Adiós a las Fritas

Show en un cabaré de la playa de Marianao, 1937. Foto: La Jiribilla
Con la demolición del inmueble que albergó el cabaret Rumba Palace desaparece de la Quinta Avenida habanera el último vestigio de las llamadas Fritas de Marianao, nombre con que era conocida una hilera de bares y centros nocturnos, billares y locales de tiros al blanco, de estructuras precarias, a veces de madera, techos de zinc y piso de cemento, lindando casi con lo marginal, que abrían sus puertas en la acera sur de esa vía, entre las calles 112 y 120, esto es, entre las dos rotondas, frente al Coney Island Park –actual Isla del Coco– y el Habana Yatch Club –Círculo Social Obrero Julio Antonio Mella– dos mundos bien diferentes con solo cruzar la calle.
Los Tres Hermanos, La Taberna de Pedro, El Niche, Panchín, La Choricera… establecimientos de tercera o cuarta categoría, pero muy animados, que, en sentido general, convencían al público y hacían de la zona una de las más atractivas y frecuentadas por cubanos y visitantes de otros países. Otro foco de la vida nocturna habanera, con un carácter popular y a veces populachero, que llegó a convertirse en una de las más visitadas y gustadas zonas turísticas habaneras. De más nivel era el cabaret Pennsylvania, que vedaba el acceso a negros y donde el luego famosísimo Dámaso Pérez Prado, el creador del mambo debutó como pianista. Fue el predio indiscutible de la vedette Tula Montenegro, dueña de una anatomía descomunal, gracia y una buena voz.
Forman parte del elenco de las Fritas grandes figuras como Benny Moré, Antonio Arcaño, Arsenio Rodríguez, Zenén Suarez, Carlos Embale, Tata Güines y, se dice, un muy joven Juan Formell con su amigo Changuito… Se distinguieron en espacios modestísimos que tanto contribuyeron, sin embargo, al desarrollo y la difusión de la música cubana, en particular el son y la rumba. Profesores de danza norteamericanos acudían a las Fritas para saber cómo eran en verdad los bailes cubanos.
Atmósfera de delirio
Delante de esos establecimientos, en las aceras, existía todo un tinglado de puestos donde se elaboraba y expendía una larga gama de entrepanes, entre ellos, la sabrosa frita cubana, de ahí el nombre del lugar.
Jorge Mañach, en una de sus Estampas de San Cristóbal, traza de la zona una imagen maestra. Ha salido de la ciudad en busca de la Playa de Marianao, donde “el humor adinerado se refocila por las noches de jácara y parranda, los puestos de fritas enardecen el ambiente con su picante hedor de aceite abrasado”.
Prosigue el autor de Indagación del choteo:
“De pronto, al salvar un recodo, el panorama se enrojece y anima a lo lejos como lumbres de fogatas. Un poco más, y la silueta del club elegante, el oneroso palacio deportivo, se levanta clara contra la mansa llanada de los campos y el mar. En seguida nos asalta el tufo de aceite hervoroso y se precisan bajo los árboles las casetillas, fijas o montadas en vehículos, de los puestos de fritas, que flanquean el palacial acceso en dos larga y apretadas hileras… En torno a los mostradores pequeños, de cristal, con sus melindres criollos y sus exóticos ‘perros calientes’, que los turistas toman por genuinos chorizos de Frankfurt, la grasa crepita alegremente y los tamaleros pregonan con su voz guasona: Pica, mulatona… ¡Piiíca!”
Por su atmósfera de delirio, las Fritas deslumbraron en su momento a Libertad Lamarque y Agustín Lara, Ernest Hemingway, Spencer Tracy, Errol Flynn y Gary Cooper, a Cesare Zavattini, a María Félix…
Por allí estuvo también George Gershewin, el autor de la célebre Rapsodia en azul, quien por las noches salía del exclusivo hotel Almendares, donde se alojaba, para buscar nuevos sonidos e inspiraciones en las Fritas.
Habitual en el lugar, en 1930, cuando pasó en La Habana, según confesión propia, “los mejores días de su vida”, fue el poeta español Federico García Lorca. Allí concluían casi todas las noches habaneras del autor de Romancero gitano. El actor norteamericano Marlon Brando dejó una noche una huella memorable en las Fritas cuando sostuvo un duelo de tambores con el Chori, un percusionista que era capaz sacar música de cualquier superficie, y que durante años se presentó en casi todos los escenarios del lugar.
El narrador cubano, nacido en Galicia, Carlos Montenegro, dejó una página memorable sobre esta zona.
Agonía y muerte
La agonía y la muerte de las Fritas comenzó en julio de 1963, cuando el Instituto Nacional de la Industria Turística (INIT) inició un llamado saneamiento de la playa de Marianao, con lo que desaparecieron lugares como La Taberna de Pedro y El Niche, entre otros establecimientos, por no reunir, alegaron, las necesarias condiciones para ofrecer espectáculos decorosos.
El cabaret Pennsylvania aguantó un poco más, pero a la postre perdió la razón que le había dado vida, como lo fueron perdiendo uno a uno los establecimientos restantes hasta que, inexorable, le llegó el turno al Rumba Palace, dotado en sus últimos años de una inexplicable y anacrónica techumbre de guano, como para acentuar la ruralización de la ciudad.
Lo que fue El Niche, uno de los escenarios de aquel gran percusionista que fue El Chori, es hoy el urinario de la Playa.
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Se fueron perdiendo muchas cosas, lugares emblemáticos, llenos de historias....en fin, mejor ni seguir.
Y así, poco a poco, paulatinamente, fueron "muriendo" sitios emblemátidos de La HABANA, y de Cuba.
Gracias por su crónica profesor
Con el respeto alto y profundo que le tengo estimado cronista de Cuba, de su Cuba , la caudalosa e inagotable fuente de inspiración que tiene cada uno de sus escritos para poner a sonreír y soñar, diría que tienes el don de volver a la vida aquellas historias que un día fueron grandes momentos de impensables lugares de Cuba, de la Havana. Bianchi, eres un crack de lo iluminado y oscuro, de nuestras historias habaneras. Pienso y mereces junto a nuestro encantador de historias de Cuba Eusebio Leal, de la mano, juntos, en el mismo lugar, un monumento a los dos más grandes narradores de Cuba. Podrán existir algunos más, pero como Ud, Ciro Bianchi Ross. Sombrero quitado
Recuerdo haber leído hace unos años un escrito del profesor Ciro Bianchi sobre las Fritas de Marianao. Creo que ese escrito se complementa muy bien con lo expuesto en este artículo.
Sí mal no recuerdo, el profesor hacia mención a la presencia de la rumba de cajón y del son en esos espacios que fueron Las Fritas. Tal vez pueda ser un tema para otro artículo
que triste todo, que habrá pasado que despues de aquel momento, se fueron perdiendo tantas cosas, en el 63 habrá sido culpa del bloqueo tambien??