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Cuba y Vietnam, 60 años de relaciones ejemplares

Por: Fredesmán Turró González (Hung)
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Fidel y el entonces primer ministro vietnamita, Pham Van Dong, en un mitín del pueblo de Quang Tri en 1971, en ocasión de la visita del líder cubano Foto: VNA.

Cuba y Vietnam celebraron este 2 de diciembre el 60 aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas bilaterales, pero que bien pudiera llamarse el establecimiento de “relaciones especiales de hermandad”,  porque así han sido, sin una mancha, desde aquel diciembre de 1960.

Nuestros dirigentes, partidos y Gobiernos, al referirse a las relaciones entre Cuba y Vietnam, las han catalogado de ejemplares, modelo de relaciones, símbolo de la época… Un infinito número de acontecimientos y gestos justifican esa afirmación y puede mostrar el profundo amor y agradecimiento recíproco que se profesan ambos pueblos.

Yo, que he vivido en Vietnam 24 años, de ellos alrededor de 21 como funcionario de la embajada de Cuba, incluyendo dos períodos como embajador, fui testigo excepcional de muchos de ellos.

Relataré dos hechos que expresan que el cariño entre los cubanos y los vietnamitas está sembrado y florece en lo más profundo de nuestros corazones y forma parte de nuestro ADN, con independencia de la generación a la que se pertenezca.

Uno es de la época en que Vietnam sufría la guerra de Estados Unidos, y otro de cuando Cuba enfrentaba el llamado Período especial.

A mediados de abril de 1972, el presidente norteamericano Richard M. Nixon decidió escalar la guerra y anuló la decisión del 31 de marzo de 1968 del expresiente Lyndon B. Johnson, de limitar hasta el paralelo 20 los bombardeos a la entonces República Democrática de Vietnam, y los reanudó contra Hanoi y todo el territorio del norte vietnamita. También decidió minar el puerto de Hai Phong.

En el acto del 1 de mayo de ese año, un día lunes, en la Plaza de la Revolución, el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro, afirmó: “Tan pronto como comenzaron los bombardeos, nuestro partido ofreció al partido y al Gobierno vietnamitas el aporte de una brigada de médicos para ayudar frente a las víctimas de los bombardeos. Y el próximo miércoles saldrá para Viet Nam una brigada de médicos cubanos, compuesta por seis cirujanos, tres anestesistas y seis enfermeras”.

Como dato curioso, pero muy significativo, en mayo de 1972, el afamado trovador cubano Silvio Rodríguez, en ocasión del Día de las Madres, escribió una canción dedicada a las madres vietnamitas en cuya última estrofa dice:

Madre, en tu día

Madre Patria y Madre Revolución,

Madre, en tu día

Tus muchachos barren minas de Haiphong”.

La brigada llegó a Vietnam unos días después y se dividió en tres equipos, compuesto cada uno por dos cirujanos, un anestesista y dos enfermeras. Uno fue destinado al puerto de Hai phong, otro a la provincia Thanh Hoa y otro a la provincia Nam Dinh. Un tiempo después se les unió a la brigada un especialista en caumatología y otro en traumatología.

El Dr. Figueredo, jefe de la brigada, quedaría en Hanoi.

El Ministerio de Salud Pública de Vietnam le pidió al embajador de Cuba, Raúl Valdés Vivó, ayuda con un traductor porque solo tenían dos, hasta que ellos pudieran encontrar un tercero. Valdes Vivó dispuso que yo, que llevaba menos de un año graduado de la Universidad de Hanoi,  acompañara el equipo que iba para Hai phong,  mientras que Vu Chi Cong, Victor, quien ocuparía después importantes responsabilidades en el Ministerio de Relaciones Exteriores de Vietnam y fuera embajador en Australia y Cuba, y Rogelio, un vietnamita de quien solo recuerdo su nombre en español, marcharon a Thanh Hoa y Nam Dinh.

El equipo de  Hai Phong llegó al Hospital Amistad Vietnam-Checoslovaquia (hoy Chequia) el 10 de mayo. Estaba dirigido por el Dr. Ingnacio A. Morales, cirujano, e integrado por el Dr. del Sol, cirujano; el Dr. Juan Piedra, anestesista;  las enfermeras Gloria Cueto y Rolendy Cruz, y yo como traductor.

Desde la llegada a Hai Phong, el equipo se incoporó de inmediato al trabajo, junto a los médicos y las enfermeras vietnamitas, cuyo número era reducido porque este hospital funcionaba como un hospital terminal, el último nivel de un sistema de tres niveles, por lo que allí solo llegaban los casos más graves, los que no tenían solución en los dos niveles anteriores. Después operado, en cuanto el paciente pudiera trasladarse, lo trasladaban a centros de evacuación en aldeas próximas a la ciudad.

Los bombardeos eran diarios, generalmente por la tarde y pasada la medianoche, pero nuestros médicos se adaptaron rápido a la situación y, al igual que los médicos y las enfermeras vietnamitas, centraban todos sus esfuerzos en salvar vidas.

Lo que más me impresionaba, sin embargo, era la dedicación con la que los médicos y las enfermeras de Cuba trataban a los heridos vietnamitas, cómo ponían el corazón y todo su talento para salvarlos, cómo brotaban lágrimas de sus ojos cada vez que el esfuerzo no fructificaba o cuando llegaban por la madrugada al hospital gran cantidad de heridos, en su mayoría ancianos y niños, algunos casi en shock, otros ya insalvables, a muchos de los cuales le practicaban la traquiotomía para hacerles menos agónica la muerte.

Era conmovedor ver a nuestros médicos y enfermeras, acostumbrados a lidiar con la muerte, aferrados a las manos de los ancianos y niños heridos, y cómo estaban pendientes a través del Dr. Quang, jefe del equipo de cirugía del hospital, de la evolución los pacientes evacuados a quienes habían operado y salvado la vida.

Esas escenas, así como la frase de Fidel que expresaba la disposición del pueblo cubano de dar su sangre por Vietnam si fuera necesario –y que de hecho la estaba dando, porque los médicos habían venido con una gran cantidad de plasma–, te llevaban a la conclusión de que esas relaciones, surgidas al calor de la lucha de nuestros pueblos por metas y aspiraciones comunes,  compartiendo dolor y  gozo,  son indestructibles y sobrevivirán por siempre,  pase lo que pase y sean cuales fuesen los vaivenes de la historia, porque tienen además un basamento humanista que caló hondo en el corazón y el alma de sus pueblos.

El autor con el secretario general del PCV, Nguyen Phu Trong, en Hanoi, en 2013. Foto: Cortesía del autor.

El segundo hecho me lo contó el ex cónsul general de Cuba en Ciudad Ho Chi Minh, en años del Período especial en nuestro país, Miguel A. Puentes Fraga, quien quedó totalmente impresionado por un suceso que le sucedió en Hanoi y que muestra lo que siempre se ha dicho de que Vietnam y Cuba comparten como verdaderos hermanos lo poco que tienen.

Cuenta Miguel que viajó a Hanoi para una reunión en la embajada y en un momento libre se puso a caminar alrededor del lago Hoan Kiem, considerado el centro de Hanoi. De pronto se le acercó un niño descalzo, de vestimenta pobre, proponiéndole que le comprara como recuerdos unas postales de paísajes de Hanoi.

Miguel le dijo que no tenía dinero y le preguntó por qué vendía esas postales, a lo que el niño respondió que su familia era pobre y tenía que ayudar a sus padres y a sus hermanitos. Seguidamente, el niño le preguntó de qué país era y  cuenta Miguel que cuando le dijo que de Cuba, al niño le cambió totalmente la carita, se llenó de alegría y le dijo con orgullo, “yo doné ayer en mi escuela dos laticas de arroz para la campaña ‘Una latica de arroz para ayudar a los niños cubanos’”. Dice Miguel que viró la cara para que el niño no le viera la emoción y que cuando se repuso le compró la mitad de las postales.

¿Acaso ese niño vietnamita, tal vez ya un profesional o un dirigente, olvidará que un día brindó su ayuda, aunque modesta, a los niños cubanos? ¿Y podrán los niños cubanos, posiblemente también profesionales o dirigentes hoy, olvidar que un día, cuando  atravesaban serias dificultades, un niño vietnamita anónimo, de familia pobre, compartió con ellos el poco arroz que tenía?

Claro que no, y nosotros, las generaciones precedentes, tenemos que educar a las nuevas generaciones para que cuiden esas relaciones como lo que son, “un tesoro valioso de los dos pueblos”, como las han calificado los dirigentes vietnamitas, y “un símbolo de nuestra época”, como las calificó el líder histórico de la Revolución cubana, Fidel Castro.

El autor traduciendo al embajador de Cuba en Vietnam, Manuel Penado Casanova, en Hanoi, 1971. Foto: Cortesía del autor.

(Tomado de la revista El Mundo y Vietnam)

Se han publicado 7 comentarios



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  • Yoe dijo:

    Cuba debería imitar las estrategias económicas de Vietnam que ha podido desarrollarse después de ser casi destruida por la guerra pero como somos muy autóctonos y no queremos imitar a nadie preferimos hacer experimentos hasta ver cual funciona, ahora viene uno mayúsculo unificacion,reforma salarial,devaluación todo a la vez,vamos a ver como sale este otro experimento.

  • Dolores Diaz dijo:

    La foto que encabeza el artículo es de septiembre de 1973, durante la visita de Fidel a Vietnam

  • ricardo dijo:

    Si hay un pueblo amigo de Cuba, en este mundo, ese es el pueblo vietnamita. He tenido el honor y el privilegio de trabajar con ellos aquí y allá, y eso es lo que he sentido.

  • Lucia dijo:

    Hermoso artículo, yo también vivi la experiencia del amor de los niños vietnamitas por nuestra Patria y Fidel y recordé aquellos días de mi infancia en que compartimos en la escuela mi juguete más preciado para los niños de Vietnam, sinceramente comparto ese amor incondicional con la Patria del tío Ho

  • Fernando gonzalez dijo:

    Lindo articulo, ese amor lo profesamos nuestra generación por vietnan, es necesario que hoy día se le de a conocer a los niños en las escuelas artículos como este y muchos mas que de seguro están escrito

  • César Gómez dijo:

    Conozco a Fredesman, y lo admiro desde hace unos cuantos años. También conocí a Vietnam y estudié con vietnamitas en mi escuela militar en la URSS. Estos relatos me llenan de emoción, porque esa hermandad de los vietnamitas hacia Cuba la vi siempre en los ojos de los anamitas descritos por Martí. Estoy seguro que ellos siempre la ha visto en los nuestros, donde el alma de admiración y agradecimiento sale con las mismas lágrimas que ahora leí a Fredesman. Gracias!

  • Thanh Dao Hoang dijo:

    Magnifico documento sobre nuestra especial relacion entre dos hermanos Vietnam y Cuba en el mundo.
    Gracias a Fredesman - gran Amigo de los Vietnamitas.

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