajador
Muy aterrizada la propuesta. Gracias