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Le tocó lo peor de España, le tocó lo peor del mundo. Le tocó conocer el lado más oscuro de las personas, pero eso nunca fue una excusa para que Dolores siempre diera lo mejor de ella. Le mataron a “su Rubén”, su hijo del alma, teniente del Ejército Rojo, en la Batalla de Stalingrado luchando contra los nazis. Todo lo malo que le pudo pasar a una mujer de aquella época, lo vivió ella en su piel y en su carne. Pero nunca agachó la mirada. Ni la frente.