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Los sucesos del 26 de julio en la óptica de José Antonio Portuondo: Notas para la necesaria relectura de dos valiosos escritos

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El Cuartel Moncada después del Asalto del 26 de Julio de 1953. Foto: Archivo de Cubadebate

Al conmemorarse el centenario del nacimiento del polifacético intelectual José Antonio Portuondo Valdor (Santiago de Cuba, 1911 – La Habana,1996) – profesor, ensayista, poeta, investigador, crítico literario, lingüista, promotor, y director de instituciones y asociaciones culturales y educacionales – coordinamos, junto al colega Manuel Fernández Carcassés, el libro José Antonio Portuondo. Magisterio y heroísmo intelectual, donde llamamos la atención sobre su contribución a la ciencia histórica, la que sintetizamos en: “a) el tratamiento precursor a temas y géneros que lo requerían; b) la valoración historiográfica y de reflexión teórica; y c) los estudios históricos sobre acontecimientos y personalidades, contenidos en libros monográficos, ensayos, conferencias, artículos periodísticos, prólogos y estudios introductorios a compilaciones documentales” ¹.

Sin embargo en el sintético ensayo nos faltó tratar la visión de Portuondo sobre los sucesos del 26 de julio, un hecho esencial en el devenir histórico nacional, pretensión que persiguen las reflexiones siguientes.

Aquel 26 de julio

José Antonio Portuondo fue sorprendido por los sucesos de la madrugada del 26 de julio de 1953. Unos meses antes había regresado, junto a su esposa, a su natal Santiago de Cuba. La cercanía de su vivienda al área en la que se desarrollaron los acontecimientos le permitió ser testigo excepcional de algunos episodios ocurridos en los días subsiguientes al asalto al Cuartel Moncada.

Con el título de “Aquel 26 de julio” la revista Santiago, de la Universidad de Oriente, publicó en su onceno número, correspondiente a los meses de mayo– julio de 1973, los recuerdos de Portuondo.

El relato – testimonio se inicia con la descripción del ambiente festivo de la ciudad que celebraba su ya afamado carnaval, y del cual se proponía, junto a otros relevantes creadores, dejar evidencias fílmicas, algo que no pudo lograr la víspera de los trascendentales sucesos históricos, por no existir condiciones climáticas favorables.

La pieza adquiere su mayor significación con las vivencias del ciudadano que, con destreza filológica, describe la compleja situación, como testigo y víctima de la actitud de las fuerzas batistianas.

Tras relatar la incertidumbre vivida durante las tres horas que duró lo que luego se supo que era un combate, la narración se acelera, en la misma medida en que detalla las actitudes represivas de los militares, a quienes califica de “fieras”. A partir del aserto “Entonces comenzó la cacería” ensarta anécdotas demostrativas de la fiereza de las fuerzas castrenses, capaces de torturar, asesinar y proclamar: “Así haremos con todos los que han matado a nuestros compañeros”. El testimoniante se convence de que “… estaban asesinando a los atacantes y los disparos continuos y los gritos indicaban que aquella gente había llegado al paroxismo. Eran fieras humanas sin control”. ²

Pero mucho más, detalla las amenazas y asedios de las que fueron víctimas él, su esposa y sus vecinos, y como quisieron indagar sobre los sucesos, pero aquellos militares estaban “tan desconcertados como furiosos”. Al final del relato, el autor sintetiza el estado de la urbe y sus habitantes: “La ciudad entera estaba desconcertada y aterrorizada. Las noticias del radio no aclaraban nada”. ³ Devela la incertidumbre también existente en la Universidad de Oriente, donde “… no había llegado siquiera la noticia de que, tras el fracasado asalto, se estaban realizando detenciones en la ciudad y que entre los detenidos estaba el Dr. Felipe Martínez Arango, director del Departamento de Extensión Universitaria…” e hilvana otras de sus valiosas vivencias:

Al filo del mediodía regresábamos al apartamento en el auto del Dr. Gabriel León, con el propósito de recoger algunas ropas y objetos y llevarlas a casa de mis padres. Mientras viajábamos en el auto, íbamos escuchando por la radio el discurso de Batista, difundido por todas las radioemisoras del país. Ya sabemos como aquellas palabras, lejos de aclarar nada, revelaron la ignorancia, la sorpresa, el furor vesánico, pero también una dosis indudable de miedo, del dictador… a poco más de una cuadra de la entrada principal del Moncada, pudimos ver salir de ésta una rastra con numerosos ataúdes de pino blanco, sin pintar, entongados como cajas de mercancías, sobre las cuales iban sentados algunos soldados. Eran los primeros entierros de las víctimas de la orden de “10 x 1” traída a Santiago por el general Díaz Tamayo y cumplida inexorablemente por Chaviano y sus gentes. ⁴

El testimonio concluye con la comprometida valoración del intelectual revolucionario:

Poco a poco fue sabiéndose en Santiago lo ocurrido en el Moncada. El pueblo asombrado y conmovido, siguió tenso los episodios de la captura de Fidel Castro cuyo nombre oía pronunciar por vez primera. Una densa atmósfera de terror y de luto envolvió a la ciudad, pero también encendió la admiración y el respeto de muchos. El estruendo loco e irresponsable de los “mamarrachos” había sido acallado por los disparos y el clamor heroico de aquel 26 de julio en que amaneció un tiempo nuevo en la historia de Cuba. ⁵

Ámbito cultural del 26 de julio

El 16 de julio de 1973, en ocasión del veinte aniversario de los sucesos del 26 de julio, José A. Portuondo pronunció una conferencia, que luego la Academia de Ciencias de Cuba, publicó con el título “Ámbito cultural del 26 de julio” en el folleto Tres conferencias en el XX aniversario del asalto al Cuartel Moncada.

Es común que la historiografía trate los hechos históricos priorizando sus connotaciones más relevantes, de manera que los acontecimientos del 26 de julio de 1953 son mayormente analizados por sus incidencias políticas y militares. El primer mérito de Portuondo es el de adentrarse en un aspecto menos escudriñado: el entorno cultural.

Para el historiador comprometido con el proceso revolucionario, que en el Decimotercer Congreso Nacional de Historia, efectuado en 1960, había afirmado “… Los historiadores no somos en este proceso histórico cubano simples observadores, sino también actores. Somos también soldados de nuestra Revolución agraria y antimperialista” ⁶, era muy importante haber aguardado dos décadas para emitir criterios, así considera:

Veinte años de distancia de un acontecimiento histórico constituyen alejamiento físico y mental suficiente para poder encararlo desde diversas perspectivas válidas, sin la presión disturbante de la excesiva proximidad y emoción del minuto, determinada por ella. Permite, además, contemplarlo, analizarlo, no como fenómeno aislado sino inscrito en el proceso total, en vivo forcejeo dialéctico con las esferas diversas de su propia circunstancia… ⁷

El intelectual estaba en las mejores condiciones de acometer un estudio sobre el contexto cultural en el que se produjeron las acciones del Moncada. En primer lugar lo propiciaba sus amplios estudios sobre la vida artística y literaria en la neocolonia. El tema de la historia de la cultura cubana lo venía tratando desde 1938, cuando publicó Proceso de la cultura cubana. Esquema para un ensayo de interpretación ⁸, y lo retomó en 1960 con la ponencia “Las letras cubanas durante la república” presentada al Decimotercer Congreso Nacional de Historia y con la publicación del libro Panorama histórico de las letras cubanas. Como hemos anotado: “… para Portuondo, arte y política son dos conceptos inseparables, y así los asume al historiar la cultura nacional”

El segundo favorecía el empeño su propia labor, por haber sido parte esencial de la intelectualidad revolucionaria del contexto que analiza. El santiaguero, que había regresado a su terruño, respondiendo al llamado de Pedro Cañas Abril, para incorporarse al claustro de profesores de la Universidad de Oriente, y que en la víspera del asalto al Moncada había compartido en las calles de Santiago con Cañas Abril, Max Figueroa y los hermanos Mariano y Aníbal Rodríguez, contaba con un sobresaliente prestigio y reconocimiento hacía su quehacer intelectual, con el que dejaba una impronta en la juventud universitaria.

Jorge Ibarra Cuesta, uno de aquellos jóvenes protagonistas de las luchas y sólido intelectual formado en la Universidad de Oriente valoró:

La labor de estos intelectuales ha sido infundir en el alumnado la inquietud por la tragedia social que vivimos (…) Sus esfuerzos no tendieron a ofrecer soluciones, sino a plantear la realidad brutal y descarnada. El alumno ha sido asimilado por este proceso pedagógico al proceso de la creación de la ciencia y la conciencia. Es el alumno el que en este flujo y reflujo de ideas antagónicas forma su mentalidad contemporánea a la realidad histórica en que se vive. Y cualquier camino que escoja lo hará fundiendo el deber con el saber, el raciocinio con la buena fe, la inteligencia con el amor por la humanidad ¹⁰

Cuando Cañas Abril convocó a Portuondo para que trabajara en la casa de altos estudios le sentenció: “… es absurdo que te radiques permanentemente en Norteamérica. Tu labor cultural allí no es indispensable. En cambio Cuba la necesita con toda urgencia. […] Cuba, y en particular Santiago, te necesitan…” ¹¹, mientras Manuel Pedro González le felicitó, pues “Aquí jamás Usted se habría adaptado… sin embargo, creo que no está del todo desarraigado y podrá reintegrarse al ambiente” ¹²

Ciertamente Portuondo podía “reintegrarse al ambiente”, pues nunca se había alejado de la realidad político cultural de su país.

Al estudiar el contexto en el que se produjeron los sucesos del 26 de julio, lo primero que Portuondo define es el uso del concepto “ámbito” a partir de que “… para un marxista no es más que el reconocimiento de que todo hecho se produce siempre en viva acción dialéctica con la base económica y las diversas esferas de la superestructura, ha dado lugar a múltiples teorías idealistas que pretenden explicar el fenómeno a partir del ambiente…” ¹³ y decide utilizar ese término, por estar aún “no contaminado” con aquellas teorías.

Con la precisión de que “El asalto al Cuartel Moncada, el 26 de julio de 1953 insurge contra otro hecho histórico y el ámbito creado por él, el ‘madrugonazo’ del 10 de marzo de 1952”, el intelectual – con la utilización de extensos fragmentos del alegato de Fidel Castro “La historia me absolverá” – bosqueja el ámbito histórico, que tuvo enfrentadas expresiones, pues por una parte “… fue propicio al escapismo de ciertos grupos y algunos escritores de aquel instante… El ámbito cultural del batistato no hizo sino acentuar, agravándolos, los rasgos negativos del período ‘auténtico’ precedente, estimulando la evasión de los escritores de poca consistencia ideológica…” ¹⁴, y por la otra “…. Frente a la evasión y contra el batistato estuvo también entonces la actitud criticista y hasta revolucionaria….” ¹⁵

Para el intelectual progresista, que había dado importantes contribuciones para la exégesis de la obra martiana como Aspectos de la crítica literaria en Martí (1942); José Martí, crítico literario (1953) y La voluntad de estilo en José Martí (1953), nada mejor para ilustrar el complejo contexto, que con lo acontecido en torno a las interpretaciones dadas al Maestro.

A partir del aserto de que “El asalto al cuartel Moncada constituyó el acto de mayor trascendencia en el centenario martiano, el único homenaje digno del Apóstol…” ¹⁶ Portuondo contrapone la actitud oficial que “osciló entre el mero y hueco clamor apologético y el más franco y descarado diversionismo” ¹⁷, lo cual argumenta con el Congreso de Escritores Martianos; y la posición de los sectores progresistas de la intelectualidad cubana, y en especial lo sucedido en las instituciones y organizaciones de las que tenía su más cercana evidencia.

En primer lugar refiere lo ocurrido en la Universidad de Oriente, donde “la conmemoración del centenario fue una definición y una denuncia”. Tras resaltar el ciclo de conferencias que realiza la casa de altos estudios, que fuera publicado bajo el título de Pensamiento y acción de José Martí, subraya la importancia de las conferencias “Perfil vigente de Martí” y “Nuestro Martí” dictadas por el Dr. Felipe Martínez Arango, director del Departamento de Extensión y Relaciones Culturales y por Euclides Vásquez Candela, representante de los estudiantes, respectivamente. En ambas piezas, con valentía política, se lanzan llamados a la conciencia nacional ante el golpe castrense del 10 de marzo de 1952.

Con estas interpretaciones daba seguimiento a una línea de investigación que había trazado en “Retratos infieles de José Martí” (1968) y sobre la que volvió en el propio año 1973 en “Martí y el diversionismo ideológico”, escritos posteriormente incluidos en el libro Martí, escritor revolucionario (1982).

Otras dos entidades vinculadas a la labor intelectual de Portuondo ocupan relevante lugar en su conferencia: la sociedad “Nuestro Tiempo” y la Galería de Artes Plásticas de Santiago de Cuba, “… orientadas, ambas, en la sombra por la Comisión de Trabajo Intelectual del Partido Socialista Popular” ¹⁸, sobre las que acota: “A través de conferencias, representaciones teatrales, exposiciones de artes plásticas, cine – clubs, conciertos comentados, etc., estos grupos iban difundiendo una disidencia y una fe, manteniendo y fomentando una actitud crítica, contribuyendo así a la formación de una conciencia cívica, que nos ayudara a rebasar la amargura y el escepticismo…” ¹⁹

Al tratar lo acontecido en los meses subsiguientes y hasta el desembarco de “Granma” afirma: “… la labor de los grupos de escritores y artistas y los estudiantes universitarios asumió, a veces, actitudes francamente antigubernamentales, denunciando la cultura oficial, en una decidida contraofensiva, para someter a los intelectuales cubanos…” ²⁰, y ejemplifica con la realización del Primer Festival Universitario de Arte Cubano y la Exposición de Plástica Contemporánea en el Lyceum de la Habana, organizada como respuesta a la exhibición de la Segunda Exposición Bienal franquista en el Museo Nacional de Bellas Artes, y que fuera luego llevada a Santiago de Cuba y Camagüey.

Para concluir Portuondo afirma:

El ámbito en que se produjo el 26 de julio no fue una atmosfera inerte y esterilizante de campana neumática… para los intelectuales de raíz materialista que coexisten con los idealistas de Orígenes, la historia es algo más que una sucesión de metáforas, como quisiera Jorge Luís Borges, y estaban ya por aquel tiempo iniciando la lucha contra la dictadura. El 26 de julio impulsó esa lucha, primero en el plano estrictamente cultural, apoyada, como vimos en el Centenario Martiano, pero luego en estrecha relación con la pelea clandestina en las ciudades, a través de Nuestro Tiempo en la Habana, de la Galería de Artes Pláticas en Santiago de Cuba y de las universidades – La Habana, Oriente, y Las Villas – del país.

El gobierno de Batista arreció su ofensiva contra los intelectuales que, al paso creciente de la organización clandestina, apretaron filas y adquirieron mayor conciencia política. Cuando se produjo el desembarco del “Granma”, en 1956, el ámbito creado por el 26 de julio adquirió definitiva madurez política y exigió definiciones.

Comienza entonces la etapa nueva, revolucionaria, en que el quehacer estético se subordina al político, a la lucha por un mundo mejor que empieza a bosquejarse en los picachos de la Sierra Maestra. ²¹

A más de cinco décadas de que José Antonio Portuondo publicara el testimonio “Aquel 26 de julio” y dictara la conferencia “Ámbito cultural del 26 de julio”, sus escritos conservan valor y pueden continuar contribuyendo a la reconstrucción e interpretación de los trascendentales acontecimientos del 26 de julio de 1953.

***

¹ Israel Escalona Chadez y Manuel Fernández Carcassés: “José Antonio Portuondo: el historiador” en Israel Escalona Chadez y Manuel Fernández Carcassés (coordinadores): José Antonio Portuondo. Magisterio y heroísmo intelectual. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2011, pp. 79- 101.

² José Antonio Portuondo: “Aquel 26 de julio” en Santiago, n. 1, mayo – julio, 1973, p. 108

³ Ibídem, p. 109

⁴ Ídem

⁵ Ibídem, p. 110

⁶ “Discurso del Dr. José A. Portuondo” en Historia de Cuba Republicana y sus antecedentes favorables y adversos para la independencia. Trece Congreso Nacional de Historia. Cuaderno de Historia Habanera, n.72, p.65

⁷ Idem

⁸ La Habana, Imprenta Molina, 1938.

⁹ Loc. Cit. , n. 1, p. 86

¹⁰ Rafael Borges: “Portuondo en la Universidad. La Universidad en Portuondo” en Israel Escalona Chadez y Manuel Fernández Carcassés (coordinadores): José Antonio Portuondo. Magisterio y heroísmo intelectual. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2011, p. 54

¹¹ Carta de Pedro Cañas Abril a José Antonio Portuondo del 11 de agosto de 1952 en “Cuestiones privadas. Correspondencia a José Antonio Portuondo (1932-1986)”. Selección y notas de Cira Romero y Marcia Castillo. Instituto de Literatura y Lingüística, pp. 287-288.

¹² Ibíd., p. 293

¹³ José Antonio Portuondo: “Ámbito cultural del 26 de julio” en Tres conferencias en el XX aniversario del asalto al Cuartel Moncada. Academia de Ciencias de Cuba, La Habana, 1973, p. 7

¹⁴ Ibídem, p. 11

¹⁵ Ídem

¹⁶ Ibídem, p. 12

¹⁷ Ibídem, pp. 12 – 13

¹⁸ Ibídem, p. 14. Cfr. Ricardo L. Hernández Otero y Enrique Sainz: “Proyecciones e iniciativas culturales de los comunistas cubanos (1936 – 1958)” en Temas, n. 22 – 23, julio – diciembre del 2000, pp. 88 – 100 y Miguel Ángel Botalín: “José Antonio Portuondo y la Galería de Artes Plásticas de Santiago de Cuba” en Israel Escalona Chadez y Manuel Fernández Carcassés (coordinadores): José Antonio Portuondo. Magisterio y heroísmo intelectual. Ediciones Santiago, Santiago de Cuba, 2011, pp. 11 – 17.

¹⁹ Ídem

²⁰ Ibídem, p. 15

²¹ Ídem

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  • Rodolfo Crespo dijo:

    Es un bello artículo, muchas gracias al autor.

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Israel Escalona Chádez

Centro de Estudios Sociales cubanos y caribeños “José A. Portuondo” Universidad de Oriente

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