Imprimir
Inicio »Especiales, Cultura  »

Cultura que se duerme... Se la lleva la Glásnost

Por: Ricardo Riverón Rojas
| 11 |

Nuevas y viejas herramientas nos podrían servir para salvar la cultura, que sí está en peligro. Foto: La Jiribilla

Hasta los momentos de crisis pueden devenir “zonas de confort”. Si nos acostumbramos a renunciar a lo que ya era conquista y nos dejamos arrastrar —acomodados a un “no hacer” excesivamente prolongado— las crisis nos devuelven a estadios prenatales de la dinámica social. En la cultura, incluso más que en la economía, cuando el estado de conformidad se establece y permanece, los males desatados son incurables, metastásicos, letales. La cirugía radical acaba siendo el único procedimiento, de dudosa eficacia, para tratar de comenzarlo todo nuevamente, lo otro son paliativos.

No temo afirmar que las pérdidas provocadas por las crisis, en lo económico suelen ser menos abrasivas que las que se dan en lo cultural. Y es que, una vez recuperada la producción de bienes hasta satisfacer modestamente la demanda, el espíritu se repone de sus secuelas con relativa rapidez. En la cultura, por el contrario, cualquier retroceso sostenido cancela los caminos del regreso, prevalece la desorientación y se hace imposible recorrer la misma vía por la que antes se accedió a la realización. Pruebas tenemos con el rosario de desencuentros de distintas naturalezas que en los últimos tiempos hemos vivido con grupos intelectuales —y populares—: el más reciente de todos, muy amargo, el del cine.

“En la cultura, incluso más que en la economía, cuando el estado de conformidad se establece y permanece, los males desatados son incurables, metastásicos, letales”.

Conviene recordar que, en el desmontaje del sistema socialista de la URSS y Europa del este, que presenciamos a finales del siglo pasado, la glàsnost hizo más daño que la perestroika: la economía en Rusia y muchos de esos países se recuperó, pero el ideario socialista debió afrontar la larga devaluación de su capital moral, que hoy rema a contracorriente; la persistente pérdida de su atractivo político y su capacidad movilizadora no ha dejado de acompañarnos. Esa debacle, a escala planetaria, aún no se revierte del todo, pese a que debutaron nuevas experiencias con métodos muy diferentes a la ortodoxia “manualística”, la herida en lo conceptual fue profunda.

En Cuba, la crisis de los noventa se manejó, gracias a la clarividencia de Fidel, con notable creatividad. Decisiones osadas, nunca antes integrantes del repertorio de acciones, nos llevaron a propiciar trabajos de activación del sector privado, reorientación de los principales renglones económicos (del azúcar al turismo, a la agricultura e industria local de sobrevivencia), descentralización de muchas decisiones hacia lo territorial, reforma monetaria, y otros. Pero la más acertada de todas las políticas orientadas por el líder fue la enunciada en 1993 (V Congreso de la Uneac) en momentos en que se pedía “Salvar la Patria, la Revolución y el Socialismo”, sin vacilar afirmó que “la cultura es lo primero que hay que salvar”. La cultura como primer escaño para salvarlo todo.

Consecuente con ello, como primera decisión trascendente de la dirección del país se acordó que la cultura recibiría, para su desempeño, todo lo que fuera capaz de ingresar. Y no fue poco. Se crearon, tributarios al Ministerio de Cultura: el Fondo para la Cultura y la Educación (Fonce), los fondos territoriales, las cuentas especiales, y gracias a ello, se financiaron importantes proyectos. Las empresas culturales como Artex, Ediciones Cubanas y el Fondo Cubano de Bienes Culturales multiplicaron su nivel de actividad al extremo que mientras la economía vivía su lenta recuperación, la cultura experimentó un visible crecimiento. Lo anterior permite que me arriesgue a afirmar que la cultura, frente a aquella crisis, fue quien catalizó la resistencia porque devino movilizadora de innumerables voluntades.

Frente a la crisis de los 90’, fue la cultura la que devino “movilizadora de innumerables voluntades”. Foto: La Jiribilla

En la medida que se fue superando la crisis, los métodos tradicionales sustituyeron paulatinamente a los de emergencia y, ya a la altura de 1998 y del 2000 (para poner solo dos ejemplos) la educación artística y la expansión editorial tuvieron el notable espaldarazo que les propició una economía en recuperación. Pero siempre la cultura espiritual marchó por delante de la material, y la incentivó, aunque los apremios y los frutos de esta última siempre serán más visibles en lo inmediato y darán la impresión de ser previos.

Para enfrentar la crisis que en la actualidad atenaza al país, consecuencia del agravamiento del bloqueo, la pandemia COVID-19 y los fenómenos naturales que nos han afectado, los estrategas y decisores tienen puesto el acento, con mucha fuerza, en lo económico. Las herramientas para enfrentar y llevar la cultura por delante del resto de las esferas ya no son aquellas que sirvieron en los noventa, pero valdría la pena preguntarse si algunas de ellas pudieran ser adecuadas para no perder más de lo que se ha perdido en ese terreno.

“Que el libro de papel no se reanime en años y se insista con demasiado énfasis en el digital, hace suponer —aunque así no sea— que se piensa a este último como un sustituto de larga permanencia”.

El escenario es otro: el acceso a Internet viene siendo para nosotros casi que el equivalente a una glásnost, al menos sus efectos se asemejan. En no pocos sectores culturales se escuchan reclamos que, de atenderse en sus esencias, conducirían a un desmontaje de la institucionalidad. Y con las instituciones culturales se nos iría la concepción socialista de la sociedad, de eso no caben dudas. La presencia creciente de la gestión privada en la cultura, si no la manejamos con tino, pudiera conducir, igual que en la economía y los servicios, al descrédito de la gestión estatal.

Considero que las alternativas que se han trazado para algunos renglones importantes de la vida cultural no pasan de ser paliativos. Que el libro de papel no se reanime en años y se insista con demasiado énfasis en el digital, hace suponer —aunque así no sea— que se piensa a este último como un sustituto de larga permanencia. Si así fuera, estaríamos ante la estrategia equivocada de posponer, sin horizonte inmediato, una de las armas más potentes para el trabajo con las conciencias. El discurso institucional insiste en que no se abandona el libro físico, pero pasa el tiempo y en la práctica no se publican los ganadores de importantes premios, ni las editoriales reciben originales para evaluar.

Seguir timoneando la crisis con alternativas menores, o equivocadas, mientras lo cultural se subordina completamente a las bondades de un presupuesto que no crecerá al ritmo que se desea, puede desembocar en peores sinsentidos. No es posible operar con el discurso de convocatoria y exaltación propio de nuestros medios masivos, mientras en la vida real los discursos son otros, cada vez más ásperos y desembozados.

“Sin el hombre cualquier batalla estará perdida”.

Nuevas y viejas herramientas nos podrían servir para salvar la cultura (que sí está en peligro). Si a algunas de las usadas durante los noventa (quizás las de esquema cerrado de financiamiento) se les sumaran otras relacionadas con la posibilidad de llamar a filas a nuevos actores económicos, acaso pudiéramos recuperar quién sabe si la producción de libros y la cinematográfica, para no apartarme de los últimos dos ejemplos que ya utilicé. Con cada libro o película que se deje de hacer se van algunos gramos de credibilidad de nuestras instituciones, por tantos años y con tanto esmero cuidadas.

Me gustaría escuchar, emanados de los niveles de dirección que correspondan, pronunciamientos que sitúen a la ofensiva la noble tarea de transmisión de flujos reflexivos de probada eficacia para el engrandecimiento espiritual de todos. En ello nos jugamos la esencia de nuestro humanismo. Sin el hombre cualquier batalla estará perdida. Si la ganamos, tendremos país, economía, justicia social plena.

(Tomado de La Jiribilla)

Se han publicado 11 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • humberto bermudez guerra dijo:

    El autor está clarito, clarito. Lo que pasa es que de la mayoría de esos problemas que se suscitan en instituciones y manifestaciones culturales se da muy poca información en medios oficiales, salvo raras excepciones y el secretismo también nos hace daño, porque facebook, instagram, twitter, youtube, se encargan de vender su propia visión y es la que repetimos como papagayos, porque no hay otra para contrastar, a no ser chismes del estiles de "fulanito tiene un socio en el ICAIC que le dijo que..."

  • Israelssp dijo:

    De acuerdo, en mi ciudad patrimonial, una simple entrada a la casa de la trova, tradición pura, una simple entrada, vale 100 CUP, consecuencia, poco publico, poca cultura y peor economia

  • @adriancamaguey dijo:

    Me parece que es injusto culpar a los libros digitales de cuestiones que a ellos no atañen. Una cosa es real: No hay recursos ahora mismo para sostener el nivel de títulos impresos. Las máquinas Riso ubicadas en las editoriales provinciales necesitan insumos, principalmente papel, que no es que sean caros, pero que hay que importar (un libro impreso en una riso puede sin mucho problema llevarse practicamente un rollo de Master y un pomo de tinta) es que sencillamente, hay otras necesidades. Y el libro digital es una excelente opción, mucho más que permite que a su formato texto se añadan otros recursos de los que el libro impreso carece. En este caso, parece un asunto más de cultura y hábito que de otra cosa. Si, hay que seguir imprimiendo libros, pero no es culpar al libro digital.
    Solo fijarse en que la mayoría de las revistas científicas de este país, ya son digitales y hasta ahora, ha abaratado los costos de crearlas y mantenerlas.

    • Sergio dijo:

      De este país,,,, y del MUNDO.

      La tecnología NUNCA es un PROBLEMA, al contrario. El gran problema está en el MAL USO que se le da a la TECNOLOGIA, ese sí es un problema grave, MUY GRAVE. Estoy de acuerdo con usted, el LIBRO digital no es el DEMONIO.

      Sobre las INSTITUCIONES CULTURALES cuando son INEFICIENTES, ALTAMENTE BUROCRATICAS, etc., como son la mayoría, lejos de AYUDAR, son una PIEDRA en el CAMINO.

    • Valentín dijo:

      Estoy de acuerdo con usted, los libros digitales no son los culpables. Es una muy buena opción sobre todo en estos tiempos de carencia, este procedimiento no es solo de Cuba, es lo que se impone en el mundo incluso el procedimiento "Impresión en dependencia de la demanda" se está utilizando mucho.

  • Raul G. dijo:

    Un llamado de alerta muy importante en momentos cruciales para el futuro de nuestra nación.

  • CarlosG dijo:

    ¿"Pero siempre la cultura espiritual marchó por delante de la material, y la incentivó, aunque los apremios y los frutos de esta última siempre serán más visibles en lo inmediato y darán la impresión de ser previos"? NO, el ser social determina la conciencia social. Deben llevarse juntas. No olvidar la sabiduría de la cultura popular cuando afirma que "una cosa piensa el borracho y otra el bodeguero" (condiciones de existencia determinan formas de pensar)

  • Abel dijo:

    Muy acertada la preocupación del autor. En algún momento la economía se podría restablecer y mejorar la vida material en un tiempo que puede ser corto, pero el impacto en la vida cultural (en su más amplia acepción) y espiritualidad de la nación, puede ser a largo plazo e irreversible. Ya se aprecia un desface entre los valores que se están instaurando en la sociedad como resultado de la guerra cultural (y económica) a que estamos sometidos, y los que preconizamos en nuestro proyecto social. Esta erosión y vacíos en nuestra cultura, aunque más evidente en los últimos seis años, es un fenómeno que se viene gestando hace décadas. Afrontar esto en la actualidad realmente requiere sapiencia y genialidad, pero es preciso, pues nos va el escudo que nos hace invulnerable como nación.

  • Osmani Gálvez Naranjo dijo:

    La intención del autor no es atentar contra el libro digital, aunque si es muy cierto que la inimaginable adicción a las redes sociales puede llevarnos a una Glasnost progresiva que en éste caso tendría los cristales empañados.
    Coincido plenamente con los argumentos presentados, sólo agregar después de tener más de 35 años en el medio, desempeñando distintos roles, que esa urgencia es social, corresponde su interacción a todos puesto que más que un problema de la espiritualidad es también un problema de la civilización humana. Talvez las diferencias que en Cuba han tenido el desarrollo del arte y el mercado del arte nos llevan a tocar el tema con la profundidad con que lo hace el autor. Únicamente nos queda pendiente esgrimir una verdad irrefutable. LO PRIMERO QUE HAY QUE SALVAR ES LA CULTURA...

  • Jorge dijo:

    Plenamente de nacuerdo. Sólo mencionar que el discurso oficial del sector del libro, ante la ausencia de papel por la industria queo debe adquirir, apuesta por desarrollar el libro digital. No es una estrategia para suplantar, para buscar alternativa, es que es lo único que se puede hacer. Incluso, si hubiera miles de títulos en papel produciéndose, igualmente, desarrollar el libro digital fuera una obligación.

    Pero algo hay que hacer, y con urgencia. Parece que alguien está esperando que llegue otro y le diga: tranquilo, mañana empieza todo a ser como antes. Eso no va pasar.

  • Edelis dijo:

    Nunca superamos las reminiscencias del quinquenio gris, el análisis crítico colectivo apenas ha comenzado, aún la Ley de Comunicación Social; peor, el discurso de nuestros dirigentes sigue el mismo clichet, signo de que no acabamos de atrapar el toro por los cuernos.
    Repito y es solo un ejemplo, como es posible que la Vanguardia Artística encabezando el talento local, no inunde permanentemente la nación de espectáculos, llenando de alegría a nuestros pueblo que tanto lo aprecia y lo necesita. Pablo.

Se han publicado 11 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

Vea también