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Brasil: ¿Procesos legales o Guerra no Convencional?

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Simpatizantes de Lula se han estado manifestado en todo Brasil en los últimos días. Foto: AFP.

En los últimos tiempos, la supuesta lucha contra la corrupción, ha sido pretexto utilizado por el imperialismo y sus aliados de la derecha internacional para derrocar gobiernos de izquierda contrario a sus intereses hegemónicos. En consonancia, acuden a las más estrictas reglas de la “Guerra No Convencional” y utilizan los medios internacionales de comunicación para construir matrices de opinión negativas contra los gobernantes legítimos de los países “hostiles”, en función de justificar posteriores acciones “legales” bajo el supuesto cumplimiento de las reglas y principios del Estado de Derecho y el debido proceso.

América Latina ha sido un ejemplo de esas prácticas, pero sin duda alguna en Brasil pudiera estarse en vías de confirmar una vez más, la tesis de recurrir a herramientas “legales” para asegurar sus propósitos.

Un ejemplo más que elocuente de esa forma de actuación, es el freno que han tratado de imponer al proyecto progresista llevado a cabo por el Partido de los Trabajadores (PT). En enero de 2011, Dilma Rousseff llega a la presidencia para dar continuidad al legado del líder del PT, Luiz Inácio Lula da Silva. De esa manera se convierte en la primera mujer en gobernar el gigante sudamericano. En 2015 nuevamente es reelegida, pero para ese entonces, ya estaba sometida a una larga secuencia de acusaciones por parte de sectores de derecha representantes de la oligarquía, en contubernio con la prensa reaccionaria de Brasil y apoyados abiertamente por las transnacionales de la comunicación, de estar vinculada a hechos de corrupción, asociados a la empresa Petrobras. El conglomerado mediático O Globo estuvo a la cabeza de esa estrategia.

Esta imputación, constituyó el hilo conductor de la madeja que condujo al Golpe de Estado parlamentario bajo el trasfondo de una edulcorada estructura de la democracia de los “Estados de Derecho”, denominada juicio político (Impeachment), bajo el cargo de “crímenes de responsabilidad” por la manipulación de cuentas públicas. Resulta contrastante que la mandataria fue elegida en 2014 por 54 millones de brasileños y destituida por solo 62 votos, esas son las paradojas de la democracia al estilo occidental. En tanto, el sustituto interino de Dilma, Michel Temer ha salido exonerado, en par de ocasiones, de un posible juicio político por presunta implicación en casos de corrupción, pero tiene una atenuante, su agenda es neoliberal y se ajusta a los intereses de Estados Unidos en la región.

Casi al unísono de las acusaciones contra Dilma, se vinculó también al expresidente, Lula da Silva con delitos de ocultación de patrimonio y lavado de dinero, relacionado al escándalo de corrupción de Petrobras. En marzo de 2016, el exmandatario fue detenido y trasladado a dependencias policiales para ser interrogado. La policía también registró su domicilio particular, la casa de uno de sus hijos y otras residencias de familiares. Las imágenes de la detención y el allanamiento de las moradas le dieron la vuelta al mundo, había que mellar la imagen del “caballo de batalla” del PT porque podría postularse para las próximas elecciones, he ahí la verdadera justificación de las acusaciones.

Lula fue condenado en primera instancia en julio de 2017 a nueve años y medios de prisión, por el juez Sergio Moro, quien durante la audiencia despreció las declaraciones de 73 testigos, convocados por la fiscalía y la defensa, y se basó exclusivamente en la denuncia del dueño de la constructora OAS vinculada al escándalo de Petrobras, diciendo que había recibido un departamento como compensación por contratos vinculados a esa empresa. Sorprendentemente, los testigos de la acusación también exculparon al expresidente.

El acusado recurrió la sentencia, y recientemente los tres jueces del tribunal de apelación no solo la confirmaron por unanimidad sino que la aumentaron a doce años y un mes de cárcel. Rápidamente, los titulares colmaron las principales páginas de sitios digitales con sugerentes conclusiones: El futuro político de Lula está comprometido; Un tribunal brasileño ratifica la condena contra Lula y pone en jaque sus aspiraciones electorales; Lula Da Silva, el poder o la cárcel en Brasil y Brasil: el expresidente Lula declarado culpable de corrupción.

Condenan a Lula da Silva a 12 años de cárcel, puede apelar al Tribunal Supremo

En este estado del proceso, ante la imprevisibilidad de cómo pudiera actuar la justicia brasileña, los abogados del exmandatario presentaron el 30 de enero de 2018 un recurso de hábeas corpus para evitar la ejecución anticipada de la sanción dictada, y que Lula pudiera seguir agotando las posibilidades de recurrir el fallo en libertad, pero con inmediatez la medida fue rechazada. Esa decisión podría llevarlo a prisión cuando más conveniente sea a los intereses judiciales, digo imperiales.

Ha comenzado a trascender mediáticamente, que el Comité de Derechos Humanos de la ONU evaluará en el segundo semestre del presente año la persecución judicial contra Lula. Ya para esa fecha podría ser demasiado tarde.

¿Dejarán postularse a Lula o se escudarán en la “legalidad” para inhabilitarlo?, esa es la gran interrogante y los elementos para una posible respuesta están en estas líneas. Mientras tanto, Michel Temer, afirmó que la “posible inhabilitación política del exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva, añadiría tensión al país” y que preferiría fuera “vencido en las urnas”. Cualquiera pudiera pensar que está pronosticando el futuro o quiere ser el defensor de la maltrecha democracia en su país. Yo prefiero pensar que tiene indicaciones de sus patrocinadores.

De esta manera, se siguen incrementando los obstáculos para el retorno de la izquierda a la presidencia en Brasil, bajo el pretexto de “impedir el acceso al poder o privarlo de este a políticos corruptos”; también pudiera leerse políticos contrarios a los intereses imperiales. No obstante, las encuestas sugieren que el líder del izquierdista PT ha ganado apoyo en los últimos meses y encabeza la carrera para las elecciones presidenciales de octubre próximo.

A Dilma no le pudieron probar las acusaciones, pero le aplicaron Impeachment, y el sistema judicial condena a Lula, sin pruebas; sin embargo, Temer logra escapar de las ansias de la justicia brasileña por “preservar su Estado de Derecho en el enfrentamiento contra la corrupción”. Pareciera que hay una parcialización por encontrar la verdad, y que la diosa de la justicia solo mueve su balanza en contra de los representantes del PT.

Ambos casos están en concordancia con los objetivos de la contraofensiva reaccionaria del imperialismo contra los gobiernos revolucionarios y progresistas de América Latina y el Caribe, pero también pretenden cerrar el capítulo del Golpe Parlamentario iniciado en 2015.

El 1 de febrero de 2018, durante un discurso en la Universidad de Texas en Austin, el Secretario de Estado, norteamericano, Rex Tillerson abordó en tres pilares la política de su gobierno para el Hemisferio Occidental. De sus palabras se aprecian las intenciones hegemónicas de la actual Administración, y qué nos pudiera deparar el futuro mediato.

Señaló que “el hemisferio presenta un enorme potencial de mayor crecimiento económico y prosperidad. Avanzaremos a partir de la sólida base de cooperación económica con nuestros socios latinoamericanos y caribeños. Por ejemplo, Brasil es la mayor economía de la región y la novena más importante del mundo. Estados Unidos es el segundo mayor socio comercial de Brasil, y en los últimos años el comercio bilateral alcanzó niveles sin precedentes, por un total superior a 95 000 millones de dólares en 2015”.

“Debemos erradicar la corrupción en todas sus formas. Una gobernabilidad ineficaz y corrupta perjudica a los países. La economía se resiente, las personas pierden la fe en las instituciones y la criminalidad aumenta (…) Las medidas recientes contra la corrupción en Guatemala, Perú, República Dominicana y Brasil destacan la importancia de abordar este tema de lleno”, agregó.

Como es lógico Estados Unidos, sigue cuidando sus interés económicos en la región” y un gobierno de izquierda en Brasil los podría perjudicar, por tanto están decididos a evitar que Lula llegue a la presidencia. Para los que creen, que solo el ruido de las armas y los cañones avisan la guerra, les recuerdo que la Guerra No Convencional sigue siendo la más convencional de las Guerras.

Se han publicado 3 comentarios



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  • David País dijo:

    Este trabajo pone de manifiesto cómo esta la GNC vs América latina. Hay que unir fuerzas y denunciar de inmediato las intenciones imperialistas.

  • Tino dijo:

    buen trabajo están cercando a lula, le harán lo mismo que a COrrea y a Cristina.

  • David País dijo:

    El tema es complicado quieren acabar con la izquierda en América Latina, pero no los dejaremos hay que denunciar las patrañas del loco Trump y sus seguidores.

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