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Reflexiones sobre itinerario del Presidente de Estados Unidos por países de Asia

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El presidente de EE UU, Donald Trump (centro i), la primera dama, Melania Trump (i), el presidente chino, Xi Jinping, (centro d) y su esposa Peng Liyuan (d), en la Ciudad Prohibida, en Pekín, este miércoles. Foto: AP.

El presidente de EE UU, Donald Trump (centro i), la primera dama, Melania Trump (i), el presidente chino, Xi Jinping, (centro d) y su esposa Peng Liyuan (d), en la Ciudad Prohibida, en Pekín, este miércoles. Foto: AP.

El viernes 3 de noviembre se inició un recorrido del Presidente Donald Trump por países de Asia, que se extenderá por más de una semana. Cabe preguntarse si durante esos días se develarán algunas claves de su política hacia la región y se podrían vislumbrar las posibles consecuencias para las relaciones internacionales.

Su antecesor Barack Obama, mediante un discurso político cuidadoso, diplomacia refinada y mayor empleo del multilateralismo, colocó el énfasis en el denominado “poder blando” al decir del politólogo Joseph Nye, como modo de compensar la declinación hegemónica de Estados Unidos y mejorar su imagen, muy deteriorada por los ocho años en la presidencia estadounidense de George W. Bush. Aunque prefirió los instrumentos económicos, políticos y diplomáticos, nunca dejó de lado la fuerza, como aconsejaba la concepción del “poder inteligente”, pero lo hizo de otro modo. A diferencia de lo que ocurre en la actualidad con el gobierno de Estados Unidos, Obama fue un lobo con piel de oveja y eso logró confundir a muchos. [1]

En cambio, el nuevo Presidente republicano, que llegó con el lema de “Estados Unidos Primero” (America First) pretende lograr mejores resultados para su país, con una mezcla de instrumentos de “poder duro”, como coctel de sanciones económicas, amenazas y uso de la fuerza militar, acompañado de una virulenta retórica imperialista que hace recordar la política del  “Gran garrote”.  El “aprendiz de Presidente”, experto del espectáculo mediático devenido inquilino del Despacho Oval, se esfuerza por acabar con todo aquello que podría haberse considerado como el Legado de Obama, y ello incluye por supuesto las relaciones internacionales. Como se sabe la esfera de la política exterior es en la que los presidentes de Estados Unidos tienen mayor libertad de actuación, y muchas veces la emplean para compensar sus problemas de política interna.

Aunque las tendencias propias del capitalismo a mediano y largo plazo generen fuerzas contrarias -propias de la internacionalización del capital y la globalización neoliberal— y no se puedan retrotraer totalmente; tampoco debe subestimarse la capacidad del Presidente de modificarlas y reconfigurar en determinado grado no solo las políticas de Estados Unidos, sino las relaciones internacionales por el enorme peso que tiene este país y ser el centro del sistema financiero internacional.

El contexto político interno en los casi diez meses de gobierno de Trump se caracteriza por la agudización de las divisiones y rupturas al interior de la clase dominante, e incluso del propio gobierno. Algunos analistas consideran que existe una crisis política y no descartan entre los escenarios el impeachment y hasta un asesinato como ocurrió con J.F.K., caso sobre el cual no se develan aún los documentos más sensibles. Se mantiene el debate entre los especialistas sobre la corriente ideológica dominante en el “trumpismo”, porque no se ajusta cabalmente a los patrones establecidos o por ser una mezcla de ellos.  En su retórica y decisiones está presente con frecuencia la falta de coherencia y las contradicciones, y se encuentran rasgos de un conservador de derecha, neoconservador, nacionalista jacksoniano, nativista, con influencias de los supremacistas blancos y hasta ciertas inclinaciones fascistas.  Su pertenencia al establecimiento (establishment) político de Estados Unidos, se aprecia a veces de forma un tanto simplista, al no subrayar la destacada pertenencia de Trump a la clase dominante, la oligarquía financiera estadounidense, e incluso su intervención directa en política desde hace muchos años, aunque no hubiera ocupado ningún cargo en esa esfera.

Ante tanta incertidumbre y desconcierto, ¿clarificará este recorrido los principales elementos de la estrategia en la política de la administración Trump y sus tendencias dominantes, o seguirá siendo un asunto pendiente?

El escenario asiático de la gira del Presidente estadounidense tiene especial significación, porque existen cada vez más evidencias sobre el desplazamiento de lo que sido la “Civilización Occidental” -como centro del mundo asentado en Europa, el Atlántico y Estados Unidos- hacia un mundo “Post- Occidental”, cuyo eje principal estaría en Asia Pacifico. Se trata sin duda de la región más dinámica de la economía mundial y donde aparecen muchos desafíos críticos para el liderazgo estadounidense, no solamente económicos, principalmente por el ascenso de China como gran potencia, sino por los desarrollos y demostraciones en materia nuclear y cohetería de Corea del Norte, que se posesiona, se quiera o no, como dueña de un poderoso instrumento de disuasión en este campo.

Existen evidencias de que el orden liberal, la llamada tendencia dominante de la globalización neoliberal, está siendo al menos reacomodada y ajustada desde la Casa Blanca, y se manifiestan importantes retrocesos en la misma.  No puede desconocerse el rechazo, y demanda de renegociación, a los acuerdos de libre comercio que tiene Estados Unidos, y que habían sido impulsados mediante un consenso bipartidista desde finales de la década de 1980 del siglo XX.  No está totalmente claro cuáles serán las consecuencias ni las condiciones que definirán el nuevo orden en proceso de formación.

A primera vista, pareciera que Trump y su equipo de gobierno -con una alta presencia de figuras con origen en la élite militar- buscan conformar una imagen más estable, responsable y coherente sobre la proyección política externa de la única súper potencia del mundo.  Todos los presidentes de Estados Unidos en la actualidad aspiran a la reelección, y cabe esperar que Donald Trump quiera normalizar su política y anotarse resultados para mejorar su base política de cara a las elecciones de 2020.  El periódico The Washington Post subraya lo que considera cuatro razones por las cuales este viaje es tan importante para: clarificar la política de Estados Unidos; reafirmar los vínculos Estados Unidos – Asia; forjar un consenso más fuerte sobre la denominada “amenaza nuclear de Corea del Norte”;  y aprovechar la oportunidad para negociar “más fuerte” los intereses económicos de Estados Unidos.[2]

En la correlación mundial de fuerzas Estados Unidos conserva un extraordinario poder mundial, siendo todavía la única súper potencia, aunque su peso relativo sea declinante frente al ascenso de China.  Partiendo de esa realidad, cabe esperar que la política de Trump trate de conseguir una recuperación hegemónica de Estados Unidos.  Sin embargo, muchos analistas consideran que el balance final de las políticas encaminadas por Trump puede beneficiar más a China en lugar de afectarla.

Entre los desafíos y contradicciones principales que estarán de algún modo sobre la mesa de negociación está la retirada de los acuerdos de la Alianza Transpacífico (TPP), que abarcan importantes países de la región como Japón y Vietnam, teniendo cada uno que ajustarse a las nuevas condiciones y negociar con Estados Unidos los asuntos comerciales en el marco bilateral.   El nuevo Presidente estadounidense ha hecho gala de su preferencia por las negociaciones bilaterales y su apego al enfoque unilateral en la política de Estados Unidos.  Detrás del logo “America First” está el ajuste de los acuerdos de “libre comercio” existentes en un enfoque inclinado a la “reciprocidad y trato justo” en lugar del “libre comercio”, que para Trump es un “desastre” y una “violación” a Estados Unidos.  Ello representa una contrariedad para los tres países que el Presidente estadounidense visitará y que están o estaban involucrados en tratados de libre comercio con Estados Unidos: Japón, Corea del Sur y Vietnam.

En este mismo sentido existe la preocupación de que Trump presione a favor de la renegociación del tratado de libre comercio que tiene con Corea del Sur, como está haciendo con México y Canadá en los marcos del TLCAN. Aquí se observa un enorme contraste con la administración precedente, en tanto el Presidente Obama trataba de ampliar estas alianzas y buscó como un elemento de balance a la expansión china, establecer acuerdos megarregionales de libre comercio de “segunda generación” como el TPP, y el denominado enfoque “pívot Asia”, que estableció una prioridad estratégica para Estados Unidos en la región.

No obstante, a pesar del rechazo oficial a las negociaciones multilaterales, el Presidente asistirá a dos cumbres, la de la APEC (Danang, Vietnam el 10 de noviembre) y la de la ASEAN (Manila, Filipinas el 13 de noviembre) en que se quiere celebrar el 40 aniversario de las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y la ASEAN.  Esto es sin duda muy importante, aunque en esas reuniones no deben esperarse muchos resultados más allá del espectáculo mediático y las fotos, y que seguramente el Presidente Trump subraye los temas principales de su visita –sin que puedan excluirse las posibles “sorpresas” de las iniciativa verbales de Trump.  Según las posturas del gobierno de Estados Unidos las relaciones económicas deben ser beneficiosas para ambas partes, poniendo énfasis en la reciprocidad, y la seguridad nacional desde la perspectiva de Estados Unidos lo cual supone la aceptación implícita de su presencia militar y libertad, así como que sus costos sean compartidos, lo que se expresa oficialmente en mantener “libre y abierto la región Indo- Pacifico”. Ese es un enfoque que no aborda explícitamente pero tampoco cancela el complejo de conflictos por el llamado Mar de China, sino que subraya los “derechos” estadounidenses como potencia en esa región. Sin duda el tema es relevante para varios países, y en ello no se puede desconocer la colaboración naval entre las fuerza armadas de Vietnam y Estados Unidos, ámbito en que una “asociación estratégica” está en perspectiva.

Es notable el discurso sumamente agresivo, desproporcionado y peligroso que el presidente estadounidense ha empleado en el conflicto con Corea del Norte, cuando promete hacerla desaparecer, o afirmaciones semejantes en diatribas públicas sobre Kim Jong Un, al que denomina “rocket man”.

Las demostraciones nucleares y las dos pruebas exitosas de lanzamientos de cohetes balísticos intercontinentales realizadas por Corea del Norte, han creado un clima de tensión de enorme peligrosidad con repercusiones en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas. Las amenazas y duro lenguaje por ambas partes han generado gran preocupación en la región y todo el mundo, tratándose de armas de destrucción masiva. El asunto es sumamente delicado, sean estas supuestamente de mayor o menor alcance y calidad.  La disuasión nuclear o el empleo de sofisticados sistemas de defensa antimisil pueden agregar grados de inestabilidad a la crisis en lugar de solucionarla. Es un mito que se puede controlar y restringir un conflicto que pudiera desatarse por error, o mala interpretación de las partes, mediante amenazas de uso desmedido de las fuerzas e introducción de nuevos sistemas militares. La historia muestra suficientes ejemplos que la negociación diplomática es el único camino, e incluso este proceso negociador debe ser cuidadosamente llevado para que sea exitoso.

El orden de las visitas y el énfasis en los encuentros con militares de Estados Unidos y aliados, subraya la importancia que le concede esta administración al factor militar como instrumento de la política. La primera escala fue el 3 de noviembre en Hawái, lugar disputado por Trump como de nacimiento de Barack Obama. Se recuerda así que un Estado norteamericano está precisamente en esa región. El objetivo declarado es “recibir un resumen de la situación del Comando del Pacifico”, sus fuerzas militares de Estados Unidos para esa región.  Es decir, lo primero que le interesa al Presidente es eso, el factor militar, la llamada ahora “seguridad” en la región “Indo- Pacifico” y por eso Perl Harbor, el símbolo justificativo de la intervención militar cuando la Segunda Guerra Mundial (Remember Perl Harbor) ocupa un lugar destacado.  El domingo 5 de noviembre llegó a Japón, subrayando la centralidad de la alianza entre Estados Unidos – Japón. Además de la reunión bilateral con el Primer Ministro Shinzo Abe, Trump se encontró con familias japonesas cuyos miembros se dice han sido “secuestrados por el régimen de Corea del Norte”. Esta actividad estuvo encaminada a favorecer la política de sanciones y aislamiento a este país.

A Corea del Sur llegará el 7 de noviembre, excluyéndose de la agenda una visita a la frontera. Asimismo en Corea del Sur se encontrará con el Presidente Moon Jae-in y también se presentará en la Asamblea Nacional, donde celebrará la alianza y amistad entre Estados Unidos y la República de Corea, aprovechando esa oportunidad para hacer un llamado a la comunidad internacional a unirse para maximizar la presión sobre Corea del Norte, a la que se pretenden bloquear además todas sus relaciones bancarias internacionales. Tanto en Japón como en Corea se reunirá con los militares estadounidenses y sus colaboradores locales.

El 8 de noviembre llegará a Beijin, China y realizará una serie de eventos comerciales y culturales, incluyendo reunión con el Presidente Xi Jinping y otros líderes chinos. En China, además de pedir la colaboración del Gigante asiático en su política hacia Corea del Norte, se tratarán aspectos relacionados con la supuesta manipulación de los tipos de cambio de China, el “robo de tecnología” y los problemas en la seguridad cibernética. Es conocido que Trump desea lograr algún resultado en este terreno bajo el supuesto que el empleo de Estados Unidos se ha estado desplazando hacia China, y que el saldo comercial con ese país es muy negativo  -estimado en más de $300 mil millones de dólares en 2016- y desea mejorarlo; pero esto es un asunto muy escabroso que podría terminar en desastre.

El 11 de noviembre viajará a Hanói, Vietnam, y allí tendrá un encuentro oficial con el Presidente vietnamita Tran Dai Quang y otros líderes del país.  El tema de la colaboración de Estados Unidos con Vietnam en la esfera de la seguridad será tratado, en particular su cooperación para mantener “abierto y libre” los mares adyacentes objeto de disputa con China.

Sin embargo, el enfoque estadounidense debe estar centrado en garantizar una creciente presencia militar de las fuerzas de Estados Unidos en la región.  Los intereses comerciales y de inversiones considero tendrán un perfil menor, pero pueden ser abordados en el plano bilateral, donde el Presidente Trump pondrá seguramente énfasis en la “reciprocidad comercial” y el llamado comercio justo.   Para el Presidente de Estados Unidos es importante presentar resultados del viaje, aunque sean más mediáticos que reales, con la perspectiva de paliar la difícil situación en política interna, considerada por analistas como una crisis.

El último punto de la visita será el 13 de noviembre en Manila, Filipinas, para celebrar el 40 aniversario de las relaciones de Estados Unidos y la ASEAN. Se espera una reunión bilateral con el Presidente Rodrigo Duterte y otros líderes de ese país, a pesar de haber existido manifestaciones críticas y tensiones por parte de Estados Unidos sobre la situación interna en ese país.  Es evidente que la diplomacia y analistas de seguridad de Estados Unidos han persuadido al Presidente Trump de la importancia de esta visita, donde tendrá otra oportunidad de presentar una imagen como líder importante y responsable de sus actos en el contexto de la región Asia Pacifico.

En general, el énfasis del programa de la visita, que fue sin duda colocado en los componentes militares del poder estadounidense, sumado a la presencia de cuadros venidos del gran sector corporativo y la élite militar, refuerza la hipótesis de que el sector dominante detrás del gobierno de Trump es la vieja alianza corporativa – militar industrial del “Complejo Militar Industrial”, en una de sus manifestaciones más claras en toda la historia del imperialismo estadounidense.

6 de noviembre, 2017

[1] Hassan Pérez Casabona: “El capitalismo contemporáneo: un lobo que no se disfraza”, Trabajadores, La Habana, 3 de noviembre 2017, http://www.trabajadores.cu/20171103/el-capitalismo-contemporaneo-un-lobo-que-no-se-disfraza/

[2] Andrew Yeo: “Four reasons Trump´s Asia trip is so important”, The Washington Post, November 4, 2017, https://www.washingtonpost.com/news/monkey-cage/wp/2017/11/04/four-reasons-trumps-asia-trip-is-so-important/

Se han publicado 4 comentarios



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  • Armando dijo:

    Donald Trump no se merece una reflexión como esta, le están dando valor a quien no lo tiene, ni positivo, ni negativo, enfóquense en cosas mas importantes.
    Mira, reflexiona sobre la Cumbre de París, a donde fueron invitados mas de 100 paises, pero NO fue invitado Estados Unidos, ya eso lo dice todo

  • Baphomet dijo:

    No para de decir que la culpa del descalabro económico de EEUU no es por el capitalismo, sino por culpa de China; pero al final, tiene que ir a “besarle los pies” a los comunistas y agradecerle al Partido por su “amistad”… estos USAmericanos no tienen vergüenza.

  • Matías Godoy dijo:

    Buena nota, gracias por la información aquí reunida.

  • Capital dijo:

    lo siento amigos, pero los chinos solo quieren money.

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Luis René Fernández Tabio

Dr. en Ciencias Económicas y Profesor Titular e Investigador del Centro de Estudios Hemisféricos y sobre Estados Unidos (CEHSEU) de la Universidad de La Habana.

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