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Enero de 1959 en Pinar del Río: Los jóvenes tomaron las calles

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“Había que ver a aquel pueblo en la calle, el pueblo entero; la gente se besaba, la gente se abrazaba, todos con banderas”. Reproducción de Bohemia, enero de 1959.

La Edición de la Libertad de Bohemia recogía en aquellos días iniciales de 1959 historias que alegraban a los cubanos, otras que los estremecían. Comenzaban a aparecer “cementerios particulares”, como se les llamaba en las páginas de la revista; se veían las fotos de calabozos e instrumentos de tortura, y una “galería de asesinos”; se contaban las historias personales y colectivas de los últimos dos años, se miraban una y otra vez las fotos de los jóvenes barbudos.

Sobre Pinar del Río, aparecían algunas fotos del 1ro de enero, y en una de ellas el pueblo rodeando la prisión provincial. Andrés Peraza Dib estaba ese día entre los presos políticos que, expectantes, se organizaban dentro del recinto para que comenzara a funcionar allí el nuevo orden que llegaba tras la caída del régimen batistiano.

“Cuando se conoció la noticia de que Batista se había ido, algunos guardias de la banda de música, que no eran de los que daban plan de machete -incluso algunos simpatizaban con los revolucionarios- nos avisaron, y por un radio que tenía uno de los presos comunes nos enteramos de lo que pasaba.

“Nos organizamos. El pueblo se había reunido alrededor de la prisión. Había una orden del Movimiento 26 de Julio de que los presos comunes no podían salir a la calle; ahí había asesinos, gente con 15 y 20 años de condena, esperando ir para la Isla de la Pinos. Lo primero que hicimos fue tomar la prisión, metimos a los guardias donde estábamos nosotros antes, y unos se incorporaron a la policía, y otros a las distintas actividades y en los lugares donde estaba el Ejército Rebelde”.

Revista Bohemia, enero de 1959.

A René González Novales el primer día de 1959 le llegó en las montañas. “Tenía tremenda fiebre y Payret (el capitán Rogelio Payret, Claudio) me había dicho ‘te vas para el llano a cumplir una tarea especial’. No sabía lo que era, luego supe que se trataba de formar otra guerrilla en el circuito norte. El día 1ro por la madrugada llegó un campesino de la zona gritando ‘se fue Batista, se fue Batista’.

“Nosotros teníamos un solo radio y no estaba encendido. Quien avisa a Escalona (el comandante Dermidio Escalona, jefe del Frente Guerrillero), que estaba a 50 kilómetros de nosotros, en Cacarajícara, con Pepito Argibay (el capitán José Argibay), para esperar un desembarco de armas, fue Neill Macaulay el americano, que oyó la noticia en un pequeño radio.

“Yo, con todo y la fiebre que tenía, me tiré a un río. Tenía los pies reventados, había caminado como mil kilómetros por todo el circuito norte”.

René estaba viviendo el triunfo de la Revolución, alzado, con 19 años. Andrés salía de la prisión con 16. Con tan poca edad ya tenían mucha historia para contar, una historia en la que se mezclaban rostros de otros jóvenes de menos de veinte años como ellos, algunos ya mártires; sus madres, hermanos, amigos, torturadores de la tiranía y sicarios; ambientes de bares y pobreza en el barrio de Rancho Grande, donde se hicieron hombres antes de tiempo, y donde comenzaron el camino que los puso, a uno, en la montaña, y a otro en la prisión, aquel día primero de 1959.

En esta foto del Diario de la Marina, se ve a Andrés Peraza (con pulóver a rayas), abrazado por su padre, mientras saluda a una mujer a su salida de prisión, el 1ro de enero de 1959.

El camino del Frente Guerrillero

Cuando el 26 de julio se fundó el Frente Guerrillero de Pinar del Río, muchos de quienes lo integraban habían participado en intentos anteriores, dirigidos por hombres como Rafael Ferro Macías, Orlando Nodarse, Roberto Amarán, Rogelio Payret, Vicente Martínez y Juan Palacio Beltrán.

Es una historia que René González Novales cuenta en detalle, y parte de la cual incluimos en un anexo a esta entrevista.

“Esos grupos no tuvieron continuidad, por factores como el fracaso de la huelga del 9 de abril, por órdenes que se dieron, por el hecho de que no había condiciones aún para mantener y extender la lucha y consolidar un frente”, explica.

En mayo de 1958 había llegado a La Habana el comandante Delio Gómez Ochoa como delegado nacional de acción del Movimiento 26 de Julio. “Delio viene con Dermidio Escalona, que era capitán en la Sierra, que tenía la misión de sustituir a Machaco Ameijeiras en La Habana, y con Pepito Argibay, que era teniente en la Sierra y técnico en minas.

“Delio los trae a los dos, se posiciona como delegado nacional de acción del Movimiento, con la misión además de crear guerrillas dondequiera que hubiera condiciones, ya fuera en Matanzas, en Pinar del Río, en la provincia de La Habana. Y en ese momento, la provincia de Pinar del Río, donde se había luchado tanto para tener un frente guerrillero, tenía la materia prima, porque había allí muchos compañeros.

“Va a Pinar del Río a finales de junio del 58, a solicitud de los dirigentes del Movimiento en Pinar del Río. Le piden un jefe guerrillero de la Sierra, porque evidentemente hacía falta en Pinar del Río un hombre de experiencia guerrillera, por todo lo que había pasado anteriormente, aunque eso no quiere decir que haya sido solo por falta de experiencia guerrillera, sino por otras circunstancias”.

Pinar del Río -señala- está muy cerca de La Habana. Había un regimiento de más de 1 500 soldados en la ciudad capital, seis escuadrones (el 61 que era Pinar del Río, el 62 de Guane, el 63 Consolación, el 64 Bahía Honda, el 65 Guanajay y el 66 en San Cristóbal), y cada escuadrón tenía 120 hombres, más los puestos colaterales de la Marina y otros cuerpos, más la base de San Julián, en Guane, más un cuartel de los masferreristas que era prácticamente un escuadrón de la muerte -que estaba cerca de Bahía Honda, en la zona de San Diego de Núñez-, más la base aeronaval de Mariel… Todo eso estaba dentro de la provincia de Pinar del Río.

“Se nos hacía muy difícil consolidar la acción con esas fuerzas contrarias y muy cerca de La Habana, porque también un avión despegaba de la base aérea de San Antonio y en 15 minutos nos estaba bombardeando, como pasó después, cuando ya estaba el Frente creado”.

En julio de 1958, el Frente Guerrillero, fundado en La Palma bajo las órdenes de Dermidio Escalona, se forma en gran parte con hombres que habían participado en los alzamientos anteriores en la provincia. Con Escalona se quedaría también Pepito Argibay. Argibay y Rogelio Payret serían los capitanes.

Días después, el 13 de agosto, el grupo de Escalona tuvo su bautismo de fuego en el ataque al cuartel de San Andrés. “Era un pequeño cuartel de montaña. Ya en agosto la guerrilla de Escalona tenía unos 30 hombres. La acción tuvo un impacto muy grande a nivel político, porque era el ataque a un cuartel en una provincia donde anteriormente no había sucedido”, afirma René.

“Cuando llegan a la zona de Seboruco, en Los Palacios, “caen en una embocada del ejército y muere un médico, Isidro de Armas, el único médico que cayó a lo largo de la República en la guerra revolucionaria en la montaña (porque en el Moncada cayó Muñoz Monroy). Además, fue herido gravemente y hecho prisionero Ceferino Hernández, un compañero de Pinar del Río que fue asesinado al día siguiente. Fue herido también, en una pierna, el comandante Escalona, y dos compañeros lo llevaron cargado por más de 15 o 20 kilómetros a un sitio seguro, y de ahí fue enviado a La Habana, para ser curado.

“La guerrilla se separó en grupos temporalmente. Payret, que seguía alzado en la zona norte, ofreció su apoyo y se movió por más de 50 kilómetros, pero cuando llegó a Cacarajícara le dijeron que el grupo se había disuelto. Entonces mandó un mensaje diciendo que ante cualquier situación él estaba en El Rubí (municipio de Cabañas) para auxiliarlos.

“Y así fue, a los pocos días empezaron a llegar al campamento de Payret los guerrilleros que se habían separado en Seboruco y otros que se integraron en ese momento. Dentro de ellos estaba Escalona, que ya había regresado de La Habana en los primeros días de septiembre, y venían también Franco Lemus, Tellería, Agustín Díaz Cartaya, el americano Neill Macaulay.

“Ahí se juntaron entre 30 y 40 hombres, y de ahí, ya bajo las órdenes de Escalona, que llevaba como capitanes a Payret y a Pepito Argibay, comienzan a caminar. Es el momento en que yo me uno a la guerrilla”.

El Frente Guerrillero de Pinar del Río llegó a contar, precisa González Novales, con entre 300 y 370 hombres en cuatro columnas. Entre sus misiones estaba aliviar la presión de las fuerzas militares sobre las tropas rebeldes en Oriente, y preparar las condiciones para la llegada de la columna invasora comandada por Camilo Cienfuegos.

“La apertura del Frente se da también por el apoyo del Llano, de la lucha clandestina; todos estos compañeros de los grupos que se alzaron eran clandestinos inicialmente. En Pinar del Río siempre hubo una unión muy grande entre la montaña y el Llano hasta finales de la guerra, y hubo también mucha unidad entre las organizaciones revolucionarias en la provincia, lo que contribuyó a que se pudiera consolidar el Frente”. Pedro Abreu Mujica

Adolescentes, amigos y rebeldes

René llegó a la montaña luego de que un coronel en Pinar del Río le condenara a muerte. Se había convertido en jefe de un grupo de acción y sabotaje con solo 16 años, al mismo tiempo que Andrés Peraza -que era aún más joven-, ambos cubriendo el puesto dejado por el hermano de este último, Antonio, jefe de acción y sabotaje de una zona que abarcaba Rancho Grande (hoy Cuba Libre), reparto Vélez, La Cabaña y la Alameda, que cayó preso.

Había tomado parte en acciones como el ataque a carros patrulleros del SIM, entre Cabañas y Bahía Honda.

“Cuando subo a la loma había participado en acciones en el llano, en la costa norte, y tenía 18 años. Le caí bien a Payret, y me dijo ‘vuelves para el llano a formar una guerrilla móvil’, porque había que crear una situación para neutralizar las elecciones de noviembre del 58, en el circuito norte.

“Bajamos para el llano, formamos una guerrilla, se unieron muchos compañeros, y estuvimos batallando con esa guerrilla hasta mediados de noviembre”.

René González Novales, tercero de izquierda a derecha, con la insignia del M-26-7 en su casco. Foto: Archivo.

En el Frente Guerrillero, René llegó a ser segundo jefe de una guerrilla del Circuito Norte, en la Columna 2 Ciro Redondo.

Había nacido “a la orilla del río Cuyaguateje, en Cabezas, de familia campesina pobre. A los diez años mis padres se divorciaron, me fui para Pinar con mi madre, para el barrio Oriente. Ahí puso un quiosquito, de laticas de salchicha, de barra de guayaba, de racimo de plátano, pero tuvimos la suerte de que a los pocos días Daniel Ramos, hermano del pelotero Pedrito Ramos, se llevó a una muchacha de por allá por San Luis, bella, y no tenía a dónde llevarla y la puso en el quiosco de mi mamá. La gente iba a verla, y si mamá le daba una botella de guayabita del pinar la vendía, y si le daba una botella de ron la vendía, una botella de cualquier cosa la vendía… A los pocos días llegó otra muchacha de por allá por Punta La Sierra; no tenía dónde estar y mi vieja la llevó para allí también. Le tuvo que hacer un agregado al quiosquito, y cuando vino a ver se convirtió en un bar”.

Mery, la mamá de René, llegó a tener ocho bares. En una época fue expulsada de Pinar, “le quemaron todo lo que tenía, menos el dinero que tenía en el banco”.

Entre bares y ambiente de peleas y pobreza crecieron René y Andrés. Como muchos otros.

Pedro Abreu Mujica, que con 13 años estaba en el movimiento clandestino y es quien propició la conversación con René y Andrés, cuenta que la esquina de Ricardo, donde se reunían, “era un centro formador; de allí salías revolucionario o delincuente”.

Con 14 años René estaba tratando de trabajar y vivir. “Trabajé en los bares, en los barcos de La Coloma, pesqué, trabajé en el mercado de Pinar del Río, pero nada, lo que ganaba era una basura…

“Llegué hasta sexto grado… Conocí a los muchachos del Movimiento, los que lo habían fundado en Pinar del Río, y del Directorio también, y a fines del 55, en una bronca -porque siempre estaba en bronca con los policías- me dijeron que canalizara esa bronca que tenía, y me metí en la Revolución.

“Yo estuve diez veces preso, cinco veces preso por fajarme, como preso común, y cinco veces como preso político. Fui expulsado de la provincia y al final terminé en el Frente Guerrillero.

“Estuve tres veces alzado. Participé en varias acciones en la clandestinidad. Participé en varias acciones de tiros, no porque fuera el más guapo, sino porque eran las circunstancias. Me tocó ese papel, a nadie se lo pedí.

“Estoy muy orgulloso de haber salido revolucionario del antro aquel, de aquella situación”, concluye.

Y Andrés agrega: “Y de haberte alzado con zapato blanco y negro…”. (Ríen)

¿Se fue con zapatos de dos tonos?, pregunto.

Andrés: “Sí. Y en vez de mochila llevaba una maleta llena de ropa. Eso fue en el primer alzamiento”.

Andrés recuerda que “ya fumábamos. Tomábamos cerveza, el vasito costaba 10 centavos. Llegábamos al bar de Apolonio y gritábamos ‘viva el 25 más uno’, ahí mismo, delante del pueblo.

“Ese barrio, Rancho Grande, hoy Cuba Libre, era un barrio de gente pobre, rebelde. De ahí surgieron muchos compañeros. Todos los días salíamos con una cantidad de cosas para la calle, nos jugábamos el pecho, hasta que caíamos”.

En casa de Moisés González, Pedro, un adolescente, conoció a Escalona, a Payret, a Pancho González, a todos los dirigentes de la Revolución en Pinar del Río.

“Uno accidentalmente los conoció. No es que uno fuera… Iban allí, yo iba allí. Pancho González era un ser como cualquiera de los que estamos aquí, pero fue uno de los hombres más grandes. Y también el comandante Nogueira, una gloria de Pinar del Río.

¿Se conocían desde esa época?, les pregunto.

“Sí, claro -responde René.- Cuando a mí me cogen preso, me muelen a golpes y me expulsan de Pinar del Río en enero del 58, regreso clandestinamente, me empato con Andrés y con José Vera, y me mandan para El Mulo con una pila de medicinas que me dieron en la farmacia de Ramón Llano, en la Alameda, y ahí iban conmigo Laíto (Pedro Raúl Sánchez), Armando Crespo, y Pedrito, que tenía 13 años cuando aquello…

“Ninguno de aquellos muchachos pasaba de 18 años. Yo tenía 17”.

Y recorre una larga lista en la que se mezclan nombres y apodos, nombres de guerra, y edades de 16, 17, 15… Muchos murieron a esas edades en combate o asesinados.

“La juventud jugó un tremendo papel en Pinar del Río… Y siempre nos comparamos con la juventud de 20 a 30 años, pero aquella era la juventud de 12 a 18…”, casi bromea René.

“Hay que destacar el papel de los jóvenes -recalca-. Laíto tenía 14 años cuando se integró con nosotros en la lucha. Con Laíto andábamos Andrés y yo. Cuando Andrés cayó en la cárcel y yo me fui al Frente, Laíto tuvo que bajar de allá y el mismo día en que cumplía 16 lo mataron, en octubre del 58, en el reparto Llamazares”.

Bohemia reproduce parte del diálogo de un oficial rebelde con Vigoa, uno de los esbirros bajo el mando de Menocal en Pinar del Río. Enero de 1959.

El capitán Luis Valdivia, jefe del cuartel de San Cristóbal tras el triunfo, habla al reportero de Bohemia sobre los crímenes de Jacinto Menocal y su grupo. Enero de 1959.

Fragmento de Bohemia sobre los esbirros de Menocal. Enero de 1959.

 

René recuerda las matanzas. “La de Cabañas, después de que la guerrilla de Payret atacara a dos perseguidoras del SIM: le hicimos varias bajas al ejército, pero el ejército no nos atacó a nosotros, lo que hizo fue arremeter contra el pueblo, contra algunos colaboradores que conocían, y mataron a 22 hijos del pueblo de Cabañas y sus alrededores.

“Hubo matanzas cerca del Pan de Guajaibón, en La Palma, en Bahía Honda, en San Cristóbal, en Los Palacios, en Pinar del Río, donde “mataron al Pandeao (Lázaro Acosta Paulín), al Gatico (Carlos Hidalgo Díaz), a Laíto, a los tres hermanos Falcón, al médico Legón (Justo Legón Padilla), a Roberto Amaral, a Ferrito (Rafael Ferro Macias)… A los hermanos Saíz los habían asesinado en el 57”.

Los jóvenes Javier Calvo Formoso (21 años), Ramón Pérez Lima (22), Julián Martínez Inclán (20) y José Ignacio Martí Santa Cruz (21), miembros de la Agrupación Católica Universitaria, fueron detenidos en Bahía Honda el 26 de diciembre, torturados y ahorcados el día 27. Reproducción de Bohemia, enero de 1959.

Pedro Abreu considera que “eran las condiciones. Ahí influyeron primero las condiciones sociales y la convivencia, las relaciones… ¿Qué era Pinar del Río? ¿Por qué la gente de Pinar del Río era rebelde? Porque Pinar del Río era, dentro de la miseria, lo más miserable; dentro de la pobreza, lo más pobre; dentro del atraso, lo más atrasado.

“Y los barrios donde nosotros vivíamos eran los más pobres de Pinar del Río”.

Y entre los tres van mencionando los nombres de aquellos barrios: Rancho Grande, los alrededores de la Alameda, la loma de la Quinta, el barrio El Cartucho, el reparto Maica, La Gía…

Andrés Peraza cayó preso luego de una acción, alguien lo había delatado. Cuando lo llevan al cuartel 19 en un jeep “estaba allí la persona que me había delatado a la policía. No voy a hablar de identidad porque para hablar de flojos hay que haber pasado lo que pasamos nosotros bajo el bicho de buey y el plan de machete durante 17 días. Él diciendo que sí, que era yo, y yo diciendo que no.

“Después nos vimos en la prisión y lo perdonamos. Llegué hecho un cochinito asado, desde la nuca hasta la rabilla todo tostado, como él y como René y como muchos que pasaron por ahí. Así que lo perdonamos.

“De ahí nos pasaron al vivac, también detuvieron a la que fue mi esposa (René se la presentó y la pidió en su nombre por carta, y también la reclutó), la madre de mis hijos… A ella la dejaron en libertad condicional porque era menor de edad -tenía 14 años-, con su hermana, Aracelia, también muy joven… Y su hermano, Pepito, estaba preso, salió y se alzó…

“Yo fui 11 veces a juicio, no me llegaron a condenar porque era menor de edad. Pero no salí más de la prisión. Entré a la cárcel con 15 años y salí con 16. Pasé a la prisión provincial, que es donde está hoy la fábrica de tabaco, y estuve al frente de una galera de presos políticos. Había tres galeras de presos políticos.

“Cuando salía una cordillera de presos hacia Isla de Pinos, el jefe de la galera y los demás compañeros organizaban una fila. Nos parábamos todos juntos y primero cantábamos el Himno Nacional y después el Himno del 26. Ahí mismo llegaban los guardias con sus armas, hacían la requisa y nos suspendían la visita. Los presos comunes nos respetaban y muchos nos ayudaban.

“La mamá de René, Mery, nos mandaba una cantina de comida todos los días, al igual que otras familias. Mi mamá estaba presa en los calabozos del hospital provincial, y mi hermano Antonio ya estaba en la Isla, condenado a 25 años; Amalio y Fernando, mis otros dos hermanos, estaban huyendo… Papi buscaba comida también para nosotros y nos apoyaba en la cárcel.

“Nuestra casa era un cuartel, allí se hospedaban luchadores, entre ellos René”.

Andrés tenía 14 cuando ingresó al Movimiento. Un año después entró a la cárcel y solo salió el 1ro de enero. En el juicio se declaró único culpable por una acción en que también estaban señalados familiares y compañeros de lucha. Todos fueron absueltos.

Cuando le pido situarse en lo que pensaba a sus 14 años, y las razones para entrar al Movimiento y a la lucha, para “jugarse el pecho”, me dice:

“Muy fácil, primero no vamos a decir que éramos comunistas o teníamos conciencia socialista. Primero fue una reacción a todo lo que vimos desde chiquitos, las maldades e injusticias que cometían los guardias… Cuando vimos que a alguien le cayeron a palos ahí en la puerta de su casa, delante de su mamá y su papá y sus hermanos.

“Y la corrupción. En la zona de nosotros había más de 17 bares de prostitutas. La consigna de nosotros era tumbar a Batista; asumíamos cualquier acción que nos diera el Directorio o el 26 o cualquier otra organización que buscara tumbar a Batista. Ahora, conocíamos a Fidel, escuchábamos Radio Rebelde y nuestros hermanos, mayores que nosotros, nos tenían informados. Nos incorporamos a la lucha siguiendo a nuestros mayores, que sí sabían con total conciencia por qué estaban luchando”.

En su familia, la mayoría de sus diez hermanos y su madre recibieron la Medalla de la Clandestinidad. Su padre fue un gran dirigente sindical de la provincia, uno de los que a través del frente obrero del 26 de Julio organizaron la huelga general revolucionaria en Pinar del Río.

Pedro Abreu aclara: “A René le dicen ‘el Rubio de Mery’ porque Mery era muy conocida en Pinar del Río, una mujer bella, valiente, generosa, todos los compañeros hablan de ella con un gran cariño y devoción. Y la familia de Peraza es grande también. El viejo Alejandro Peraza pudo haber sido lo que hubiera querido ser de haber sido un mercenario, pero fue un patriota”.

“René y Andrés son símbolos de lo que fueron los jóvenes en Cuba y de cómo Cuba también ha formado a sus jóvenes. Porque es cierto que no había suficiente desarrollo político, pero sí había una conciencia política. Nadie se juega la vida como se la jugaron René y Andrés y otros muchos si no hay una conciencia política. Había conciencia de los males que había en Cuba”. Pedro Abreu Mujica

Pinar en enero de 1959

Las fuerzas rebeldes de Pinar del Río instalaron su comandancia en el Instituto de Segunda Enseñanza de la ciudad. En esta foto del Diario de la Marina del 10 de enero de 1959, el comandante Dermidio Escalona (a la derecha).

Las imágenes de Pinar del Río el primero de enero, y luego el 17, están en Bohemia y periódicos de la época.

Andrés me muestra un recorte del Diario de la Marina, ya maltrecho por los años, en el que se le ve abrazado por su padre mientras él, a su vez, saluda a una mujer entre quienes se reunieron en las afueras de la cárcel provincial.

Desde ese primer día, las fuerzas del Frente Guerrillero van ocupando los cuarteles en las poblaciones, la base aeronaval de Mariel, la motorizada de la provincia, que estaba en Guanajay, y los cuarteles de la Marina.

“Escalona -relata René- toma Los Palacios, Consolación del Sur y La Palma; pone su jefatura en el Instituto de Segunda Enseñanza de Pinar del Río, donde está hoy la universidad, y con refuerzos de otras columnas empieza a rodear el regimiento de Pinar del Río que tenía más de mil hombres. Se toman otros lugares cercanos a la ciudad.

“La columna 4, que estaba por la zona de Sumidero, toma el cuartel de Guane, la base aérea de San Julián, los cuarteles de San Juan, San Luis, Minas de Matahambre y Guanito. La columna del Directorio toma el escuadrón de Pinar del Río, que era el 61, y la guerrilla de Ceja del Negro toma el gobierno provincial y la jefatura de policía de Pinar del Río…

“La milicia se vuelca a la calle con el pueblo, que se une también; la gente que sale de la prisión también se suma, y se empieza el cerco al regimiento de Pinar del Río. El 3 de enero el regimiento se rinde y entran las fuerzas rebeldes allí”.

René recuerda cómo Payret les encomendó tomar la finca de Masferrer, cerca de San Diego de Núñez, donde estaba basado un escuadrón de la muerte, con unos 50 hombres.

“A Payret le habían dicho que los masferreristas se estaban yendo. Y no podíamos dejar que se fueran. Había que hay aplicarles la justicia, y coger ese armamento y tomar la instalación. La mayoría de los que fueron eran muchachos. No hubo que tirar un tiro. Los tipos se rindieron.

En los primeros días, como en otras partes del país, en Pinar se encontraban enterramientos de víctimas de la dictadura. Reproducción de Bohemia, enero de 1959.

“Y el día 2 partimos a capturar el escuadrón de Bahía Honda, que tenía 150 o 200 guardias. Todos los asesinos se habían metido allí en el cuartel de Bahía Honda. Llegamos, salieron oficiales a ponernos condiciones para rendirse, y Payret les dijo que no había condiciones, que si en cinco minutos no entregaban aquello, lo íbamos a tomar. Regresaron, conferenciaron y vinieron con las manos en alto.

“Déjame decirte, si se forma un tiroteo ahí hubiera habido muchos muertos en el pueblo, porque aquello estaba rodeado de pueblo.

“El pueblo entonces se unió con nosotros y vino toda aquella alegría. Luego se decretó la huelga general, que fue lo que le puso el puntillazo a la tiranía”.

“Pinar del Pinar siempre esperó dos visitas: la primera no se produjo, porque la Revolución triunfó antes, y fue la de Camilo Cienfuegos. Se había planeado que la invasión llegara a Pinar del Río, pero las circunstancias de la guerra hicieron que se quedara en Las Villas, y que luego Camilo pasara directamente a La Habana. La segunda fue la de Fidel”. Pedro Abreu Mujica.

Fidel camino a la ciudad de Pinar del Río, el 17 de enero de 1959. Foto: Archivo.

Fidel habla al pueblo de Pinar del Río, 17 de enero de 1959. Foto: Archivo.

El pueblo en la calle

Pedro Abreu Mujica afirma que los dos días más alegres de Pinar del Río “fueron el 1ro de enero del 59 -había que ver a aquel pueblo en la calle, el pueblo entero; la gente se besaba, la gente se abrazaba, todos con banderas-, y el 17 de enero, cuando Fidel fue a Pinar del Río. Viene la Caravana de la Libertad, con Fidel, pero él tiene que quedarse en La Habana -y lo explica en su discurso– para consolidar el triunfo revolucionario. Fidel permanece en La Habana el 8 de enero y no puede llegar a Pinar del Río, pero Pinar del Río lo espera”.

René, Andrés y Pedro destacan algo que hizo fuerte al movimiento revolucionario en esa provincia.

“Era tan grande la unidad de los pinareños, que la Revolución se consolidó en Pinar del Río en esos pocos días que fueron del 1ro al 17 de enero”, dice Pedro. “Aquel 17 de enero, cuando llega Fidel a Pinar del Río, ya estaba consolidado el poder rebelde en la provincia”.

“Aquel 17 de enero, cuando llega Fidel a Pinar del Río, ya estaba consolidado el poder rebelde en la provincia”. Foto: Archivo.

Andrés recuerda que Fidel “iba a hablar frente a la antigua ferretería Canosa, en la calle real, y se tomó una cuña del almacén de la fábrica de refresco Jupiña, y así se hizo la tribuna improvisada. Fidel se subió ahí y le habló a Pinar del Río.

Fidel sale de La Habana, llega a Guanajay, pasa por Artemisa y sigue hacia San Cristóbal hasta que llega a Pinar del Río el 17, pasadas las ocho de la noche. El pueblo está esperando en la calle, y allí están los principales jefes revolucionarios de Pinar del Río.

“Yo lo sentí como la posibilidad de vivir uno de los momentos más grandes que he vivido en mi vida. Vi no solamente que había triunfado la Revolución, sino que él cumplía la promesa de llegar a Pinar del Río, y lo que dijo allí llenó de regocijo a todos los pinareños. Para mí, que había luchado para que pasara aquello, fue un privilegio estar allí. Yo mantengo a Fidel en mi mente como si estuviera en Pinar del Río”.

Pinar del Río, recuerda a su vez René, aportó un contingente de 16 hombres al asalto al Palacio Presidencial. Doce murieron aquel 13 de marzo. “De ese grupo pinareño que fue a Palacio, casi una escuadra era del 26 de Julio: Berto Valdés, Enrique Echeverría, Celestino Pacheco Medina, Pedro Téllez… La mayoría de las armas que se usaron llegaron por La Coloma”.

Recuerdan, además, que cuando triunfó la Revolución había pinareños en México preparando expediciones para venir, y había otro grupo en Venezuela.

Pedro subraya que “cuando Fidel llegó el 17 de enero, le dijo a Escalona, y eso está escrito en la historia: ‘Ni ustedes mismos saben lo que han hecho’… Fíjate que en Oriente estaba Fidel, estaban Raúl, Almeida, Delio Gómez Ochoa, que son los jefes de los frentes, pero estaban Guillermo García Frías, los grandes comandantes de la Revolución, y en Las Villas estaban Camilo, el Che…

Fidel junto al Comandante Dermidio Escalona, jefe del Frente Guerrillero de Pinar del Río, en enero de 1959. Foto: Archivo.

“En Pinar del Río hubo un Frente Guerrillero, un Movimiento 26 de Julio, hubo unidad entre la Sierra y el Llano, y el resto de las organizaciones participaron, cada una en la medida de sus posibilidades y de sus fuerzas. Allí el Directorio funcionó, y hay que destacar el aporte de Pinar del Río a los hechos del 13 de marzo; pero también se alzaron los comunistas en Pinar del Río, y junto a los rebeldes en Pinar del Río hubo Auténticos honrados y buenos, que después continuaron con la Revolución y que no eran de los politiqueros.

“Todo esto es parte de la unidad que tanto repercutió en Pinar del Río”.

Y se le suma René: “Y hay otra cosa, el papel destacado que jugaron el estudiantado y la mujer. Hubo mujeres que fueron heroínas: Marina Azcuy, Rosalba Bencomo, la mamá de Peraza. Hubo mujeres que estuvieron alzadas con nosotros en las montañas.

“Nosotros, con las propias fuerzas de los alzados que teníamos en la provincia, y con la lucha clandestina y el pueblo que se nos unió, tomamos todos los cuarteles, los escuadrones y el regimiento de Pinar del Río. Eso se debió fundamentalmente a la unidad de los pinareños durante la lucha y en el momento crucial del triunfo”.

René (izq.) y Andrés (der.) en La Habana. Enero de 2019.

Pedro Abreu (izq.): “Nadie se juega la vida como se la jugaron René y Andrés y otros muchos si no hay una conciencia política. Había conciencia de los males que había en Cuba”.

Breve historia de los alzamientos previos al Frente Guerrillero

El Frente Guerrillero de Pinar del Río se fundó el 26 de julio de 1958 bajo el mando del comandante Dermidio Escalona. Antes había una historia de alzamientos en la provincia que había comenzado en noviembre de 1956.

René González Novales, que ha escrito sobre el tema, cuenta la historia en detalle.

“Por si Fidel no podía llegar a Oriente, y la expedición llegaba a las costas de Pinar del Río, se alzaron dos grupos en espera de un posible desembarco, uno en Viñales, dirigido por Rafael Ferro Macías, que llegó a tener 45 compañeros, y otro en Santa Lucía, bajo el mando de Roberto Amarán, que llegó a tener 12 o 13, además de varios colaboradores en esa zona.

“Luego se alza un grupo con Orlando Nodarse, de Guanajay, en San Cristóbal, en diciembre de ese mismo año 1956, en un lugar llamado La Paila. Ese grupo llegó a tener diez compañeros. Pasaron unos días, el armamento se envió a Frank País, camino a la Sierra, y se disolvió el grupo”.

En 1957 se alza un grupo dirigido por Orlando Nodarse en una zona entre Artemisa, Cayajabo y Guanajay, que también se disuelve al cabo de pocos días.

“El 24 de febrero de 1958 se alza un grupo en la zona de El Guayabo y está activo hasta el 10 de marzo, cuando es sorprendido por el ejército. Tenían cinco o seis armas cortas nada más, y tuvieron que disolverse. Ese grupo se formó a unos seis kilómetros de Pinar del Río, y la ciudad tenía entonces más de 1 500 soldados en el regimiento de la provincia. En Pinar del Río estaba el regimiento Rius Rivera, estaba el escuadrón 61, que le decían el cuartel 19, y toda la gendarmería de policía, seguridad, inteligencia”, recuerda.

Posteriormente se alzarían otros tres grupos: uno cerca del Pan de Guajaibón, en la costa norte de Pinar del Río, dirigido por Rogelio Payret y Vicente Martínez; otro, el mayor, en la zona de Los Palacios, dirigido por Juan Palacio Beltrán, veterano de la Guerra Civil española, y otro cerca de las minas de Matahambre, dirigido por Roberto Amarán.

Habría también un desembarco de armas por El Corojo, dirigido por Pancho González y “en el que venían varios compañeros: Suárez Gayol, Martínez Junco, Pablo Fernández Alegre, dos norteamericanos, Cándido de La Torre y su hijo… Hubo un descalabro, todas las armas no llegaron a la guerilla; llegaron bastantes, y casi todas las pistolas se salvaron, estuvieron dando lucha en Pinar del Río hasta el fin de la guerra revolucionaria y muchas se las enviaron a Machaco Ameijeiras, a La Habana. Se las envió Payret.

Muchos de aquellos fusiles sirvieron para el inicio del Frente en julio de 1958.

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  • jorge gallardo dijo:

    He leido con emocion este relato sobre la ccion del mio movimiento revolucionario en Pinar provincia en la que trabaje algunos anos debo felcitar la calidad del trabajo y mandarle un saludo revolucionario al com panero pedro Abreu memorable historia de la juventud revolucionaria de Pinar gallardo

  • Javier dijo:

    Estupendo el relato. René es una de esas personas que cautivan son su lirica. Leí su libro y he estado en la mayoría de los lugares que menciona ya que soy de Pinar del Rio, específicamente de Los Palacios. El Frente de Pinar del Rio fue un baluarte contra la tiranía en el occidente cubano. Muchos cayeron protegiéndolo y otros tuvieron la dicha de ver el triunfo.
    Sirva este comentario en homenaje a aquellos que no están físicamente. Pedro Hernández (mi bisabuelo), Patricio Páez, Luis Cardoso, Martin González, Enrique y Adrian Troncoso, asesinados por cobardes como José Jacinto Menocal, el chacal de San Cristóbal. A los que vieron el triunfo y ya no están como mi amigo Marcos y Juan Palacios Beltrán.
    A los que viven todavía como Esteban de la Torre (Lile), Rene Gonzalez y muchos otros.
    A todos ustedes:
    GRACIAS.

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Deny Extremera San Martín

Deny Extremera San Martín

Periodista de Cubadebate. Ha trabajado en Radio Reloj, Casa de las Américas y otras instituciones y proyectos periodísticos.

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