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El gran convencido de la victoria (+ Fotos)

Por: María Victoria Valdés
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En la embajada cubana en Hanói Fidel puntualizó los planes de colaboración. Foto: Archivo de la autora.

El mapa desplegado y papá cerca dando explicaciones sobre los lugares donde los cubanos iban a estar: ese día no entendí muchas cosas, aunque viví la apoteosis de la llegada y me sumé a la algarabía colectiva que gritaba “¡Fidel, Fidel!”.

Con diez años de edad se me escapaban la mayoría de los hechos trascendentes a pesar de que la noche anterior mis padres me habían dicho que tendríamos una visita muy querida. Por eso cuando a la mañana siguiente en la embajada se produjo un corre-corre inusual, porque ya estábamos “contaminados” con la proverbial paciencia vietnamita, intuí en mi pequeña sabiduría que además de querido, el que vendría también era muy importante.

Sensación confirmada al abrirse la enorme reja de la entrada para permitir el ingreso de una caravana de carros, donde el primero tenía, a cada lado, las banderas de Cuba y Vietnam. Entonces lo vi. ¿Cómo no identificarlo, si su rostro barbudo era inconfundible con aquella gorra suya que en lo alto de su cabeza era otra Sierra Maestra verde olivo? Debido a la discreción necesaria de papá como embajador en Vietnam del Norte no se me anticipó ningún nombre, solo semanas después de pasado el “susto” pude intercambiar con el “viejo” acerca de aquel inmenso regalo. Ya había tenido un “desahogo” emocional con mami sobre el suceso que, ante la avalancha de adjetivos  salidos de mi boca para describirlo, únicamente me pasó la mano con una constatación absoluta:

“Si, mi niña, Fidel es Cuba, no lo olvides”.

Pero ¿cuáles eran los materiales desplegados ante el Comandante y que él miraba con tanta atención? ¿Qué se estaba decidiendo que provocara esa avalancha de preguntas? A la cabecera de la butaca mi hermano menor Víctor y Vicentico, el hijo del clavista (comunicaciones cifradas), iban recorriendo el trazo del dedo de Fidel, quien al llegar a un punto decía, “aquí, aquí y aquí”. Al líder de la Revolución cubana no le molestaba en absoluto la curiosidad de sus “dos escoltas” como los bautizó al sentirlos justo detrás. Por el contrario, hubo incluso un momento en que volteó para Vicentico y le dijo: “¿Qué, tú también vas a ser constructor?

La risa se expandió por la sala y hubo un coro de madres que confirmaron lo “bueno y educados” que éramos los hijos de los allí reunidos. A lo que Fidel exclamó un escueto “como debe ser” porque, aunque atento y siempre cariñoso con todos, en realidad estaba sumergido en el mapa, para analizar las propuestas que se le harían a la dirección vietnamita. Después lo supe: Cuba iba a levantar un hospital en Dong Hoi, Quang Binh, varias vaquerías en las montañas de Moc Chau y una granja avícola en Luong My. También un hotel en Hanói.

Meses previos a la histórica presencia del “Jefe” ya habían llegado técnicos especializados para acometer la tarea de la colaboración. Y eso lo recuerdo muy bien porque en un enamoramiento, -propio de cualquier edad pero acrecentado en las tempranas-, yo sentía pasión por Fredesman, uno de los traductores de la embajada, de quien se había corrido “el chisme” que andaba de novio de una joven rubia, delgadita y linda que creo se llamaba Maricela.

Además del shock que supuso “la traición” de mi novio imaginario, ese hecho se me grabó aún más porque mami me había comentado que la joven era técnica avícola, y esta última palabra jamás la había oído en mi vida. Me explicaron así que los cubanos íbamos a colaborar en la cría de pollos y gallinas, en la producción de huevos porque el pueblo vietnamita debía tener una correcta alimentación, sueños de desarrollo de Ho Chi Minh.

Escenario de guerra

Los vietnamitas le dieron una cariñosa hospitalidad al líder de la Revolución cubana. Foto: Archivo de la autora.

El 26 de marzo de 1974 ante una multitud de compatriotas, reunidos en la Plaza de la Revolución el Comandante en Jefe hizo pública la voluntad solidaria para con la tierra de los anamitas que en ese momento estaba representada allí por Pham Van Dong, miembro del buró político del comité central del partido de los trabajadores y Primer Ministro del gobierno de la República Democrática de Vietnam.

“(…) Nuestro pueblo apoyará en la medida de sus fuerzas la reconstrucción de Vietnam. En primer lugar, continuará brindándole la colaboración económica de carácter gratuito que durante todos estos años le ha estado brindando al pueblo de Vietnam, pero además, y aparte de la colaboración en distintos campos técnicos, cinco brigadas de trabajadores cubanos, con sus equipos y los materiales de construcción, trabajarán en Vietnam en cinco frentes diferentes: la construcción de un hotel, la construcción de un hospital, la construcción de centros avícolas, la construcción de vaquerías y la construcción de una carretera. Y ya se encuentran en Vietnam cientos de cubanos en esa tarea, y tenemos aquí la satisfacción de ver presidiendo este acto una parte de los integrantes del contingente de cubanos que trabajará en Vietnam (los constructores se levantan y alzan sus brazos, mientras los asistentes aplauden y corean: “¡Cuba, Vietnam, unidos vencerán!”) contingente que lleva el nombre glorioso e inmortal de Ho Chi Minh. (…)”

Con esa declaración de honor, Fidel sellaba nuestro compromiso militante con la nación indochina. Convencimiento gestado a partir de su admiración por el histórico líder vietnamita y su intransigente posición frente el imperialismo, viniera de donde viniera. Sin embargo, la identificación se hizo más patente y mayor cuando pudo comprobar con sus propios ojos las difíciles condiciones en las que vivían los vietnamitas, quienes remontando la destrucción atroz yanqui y el constante peligro para la vida, jamás se rindieron.

Aquella mañana en la embajada cubana en Hanói, en septiembre de 1973, ya Fidel venía de regreso del infierno por lo cual solo podía concebir un futuro libre de dolor para aquel pueblo, merecedor no solo de paz sino también de gloria. Sentado en una amplia butaca y con un vaso en la mano analizaba, entre febril y pausado, las cosas buenas que Cuba estaba dispuesta a ofrecer a sus hermanos de ideas. Recuerdo la combinación perfecta de su impaciencia al hojear los documentos que le entregaba Diego, el agregado militar, y la parsimonia con que bebía. Ninguna palabra suya fue precipitada, se notaba, y eso me lo aseguró papi muchos años después, que había calculado cada maniobra de traslado del personal de la construcción, su tiempo de estancia y el encadenamiento de coordinación necesario entre las autoridades de la Isla y de Vietnam.

Nunca me ha quedado claro si el emplazamiento de Dong Hoi, donde se levantaría el hospital, fue escogido a posteriori de su incursión allí. Bien puede que sí, debido al impacto que le dejó. El Comandante en Jefe expresó, el 16 de septiembre de 1973, en  la capital provincial Quang Binh, las siguientes ideas:

“ (…) En nuestro viaje hacia acá, desde que nos acercábamos a la ciudad de Dong Hoi ya veíamos, ya podíamos ver las huellas de la guerra, el enorme número de cráteres producidos por las bombas de la aviación yanki. A lo largo del camino hacia Binh Dinh, hemos podido apreciar cuánta destrucción ocasionaron los imperialistas yankis, cuántos crímenes se cometieron contra el pueblo de esta provincia. Hemos podido apreciar cómo lo atacaban todo, cómo lo destruían todo —los caminos, los puentes, las comunicaciones todas—; cómo atacaban despiadadamente las ciudades y aldeas, cómo destruyeron casas, cómo destruyeron escuelas, cómo destruyeron hospitales. Hemos podido apreciar la guerra de exterminio que quisieron hacer contra el pueblo de esta provincia de Quang Binh”.

”(…) En ningún lugar del mundo se han lanzado tantas bombas como las bombas lanzadas sobre la provincia de Quang Binh. Y ustedes, no solo sobrevivieron, sino que lucharon de tal modo que ocasionaron terribles pérdidas a los agresores en aviones y en barcos; capturaron numerosos pilotos piratas. Y no solo lucharon, no solo defendieron la patria, no solo defendieron la integridad de Vietnam, no solo derrotaron a los agresores, sino que además mantuvieron la producción, mantuvieron la producción en los campos y mantuvieron la producción en los demás centros de trabajo. Y eso constituye una hazaña extraordinaria, eso lo hace a ustedes acreedores al respeto y a la admiración del mundo. Nosotros no decimos estas palabras por halagarlos a ustedes; ustedes no necesitan que nadie los halague. Lo decimos porque así lo sentimos, porque así lo ve y así lo siente nuestro pueblo. (…)”

Esta disposición contribuiría a cimentar los nexos entre Cuba y Vietnam, de los que fui testigo sin precisar su cabal magnitud pero sopesándolos porque desde pequeña mi familia me dio una educación política e internacionalista. Ahora ya no tengo dudas: Fidel ha trascendido Cuba para volverse alegoría del humanismo por las muchas obras redentoras que impulsó.

La herencia solidaria

El Comandante en Jefe durante su recorrido por la Colina 241 inspeccionó los tanques de las Fuerzas Armadas Populares de Liberación. Foto: Archivo de la autora.

El hospital Amistad Vietnam-Cuba, donado con total desprendimiento, lleva el aliento solidario de Fidel; obra que sin duda refuta las falsedades echadas a rodar por la administración estadounidense y sus secuaces, enemigos de la Revolución, a propósito de la colaboración médica que Cuba brinda a 60 países con la consagración de 50 mil profesionales de la salud. ¡Con un elevado porcentaje de mujeres!

Con motivo del 84 cumpleaños de Ho Chi Minh (1974) se colocó la primera piedra de lo que para 1981, fecha en que fue terminada la instalación, ha sido sacerdocio del saber y del cuidado. Durante varios años alrededor de 100 ingenieros, arquitectos y constructores lidiaron con la persistente humedad y calor vietnamita y las largas jornadas de trabajo para que al final nuestros médicos fueran recompensados única y sobradamente con la sonrisa de una madre al ver que su hijo había sido rescatado de las altas fiebres. “Cam on dong Chi” (“Gracias compañero”, en vietnamita) es la mejor retribución al internacionalismo.

Pero de eso qué va a saber el imperio que no dudó en lanzar contra Vietnam un millón 600 mil toneladas de bombas más las adicionales con el Agente Naranja, que provocaron, según la Cruz Roja vietnamita, 4.8 millones de víctimas fatales y todavía hoy causa malformaciones (500 mil niños nacieron con malformaciones y un millón de personas quedaron discapacitadas o sufren algún problema de salud).

En 2004, la Asociación Vietnamita de Víctimas del Agente Naranja (VAVA) demandó en Nueva York a Monsanto, Dow Chemical y otras 35 empresas, sin embargo, el tribunal desestimó el caso por considerar que las entidades no eran responsables del uso que se hiciera de sus productos. Replicó además que las víctimas no podían demostrar vínculos entre sus problemas de salud y el defoliante. Se trata de una postura evidentemente política porque investigaciones médicas norteamericanas sí han hallado correlato entre la exposición a la dioxina, contenida en el herbicida, y la aparición de 13 dolencias, incluidas varios tipos de cáncer y afecciones cardiacas.

Estudios realizados en Vietnam, en el terreno, la elevan a 17. ¿Y esta es la voz que supuestamente tiene autoridad moral para cuestionar la solidaridad de Cuba? Fidel, lúcido como ninguno, lo anticipó en 1973 en Dong Hoi:

“(…) cuando nosotros brindamos nuestra cooperación, en la medida de nuestras fuerzas, al pueblo heroico de Vietnam, realmente no somos acreedores a que nos den las gracias. No es un obsequio al pueblo de Vietnam: ¡es un reconocimiento de lo que Vietnam se merece! (..) Es así como nosotros vemos las cosas. (..) Ustedes se han enfrentado a las armas modernas, a las técnicas más modernas de guerra. Y al luchar contra el imperialismo, y al vencer al imperialismo yanki, no solamente han servido a la causa de la independencia del pueblo de Vietnam, sino que han servido también a la causa de la independencia de los demás pueblos del mundo, han servido al movimiento de liberación de todo el mundo (..)”.

Luz larga

Apoteósico fue el recibimiento en Hanói. Foto: Archivo de la autora.

Fidel siempre tuvo claro que, más temprano que tarde, los Estados Unidos saldrían en desbandada de Indochina porque ya nosotros en Playa Girón provocamos su primer gran descalabro en América Latina. Con la toma de Saigón en abril de 1975 se confirmó la clarividencia del líder histórico de la Revolución cubana. Dos años antes, después de regresar de la línea de combate, allá por el Paralelo 17, anticipó la liberación total del país y el triunfo del Socialismo.

Ante las máximas autoridades vietnamitas, en su discurso de despedida en Hanói, expresó tal persuasión, en ese ejercicio suyo sumamente particular de ver el futuro:

“(…) ¿Quiénes lo derrotaron? Esos combatientes heroicos y modestos que hemos visto por los caminos. Esos hombres y mujeres, esos niños que hemos encontrado a nuestro paso, que fueron capaces de resistir sin doblegarse, que fueron capaces de soportar todos los sufrimientos y todos los sacrificios sin desalentarse, que supieron vivir durante años bajo tierra, que supieron trabajar y supieron combatir bajo las bombas (…)”. Y como era característico en él, analizó la esencia de esas hazañas: “(…) La fuerza de la convicción revolucionaria y una unidad de acción inquebrantables: la voluntad de vencer; la decisión, y el valor admirable de los hombres, mujeres, ancianas y niños sudvietnamitas han hecho posible esta proeza (…)”. Conmovido y pletórico de admiración concluyó: “(..) ¡Gracias Vietnam, mil veces gracias! (…).”

Huella inmortal

Como parte del apoyo solidario, Cuba donó a Vietnam 884 vacas lecheras así como tecnología moderna para su cuidado. La granja vacuna de Moc Chau sigue en activo y hoy atienden a 32 mil reses. Foto: Archivo de la autora.

El cuerpo diplomático de la embajada de Cuba en Vietnam del norte acudió en pleno al aeropuerto a despedirlo. Cada amanecer mi madre nos hacía las recomendaciones habituales antes de ir a la pequeña escuela cubana, ya que tuvimos el privilegio de contar con un maestro cubano, quien afianzaba los valores revolucionarios aprendidos en casa. Ese día mami volcó todo su patriotismo al plancharnos el uniforme escolar  porque los pioneros también iríamos. Con nuestras pañoletas, que en esa época eran bicolor (azul y blanca), estábamos muy emocionados y hasta algo nerviosos, sensación que desapareció por completo cuando Fidel se nos acercó.

Recuerdo que mientras iba camino a la escalerilla del avión extendía manos y sonrisas. Se detuvo ante cada uno de los niños (éramos apenas unos seis) quienes estábamos en total atención, pero con esa inquietud normal de los pequeños. Recomponiendo aquellas imágenes siento que Fidel se dio cuenta de la tensión porque en esos segundos nos prodigó un afecto infinito, demostrado en los detalles, característicos de él. No he retenido qué les señaló a mis compañeritos. A mí nada dijo, solo me miró mientras colocaba sus dedos en una de las trenzas, dándole un pequeño tirón hacia abajo con un guiño simpático de sus ojos felices.

Sí, feliz, porque Fidel se fue de Vietnam seguro de la victoria. Conoció de cerca, sin intermediario alguno, del horror, de la destrucción, y supo ver como nadie más, a no ser los propios vietnamitas, las incalculables fuerzas de un pueblo que se agiganta cuando le va en ello la soberanía.

El Comandante ha sido el mejor discípulo de José Martí y para esta reportera es evidente que con su proverbial memoria y capacidad analítica haya sedimentado su admiración por Vietnam desde las lecturas de La Edad de Oro, revista mensual para los niños escrita por el Apóstol en 1889, durante su exilio en Nueva York. En su texto “Un paseo por la tierra de los anamitas”, Martí se coloca como voz narrativa, como un hijo de esa nación y desde esa condición imaginada expresó:

“ (…) cuando los franceses nos han venido a quitar nuestro Hanói, nuestro Hue, nuestras ciudades de palacios de madera, nuestros puertos llenos de casas de bambú y de barcos de junco, nuestros almacenes de pescado y arroz, todavía, con estos ojos de almendra, hemos sabido morir, miles sobre miles, para cerrarles el camino. Ahora son nuestros amos; pero mañana ¡quién sabe!" (…)"

¿Hay entonces que buscar alguna otra evidencia de por qué Fidel estaba absolutamente seguro del triunfo de los anamitas? En reverencia a esa certeza fidelista, y por derivación histórica también martiana, el pueblo vietnamita ha levantado una plaza en honor al primer convencido. Ha quedado inmortalizado en bronce. Sigue allí, en la central ciudad de Dong Ha, provincia de Quang Tri, cerca del campamento de la condecorada División 304 en la Colina 241, punto dominante de la supuesta inexpugnable base yanki de Cam Lo.

El 14 de septiembre al arengar a una expectante y asombrada tropa (por la valentía del único presidente del mundo que visitó el frente de batalla), enarboló la bandera de la combatiente nación, y al hacerlo proyectó simbólicamente hacia el futuro la estrella  bordada en el centro, esa que es tan solitaria como la nuestra, y que sigue libre. Fidel jamás dudó de la victoria.

El hospital Amistad Vietnam-Cuba lleva el aliento solidario de Fidel. Foto: Granma.

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Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Francisco Rivero dijo:

    Gracias a la señora Maria Victoria Valdés, por compartir este testimonio.

    Un saludo fraterno.

  • RENATO RIVERA VALDES dijo:

    Los Anamitas de Martí; fueron la providencia que marcó el triunfo de este histórico y valiente pueblo.
    El COMANDANTE leyó la victoria porque siempre encarnó no solo el altruismo internacionalista, sino la convicción permanente que la victoria es resultado de la dignidad de Vietnam y Cuba

  • Beatriz dijo:

    Hermoso recuerdo y Sí Viva Fidel
    BHS

  • GALA dijo:

    Muchas gracias Maria Victoria y gracias a Cubadebate por este recuerdo y reflexión. Importantes testimonio que nos devela un pasaje de la historia que conmemoramos por estos días y que nos sirve de ejemplo y aliento para enfrentar las agresiones del mismo enemigo que sigue empecinado en hacernos daño sin comprender que nunca nos doblegarán a los cubanos como no pudieron hacerlo con el pueblo vietnamita. El heroísmo de Vietnam y toda nuestra historia nos inspiran y comprometen a crear y vencer.

  • Gilberto Arias dijo:

    En tiempos en que el imperialismo, una vez más, arrecia su acometida con el ánimo de destruirnos es muy oportuna esta remembranza de la primera visita de nuestro Comandante a Vietnam, país al que acudió en medio de las circunstancias más difíciles con el único fin de agradecer a ese pueblo el ejemplo insuperable de resistencia que le brindaba al mundo, que nunca debemos olvidar, y a brindarles toda la solidaridad militante de nuestro pueblo.
    ¡Muchas gracias por compartir tan hermosos recuerdos!

  • JRS dijo:

    Muy bello trabajo, contado con el alma de Maria Victoria. Felicidades por compartir tan bellos recuerdos que nos hacen multiplicar el orgullo de la patria que tenemos y del gigante que siempre nos acompañará: FIDEL.

  • Manuel dijo:

    me gusto mucho el articulo, contenido y forma. son pasajes de nuestra historia no suficientemente divulgados a los cuales no debemos renunciar. la autora, Maria Victoria, con su testimonio personal cumple otro papel fundamental: evitar que nuestra historia nos la reescriban otros.

  • Fredesman dijo:

    Excelente trabajo, Maria Victorita. Cierto, Fidel, y tu padre, ¿ por que no decirlo ?, nunca dudaron de la victoria de los vietnamitas. Sigue escribiendo para que los mas jovenes comprendan las razones que hacen especiales las relaciones entre Cuba y Vietnam. Me dio mucha gracia lo de tu novio imaginario. Saludos a tu mama y a tu hermano. Un abrzo.

  • Haydee González dijo:

    Gracias Maria Victoria por tan buen artículo que me ha llenado de nostalgia y recuerdo de aquella etapa vivida y de la visita del Comandante, soy Haydee González la hija de Diego González el agregado militar.

    Saludos
    Haydee

  • Lucía dijo:

    Un nudo en la garganta se me ha hecho al leer tan emotivo y verídico relato-testimonio, tantas cosas he leído sobre el invencible pueblo vietnamita, !Gracias pueblo heroíco de Vietnam! Ningún pueblo ha escrito tantas páginas de heroísmo y de victoria contra un enemigo tan salvaje como lo es el imperio. El pueblo de Vietnam merece el respeto universal de todos. Luego de la guerra se volcaron a la reconstrucción y desarrollo de su Patria y contó con la ayuda solidaria del pueblo de Cuba pero esta ayuda solidaria no surgió de la nada sino de la idea de nuestro Fidel. Quería llegar aquí por otra arista porque en sesenta años de bloqueo poco nos hemos desarrollado y mucho nos han desprestigiado y algunos han logrado socavar la mente de algunos y es posible que pudiéramos haber hecho más con toda la ayuda del campo socialista, pero de que no nos quedamos solos con esa ayuda y la compartimos con el heróico y hermano pueblo vietnamita y otros pueblos africanos, es cierto. Gracias, PERIODISTA MARIA VICTORIA VALDES.

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