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Desde su detención en Santa Cruz, Bolivia, el pasado 18 de agosto, tras ordenar el asesinato de su pareja sentimental, Fernando Cerimedo ha devenido en un ventilador que riega heces por doquier. El flamante consultor electoral de la ultraderecha latinoamericana ha pasado de hombre lisonjeado y buscado a ser un verdadero apestado.