Ángela Leiva Sánchez, la revolucionaria de la palma petate del Jardín Botánico Nacional

Ángela Leiva Sánchez junto al Comandante Fidel Castro Ruz. Foto: Mundo Obrero.
“Y yo mismo, montones de veces, he querido saber algo de interés y he preguntado al Jardín Botánico: ‘¿Por casualidad conocen esta planta?, ¿por casualidad la tienen?, ¿por casualidad existen tales semillas?, ¿por casualidad existen tales variedades?’ Se puede decir que el Jardín Botánico se convierte también en una especie de asesoría a la dirección del Partido y del Gobierno, para tomar decisiones sobre determinadas cuestiones”.
Fidel Castro, discurso inaugural del Jardín Japonés de La Habana, 26 octubre de 1989
Hoy día, el Jardín Botánico de La Habana es uno de los más grandes del mundo, con alrededor de 4 000 especies representadas en más de 145 000 ejemplares
Una de las joyas de La Habana es su Jardín Botánico Nacional (JBN). En la periferia de la ciudad encontramos una maravilla vegetal en la que se desarrolla una ingente labor educativa, científica y recreativa. Una joya que contó con el impulso y el compromiso en su realización del mismísimo Fidel Castro. Y sí, es que la Revolución (y el Partido) también necesitan de conocimientos botánicos.
Antes de conocer a nuestra protagonista, nos ponemos en contexto: año 1967, una orden de la máxima dirección del país asigna a la Universidad de La Habana la responsabilidad de la creación de un nuevo y moderno jardín botánico. El propio Fidel Castro elige unos terrenos, 600 hectáreas en la periferia, para su construcción que, debido a numerosas dificultades, no se inició hasta 1971.
Claro, un jardín botánico necesita, como es obvio, a una persona al mando. Aquí entra Ángela Leiva, jovencísima jefa del Departamento de Botánica de la Escuela de Ciencias Biológicas, que en 1972 recibe el encargo de dirigir el JBN. Una decisión que la misma Ángela calificó de “aplastante”, porque solo hacía dos años que se había graduado. Pero las mujeres cubanas, y las mujeres comunistas, no se arredran. Sí, Ángela era miembro del Partido Comunista de Cuba y formó parte durante años de su Comité Central.
Ángela Leiva nació en 1948 en Placetas, de donde se trasladó a la capital a realizar sus estudios en Ciencias Biológicas, especializándose en botánica y fitogeografía. Y desde sus inicios profesionales hasta el final de su carrera se empleó a fondo en este ámbito: desde que aceptó el reto de dirigir el JBN y durante 42 años estuvo al frente del mismo.
No fue un inicio fácil, como decíamos. Para comenzar, por los problemas en las obras y, para continuar, porque un jardín botánico requiere de tiempo para poder ser llamado así. Ángela y su equipo tuvieron que trabajar duro para iniciar las plantaciones de especies exóticas y nativas, recopilando ejemplares por toda la isla y seleccionando especies de diferentes ecosistemas. Y ahí, entre sus múltiples expediciones, se enamoró de las palmas. Enamoramiento especial para la palma petate (Coccothrinax crinita), endémica y que se encontraba en muy pocos lugares.
Quién sabe si fue el flechazo con la palma petate o el compromiso científico, pero a partir de ese momento la Dra. Leiva puso en marcha sus dos grandes proyectos: la conservación de la flora cubana y la identificación de las principales plantas y ecosistemas amenazados del país.
Para cuando se abrió al público en 1984, el Jardín Botánico disponía de 20 000 ejemplares y un vivero de amplias potencialidades para garantizar su enriquecimiento. Hoy en día se cultivan alrededor de 4 000 especies representadas en más de 145 000 ejemplares y es uno de los jardines más grandes del mundo.
Pero no contenta con conseguir que este jardín se convirtiera en una referencia científica, Ángela se embarcó en fundar y presidir la Red Nacional de Jardines Botánicos de Cuba. Aunque no es este el proyecto que me parece más maravilloso de esta aún más maravillosa mujer. Me explico:
Ya en este siglo XXI, Ángela volvió de nuevo a las palmas (siempre se acuerda una del primer amor vegetal); concretamente, a la palma petate, de la que solo quedaban unos 1 300 ejemplares. Para recuperar y reintroducir la palma petate, puso en marcha un proyecto científico donde la infancia fue protagonista.
¿Cómo?, realizando siembras en microviveros de la zona (era importante no alejarla de su hábitat) que fueran monitoreados por el equipo de la Dra. Leiva y, como protagonistas absolutos, por los niños de escuelas cercanas que se implicaron activamente en los trabajos para garantizar el arraigo de las plantas. Unos años después, el equipo del Jardín Botánico Nacional reportó a la ciudadanía el resultado del trabajo socio-científico: ¡6 000 palmas petate habían sido reintroducidas con éxito!
Por desgracia, nuestra protagonista no pudo disfrutar de este éxito. Falleció en junio de 2014, un año antes del reporte del resultado, y sus cenizas fueron esparcidas en el jardín botánico que tanto amó.
Pero no, su historia no acaba aquí. Generaciones de estudiantes de Botánica cubanos mantienen vivo su legado y una palma, descubierta después de su muerte, recordará siempre a la revolucionaria que amaba las palmas: Coccothrinax × angelae.

Planta palma petate. Foto: Mundo Obrero.
(Tomado de Mundo Obrero)
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Puedo afirmar que es poco lo que se escribe sobre Angela. Fundé junto con ella ProNaturaleza. Trabajadores incansable, botánica experta, carácter amable y bondadoso, al tiempo que exigente. Dejó una obra útil, que la convirtió en una investigadora notable de la protección de la naturaleza cubana.
Excelente compañera, profesora, científica, revolucionaria ejemplar. Su obra, el JBN, orgullo de Cuba, crecerá y se extenderá, como las palmas Petate.
Querida Angelita, brava, luchadora, brillante y tierna; su legado vivirá por siempre, en sus alumnos, en sus amigos y colegas, en sus plantas, que eran todas; en su JBN, en su UH.
Respetable científica y profesora de la Universidad de La Habana, que dedicó su vida al JBN. Pero se distinguió además por su sencillez, por su modestia, por la dulzura para tratar a los demás.
Hoy Cuba cuenta con esa joya para nosotros y para el mundo gracias a la tenacidad de la Dra. Ángela Leiva y al excelente colectivo que la acompañó durante muchos años.
Conocí a Angelita desde mi época de estudiante. Ella nos recibió en el Jardín en 1972 y nos hizo su complice en el amor a las plantas y a cuanta piedra se movía para acondicionar áreas o hacer canteros. Ya graduado, participaba en los Congresos de Botánica y Angelita siempre tenía un espacio para preguntar por la familia, qué estaba haciendo, etc.
Con ella no había protocolos ni tratos de Usted. Por eso, cuando nos encontrábamos, le decía ¿ Cómo tu estás? Pero así era con todos. Un gran abrazo para ti, Angela