¿Quiénes se benefician de la crisis en Ucrania?

Foto: Rebelión.
En el conflicto de Ucrania se conjugan factores como la pretensión de debilitamiento o destrucción de Rusia por parte de potencias occidentales encabezadas por Estados Unidos, que quieren mantener un imposible mundo unipolar, la extensión de la OTAN hasta los confines del este de Europa, y también elementos de tipo económico y ganancial.
Dentro del campo de la rapiña económica, dos componentes importantes son el continuar dedicando inmensas cuantías de dinero al Complejo Militar Industrial; y el otro que se vuelve cada día más evidente en las incesantes amenazas de la administración de Joe Biden a Rusia, el deseo de los productores de energía estadounidenses de invadir los mercados europeos con gas natural de fracking.
Los medios canallas saturan al mundo de especulaciones sobre la intención rusa de anexar Ucrania y especulan de la forma más ridícula sobre el supuesto deseo de Moscú de congelar Europa cortando el suministro de gas, pero muy pocos reporteros en los medios corporativos preguntan quién se beneficiará económicamente del enfrentamiento en el este de Europa.
Porque la respuesta a esta pregunta revela claramente que la fuente del conflicto no es Rusia.
Al ensamblar algunas piezas del rompecabezas, comienzan a surgir algunos ganadores claros en la crisis de Ucrania, haya un conflicto limitado u “operación especial” como hasta ahora o una guerra real a gran escala: las corporaciones multinacionales de gas y petróleo.
Y parecería que esta industria encontró al vocero más poderoso del mundo para representar sus intereses: el gobierno de los Estados Unidos y el seráfico presidente Biden, cuyo hijo Hunter Biden y Burisma Holdings (el mayor productor ucraniano de gas), son como decimos en Cuba “uña y carne”.
Chevron, ExxonMobil, Shell y varias más, junto a cientos de contratistas de perforación y suplidores de equipos que trabajan con ellos, quieren aumentar enormemente las exportaciones a una Europa sedienta de gas, pero Rusia y su empresa estatal Gazprom se interponen en el camino.
Actualmente, el gas natural ruso representa más del 30 por ciento de todas las importaciones a la Unión Europea. Las principales potencias de la UE, Alemania y Francia, obtienen el 40 por ciento de su gas de Rusia, mientras que otros países, como la República Checa y Rumanía, utilizan únicamente el de la nación euroasiática.
Para desalojar a la competencia y hacerse con una mayor o total cuota de mercado, las multinacionales necesitan frenar el abastecimiento de gas procedente del este.
El mercado ¿libre?
Los precios del mercado mundial del petróleo y del gas natural se dispararon en los últimos meses y sobre todo recientes días, impulsados por varios factores: demanda récord en Europa y Asia a medida que la industria manufacturera se va recuperando un poco de la pandemia, oferta limitada, ya que algunas de estas instalaciones solo comienzan a volver a funcionar.
Reservas de los productos almacenados bastante agotadas debido a un largo y frío invierno de 2020 y ahora 2021-22, y el alejamiento de países como China y Alemania de los combustibles fósiles más sucios como el carbón y la siempre impopular energía nuclear.
Los productores de Estados Unidos quieren participar y controlar esa bonanza, especialmente en Europa, donde los precios del gas se quintuplicaron en 2021 y ahora con las acciones militares en Ucrania van a ir por los techos.
Estados Unidos es el mayor productor de gas del mundo y extrae más del suelo cada día. Ese ha sido el caso desde 2005, cuando la producción, que había sido nivelada durante décadas, se incrementó notablemente.
Rebosantes de gas, las corporaciones estadounidenses en nuestros días miran cada vez más a Europa como un cliente, y el gobierno de los Estados Unidos actuó con tanto entusiasmo como maldad como un activo vendedor de ellas.
Gracias a un acuerdo de 2018 concluido entre el gobierno de Trump y la UE, las ventas de gas de Estados Unidos a Europa aumentaron constantemente, del 16 por ciento en 2019 al 28 por ciento a finales de 2021.
Sin embargo, hay un problema que podría limitar el crecimiento: el gas natural estadounidense es caro, bastante más que el de Rusia. El fracking hidráulico aumenta sustancialmente los costos de producción.
Además, para poder exportarlo a clientes internacionales, el gas estadounidense debe licuarse y cargarse/descargarse en buques cisterna en costosas terminales especializadas.
Convertir el gas de esquisto fracturado en gas natural licuado (GNL) puede más que duplicar el costo para las empresas estadounidenses, lo que las coloca en desventaja frente al gas ruso barato que viaja a través de gasoductos.
El proyecto de gasoducto internacional, conocido como Nord Stream 2, es particularmente amenazante para las ventas de estas multinacionales.
Construido conjuntamente por Alemania y Rusia bajo el mar Báltico, proporcionaría un acceso fácil y asequible al gas para la UE. Para Rusia, es un medio garantizado de acceder a sus mayores compradores. Tanto para la UE como para Rusia, Nord Stream 2 significa proveer y recibir ingentes cantidades de gas a bajo costo. Una vez que esté operativo, transportará más del doble de la cantidad de gas ruso que actualmente fluye hacia Europa. Por eso había que parar a esta inmensa obra de ingeniería a como diera lugar. Guerra para los imperialistas es siempre la primera opción.
Una crisis conveniente para el gran capital
Qué conveniente entonces que las tensiones entre Estados Unidos y su aliado ucraniano por un lado y Rusia por el otro se intensificaran justo cuando se estaban dando los toques finales al Nord Stream 2 a finales de 2021.
Con sus propios ingresos por oleoductos en problemas, el gobierno de Ucrania presionó a Washington durante todo el verano del año pasado para imponer sanciones a Nord Stream 2 y las empresas alemanas y rusas detrás de él.
El Congreso de los Estados Unidos, dominado por los demócratas, se alineó con los gobernantes de Ucrania, introduciendo las sanciones deseadas en el proyecto de ley de gastos de defensa (presupuesto militar).
El presidente Biden, sabiendo que sus aliados europeos se oponían firmemente a cualquier cosa que amenazara sus suministros de energía y que la infraestructura simplemente no estaba en su lugar a ambos lados del Atlántico para llenar el vacío dejado por una caída repentina en el suministro de gas ruso, dijo que no aprobaría las sanciones contra Nord Stream 2. Pero una cosa es decir y otra, hacer.
Tanto los legisladores republicanos como los demócratas en el Congreso retrocedieron, y presentaron las sanciones como una forma de “disuadir la agresión rusa contra Ucrania ”.
El ultraconservador senador cubanoamericano Ted Cruz, de Texas, quien representa al principal estado productor de gas por fracking en los Estados Unidos y es el primer beneficiario de donaciones para su campaña electoral de esa industria, ha sido uno de los defensores más fuertes de las sanciones contra Rusia.
Las interminables advertencias de una invasión rusa «inminente» y el envío de tropas y armas de la OTAN a Europa del Este dieron finalmente el “resultado apetecido” por Estados Unidos y la OTAN.
Con la seguridad energética de Europa puesta en peligro por la acción militar rusa, ¿quién está lista para prestar ayuda? Nada menos que la industria del gas estadounidense, por supuesto.
¿Estratagema de ganancias?
Entonces, ¿es todo el asunto de Ucrania simplemente un plan para proteger y aumentar las ganancias de los productores de gas natural de Estados Unidos?
La crisis no fue provocada únicamente por las ventas de gas. Eso sería una simplificación excesiva de una situación muy compleja con raíces históricas que se remontan mucho antes de que comenzara el auge del fracking en los Estados Unidos.
Estados Unidos y la OTAN están involucrados en una campaña contra Rusia desde la década de 1940. La OTAN se fundó como una alianza militar para atacar a la Unión Soviética, un instrumento para promover los intereses imperiales de Washington en Europa y contener el crecimiento del socialismo en el continente.
Cuando cayó la URSS y la causa anticomunista perdió su razón de ser, Occidente aprovechó la debilidad de Rusia para desplegar su poderío armado hasta las fronteras de ese país. A medida que se reconstruía, la nueva lógica se convirtió en la “contención” de una Rusia supuestamente agresiva.
El esfuerzo por poner a Ucrania, la segunda en importancia entre 15 repúblicas de la antigua URSS, bajo el control militar de los Estados Unidos, e instalar misiles nucleares a cinco-seis minutos de vuelo de Moscú, sigue siendo el centro de la crisis en Europa del Este.
Las demandas claves e irrenunciables de seguridad de Rusia aún giran en torno a ese tema. Que Ucrania se convierta en una nación nuclear es también inaceptable por completo.
Pero los deseos de la poderosa industria del petróleo y el gas en los Estados Unidos agregaron un factor de gran complicación a la ecuación. Hay una conveniente confluencia de objetivos geopolíticos imperialistas e intereses económicos capitalistas en acción.
Y salvo un Armagedón nuclear total entre Estados Unidos y Rusia, algunas personas saldrán victoriosas pase lo que pase. No olvidemos el nombre de Hunter Biden, y tampoco el de otros “pejes” como Rudy Giuliani et al.
La apuesta de los gigantes del gas de Estados Unidos es que Europa occidental se una de inmediato a Washington para sancionar de la forma más severa a Rusia, y que Alemania desconecte “para siempre” el Nord Stream 2.
De la noche a la mañana, las ventas de gas en Estados Unidos tendrían que aumentar para que Europa no se congele. Incluso más barcos estadounidenses zarparían hacia puertos europeos transportando GNL y regresarían cargados de ganancias. Para los productores norteamericanos de gas y petróleo, la situación es beneficiosa siempre que haya guerra.
(Con información de Prensa Latina)
Vea además:
Rusia, la economía 2021-2022 en medio de las presiones de Occidente (I)
- La Tira de los Lectores: Las mujeres de mi vida
- Estados Unidos e Israel son las principales amenazas para la paz mundial
- ¿De invierno frío a verano “caliente”?
- Don Giovanni y otros restaurantes
- Seguros a un clic de distancia: ESEN presenta su renovada plataforma con miras al comercio electrónico
- ir aEspeciales »
- Banderas cubanas frente a la embajada de EE.UU. en Montevideo
- El amor y la solidaridad pueden más que el odio (+ Fotos)
- Confirman la muerte del Líder de Irán, el ayatolá Alí Jameneí, en ataque estadounidense-israelí
- Declaración del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba
- Estados Unidos e Israel son las principales amenazas para la paz mundial
- ir aPolítica »


Sin dudas, en el momento en que se desgajan Rusia, Ucrania y Bielorrusia de la URSS, la idea no era alejarse entre sí, puesto que en el mismo acto de firma de la independencia, anuncian la creación de la Comunidad de Estados Independientes (CEI), pues además de identidades étnico-lingüísticas afines, existían fuertes lazos económicos. La potente industria ucraniana del oriente del país tenía fuertes vínculos con la industria rusa y ambas se sustentan en tecnologías de la URSS; a su vez, las tierras de Ucrania son surcadas por poderosos gasoductos que trasladaban el gas ruso a países europeos y que también es utilizado por los ucranianos.
Sin embrago, desintegrada la URSS, Rusia sumergida en el caos, desarrolló una política exterior de cooperación y entendimiento casi irrestricto con Occidente; Estados Unidos, bajo el pretexto de la cooperación y la magnanimidad en la victoria, buscó en verdad sacar provecho de su victoria en la Guerra Fría llevando adelante deliberadas políticas que fueron verdaderamente humillantes para Rusia, y que contribuyeron al logro de los propósitos estadounidenses en función del debilitamiento de Rusia a fin de que allí no volviera a surgir un poder que desafiara una hegemonía estadounidense que no tenía precedentes. Por su parte, la OTAN creada en 1949 bajo el pretexto de la defensa colectiva de sus miembros frente a la “amenaza comunista”, no tendría razones de existir en el nuevo escenario y habría desaparecido con el derrumbe del llamado Campo Socialista de Europa del Este, la disolución del Pacto de Varsovia y la desintegración de la URSS; pero muy por el contrario, liderada por la política estadounidense, incrementó su membrecía incorporando a sus filas antiguos países socialistas y en febrero de 1999 agredió a la República Federal de Yugoslavia, país no miembro de la Organización, para propiciar la total desintegración de ese Estado multinacional con el pretexto de presuntas violaciones de los derechos humanos en Kosovo y a finales del mes de abril del propio año, proclamó la modificación de su filosofía como alianza militar defensiva, definiendo un nuevo concepto estratégico según el cual la organización debía incrementar su poderío militar y elevar su capacidad de acción para actuar en Europa “… y en un contexto más amplio… ya sea dentro del territorio de la alianza o fuera de este…” .
En el devenir de la Ucrania postsoviética, hay dos momentos significativos que pueden considerarse verdaderas campañas de Guerra No Convencional diseñadas por los EE.UU. para inclinar el país hacia Occidente. El primero fue la llamada Revolución Naranja de 2004 formando parte de las llamadas Revoluciones de Color.
Desde enero del 2003 el ejecutivo liderado por Bush anunció que se retiraban las ayudas concedidas al Estado ucraniano debido a que supuestamente Ucrania vendió radares a Irak en el año 2002, algo que nunca fue demostrado y que ese dinero se destinaría a la oposición ucraniana con el fin de que obtuviesen la victoria en las próximas presidenciales del 2004. Además, la oposición ucraniana recibió un total de 14 millones de dólares procedentes de organizaciones como la Freedom House, la NED o la Iniciativa de Cooperación Polaco-Ucraniano-Americana . Por cuanto el candidato preferido por Washington y la oposición no resultó ganador, se apresuraron a denunciar fraude. Los EE.UU. y sus aliados no reconocieron los resultados oficiales de las elecciones y la oposición aprovechando el descontento general con la mala gestión gubernamental, incluyendo la corrupción, sacó la gente a las calles con vestimentas, carteles y otros atuendos color naranja, manteniendo miles de movilizados en Kiev durante un tiempo prolongado, forzando así a la Corte Suprema Ucraniana a dictaminar que se repitiesen las votaciones a fines de diciembre de 2004, resultando ahora vencedor el candidato de su gusto. La Revolución Naranja sentó las bases del secesionismo que después se afianzaría en Crimea y el Este de Ucrania: El parlamento de Crimea adoptó una declaración condenando las acciones de los promotores de la “Revolución” que fue secundada por regiones del Este ucraniano (Donietsk, Lugansk y Járkov). Aquellas declaraciones no pasaron de ser una amenaza secesionista poco efectiva, no obstante sentaron un precedente inquietante.
Con las nuevas autoridades surgidas de la Revolución Naranja, Ucrania cambiaba su política exterior para acercarse a Occidente con el objetivo de integrarse a la Unión Europea y a la OTAN. Sin embargo, los problemas económicos, la continuada corrupción gubernamental y la dependencia, principalmente energética, de Rusia junto a la tendencia en el Oriente de Ucrania por mantener buenas relaciones con el país vecino, dificultaron dicha tarea. Finalmente en 2010 resultó electo presidente Víctor Yanukovich, partidario de mantener relaciones con Rusia.
Sin embargo, nuevamente a finales de 2013 inicios de 2014 se escenificó otra página significativa de la Guerra No Convencional contra Ucrania. Ahora sería el denominado “Maidan” o "Euromaidán" al cual ya me referí.
Quieron acotar que cuando hablo de este conflicto lo hago con porfundo dolor. En Lvov viví 5 años, allí me hice universitario y fundé una familia que perdura; allí me nació una hija que vino para Cuba de dos años; por lo que me creo con determinado derecho a opinar. Yo tengo un enorme aprecio por el noble pueblo ucraniano. Allí en Lvov, donde quizás como en ningún otro lugar en Ucrania es más fuerte el sentimiento nacionalista, sentí profundas muestras de gratitud, sobre todo cundo sabían que yo era cubano, incluyendo algunos de los llamados “Juliganes” que en horas de la noche andando solo por determinados lugares me rodearon para asaltarme y cuando conocieron que era cubano con mucho gusto me escoltaron hasta mi destino; en lugar de asaltantes se conviertieron en mis protectores y el nombre de Fidel Castro era por todos dominado con infinito respeto. Pero una cosa es el noble pueblo ucraniano y otra la camarilla que ostenta el poder y que es un cuento que tiene el apoyo del pueblo ucraniano, un pueblo muy diverso étnica, social, cultural y políticamente y los dirigentes ucranianos, sobre todo los surgidos del golpe de Estado, en lugar de conciliar posiciones han exacerbado los sentimientos ultranacionalistas, neofascistas y antirrusos, sobre todo del occidente de Ucrania en contra de los pobladores del oriente del país. Quien conoce Ucrania debe saber quién fue Stepan Bandera y el llamado Ejército Insurgente Ucraniano, debe conocer del monumento erigido en Lvov al personaje, de la denominación de avenidas principales con su nombre y de las marchas en Kiev por el aniversario de su natalicio; debe conocer de los partidos “Pravy Sector” y “Svovoda” y del Batallón “Azov” de profundas tendencias fascistas y de sus vínculos con el Ministerio de Asuntos Interiores de Ucrania.
Casi a diario desde mi casa se mantiene comunicación con parientes en Ucrania, allí en la región de Lvov y que por supuesto culpan a Rusia de haberlos agredido: quizás los árboles no les permiten ver el bosque y no cabe dudas que en tales circunstancias los sentimientos nacionalistas, en una región profundamente nacionalista se exacerban. Sin dudas las huellas serán profundas.
Finlandia suministrará a Ucrania 2.500 fusiles de asalto y 1.500 armas antitanque, así como 150.000 piezas de munición.
Publiquen comentarios a favor y en contra
Finlandia se suma así a Suecia, que tampoco forma parte de la Alianza Atlántica, pero que el domingo anunció el envío de material militar a Kyiv.
¿Ahora Putin va a invadir a Finlandia y a Suecia?