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“Yo sé lo que estoy defendiendo”

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Entrevista a Evelio Toledo Quesada, ilustrador de Verde Olivo, parte de una generación activa en el periodismo cubano desde la década de 1980, hasta hoy, que defiende por encima de todo, el rigor profesional y la entrega total al oficio.

Evelio Toledo Quesada, el ilustrador.

―Entré en Verde Olivo a principios de los años 1980.

Esa fue una nueva etapa…

―Sí, hasta el cierre y después me volví a incorporar.

¿Después del Período Especial?

―Me incorporo cuando me llaman y seguí ilustrando a Verde Olivo.

¿Cómo calificaría a esa primera etapa?

―Fue una gran escuela, como primera al fin…coincido con muchos de los fundadores. Como Eduardo Yassels, José Casañas, mi gran amigo, el periodista. No conocí a Sergio Canales, pero sí a Perfecto Romero, hasta hoy. Era una etapa bendita, porque cuando hablo con los nuevos periodistas, les digo que me sentaba, como lo hago con usted, junto al Indio Naborí, cuando debía ilustrar su poema.

¡Que privilegio!

―O cuando debía ilustrar una narración, lo hacía con Efigenio Amejeiras. Y muchos protagonistas de la época. Se vivía un ambiente donde podías tocar la historia con la mano. Hacíamos cuatro revistas mensuales.

¿Y era parte de su estilo? ¿Trataba de acercarse al protagonista a la hora de interpretar su obra?

―Formaba parte de la vida de la Revista. No había un ilustrador por un lado o un redactor por el otro. Había una química que no te puedo explicar.

¿Las personalidades frecuentaban la Revista?

―Sí. Yo recuerdo el colectivo, porque se trabajaba en equipo. Yo ilustraba y diseñaba la página. Recuerda que no había computadoras cuando aquello. Y hacíamos una revista semanal, me gusta decirlo.

Hay que decirlo.

―Estamos hablando de la historia que hay que contar. Teníamos que pegar el título de los reportajes. Por ejemplo, recuerdo a Julio Suarez que trabaja en La Habana Vieja y mi otro gran amigo, Orlando Alba. Lo mío era ilustrar, pero me gustaba tanto el “mundo editorial” de la Revista Verde Olivo, que a veces me iba con el periodista, por ejemplo para una Unidad Militar. Juntos, el periodista, el ilustrador/diseñador y el fotógrafo. Eso no se planificaba. Era un asunto del corazón, así de sencillo.

Descríbame un cierre habitual de la Revista.

―Era hasta la hora en que saliera la revista impresa, ahí todos juntos. Eso, semana tras semana. Se me ocurrían cosas. Estuve muy poco tiempo con Alberto Albariño, después conocí a mi amigo y Coronel Suárez. Y tengo que agradecerle mucho a ese jefe, porque en aquel momento lo necesitaba, era un joven.

¿A qué edad empezó?

―Tendría tal vez menos de 30 años. Era un jefe que aún le digo- y no era guataquería- sino que estoy agradecido, que me ponía la luz verde para todo, hasta hoy.

Había confianza en usted, aun siendo tan joven.

―Éramos un equipo, que como la revista salía semanalmente, teníamos que tener siempre “engrasada“   la creatividad. Siempre se me ocurría algo. Por ejemplo, si había un aniversario del Asalto al Cuartel Moncada, se preguntaban qué se hace nuevo…pues sí, se hacen cosas novedosas. Porque si no, los músicos tuvieran vida limitada, como la literatura y no es así. Siempre se nos ocurría algo.

Y el público cambia, se renuevan los lectores.

―Claro que sí. Yo recuerdo cómo nos esforzábamos para el diseño de las portadas de Verde Olivo. Había una tradición gráfica, que no se desconocía, de los años 1960 y 70. Otros que son mayores que yo, defienden aquella época y yo defiendo la mía, heredera de ellos.

¿Y de esa anterior etapa a quién significaría? Digamos por orientación estética, referencia o admiración.

―De aquella época, como te decía, por la revista pasaba lo mejor de la intelectualidad cubana, lo mismo fotógrafo, que redactores o dibujantes. Diseñadores muy buenos, por ejemplo mi amigo Bosh, ya jubilado. Artífice de toda esa propaganda de las Fuerzas Armadas que recorría del cabo de San Antonio a Punta de Maisí. Entonces, todos los grandes de las artes plásticas cubanas, pasaron por Verde Olivo. Incluso había una frase popular que nos decían, “La Bohemia Verde Olivo”. Porque mira que la Bohemia era popular, pero así nos calificaban.

Y la competencia fue seria, a pesar de la simpática frase.

―¿Que si fue seria?… la nuestra era una revista con unos comentarios sumamente buenos, sobre todo en materia cultural, deportiva. Porque la memoria histórica no se debe olvidar. Ese es mi criterio. En esta época las Espartaqueadas u Olimpiadas de los Ejércitos amigos, como se les llamaba, eran prominentes. Superaban a muchas de las de hoy, por los resultados. Recuerdo el desarrollo que hubo en el ajedrez, dentro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La Revista Verde Olivo estaba junto a la familia cubana. No era sólo la tradición de la Bohemia.

―Recientemente hablaba con un amigo, Perfecto Romero, que lo admiro como persona y como artista. Le agradezco mucho. Mira esta anécdota que nos involucra. Cae un trabajo del General de División Efigenio Amejeiras, dedicado a un aniversario de la desaparición física de Camilo Cienfuegos. Y Efigenio le pone como título al trabajo, “El miedo a las ballenas”. Indagando, me dice que Camilo le tenía terror a las ballenas. Entonces le dije a mi jefe, toda la vida la imagen que hay es la flor flotando sobre el agua, como sucede en los homenajes del pueblo. Vamos a hacer una foto donde esa flor cae al mar y se encuentre con una estrella de Comandante, junto a un arrecife en el fondo marino. Se entusiasmó y mandó a hacer la estrella de Comandante, en bronce. Compramos unas flores, las envolvimos en un nylon. Le dije al Coronel, necesitamos un par de trajes de buzos, hable con los bomberos o con quien haga falta. Y con tan buena suerte que teníamos un colaborador e hicimos esa foto submarina.

¿Y la conservan?

―Sí, en el archivo. Y te comento esto para agradecer todas esas “locuras” que se nos ocurrían y que los jefes nos decían “dale pa’lante”. Cuando eso, no había de nada, pero todo aparecía con ese entusiasmo que le poníamos. Me pregunto si hoy se puede hacer, y respondo, se puede hacer mucho más, porque hay más recursos.

¡Qué época! Eran años de un florecimiento de la vida social.

―Los que me antecedieron dicen que la década del 60, y yo digo que del 1975 en adelante. Cada cual defiende su contexto. Lo cierto es que a mí esta revista me formó. Colaboré con el Granma, el Dedeté, también. Mis amigos fueron Tonmy, Manuel, Carlucho, René de la Nuez, Posada, Muñoz Bachs, Héctor Zumbado, Juan Angel Cardi, nos pasábamos la tarde hablando.

Fue una época en que los salones nacionales de la UPEC eran de un alto rigor. Coincidíamos todos aquí, en los predios del edificio de la Bohemia. Ahí conocí al fotorreportero Tirso Martínez, muy viejito. Es él quien cubre los sucesos del asalto al Palacio Presidencial el 13 de marzo de 1957.  Él le hizo la foto a José Antonio Echeverría. Me dijo personalmente que cuando llegó, el gordo estaba vivo. Conocí a los protagonistas en todos los aspectos de la vida.

Nos reuníamos con los periodistas, Juanita Carrasco era la Jefa de Redacción. Fotógrafos como Perfecto Romero, que vienen de la Sierra Maestra, como Sergio Canales que viene de Girón. José Casañas, es el tipo que llega en 1975 con las Tropas Especiales.

Mi vida se divide en dos, una cuando me gradué de la Escuela de Arte de San Alejandro y la otra cuando conocí a la Revista Verde Olivo.

Recientemente presentó libros en la Feria, ¿cuáles son?

―El libro de Máximo Gómez, segunda aparte de una trilogía: Martí, Gómez y Maceo. Tengo en proyecto un libro del Che, debe salir con Verde Olivo. Siempre es novedoso acercarnos al héroe como ser humano, como digo yo, “a la tierra”

Cuando evalúa esa etapa de creación, e interés profesional, ¿cómo la califica en la distancia?

―Me pongo en la posición del agradecido, por todo el apoyo que me dieron. Independientemente de la entrega. Soy producto de esa época, de esa generación, a la cual me parezco. Yo, que tengo edad de ser padre de los actuales y tengo este optimismo, no le puede caber la menor duda que el funciona tener “buen corazón”.

No me hablen de recursos, ni de problemas. Rabindranath Tagore dijo: “el optimista se hace planes, el pesimista, excusas”. Pasé trabajo, nos forjamos en las revistas semanales y las veíamos en todo el país, en las manos de los cubanos. Teníamos corresponsales en todos los lugares. Se nos ocurría un trabajo en la noche y siempre se nos apoyaba.

Que bien que recuerde el trabajo de los corresponsales provinciales.

―No eran inventados, eran señores profesionales. Teníamos a Germán Veloz, Febli, Orta. Graduados en la Unión Soviética, sabían dos idiomas.

Fue una inyección intelectual grande, esa de los graduados.

―Y así mismo se iban a las movilizaciones como uno más. A ver cómo eran, cómo era su disciplina. Participaban como reservistas para las unidades militares.

Coménteme eso, ¿qué hacían allí, su oficio?

Él era un periodista, que hacía la vida en la Unidad, como uno más, ahí movilizado. A contar la vida que él vivió.

La amistad queda hasta hoy. Me siento muy realizado por ese trabajo intenso. No nos cansábamos, ni jóvenes, ni viejos. Era un “boom” de la prensa, la cultura. Hicimos una muy buena relación con la revista Moncada, del MININT, que eran muy profesionales. Los invito a todos los nuevos redactores, que lean la prensa escrita de los años 1980. Las nuevas generaciones deben conocerlo.

Me atrevo a sugerírselo a la escuela de Periodismo.

―Hay que revisar eso.

Qué referente tienen los nuevos periodistas, ¿internet?

―Yo sé lo que estoy defendiendo, el periodismo, las artes plásticas, la música. Enamorábamos con Silvio y Pablo, el Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC. Están ahí. Son un referente.

Altísimo, diría yo.

―Para igualarlo, es difícil. Y así fue en la prensa. Se hacían salones de humorismo de mucha calidad.

¿Qué los unía a ustedes? Porque también se socializaba mucho en tertulias, debate creativo, con contenido profesional.

Había un rigor profesional. Y no hay que darles una conferencia, porque uno se exigía a sí mismo.

¿Es lo que define a esa generación?

Sí, como no. Ahí está la historia, en los archivos de la prensa, el cine, la música, el teatro.

¿Podríamos decir también que tenían la mejor escuela?

―Eso es así. Porque mi generación no conoció eso que llaman “maestros repasadores”. Yo estudié en la Academia Nacional de Bellas Artes San Alejandro y mi profesor de dibujo fue Roberto Favelo. De Pintura, lo fue Flora Font. El profesionalismo te hace más humano, porque lo aplicas a todos los aspectos de la vida. Graduado, fui y soy un pintor y dibujante tradicional. Me llamaba la atención aquellos que reflejaran la historia, como Armando García Menocal,  Esteban Valderrama. Para mí es un honor. Me he buscado problemas con mis compañeros, pero no me alcanza la vida para eso.

¿Tiene sentido romper con el buen arte, o el mejor referente?

―Coincido y a mí eso hay que respetármelo. Eso lo disfruto, igual que la música tradicional. Es lo que llamamos, la “Academia”. También en el Periodismo existe esa necesidad. A propósito, leí un artículo de la periodista Arleen Rodríguez Derivet y ponía de ejemplo a Rosa Miriam Elizalde.

Estoy muy vinculado al redactor. Hace años que trabajo con Ciro Bianchi. Las conversaciones van por tres o cuatro horas, para abordar un tema ilustrado. Publicamos con la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, ya vamos por un cuarto libro.

Soy hijo de mi generación y la defiendo. Muy buenos escritores, artistas, actores, periodistas. Y en esa época trabajaba como ahora, a corazón. Porque nunca me han pagado lo que tienen que pagarme, pero ni remotamente.

―Esa siempre ha sido la medida de la generación suya, la define la entrega a su oficio.

No me pagan lo que tengo que cobrar, pero hoy tengo más de todo. Más entretenimiento, más ropa, más perfume, más de todo que entonces. Porque tú sabes cómo se pone la gente cuando se empieza a poner mayor…no me alcanza con lo que tengo. Pero tengo que decir, soy y estoy mejor que ayer. Antes el dinero cubano tenía mucha fuerza, eso es verdad; pero mi televisor era blanco y negro.

…y cuando lo pudo ver.

―Entonces, eso es relativo. Y las veces que no cobro.

Hay en usted un disfrute de la sencillez y el sentido de la humildad, que le permite valorar lo que tiene.

―Me rodearon tantos maestros sencillos, que no tengo autorización ninguna a quejarme. Ver subir esa escalera un hombre humilde, con una camisita sencilla, saluda y me dicen es el Comandante de la Sierra Maestra, fulano de tal. Y el otro es el super cirujano, que ha hecho tantos aportes. Creo que las nuevas generaciones deben estudiar, no sesenta años atrás, pero sí el pasado reciente. Es más, el pasado de sus padres.

―¿Cree que hay que responsabilizar a los padres de trasmitir esos valores?

―La familia es la gran semilla. Tuve la dicha de que mi papá – ya fallecido-  era herrero. Combatiente del Segundo Frente Oriental Frank País, era analfabeto. Cuando aprendió a leer, se leyó un libro en su vida “El Diario del Che en Bolivia” y el otro más demorado, lo leyó lentamente, porque era acerca de la Columna 19, José Tey, a la que él pertenecía.

La historia me entra, no sólo por la tradición de lucha de mi papá, sino, como del hombre que vi trabajando, toda la vida, hasta antes de enfermarse. Mi padre se desmovilizó en los años 1960 y después se dedicó a lo que le gustaba, la soldadura.

Fue un ejemplo tan grande. Este es un tema de sociología. En la sociedad que estamos viviendo, todavía se tienden a justificar los problemas morales con el Período Especial. ¿Hasta cuándo?

Ta”bueno ya. Al guajiro se le moría el niño, pero no cogía el pollo que brincaba del otro patio hacia el de él. Cuando Batista, el hambre aquí en La Habana era terrible, soy habanero. Tengo la dicha de hacer ya el quinto libro de la historia de La Habana y recuerdo bien que las bodegas estaban llenas, y el bodeguero tenía una larga lista de todo lo que le debían para fin de mes. Los litros de leche estaban en la puerta de las casas, y nadie los robaba.

¿Entonces dónde radica el problema?

Hay dos cosas, la familia y los decisores.

¿Hablamos de exigencia?

Exactamente. Tiene que haber un padre que enseñe al niño a cuidar un parque y debe haber un “guardaparque”, porque el mundo entero funciona así. El inglés no es un buen ciudadano o modelo, porque sí. Si se portan mal, la multa la tienen por la cabeza.

¿Es cuestión de establecer los límites?

―Yo pienso que la familia es importante, pero no es la única. El Gobierno tiene mucha responsabilidad. Si no pagas la luz, te la cortan. Entonces por qué vas a romper una guagua, a poner la música alta, a molestar al vecino. ¿Hasta cuándo vamos a tratar el asunto de la música estridente, o de aguas de La Habana? El Gobierno debe estar en función de sus deberes.

Mira, con los Huracanes, nosotros demostramos que no tenemos nada que ver con América Latina y el Caribe, en el grado de organización, responsabilidad y voluntad política. Sin embargo, cuando tenemos un salidero, les toma veinte años en resolverlo. Por qué. Hay que trabajar en conjunto.

Y de esa época bonita es que te hablo, son los años 1980. Es una Revista dentro de la Revolución.

Hablamos de veinte años después del triunfo de la Revolución.

―De una realidad que vivimos. Recuerdo que un niño faltaba un día a la escuela y todo el mundo estaba atento. La dirección de la escuela iba a la casa, porque la familia es importante, pero si está jorobada, hay que enderezarla. En nombre de la Patria, como sea.

A veces entregamos una vivienda a los menos favorecidos, y cuidado porque los ves con celulares de 200 dólares. Y con el crédito más alto que yo.

No es difícil resolverlo.

Sobre todo, no es imposible.

―Esa época la vivimos nosotros.

Se dice que la Revista pierde un poco de popularidad, cuando comienza el periódico Bastión en 1987.

―No, la revista ya estaba instituida. El periódico se vende más. Era un periódico muy agradable, ameno. Con millones de contenidos, además de la temática militar. Mira, recuerdas el trabajo que llamábamos “Patriótico militar”, también teníamos nuestro Departamento de Propaganda. Al fin y al cabo, creo que había mucha entrega en todos los aspectos de la vida nacional.

¿Eso caracteriza a esa generación profesional?

―Sí. Mira, recuerdo mucho los consejos que me daba Manuel, el caricaturista del DDT. Me decía, lee todo lo que tú puedas. Mientras más lees, más feliz vas a ser, más fuerte te harás y no es mentira. Desde jovencito me fascinaron las caricaturas de Juan David Posada, no lo conocí a él, sino a su esposa. Admiraba a muchos caricaturistas. Compartí las páginas de Trabajadores, Granma, de mi querido Melaíto, cuando hice el Servicio Social, éramos muy jovencitos, incluso el santaclareño Alfredo Martirena, no había entrado todavía.

Y ese trayecto tiene mucho de la frase que te comenté, “el academicismo, bien”.

¿Qué tiempo trabajó en Verde Olivo?

―No mucho.

Entonces debe calificarlo, no hacia lo largo, sino hacia lo profundo, ¿verdad?

Hubo dos etapas. Volví cuando lo reabrieron. Me comprometí a seguir ilustrando los poemas. He publicado tres libros ilustrados: “Martí, esa presencia que nos acompaña”; “Máximo: el hombre sin el que no se puede escribir la historia de Cuba”. Tenemos ya en edición un libro dedicado al Che, que es inmenso. He ilustrado libros al general Ramón Espinosa Martín y a muchos otros compañeros. Estoy terminando una obra que es La Habana de José Martí.

¿Incorpora a su trabajo el diseño digital?

No, soy de la vieja escuela. No puedo con eso. Y no dejo de admirarla.

Y ellos no dejarán de admirarlo a usted.

Esta entrevista forma parte de un proyecto editorial, en homenaje al colectivo de la Revista Verde Olivo, próximo a cumplir sus seis décadas de existencia.

Verde Olivo, nace como un tabloide en 1959 y pronto, en 1960 se hace Revista de corte militar y estilo popular. La Revista de las FAR, estuvo marcada con la impronta del Comandante Ernesto Che Guevara, de formarla con un colectivo reducido, muy profesional, revolucionador.

En sus páginas colaboraron figuras maestras de la literatura y el arte cubanos, así como excelentes periodistas, fotógrafos e ilustradores.

Practicaron la solidaridad, el multioficio, con un gran espíritu de sacrificio y dedicación. Detiene su tirada en el Período Especial, octubre 1990 y la reanuda en la década del 2000 con varias ediciones especiales hasta el 2007, con frecuencia trimestral y a partir de 2009, bimestral. En 2005, se funda La Casa Editorial Verde Olivo con una prolija y valiosa selección de obras.

Portada ilustrada por Toledo.

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Rosa María Fernández

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