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Ramiro Guerra: Danzar más allá de la muerte

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Muere Ramiro Guerra, maestro de la danza cubana. Foto: El Porvenir.

El fallecimiento del maestro Ramiro Guerra, Premio Nacional de Danza,  deja para el arte escénico y la cultura cubana toda, una ausencia que nadie podrá cubrir. Su legado como coreógrafo, profesor, investigador y líder en las apropiaciones de las vertientes modernas y sus postulados en nuestro ámbito dancístico, lo habían convertido ya, desde hace mucho, en una referencia primordial para entender no solo lo relacionado con el desarrollo de una visión más contemporánea entre nosotros. La obra que nos legó este habanero es la de un fundador veraz y convincente, que fue en vida, además, un guerrero y un líder dotado de todas las armas que hay que manejar en busca de la renovación genuina.

Nacido en 1922, de haber llegado al junio de este 2019, le hubiéramos celebrado los 97 años. Renegó de su carrera de abogado para irse en pos de la danza, y tuvo entre sus maestros y guías a figuras como Nina Verchinina, Martha Graham y José Limón. En 1943 bailaba, guiado por Alberto Alonso, en Pro Arte Musical. Viajó a Europa, a Estados Unidos, se integró a las Misiones Culturales animadas por Raúl Roa en 1950, y se forjó como bailarín y coreógrafo en medio de la indiferencia general. Como a tantos cubanos, le sorprendió encontrar fuera de su tierra los ecos de su identidad, y regresó a su patria para ir más al fondo de este asunto, preparándose para retos mayores. En 1959 crea el Conjunto del Departamento de Danza Moderna del Teatro Nacional de Cuba. Fue su propia revolución dentro del nuevo tiempo.

El arco de lo que Ramiro Guerra hizo cristalizar en ese empeño nos alienta todavía. Mulato, Mambí, La Rebambaramba, Chacona, Improntu galante, Medea y los negreros, Orfeo antillano, son mucho más que títulos en un catálogo de lujo. Con Suite yoruba consigue un clásico que unifica la herencia de la cultura africana en nuestra nación con la visión de un artista pleno en su afán de modernidad.

Fue estricto, severo, riguroso. Fogueó a bailarines y nombres que hoy le reconocen con agradecimiento infinito. El Conjunto triunfó en París, en otras naciones europeas, recibió los elogios de Maurice Béjart. Y tenía por delante aún más desafíos. La fuerza polémica de El decálogo del apocalipsis, en 1971, parecía rozar el límite.

Tras el frustrado estreno de esa última pieza, los aires de un momento oscuro alejaron a Ramiro de la compañía que él fundó. Fiel a sí mismo, no se detuvo por ello, y de esa aparente parálisis vinieron algunos de sus libros sobre el arte de la danza que hoy son uno de sus grandes aportes. Restaurado el nivel de las aguas, no quiso volver atrás y retornó a la coreografía con el Conjunto Folklórico Nacional y otras agrupaciones. En 1989 estrenó De la memoria fragmentada: una pieza que recomponía, en el escenario, memorias, obstáculos y nuevas profecías. No volver sobre sus pasos era una de las divisas que proclamó. Y también en ello fue único, indagando siempre, inquietando siempre.

Ahora que ha fallecido, podrá hacerse una biografía formal de este maestro. Premios y condecoraciones, distinciones y doctorados, podrían intentar su retrato. Genio auténtico, no podrá ser reducido a una biografía formal. Sus discípulos directos e indirectos, sus colaboradores, estudiosos y amigos, sabrán recordarlo como un espíritu sin descanso. Lo que él fundó, baila siempre con nosotros. Sus libros, que deberían ser más y mejor leídos por las nuevas generaciones no solo de la danza en Cuba, serán bitácoras imprescindibles. Ramiro Guerra fue un talento y un carácter, y en su ética de rigor nos deja muchos retos por venir. Este fin de semana, la compañía que él fundó, ahora bajo el mando de Miguel Iglesias, volverá a convocar al público en el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso. Sea esa la mejor manera de entender, y demostrar, que su nombre danza más allá de la muerte. Que como todo artista verdadero, no hay adiós posible para quien supo alcanzar una trascendencia tan firme, pletórica de futuridad.

Se han publicado 2 comentarios



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  • Francisco Rivero dijo:

    A Ramiro Guerra in memoria.

    Gracias ! Gracias por su lealtad ! Y mil veces garcias por tu presencia en obra y espiritud creador siempre renovador.

    Nadie como él y como lo fue tambien el desaparecido Eduardo Rivero de ver en lo local una fuente inspiradora de reconocernos en el gesto, el canto, la musica, la esencia de nuestra cultura nacional en construcción.

    En esta noticia lutuosa como no evocar su obra “Suite Yoruba” que considero universal. Agradecidos somos todos a él y a sus compañeros fundadores de la danza que con pasión, fe, y originalida han hecho posible el amor y respecto por esta diciplina artisitica.

    A los familiares y amigos mi mas sentido pesame.

    Un abrazo fraterno

  • Ana Rosa dijo:

    Gran perdida la de nuestra cultura, llegue a sus familiares y amigos mi más sentido pesame EPD

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Norge Espinosa Mendoza

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