La Opinión Gráfica: Inocentes
Apenas un año después del triste suceso del fusilamiento a los ocho estudiantes de medicina en el año 1871, José Martí les dedicó un poema en homenaje a los jóvenes
Cadáveres amados los que un día
Ensueños fuisteis de la patria mía,
Arrojad, arrojad sobre mi frente
Polvo de vuestros huesos carcomidos!
¡Tocad mi corazón con vuestras manos!
¡Gemid a mis oídos!
¡Cada uno ha de ser de mis gemidos
Lágrimas de uno más de los tiranos!
...
“Y luché con mis lágrimas, que hervían
En mi pecho agitado, y batallaban
Con estrépito fiero,
Pugnando todas por salir primero;
Y así la tierra estremecida
Se siente en sus entrañas removida,
¡Ellos son! ¡Ellos son! Ellos me dicen
que mi furor colérico suspenda,
y me enseñan sus pechos traspasados,
y sus heridas con amor bendicen,
y sus cuerpos estrechan abrazados…
José Martí también hace una reflexión sobre la muerte digna, la muerte que no representa el fin de la existencia al convertirse en enseñanza permanente. Al respecto enfatiza en este poema:
¡Y más que un mundo, más! Cuando se muere
en brazos de la patria agradecida ,
la muerte acaba, la prisión se rompe;
¡Empieza, al fin, con el morir, la vida!
Y agregó seguidamente:
¡Oh, más que un mundo, más! Cuando la gloria
a esta estrecha mansión nos arrebata,
el espíritu crece,
el cielo se abre, el mundo se dilata
y en medio de los mundos se amanece
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Jose Marti; el increible.