Movimiento 26 de Julio: La ingente certeza de Frank País

Frank junto a Fidel, Raúl y otros miembros del Ejército Rebelde en la Sierra Maestra. Foto: Archivo.
En el primer semestre de 1957 el Movimiento 26 de Julio estaba inmerso en un proceso de fortalecimiento militar y político que lo convertiría en la organización hegemónica en el movimiento insurreccional frente a la dictadura de Fulgencio Batista.
A pesar de sufrir en menos de dos meses la captura de cuatro miembros de su Dirección Nacional (Carlos Franqui, el 6 de marzo; Frank País García, el 9 de marzo; Faustino Pérez, el 19 de marzo, y Armando Hart Dávalos, el 18 de abril) y la ocupación del taller clandestino donde se imprimía el periódico Revolución, el Movimiento 26 de Julio reforzó su tropa guerrillera en la Sierra Maestra con la llegada, el 16 de marzo, de medio centenar de hombres, armados y equipados, enviados desde Santiago de Cuba. Era el destacamento que Frank País se había comprometido a enviar en la reunión de la Dirección Nacional un mes antes, para reforzar el naciente frente guerrillero. Estaba compuesto por combatientes de la clandestinidad, lo comandaba Jorge Sotús y contaba con el armamento que se había recuperado de las acciones del 30 de noviembre de 1956.
Con el refuerzo, la guerrilla entró en un período de entrenamiento y comenzó a controlar una zona del macizo montañoso oriental donde el ejército batistiano no se atrevía a entrar. En palabras del Che:
“Los meses de marzo y abril de 1957 fueron de reestructuración y aprendizaje para las tropas rebeldes. Después de recibido el refuerzo […] nuestro ejército tenía unos 80 hombres[…] Se había producido un cambio cualitativo; había toda una zona donde el ejército enemigo trataba de no incursionar para no topar con nosotros […]”.
Además, el Movimiento extendió al resto del país la organización de la Resistencia Cívica, consecuente con la cuarta consigna lanzada desde la Sierra Maestra el 20 de febrero de 1957: “Organización de la resistencia cívica en todas las ciudades de Cuba”. El trabajo de Resistencia Cívica lo había iniciado en Santiago de Cuba Armando Hart, y en marzo y abril de 1957 comenzó a extenderse a otras provincias. Según Enzo Infante: […] “cuando se crea la Resistencia Cívica en Santiago, quien se ocupa de eso es Armando Hart. […] Posteriormente se comienzan a crear los grupos de Resistencia Cívica en otras provincias, bajo la dirección de un comité gestor en Santiago de Cuba”.
Se emitieron los primeros bonos para la recaudación de finanzas, de acuerdo con la orientación de Frank País desde la prisión, en marzo o abril de 1957: “Creo que ya estarán a punto de lanzar los billetes del Movimiento. Esto es urgente […] Tiren por valor de $100 000 en billetes de diferentes denominaciones. […] Comuniquen nacionalmente que será obligatorio recaudar por medio de los billetes […]”.
La dictadura insistía en que tanto la entrevista como la foto con Fidel Castro, publicada por Hebert Matthews en The New York Time a finales de febrero, constituían un truco publicitario. El 7 de marzo el mayor general Francisco Dolz Tabernilla había dado por concluidas las operaciones al sur de Oriente. El 30 del propio mes, Batista declaró a los periodistas que en la Sierra Maestra no existían rebeldes: “ni Fidel Castro ni ningún otro insurgente está presente en la Sierra Maestra”. Y el 22 de abril, en una entrevista con Associated Press, se repetía: “El Presidente estimó que Fidel Castro […] tenía solo ‘un puñado’ de seguidores. El Presidente dijo dudar que ellos estuvieran en la Sierra Maestra y sugirió que se encontraban ocultos en los pueblos”. Por eso La película de la Sierra, un reportaje sobre la vida del núcleo guerrillero, que incluyó dos entrevistas a Fidel Castro filmado por Robert Taber y Wendell Hoffmann, periodista y camarógrafo, respectivamente, de la cadena norteamericana de noticias Columbia Broadcastings System (CBS), entre el 24 y el 28 de abril, y estrenado en los Estados Unidos el 16 de mayo, tuvo un impacto enorme en la opinión pública al demostrar sin sombra de duda la presencia del destacamento guerrillero en la serranía oriental. En este intervalo temporal, el Movimiento 26 de Julio comenzó a expandir a nivel nacional, sobre todo en La Habana, la hegemonía que desde hacía varios meses tenía en la provincia de Oriente. Si en el período anterior, en opinión de Armando Hart: “Santiago y su población eran del Movimiento 26 de Julio, en La Habana la situación se complicaba, pues había muchas tendencias e intereses”. Pero ya a finales de marzo de 1957: “[…] teníamos una gran autoridad en la capital, éramos respetados y se nos reconocía como la principal fuerza de oposición al régimen”.
El Movimiento 26 de Julio buscaba en el resto del país una unidad como la que funcionaba en la práctica en Oriente, donde contaba con el apoyo directo o la simpatía de la mayoría de la población, según apunta Hart: “En la región oriental, la unidad de las fuerzas revolucionarias se desempeñaba con autoridad indiscutible, bajo la dirección de Fidel y con la jefatura inmediata de Frank en el Llano”.
La política del Movimiento 26 de Julio hacia la unidad era congruente con el fortalecimiento que iba alcanzando y que lo convertía ya, junto a su líder máximo, en opinión de analistas del momento, en el centro de la oposición a la dictadura. Así lo consideraba, por ejemplo, Herbert Matthews, en un artículo publicado el 9 de junio de 1957:
Él [Fidel] está más fuerte que nunca, su prestigio ha crecido entre los cubanos y es hoy desde lejos la más grande figura de la extendida oposición nacional al presidente Fulgencio Batista. Fidel es venerado aquí en la Provincia de Oriente al extremo oriental de la Isla, donde vive más de un tercio de la población de Cuba. Tanto para campesinos pobres y trabajadores como para capas más altas de elementos conservadores y religiosos de la sociedad, los negocios y las profesiones, el señor Castro se ha convertido en el líder y símbolo de la lucha contra la dictadura del General Batista. Ninguna figura ha alcanzado su estatura en Cuba desde la lucha por la independencia contra España.
Y en una entrevista que le realizaron a finales de ese mes, el periodista norteamericano reiteraba su apreciación:
“No veo cómo es posible descontar a Fidel en todo intento de avenencia… Batista y él son los únicos con significación pública, pues me temo que los partidos políticos ya representen poco”. […] Hoy considera al intrépido capitán del Granma como elemento indispensable de cualquier solución. “Fidel Castro más que un hombre es un símbolo de rebeldías”. Vistos los correos de la Sierra Maestra la semana pasada, el meticuloso corresponsal no es remiso en proclamar que “Fidel Castro está más fuerte que nunca”.
En julio de 1957, figuras de la oposición política como Raúl Chibás Rivas, miembro del Consejo director nacional de la Ortodoxia histórica, y Felipe Pazos, economista de prestigio, con numerosos contactos en el mundo empresarial y una aureola de limpia ejecutoria al frente del Banco Nacional de Cuba durante el gobierno de Carlos Prío Socarrás, acudieron al encuentro de Fidel Castro.
No eran figuras extrañas al Movimiento 26 de Julio, pues le habían prestado su colaboración en el pasado reciente. El primero había sido uno de los fundadores y responsables del Movimiento de Resistencia Cívica en La Habana, y uno de sus vehículos de comunicación con las Instituciones Cívicas, y el segundo había participado en la coordinación del viaje de Herbert Matthews a la serranía oriental en febrero de 1957, y en la redacción de las Tesis Económicas del Movimiento 26 de Julio. El viaje había partido de la iniciativa de Frank País:
“Nosotros sabíamos del estado de opinión favorable hacia nosotros y la Sierra de un grupo de personalidades y entonces pensé que sería bueno explorarlas y darles el ‘empujoncito’ si hacía falta, pero con mucha sutileza y haciendo como que la decisión salía de ellos. Mandé a María [Haydée Santamaría] y a otro grupo de jóvenes en esa tarea y así llegaron Raúl y Felipe, Robertico y Barrosito, Martínez Páez, etc”.
Con el encuentro, Frank se proponía atraer hacia la Sierra Maestra el apoyo de diversos sectores que miraban con recelo el Movimiento 26 de Julio como un grupo de jóvenes bienintencionados, pero sin la experiencia y responsabilidad necesarias para dirigir el país:
Yo creo que es necesario que mantengas un Estado Mayor con ciertas figuras que le darían prestigio y visos aún mayores de peligrosidad para todos los factores nacionales que te contemplan románticamente o con cierto recelo […]. Ya habrás oído las declaraciones tendenciosas que tratan de situarte como un ambicioso rodeado de muchachos inmaduros que tratan de perturbar y aprovechar la situación existente, pero sin fines concretos ni apoyo de factores serios y responsables. Una propaganda situándote ahora con Raúl Chibás, Felipe Pazos y Justo Carrillo cambiaría bastante las cosas, se tomarían de los pelos los del régimen, habría miedo en los predios enclenques de la oposición politiquera y ascenderían los valores en todas las capas sociales y económicas, situando al Mov. como el único eje sobre el cual giraría la única solución.
Además, contribuiría a polarizar a favor del Movimiento el descontento de fuerzas políticas que dejaban de insistir en una salida pacífica y empezaban a simpatizar con la insurrección. Un caso típico de deserción de las vías legales y políticas, e incorporación a la causa insurreccional, lo era el propio Raúl Chibás:
Con el inicio del año 1957 se habían despejado varias incógnitas del panorama político cubano. La salida de la crisis no sería a través de una lucha electoral. El fracaso del diálogo cívico, ante la torpe e intransigente postura de los delegados de Batista, no le permitía ir a la oposición a una contienda electoral, ni con dignidad, ni con la más mínima garantía de ser respetados sus derechos. El clima insurreccional crecía por momentos y arrastraba a los que todavía tenían fe en el proceso electoral como la solución más adecuada, hacia una posición más radical, o se radicalizaban o perdían la masa del pueblo cubano. La llegada de Fidel Castro a las costas de la provincia de Oriente lo convertía en la figura principal de la posición insurreccional […] la presencia de un miembro de otra generación podría darle un nuevo ángulo a la contienda. Le daríamos una inyección de madurez a la lucha, que facilitaría aglutinar a factores representativos de la sociedad, en respaldo a la posición insurreccional.
En resumen, formaba parte de la estrategia de Frank de consolidar la hegemonía del 26 de Julio:
[…] captar una serie de elementos altamente representativos y valiosos de la vida pública nacional y vincularlos estrechamente a nosotros, nos pone en disposición de tener la ventaja en el momento preciso de una quiebra nacional, cuando contemos con un Movimiento Nacional Revolucionario fuerte, un ejército combatiente, líderes revolucionarios y a la vez políticos de ejecutoria y arraigo y personalidades económicas.
El periodista de Bohemia, Francisco Ichaso, en un artículo en el cual hacía un recuento sobre las fuerzas de que disponía cada posición política del momento, consideraba al insurreccionalismo concentrado únicamente en el Movimiento 26 de Julio: “[…] todos los partidos del gobierno y seis de la oposición son electoralistas, en tanto que los abstencionistas son solo dos y los insurreccionalistas están reducidos de hecho a uno: el 26 de Julio”.
En carta a Fidel, Frank definía así el estado del Movimiento en medio del panorama nacional: “La situación del país, la presión tuya y las obstinaciones del régimen nos han dado un espaldarazo formidable que nos coloca hoy como ejes de todas las posibles soluciones”.
La constitución de un gobierno civil revolucionario que le diera aún mayor prestigio y consolidación a la beligerancia del Movimiento, presidido por Raúl Chibás, —como era la intención inicial con la subida de los políticos—, perseguía una unidad que asegurara el predominio del 26 de Julio mediante el reconocimiento por el resto de las organizaciones antibatistianas de una autoridad gubernativa en armas, proclamada desde la Sierra Maestra y bajo su auspicio directo.
En el esquema presentado por Frank a Fidel, en el cual los trabajos que venía desarrollando el Movimiento y los plazos en que debían estar listos para desatar la Huelga General en unos cuatro o cinco meses, se preveía la formación del Gobierno “un mes o dos antes de la etapa final, coincidente con la salida del PROGRAMA”, es decir, aproximadamente en septiembre u octubre. Ya desde el 6 de julio de 1957 la prensa internacional se hacía eco de los rumores que señalaban la próxima constitución de un Gobierno en Armas y la unidad de la oposición detrás de él: “Las fuerzas rebeldes bajo el mando de Fidel Castro planean lanzar un Gobierno Cubano revolucionario, dijeron hoy fuentes cercanas al líder rebelde […] El nombramiento de Raúl Chibás como posible jefe del régimen está en línea con un plan de consolidar toda la oposición cubana en un esfuerzo para derrocar al Presidente Fulgencio Batista”.
Frente al criterio de Justo Carrillo, expuesto en carta dirigida a Fidel en la que explicaba los motivos por los cuales no subía a la Sierra Maestra, de que no debía formarse un gobierno provisional mientras no pudiera garantizarse la inclusión en su seno de todas las zonas contrarias a la dictadura, Frank País consideraba más conveniente su pertenencia por entero al Movimiento 26 de Julio:
No coincido con él en sus consideraciones acerca de contar con todos los factores civiles y militares que se mueven en el ambiente como factores imprescindibles para formar gobiernos, etc., por la sencilla razón de que seríamos entonces una Bicameral cualquiera con largas discusiones y “arrebatiñas” entre todos los sectores, y lo más dramático, que eso pudiera ser en los momentos más difíciles de la República. El verdadero miedo de los sectores financieros y he podido captar esto en las conversaciones con el Cónsul americano, es que a la caída de Batista no tengamos la suficiente fuerza para constituir gobierno propio y estable, sino que tengamos que llamar a todos estos partidos, Movimientos y Sub movimientos que cada día se dividen y se separan más.
Pero el plan debió ser modificado ante el rechazo de Chibás a asumir la presidencia, preocupado porque su incorporación a la guerrilla fuese considerada como inspirada en ambiciones personales de poder. Así se lo hizo saber Fidel Castro a Celia Sánchez Manduley: “Considero que sería altamente positivo constituir un gobierno revolucionario presidido por Raúl Chibás, pero, después de los primeros tanteos, considero muy difícil vencer sus escrúpulos personales, ante el temor de que en ese caso interpretasen su viaje a la Sierra como movido por un interés personal. Los mejores argumentos se estrellan contra ese sentimiento suyo”.
El propio Raúl Chibás abundó años después en las razones que lo llevaron a rehusar el ofrecimiento:
Mi opinión era contraria a la formación de gobierno en la Sierra Maestra. Creía eso restaría al impacto de nuestra decisión de unirnos a los rebeldes sin aspiraciones personales. Si optábamos por presentarnos con una fórmula de gobierno, tanto el régimen de Batista como muchos en Cuba argumentaría que nuestra actitud insurreccional tenía como objetivo ocupar posiciones en el nuevo gabinete en armas o presidencia de ese gobierno. Dirían que la generación anterior se valía de la sangre de la juventud para ocupar cargos políticos […].
De las conversaciones entre Fidel, Pazos y Chibás, surgió, como consenso, el Manifiesto de la Sierra, firmado por los tres el 12 de julio de 1957. En el documento quedó definida, de manera pública, la nueva propuesta unitaria del Movimiento 26 de Julio, con la cual se posicionaba en un contexto caracterizado por las gestiones de unidad que venían realizándose en el exilio entre agrupamientos insurreccionales, fundamentalmente la Organización Auténtica y el Directorio Revolucionario, y en La Habana entre partidos de la oposición política. Según el texto, “todos los partidos políticos de oposición, todas las instituciones cívicas y todas las fuerzas revolucionarias” debían articularse en un Frente Cívico Revolucionario alrededor de la solicitud de renuncia a Fulgencio Batista y la entrega del poder a un Gobierno Provisional, cuyo presidente debía ser designado de inmediato por el Conjunto de Instituciones Cívicas.
El Movimiento 26 de Julio, en su condición de polo hegemónico de la insurrección y representante principal de la nueva generación revolucionaria, acompañado por personalidades de prestigio y con influencia en la opinión pública, emplazaba a los partidos políticos e instituciones cívicas a que adoptaran una actitud abiertamente beligerante frente a la dictadura, sin espacio a acuerdos o transacciones. No era necesario que se declararan insurrecciona- les o que subieran a la Sierra Maestra, bastaba con que acogieran como única solución posible a la crisis nacional la fórmula propuesta, y el Movimiento nombraría delegados para discutir una plataforma común que reuniera a cívicos, políticos y revolucionarios.
En el alcance del predominio del Movimiento 26 de Julio fue vital el desempeño de Frank País García, quien mostró, junto a sus reconocidas dotes de organizador y dirigente clandestino, una extraordinaria habilidad política para conducir las relaciones con otros sectores antibatistianos, de tal manera que contribuyeran al afianzamiento del liderazgo del 26 de Julio. La cacería desatada por los cuerpos represivos de la dictadura para capturarlo y asesinarlo, y el modo salvaje en que ultimaron su cuerpo en el Callejón del Muro, dan cuenta del temor que le tenían y el peligro que representaba. Pero era tanta su luz, que la crueldad y el ensañamiento no pudieron apagar su ejemplo.
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