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La otra gran pasión de Orfilio Peláez

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Orfilio Peláez Mendoza (izquierda) recibió en 2017 el Premio Nacional de Meteorología, compartido con el profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe. Foto: Cortesía del entrevistado.

¿Qué aficionado a la meteorología no ha recortado sus notas y artículos sobre huracanes, tormentas severas, bajas temperaturas y descargas eléctricas? Quienes seguimos sus escritos en el Granma reconocemos su ingenio para comunicar la ciencia. Desmenuza cualquier concepto complicado y lo entrega sin muchos tecnicismos, para que se entienda bien. Le pone a lo que hace.

Orfilio es fundador y miembro del ejecutivo de la Sociedad Meteorológica de Cuba y preside actualmente el Círculo de Periodismo Científico de la Upec.

Obtuvo el Premio Ramal de prensa escrita Guillermo Cabrera Álvarez en 2013, el Premio Nacional de Periodismo Científico Gilberto Caballero por la Obra de la Vida en 2015, el Premio Nacional de Meteorología en 2017 y el de Medio Ambiente de la Sociedad Económica de Amigos del País. Además, ostenta la medalla Félix Elmuza.

Hace pocos días lo entrevistamos, en exclusiva para Cubadebate. Le agradecemos por atender con prontitud nuestro llamado y dedicarnos parte de su tiempo valioso.

– ¿Siempre quiso ser periodista?

Creo que el periodismo lo llevaba en la sangre desde niño. No exagero cuando digo que a los ocho años me leía completamente los tres periódicos que se recibían en mi casa entonces (Granma, Juventud Rebelde y El Mundo) y tampoco dejaba de ver el noticiero de la televisión, prestando siempre mucha atención a los comentarios internacionales. Con tan temprana edad adquirí el hábito de recortar y guardar aquellos ejemplares que reseñaban importantes sucesos ocurridos en el país y el mundo en cualquier esfera, ya fueran los resultados de juegos cruciales de la serie nacional de béisbol, sobre todo si reseñaban victorias de Industriales (sigue siendo mi equipo favorito), o hechos vinculados a la guerra en Vietnam, el golpe de estado en Argelia que derrocó al presidente Ben Bella, la muerte del Che en Bolivia, la intervención de las tropas del pacto de Varsovia en Checoslovaquia, la publicación del diario del Che en Bolivia, casos de secuestros de pescadores cubanos por grupos contrarrevolucionarios, discursos de Fidel, los sucesos de la microfracción y la nacionalización de los pequeños negocios durante la llamada ofensiva revolucionaria, las medallas ganadas por los atletas cubanos en la Olimpiada de México 68, los Juegos Panamericanos de Winnipeg en 1967, etc. Con el paso de los años llegué a tener guardados en mi cuarto más de tres mil periódicos clasificados, números de la revista Bohemia y de otras muchas publicaciones nacionales y foráneas, boletines de cables de diferentes agencias de prensa, lo cual no pocas veces me creó “serios conflictos” con mis parejas.

Realmente, tuve siempre una vocación muy definida hacia el periodismo, pero también me fascinó desde muy pequeño la meteorología, mi otra gran pasión. Por cosas de la vida, cuando terminé el preuniversitario no pude coger la carrera de periodismo. Tampoco abrió, ni lo haría los años siguientes, la de meteorología.

Las circunstancias me llevaron a matricular Licenciatura en Química (hice dos años) en la Universidad de La Habana y luego cuando solicité traslado, me lo dieron para la Licenciatura en Lengua Alemana, en la Facultad de Lenguas Extranjeras de la propia UH, donde cursé hasta el quinto año. Solo me faltó un examen final para graduarme de alemán. Finalmente, y tras doce años de estudio, logré terminar la Licenciatura en Periodismo en la UH, en la modalidad de Curso para Trabajadores. Como ves, el camino fue largo y difícil, pero nunca desistí en el empeño e hice realidad mi sueño.

– ¿Por qué se dedicó al periodismo científico?

Además de médico oftalmólogo, mi padre, el doctor Orfilio Peláez Molina, fue un científico que dedicó más de cuarenta años de trabajo a buscar algún tipo de solución contra la retinosis pigmentaria, enfermedad que conducía irremediablemente a la ceguera y era intratable. Con mucha tenacidad, entrega y sacrificio, después de casi medio siglo de investigaciones creó un procedimiento terapéutico basado en una nueva y revolucionaria técnica quirúrgica desarrollada por él, cuya aplicación se convirtió en una luz de esperanza al lograr detener el avance de la dolencia en una parte significativa de los pacientes operados, incluso no pocos lograron recuperar determinado porciento de la visión perdida. Sin duda, su ejemplo influyó en mi futura inclinación por el periodismo científico, al igual que el de mi madre, profesora de Geografía durante mucho tiempo y graduada después de Sicología.

– ¿Cómo fueron sus inicios en el diario Granma?

Mi vínculo directo con esta profesión comienza cuando entré a trabajar en el periódico Granma en septiembre de 1984, ocupando una plaza de técnico B en Información Científica en el Centro de Documentación o Archivo, como todavía prefiero llamarle. El asunto es que al no hacer uno de los exámenes finales de la Licenciatura en Lengua Alemana que cursaba (supe entonces que si obtenía el título universitario no podía estudiar otra carrera y yo lo que anhelaba era hacerme periodista), busqué la forma de vincularme a un medio de prensa. A través de un cercano amigo, el fallecido periodista Evelio Tellería Toca, supe que en Granma había una plaza vacante en el Archivo y fui a ver al jefe de personal. Al mes siguiente empecé a laborar en ese departamento, pero siempre con la perspectiva de que algún día me haría periodista. No habían pasado cuatro meses cuando con mucho miedo a que fuera a rechazar mi pedido, toqué la puerta de Rolando Pérez Betancourt, quien estaba al frente de aquella sección fija de los sábados, tan agradable, denominada Presencia 4 y 5. Le conté de mi interés en el periodismo y cuando supo que por solo un examen no me había graduado de alemán y había tirado por la borda esos cinco años, dijo de inmediato: “Tienes muy claro lo que quieres ser en la vida y estás dispuesto a luchar por eso. Cuenta con mi apoyo. ¿Cuándo me entregas el primer material?”. No conforme con lo logrado, al otro día vi también al Jefe de la Redacción Nacional, y le solicité que me diera la posibilidad de poder escribir. Como trabajaba en el Archivo de dos de la tarde a diez de la noche, de lunes a viernes, y los domingos, respondió: “Te vamos a mandar a cubrir algunas actividades con un periodista, tú redactas tu nota y él la revisará. Si está bien la publicamos, pero será siempre en el horario de la mañana para no afectar tu horario laboral”. En marzo de 1985 publiqué mi primera información en las páginas de nacionales sobre una actividad de la Aclifim, pero ya las siguientes todas fueron vinculadas a temas de ciencia, como fueron la celebración de la primera jornada científica del Instituto de Literatura y Lingüística, el otorgamiento a la provincia de Granma de la sede del acto nacional por el Día del Medio Ambiente, el VIII Foro científico de la Academia de Ciencias de Cuba y el primer evento nacional del Instituto de Investigaciones Fundamentales del Cerebro.

La primera información ya relacionada con la meteorología salió el 18 de agosto de 1985 y trataba sobre la celebración de la Jornada científica del Insmet, y el primer organismo tropical sobre el cual escribí fue la depresión tropical que en agosto de 1985 bordeó toda la costa norte de oriente a occidente, saliendo por La Habana en la noche del día 28, ya como una tormenta tropical débil. En Presencia 4 y 5 mi primer trabajo publicado sobre meteorología trató acerca de las temperaturas más bajas conocidas en Cuba.

Mi bautizo en la cobertura de un huracán ocurrió con el Kate en noviembre de 1985. Recuerdo que cayendo la noche del día 18 estaba en mi puesto en el Archivo y el capitán Jorge Enrique Mendoza me llamó a la dirección para decirme si estaba dispuesto a irme de inmediato con un fotógrafo para el Instituto de Meteorología y traer las últimas predicciones referidas a un huracán, que amenazaba con golpear a la capital al día siguiente. Sobra decir cuál fue mi respuesta. Arrancamos para allá y no regresamos al periódico hasta pasadas las doce de la noche. En la edición del 19 de noviembre salió desplegada en primera plana mi amplia información sobre el Kate, eso no lo olvidaré nunca.

Mapa con la trayectoria del ciclón Kate publicado el 21 de noviembre de 1985 en la portada del periódico Granma. Foto: Archivo de Danier Ernesto González.

Así me mantuve por más de un año trabajando en el Archivo, de dos de la tarde a diez de la noche, y a la vez escribiendo sobre ciencia y cubriendo eventos, conferencias, etc., en el horario de la mañana.

Un buen día, y tomando en cuenta el reporte de dos páginas que hice sobre una intervención del Comandante en Jefe Fidel Castro (me tocó hacer esa cobertura solo y fue mi primera actividad con Fidel), el director del periódico Jorge Enrique Mendoza me llamó para plantearme su decisión de que pasara desde ese momento a laborar como periodista fijo de la redacción nacional. Estuve a punto de empezar a brincar de la alegría, pero el capitán, viendo mi euforia, dijo: “Hay dos cosas, una buena y otra mala, que tengo que decirte, pues no te puedo engañar. La primera es que como veo tu clara inclinación por los temas de ciencia empezarás a cubrirlos como un sector, pues no tengo a nadie que lo haya hecho hasta ahora.” Le dije que sí de inmediato. Lo otro era que no me podían pagar como periodista hasta que no me graduara de la carrera (aún ni siquiera la había empezado porque tenía que trabajar dos años para hacerlo) y estaría entonces seis años cobrando solamente 257 pesos, pero trabajando a tiempo completo en la profesión. Tampoco dudé en responder afirmativamente. Así llevo 34 años dedicado al periodismo científico e igual cantidad de tiempo en el periódico Granma, mi único centro de trabajo hasta hoy. Soy fundador de la página de ciencia de ese rotativo en 1986, junto con el maestro Alexis Schlachter, ya jubilado.

En el año 2005, el Insmet reconoció el trabajo de Orfilio Peláez con la edición de un CD, hecho por la empresa Citmatel, nombrado “Meteorología con rostro periodístico”, y que recoge una selección de 110 trabajos suyos sobre esa disciplina, publicados desde 1986.

– Nos decía que la meteorología es su otra gran pasión. Ciertamente, ha escrito bastante sobre el tiempo, el clima. ¿Cuánto le atrapa esta ciencia?

Si bien he cubierto los más disímiles temas vinculados a la ciencia, la tecnología y el medio ambiente, la meteorología ha ocupado un lugar prominente en mi labor periodística. Ello obedece a la afición que siempre tuve desde niño por esa disciplina. Recuerdo que una de las cosas que más disfrutaba era ver llover y escuchar las anécdotas de mi abuelo materno sobre los célebres huracanes del 9 de noviembre de 1932 en Santa Cruz del Sur, Camagüey, y el del 18 de octubre de 1944, el último de los grandes en afectar a la capital.

Mi primera vivencia personal con un ciclón la tuve el 8 de junio de 1966 (tenía ocho años), cuando el huracán Alma azotó de manera directa a La Habana. Ansioso por el anuncio de que pasaría el ciclón, me levanté bien temprano junto con mis hermanos. Llovía muy fuerte y la notable intensidad de las ráfagas de viento cada vez más rugientes hacía vibrar la puerta de la entrada principal de la casa, en la barriada de Santos Suárez, mientras empujaba el agua a través de las rendijas de las ventanas, a pesar de estar cerradas de la mejor manera posible. Mi abuelo se pasó la mayor parte del mal tiempo tratando de amarrar la lámpara del portal a los barrotes de la reja de un ventana que daba al frente de la casa y eso facilitó poder asomarme varias veces y mirar hacia el cielo cubierto por una oscura y densa capa de nubes, donde sobresalían unas más bajas que se movían a gran velocidad. Tan inolvidable encuentro con la “ira” de la madre naturaleza selló mi prematura vocación de ciclonero.

Cuando al día siguiente llegó el periódico, recorté cada cintillo, información o fotos relacionados con la afectación del meteoro, y el mapa con la trayectoria completa descrita por el Alma, desde su surgimiento como depresión tropical en los mares al sudeste de Nicaragua, hasta su cruce el día 8 por la antigua Isla de Pinos y La Habana.

– ¿Ha colaborado con otras publicaciones?

Trabajé casi dos años como corresponsal de Prensa Latina en Chile entre 1997 y 1999, pero sin desvincularme jamás del periódico. He colaborado con diferentes publicaciones y medios de prensa, como Bohemia, Alma Mater, Juventud Técnica, Juventud Rebelde, agencia IPS, Revista Cubana de Meteorología, Prisma, Habanera, Cuba Contemporánea, Revista de la Defensa Civil, Trabajadores.

– El fenómeno atmosférico que más le impresiona…

El huracán. En primer lugar por la cantidad de condiciones que deben darse al mismo tiempo para su formación y desarrollo, la fuerza que logran alcanzar los vientos y la intensidad de las precipitaciones que le acompañan, lo impredecible que resultan no pocas veces en cuanto a la dirección de desplazamiento e intensificación, la calma prevaleciente en el ojo en contraste con los vientos tan violentos que tienen lugar a tan corta distancia de este. Se trata, en mi opinión muy personal, de uno de los eventos más extraordinarios de la naturaleza y sobre los cuales la ciencia aún carece de muchas respuestas. Como ya dije antes, mi primera nota periodística sobre un ciclón la hice con la depresión tropical de agosto de 1985, y la primera cobertura de un huracán fue con el Kate en noviembre de ese mismo año. A partir de entonces me ha tocado dar seguimiento y reportar a cuanto ciclón tropical ha representado una amenaza potencial para el país o lo ha azotado directamente. Incluso en septiembre de 1998 yo estaba en Chile cuando el Georges afectó a varias provincias y desde allá escribí para Granma comentando las características de ese organismo.

– ¿Algún ciclón le ha quitado el sueño?

Creo que cada huracán o tormenta tropical que ha representado una amenaza para Cuba en estos últimos 34 años me ha quitado el sueño, y explico por qué.

La prensa escrita no tiene la inmediatez de la radio y la televisión, y eso es siempre una desventaja. De ocurrir algún cambio radical en las predicciones emitidas hasta el cierre del periódico, al otro día, y más cuando el peligro ya es inmediato, el periódico podría circular con una información atrasada, capaz de confundir al lector, en vez de orientarlo. Entonces corres un gran riesgo de hacer un papelazo público. Por tanto, soy extremadamente cuidadoso en el vocabulario que empleo y evito hacer vaticinios absolutos en mis notas, pues en meteorología no siempre dos más dos es cuatro, y las condiciones sinópticas cambian en pocas horas. De ahí la conveniencia de usar frases como “de mantener el rumbo pronosticado el huracán azotaría hoy al occidente de Cuba”, “la probabilidad de ocurrencia de lluvias intensas es elevada”, “los modelos sugieren que puede intensificarse”. Creo que expresarse así debe ser una guía para todo reportero que asuma en la prensa plana el seguimiento de un ciclón tropical, que en un espacio de tiempo corto puede experimentar variaciones bruscas en su movimiento y organización.

Si tengo que mencionar cuál evento meteorológico me dio más dolores de cabeza no dudo en citar el caso del huracán Lili de octubre de 1996. Cuando casi a la medianoche del 18 de octubre de ese año regresé del Instituto de Meteorología para el periódico, el último parte indicaba que lamentablemente golpearía a las entonces dos provincias habaneras. Estando en el Granma empecé a escribir y el título que encabezaría la información era “Azota huracán Lili las provincias habaneras”.

Sobre la una de la mañana se fue la corriente eléctrica y la confección de las planas hubo de atrasarse, pues la planta demoró bastante en arrancar. Casi a las tres de la madrugada salí y miré el cielo. Había una lluvia ligera constante, pero el viento no había arreciado y el desplazamiento de las nubes para nada coincidía con la dirección que debía tener si el huracán hubiera mantenido el rumbo indicado. Algo estaba sucediendo. Traté de averiguar por teléfono con los especialistas del Centro de Pronósticos del Instituto de Meteorología, pero resultó imposible. Llamé a mi casa y le dije a mi madre que con una linterna se fijara en el valor de presión atmosférica que marcaba mi barómetro. La cifra que me dijo era superior a la que yo había dejado sobre las cinco de la tarde cuando me recogieron del periódico. Ya no tenía duda. O Lili se había estacionado o cambiado de trayectoria, pero al menos para la capital en ese momento no había ningún indicio de que se estuviera acercando. Cambié el título y buena parte de la información concebida inicialmente, la cual encabecé diciendo “Amenaza Lili a occidente y centro”. Finalmente, había girado hacia el nordeste y entró por la Ciénaga de Zapata, saliendo luego por la costa norte de Villa Clara.

Cobertura del periódico Granma al huracán Lili (1996). Foto: Archivo de Danier Ernesto González.

– El uso inadecuado de términos meteorológicos se nota con frecuencia en los medios de comunicación, sobre todo en la prensa extranjera. Da la impresión de que no se indaga con sensatez, que no se consultan a los especialistas oportunamente. ¿Qué opina al respecto?

Mi experiencia de más de tres décadas lidiando con ciclones tropicales me hizo considerar que la especialización es vital para atender los temas meteorológicos. En primer lugar, nos proporciona un cúmulo de conocimientos previos en cuanto al correcto uso de los términos, muchas veces inadecuadamente empleados, como ocurre con las palabras tiempo y clima que se confunden a diario, o el cambio en la clasificación de las etapas de un ciclón tropical, evitando que en medio de la contingencia natural los especialistas pierdan tiempo en explicar al reportero conceptos elementales, por ejemplo, los rangos de la escala Saffir-Simpson o a qué se le llama marea de tormenta.

También esa preparación previa facilita mayor rapidez en la confección de los reportes, evita lamentables equívocos y ayuda a determinar cuáles son los elementos ineludibles que debemos reflejar en nuestras informaciones.

Igualmente, bajo la presión de un peligro inmediato, es muy difícil que un especialista pueda responderte en ese instante cuál es el huracán más intenso registrado en Cuba o desde cuándo La Habana no es azotada por un huracán de categoría 4.

– ¿Qué importancia le concede a la divulgación de los temas meteorológicos?

Pienso que hoy la divulgación seria, fundamentada y sistemática de los temas meteorológicos en los medios de prensa del país es vital, ante un escenario caracterizado por las crecientes evidencias de que el cambio climático global es inequívoco y su influencia podría hacer más frecuentes episodios de grandes precipitaciones, sequías y agudizar los impactos devastadores de los ciclones tropicales.

– Además del barómetro, ¿tiene otros instrumentos en casa?

Tengo un anemómetro y dos termómetros.

– ¿Le preguntan mucho sobre el tiempo?

Tan pronto se habla de la formación de algún ciclón que pudiera ser de interés para Cuba, empiezan a llamarme amistades y familiares, compañeros de trabajo, vecinos, para que les diga lo que pienso de la situación y si corremos algún peligro. Como siempre estoy mirando los modelos en la temporada ciclónica, no pocas veces soy yo quien les aviso con bastante antelación de que estén atentos por algo que pudiera surgir en los próximos días. En época normal también me consultan para saber cómo estará el tiempo y si es aconsejable ponerse a lavar o irse para la playa.

Se han publicado 10 comentarios



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  • grissel dijo:

    Buen dia, Orfilio te deseo todo lo bueno de este mundo, que tengas muchos exitos en tu trabajo y tu vida personal, siempre leo tus articulos sobre ciencia y son muy buenos, fui cra tuya de aula en la carrera de Licenciatura en aleman , eras buen estudiante y buen compañero ademas.

  • Elsy Zaldivar Marrero dijo:

    Mis saludos para Orfilio Pelaez, sigo por lo general su sección en el periódico Granma y me gusta mucho, me gustaría publicara algo relacionado con la Meteorologa Gisell Aguilar Oro, fallecida hace algo más de un año, y que dedico su vida, a su gran pasión: la meteorología, y que lo admiraba mucho.

  • Henry Delgado dijo:

    Un gran profesional del periodismo y amante de la ciencias meteorológicas. Gran parte de mi archivo personal proviene de sus publicaciones, siempre tengo que acudir a sus trabajos para cualquier dato relacionado con el tema.

  • Yim dijo:

    Felicidades Orfilio,gracias a tus comentarios no salgo cuando truena.

  • Jose R. Oro dijo:

    Orfilio Pelaez ha dedidcado su vida a promover la Ciencia cubana. Honor a quien honor merece!

  • Ernie dijo:

    Es un fiel ejemplo del valor agregado que tiene en una persona amar su profesión. Solo agregar que si bien es muy bueno como profesional del periodismo y la ciencia, es mejor aún como ser humano.

  • Bosque dijo:

    Felicidades Orfilio, desde el preuniversitario ya despuntabas como un excelente profesional, sabes que soy profesor de Geografía y tus artículos han sido utilizados en la docencia y la investigación. Gracias por tu aporte, 1 abrazo

  • Roberto Dhawa dijo:

    Felicidades amigo,es usted merecedor de este trabajo,siga asi,saludos desde donde sabe usted,de parte de todos acá,continúe con su esmerado esfuerzo en aras de q tengamos mayor conocimiento de nuestro lado.

  • G.Esteban Ramirez dijo:

    Orgulloso de nuestro Gibareño Danier Ernesto y del tambien brillante y capaz Orfilio Pelaez, a los cuales deseo larga vida.
    Quisiera solicitarle al Comp. Danier Ernesto, facilite que Pelaez publique un trabajo periodistico destacando la labor de la infelizmente fallecida Gisell Aguilar Oro,que se sobrepuso a enfermedades propias y de su hijo,para tambien ser brillante Cientifica.

  • Julio Chinea Sanchez dijo:

    Un salu2 a Porfirio Muy interesantes sus articulos Me sumo a la petición de los demás relacionado con hacer un artículo a Gisell

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Danier Ernesto González

Danier Ernesto González

Meteorólogo del municipio holguinero de Gibara.

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