Imprimir
Inicio » Especiales, Historia  »

A propósito del aniversario del asalto al cuartel Moncada: El Movimiento 26 de Julio

| 1
En el Cuartel Moncada, Santiago de Cuba, ultiman detalles para el acto por el 26 de julio. Foto: Daylén Vega/Cubadebate.

El Cuartel Moncada, Santiago de Cuba. Foto: Daylén Vega/ Cubadebate.

En Cuba la corrupción política fue característica de todos los gobiernos desde la intervención norteamericana, difundiéndose de tal forma que incluso era considerada legítima por cierta parte de la ciudadanía y se identificaba la práctica política y el ejercicio de cargo público o político con conducta inmoral. Esto planteaba una situación de cierto acostumbramiento de la población a la corrupción del funcionario público o político imperante.

Este papel lo jugó el Partido del Pueblo cubano (Ortodoxo) cuyo fundador y primer líder se había suicidado en condiciones dramáticas mientras denunciaba uno de los tantos escándalos del Gobierno de turno en 1951 (1).

El contenido subversivo de la ortodoxia se evidencia en su consigna básica “vergüenza contra dinero”, que golpeaba el punto débil del mecanismo político mediante el cual funcionaba el sistema de dominación imperante nucleando una serie de fuerzas que, en caso de ascender al poder dicho Partido podría generar un proceso de cambios de la sociedad cubana más profundo que lo que estaba dispuesto a permitir el imperialismo.

Este Partido policlasista tenía en su interior fuerzas que tendían a superarlo. Prueba de lo último es el Moncada, que se construyó en el punto de partida de la vanguardia del pueblo cubano.

Para detener el avance de la lucha popular se produce el golpe militar del 10 de marzo de 1952 a 82 días de las elecciones generales de las cuales emergía como seguro vencedor el candidato de la ortodoxia. El golpe del 10 de marzo de 1952 prácticamente paralizo a los políticos tradicionales, incluido el Partido Ortodoxo.

Este Partido cuenta con una línea para una situación nueva, el enfrentamiento a una tiranía y sin capacidad para ponerse al frente de sus masas, que eran potencialmente revolucionarias, se diluyó en una serie de pugnas estériles y actitudes “dignas” que nada hacían avanzar la lucha contra la dictadura.

“La masa ortodoxa quedó como un ejército cuyos jefes se dieron a la desbandada para siempre, su juventud seguía participando de cuantos actos de calle se propiciaran contra la tiranía, mientras de sus filas humildes iban surgiendo sus nuevos líderes (2: Raúl Castro, VIII Aniversario del 26 de julio, en Fundamentos) .

Fidel aprovecha el fermento que existe dentro de la juventud ortodoxa, en la que se agrupan los elementos más radicales de ese Partido, para iniciar la construcción de una organización revolucionaria capaz de enfrentar el aparato regresivo de la tiranía y desatar la lucha de las masas.

“En el propio local del Partido Ortodoxo comenzaron a celebrarse las reuniones iniciales de lo que posteriormente seria conocido como ‘El Movimiento’ y que se construiría en vehículo orgánico para realizar el asalto al cuartel Moncada el 26 de julio de 1953, tras “dieciséis meses de trabajo silencioso y arduo antes del 26 de julio” (3: Fidel Castro, Frente a Todos).

Detengámonos brevemente en sus principales hitos.

“A principio de 1952 se conocen Fidel y Montané. El primero de mayo de 1952, coinciden en un acto celebrado en el cementerio Colón Fidel Castro, Abel Santa María y Jesús Montané, quienes una vez terminado el acto nos quedamos conversando Abel, Fidel y nosotros. Muy pronto se estableció una animada y amigable charla alrededor de los acontecimientos políticos del país. Estuvimos de acuerdo en que algo había que hacer para combatir el régimen dictatorial de Batista. Nos lamentamos de la inercia de algunos sectores de la llamada oposición que estaban demostrando una incapacidad manifiesta para presentarle un verdadero frente de combate a la tiranía. Se imponía la acción de la juventud, ante tanta politiquería y vacilaciones. En esta conversación ya despuntaba el líder que organizara masivamente al pueblo en su lucha a muerte contra la tiranía” (4: Jesús Montané, La generación del Centenario libra sus primeros combates contra la tiranía. Moncada: antecedentes y preparativos)

A partir de ahí comienza la identificación revolucionaria y la colaboración entre Fidel y el grupo formado por Abel, Montané, Raúl Gómez García y otros. Este grupo publicaba un periódico clandestino nombrado Son los mismos. Fidel propuso cambiarle el nombre por otro más combativo y sugirió El acusador.

El primero de junio de 1952 apareció el primer número de El acusador. El periódico era dirigido por Raúl Gómez García que firmaba con el seudónimo de “El ciudadano”, Abel era el subdirector, formaban parte de la redacción Juan Martínez Tinguao “Don Tin Tin”: Jesús Montané redactaba una columna titulada “Iniciativas” y firmaba “Canino”.

Fidel firmaba con el seudónimo de “Alejandro” y era el orientador político. El lema del periódico era “libertad o muerte”.

Al cumplirse el primer aniversario de la muerte de Chivás, el 16 de agosto de 1952, se distribuyó una edición especial del periódico que constaba de 10 mil ejemplares. En esta edición aparecía un artículo de Fidel con el seudónimo de “Alejandro” titulado Recuento crítico del PCC en el que después de hacer una evaluación de la situación que vivía el Partido Ortodoxo terminaba diciendo:

“Quien tenga un concepto tradicional de la política podrá sentirse optimista ante ese cuadro de verdades. Para los que tengan en cambio fe ciega en las masas, para los que crean en la fuerza indestructible de las grandes ideas, no será motivo de aflojamiento la indecisión de los líderes, porque esos vacíos son ocupados bien pronto por los hombres enteros que salen de las filas.

El momento es revolucionario y no político. La política es la consagración del oportunismo de los que tienen medios y recursos. La revolución abre paso al merito verdadero, a los que tienen valor a ideal sincero, a los que exponen el pecho descubierto y toman en la mano el estandarte. A un partido revolucionario debe corresponder una dirigencia revolucionaria, joven y de origen popular que salve a Cuba” (5: Fidel Castro, Recuento Critico del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo en Moncada: antecedentes y preparativos).

Aquel mismo día por una delación fue ocupado el taller donde se imprimía el periódico, siendo detenidos algunos miembros del grupo.

Entre mediados de 1952 y principios de 1953 quedó organizado “El Movimiento”, que fue tomando la forma de una organización celular selectiva, secreta y compartimentada. La Dirección Nacional estaba compuesta por dos comités, uno militar y otro civil.

Al comité civil pertenecían Fidel Castro Ruz, Abel Santamaría Cuadrado, Oscar Alcalde, Boris Luis Santa Coloma, Mario Muñoz y Jesús Montané.

El comité militar estaba formado por Fidel Castro Ruz, Abel Santamaría Cuadrado, Pedro Miret, Ernesto Tizol, José Luis Tassende y Renato Guitar. El jefe del Movimiento era Fidel y el segundo jefe Abel.

Las células se organizaron en distintos barrios de la ciudad de La Habana, El Cerro, Santo Ángel, Cayo Hueso, Lawton, San Leopoldo, así como en el Reparto Poey y el municipio de Marianao. De la Universidad de La Habana provenían algunos compañeros entre los que se encontraban Pedro Miret, Lester Rodríguez y Abelardo Crespo. En la provincia de Pinar del Río se organizaron células en Guanajay, San Cristóbal y Artemisa, de este último lugar salió un destacado grupo de combatientes. Y en la provincia de La Habana se organizaron células en Santiago de las Vegas, Calabazar, Rancho Boyeros, Nueva Paz y Madruga.

El Movimiento llegó a enrolar a unos mil 500 jóvenes, de los que fueron seleccionados 165 para participar en la acción del 26 de julio.

“Los militantes de nuestra organización estaban obligados a guardar el más absoluto secreto de las actividades de la misma. Allí no había cabida para los indiscretos, para los fantoches o para los que jugaban a la revolución (…) Cuando se hacían las prácticas de tiro en la Universidad, en la finca Los Palos, cerca de Nueva Paz, o en Pinar del Río se comunicaba la orden a los jefes de células y ellos se encargaban de llevar y traer a los compañeros con discreción. Jamás hubo un error y nadie fue capturado en esos trajines. La coordinación y la discreción de nuestros jefes fueron siempre absolutas, así como la conducta de los militares fue siempre magnífica” (6: Jesús Montané, El estilo de trabajo de los combatientes en Moncada)

La militancia del Movimiento era de extracción popular en su mayoría, obreros, estudiantes, profesionales, trabajadores por cuenta propia; casi todos ligados al Partido Ortodoxo, aunque había algunos procedentes de otros sectores.

Ya el 27 de enero de 1953 hicieron acto de presencia en el desfile de las antorchas que partió de la escalinata universitaria con motivo del centenario martiano, como una masa compacta y disciplinada.

El proceso de entrenamiento de los combatientes era a la vez un proceso de decantación del naciente aparato armado que permitía ir seleccionando a los futuros combatientes.

Al llegar recursos para la acción planeada fue también una tarea heroica. Ello se hizo sin recurrir a ninguno de los politiqueros de la época. Algunos casos que muestran el templo de la Generación del Centenario: Fernando Chenard vendió su estudio fotográfico. Pedro Marrero empeñó su sueldo de muchos meses.

Se ha calculado que el Movimiento gastó en la preparación y ejecución del plan Moncada unos 16 mil pesos (8). El costo de las armas con su correspondiente parque, ascendió a unos $5 mil. Los cartuchos para las escopetas utilizadas costaron $80. Ese fue también el valor de cada uno de los fusibles calibre 22 que llevaron los combatientes.

“Para comprar el rifle, para comprar balas, había que dejar de comer, tenían nuestros compañeros que dejar de fumar; tenían que dejar de tomar tacita de café que valía tres centavos, para comprar aquellos pedazos de rifles y aquellas cuantas balas” (9: Mario Mencia, El Grito del Moncada).

Allí en aquellos duros trajines fue forjándose la juventud que asaltaría el Moncada, para impedir que el apóstol muriera en el centenario de su nacimiento.

Las razones que llevaron a escoger la fortaleza del Moncada como objetivo militar y el plan político que acompañaba la acción del asalto son ampliamente conocidos, Fidel lo esclareció en su autodefensa y hay estudios verdaderamente acuciosos al respecto (9).

Lo que importa es señalar que el asalto al Moncada no estaba separado de una concepción de la lucha de las masas en que el sujeto social de la revolución se constituía en la lucha y que se ajustaba a las características y cultura política del pueblo cubano. Esto es lo que se convierte al asalto al cuartel Moncada en un revés militar y un éxito político.

Los principales resultados de la acción de Santiago de Cuba pueden ser sintetizados en la forma siguiente:

  • En primer lugar la acción del Moncada constituyó una ruptura con las estructuras y normas políticas que ejercían los partidos políticos de oposición existentes en esa época en Cuba. Se organiza una acción efectiva de lucha armada contra la tiranía sin la participación de los aparatos políticos tradicionales y sin que se filtrara el proceso que condujo a ella.
  • El ataque al cuartel Moncada no estaba separado de la situación económica, social y política del país, se partía de que habían condiciones objetivas para la lucha y la acción revolucionaria podía contribuir a completar las subjetivas, que ya estaban latentes en el pueblo y que en el Oriente, la provincia con mayor tradición de rebeldía, era mas fácil que estallaran. En la estrategia del Moncada estaba contenida la posibilidad de la insurrección popular (10).
  • El asalto al Cuartel Moncada inició un cambio de calidad en la situación política cubana al insertarse en la vida nacional un grupo de jóvenes partidarios decididos de la acción y la lucha revolucionaria, ya que habían mostrado la posibilidad práctica de organizar la lucha armada, constituyéndose en un polo de atracción para el pueblo y especialmente para la juventud a partir del cual definirían la política nacional.
  • Esta fecha simbolizó la ruptura con la política tradicional, una alternativa nueva que, con los necesarios ajustes, alcanzaría la victoria el 1ro de enero de 1959.
  • Con el grupo del Moncada surgió Fidel Castro como líder que pronto alcanzaría estatura nacional.

La presión popular obliga a la dictadura a conceder una amnistía a los asaltantes al Moncada al salir de la cárcel y luego de una breve estancia en la Isla dedicada por una parte a la agitación y a la propaganda que mostraron ante el pueblo el carácter represivo de la dictadura y por otra a estructurar la organización del Movimiento 26 de Julio, Fidel tiene que salir a México.

Inicialmente eran intenciones de Fidel quedarse en la Isla, pero el ambiente y las circunstancias creadas por la dictadura, lo obligan a ir al exilio, no sin antes declarar: “De viaje como estos no se regresa o se regresa con la tiranía descabezada a los pies”.

En Ciudad México el 8 de agosto de 1955 da a conocer el Manifiesto número 1 del 26 de julio al pueblo de Cuba, en el cual con encendido acento martiano convoca de nuevo a la guerra necesaria, desenmascara la esencia de la tiranía, denuncia los crímenes, sus artimañas, las maniobras de los politiqueros de la oposición y su programa inmediato.

Los sobrevivientes de asalto son condenados a la cárcel, pero el grupo del Moncada no va a la prisión derrotado ni vencido, sino a librar nuevos combates.

La etapa de la prisión puede caracterizarse como de maduración y perfilamiento de la vanguardia. En torno a los moncadistas gravita un conjunto de personas que en parte operan con un grupo de presión en el interior de la ortodoxia y en parte como organización con perfil propio, que cumplen tareas en la lucha contra la tiranía y contribuyen a mantener la llama del Moncada (11).

A propósito del aniversario del asalto al cuartel Moncada: Introducción a la neocolonia y situación social

Desde la prisión Fidel mantiene la dirección y orientación del grupo.

A la vez que se brega por arrancar de la cárcel a los combatientes del Moncada se impulsa la organización y la lucha en la creación de condiciones que permitirían avanzar después a la reanudación de la lucha armada para batir el sistema político imperante.

“En la prisión, Fidel había señalado que una de las características que debía tener la organización revolucionaria era que su programa debe abarcar amplia, concreta y valientemente los graves problemas económicos y sociales que confronta el país, de modo que se puede llevar a las masas un mensaje verdaderamente nuevo y prometedor” (12: Mario Mencia, La prisión Fecunda).

En este sentido los 15 puntos del Manifiesto número 1 del Movimiento 26 de Julio son ese mensaje que continúa la línea esbozada en su histórico alegato de defensa.

El punto número 1 se refiere a la cuestión de la tierra, proclama la proscripción del latifundio y el derecho de propiedad para quien trabaja, el número 2 reivindica las conquistas obreras arrebatadas por la tiranía, el 3 se refiere a la industrialización, el 4 a la rebaja de los alquileres, el 5 a la nacionalización de los servicios públicos. En los puntos sucesivos aborda la cuestión de las becas para los hijos de obreros y campesinos. La extensión de la cultura y la reforma de la enseñanza, medidas para eliminar la discriminación racial y otros aspectos, todos de palpitante interés popular.

En ese mismo documento al responder los argumentos de los que en distintas formas intentan detener el proceso revolucionario invocando la paz, la familia las soluciones no violentas o las afectaciones que pueda causar a la economía, Fidel se sitúa claramente al lado de los humildes y proclama diáfanamente:.

“A los que acusan a la Revolución de perturbar la economía del país les respondemos: para los guajiros que no tienen tierra no existe economía, para el millón de cubanos que están sin trabajo, no existe economía, para los obreros ferrocarrileros, portuarios, azucareros, henequeneros, textileros, autobuseros y otros tantos sectores a quienes Batista ha rebajado sus salarios despiadadamente no existe economía, y solo existirá para todos ellos mediante una revolución justa que repartirá la tierra, movilizará las inmensas riquezas del país y nivelara las condiciones sociales poniendo coto al privilegio y la explotación” (13: Manifiesto número 1 del 26 de julio al Pueblo de Cuba, en “Pensamiento Crítico”).

Con pronunciamientos como este iban perfilando el tipo de revolución que se quería lograr.

Es importante resaltar que si bien la razón de existir del Movimiento 26 de Julio estaba dada en función de la lucha armada para derrocar la tiranía y que la intransigencia en este punto caracteriza a sus cuadros de dirección y de base, la actividad de la organización no se limitó a las que pudieron considerarse actividades puramente militares.

El Movimiento no desdeñaba realizar todo tipo de actividad que resquebrajara el poder existente o que contribuyera a intensificar el clima de agitación política.

En todos los pronunciamientos de Fidel en esta época esta claro que la lucha no es solo militar. La idea básica es trabajar a toda la sociedad en función del derrocamiento de la tiranía, crear un vehículo revolucionario para que los distintos grupos sectores y clases participen desde diversos ángulos y en múltiples tareas en la lucha contra la dictadura porque la línea de la lucha armada no implica solamente el enfrentamiento militar.

En cierto sentido se concibe el Movimiento 26 de Julio como el núcleo de un movimiento social contra la dictadura, con amplia raigambre. En el Manifiesto nº 1 se esboza esto.

“El Movimiento 26 de Julio se integra sin odios contra nadie. No es un partido político, sino un movimiento revolucionario; sus filas estarán abiertas para todos los cubanos que sinceramente deseen restablecer en Cuba la democracia política e implantar la justicia social. Su dirección es colegiada y secreta, integrada por hombres nuevos y de recia voluntad que no tienen complicidad con el pasado, su estructura es funcional; en sus grupos de combate, en sus cuadros juveniles, en sus células secretas obreras, en su organización femenina, en sus secciones económicas y en su aparato distribuidor de propaganda clandestina por todo el país, podrán enrolarse jóvenes y viejos, hombres y mujeres, obreros y campesinos, estudiantes y profesionales, si no para que todos empuñen un arma porque nunca habrá suficientes para armara cada uno de los que quieren dar su vida en esta lucha, para que participen en ella en la medida de sus fuerzas, contribuyendo económicamente, distribuyendo una proclama o el trabajo en gesto de solidaridad y respaldo proletario cuando los clarines de la revolución llamen al combate, porque ésta ha de ser por encima de todo una revolución del pueblo, con sangre de pueblo y sudor de pueblo”.

A lo largo de la lucha insurreccional se desenmascararon los juegos electorales de la tiranía como mecanismo para perpetuarse en el poder, se realizó un trabajo organizativo y esclarecedor entre las masas mediante la propaganda que comprendía la edición sistemática de la prensa revolucionaria (Revolución, Sierra Maestra, Vanguardia Obrera); las emisiones radiales sistematizadas a partir del 24 de febrero de 1958 con Radio Rebelde, volantes, pasquines y letreros en paredes, campañas de propagandas difundiendo una u otra consigna como la famosa 03C, en la que se utilizó la publicidad comercial y las publicaciones de gran tirada para promover un supuesto producto 03C, que luego resulto ser la consigna de la vergüenza: Cero compra, cero cine, cero cabaret. Junto a esto, en la práctica, se creó una infraestructura para sostener a los combatientes clandestinos, que en las zonas de las provincias de Oriente y las Villas constituyó una verdadera retaguardia política en el seno del pueblo que brindaba armas, combatientes y recursos económicos a los frentes guerrilleros.

Fidel supo ligar la lucha práctica por el cambio inmediato con el derrocamiento de la tiranía, a la esperanza del gran cambio que anhelaba el pueblo atenuando, cuando no neutralizando, los reclamos de la burguesía.

En su visita a Chile, Fidel definió la Revolución como el arte de unir fuerzas y en este sentido se logro constituir un amplio frente de lucha reduciéndose al máximo la base social de la tiranía. Frente que no es fácil de constituir.

Desde su fundación hasta la victoria del 1ro de enero, el Movimiento 26 de Julio atraviesa diversas fases acorde a las coyunturas de lucha revolucionaria.

No es nuestro objetivo historiarla y sólo haremos un esbozo de los rasgos constituidos de éstas a los efectos del presente artículo.

Una primera etapa en que por una parte se desarrolla una campaña de agitación y propaganda para dar a conocer el Movimiento, se popularizan sus consignas y se mantiene una lucha práctica e ideológica contra los intentos de tramitación y de comprendas que de una forma u otra se desarrolla la campaña de la guerra necesaria, en que proclamados públicamente los objetivos de desatar la lucha armada y se conjugan recursos humanos y materiales para hacerla factible.

El Movimiento 26 de Julio proclama públicamente la vía insurreccional y desata una eficaz campaña propagandística que en corto tiempo gana la imaginación y la aceptación del pueblo.

En breve plazo, el Movimiento 26 de Julio es la única organización insurreccionad que cubre todo el territorio nacional, logrando organizarse en todos los pueblos y municipios del país.

Es importante destacar que Fidel da una importancia extraordinaria a la propaganda.

En carta a Melba Hernández señala: “Doy una importancia decisiva a esto, porque los manifiestos solos, circulando por todo el país clandestinamente, aparte de mantener la moral levantada, hacen el trabajo de miles de activistas, convierten a cada ciudadano entusiasta en un militante que repite los argumentos e ideas expuestos”.

Y a su vez, coincidiendo con lo anterior, da los pasos prácticos para propiciar el estallido insurreccional, tanto en el interior como el exterior, que se desarrollan actividades que lo propicien.

Mientras en el exterior se organizan clubes revolucionarios, se unifica y prepara el exilio para la guerra que se avecina, en el interior el Movimiento 26 de Julio se convierte en el vehículo organizativo de la insurrección. Su función es importante para crear el clima previo al estallido insurreccional para lo cual se desarrollan actividades propagandísticas de diversos tipos: volantes, manifiestos, rayado de paredes, colocación de banderas de la organización, recaudación de fondos, sabotajes y otras acciones que le confieren una presencia nacional permanente hasta convertirlo en el punto de referencia de la situación política nacional.

La estructura organizativa del Movimiento se fue perfilando a lo largo de los años de lucha y ésta puede describirse más o menos de la siguiente forma: Una dirección nacional, dirigida por un coordinador, que constaba de las secciones de propaganda, finanzas, acción y sabotaje. Direcciones provinciales y municipales encabezadas por un coordinador, con sus responsables de propaganda, finanzas acción y sabotaje.

La Dirección Nacional estaba compuesta entre otros por Fidel Castro, Faustino Pérez, Pedro Miret, Ñico López, Armando Hart y Haydeé Santamaría.

Posteriormente se incorporaron Aldo Santamaría y otros. A fines de 1955 Frank es designado Jefe de Acción de Oriente, región que será principal escenario de la acción armada.

Familia Santamaría Cuadrado: La vida detrás de la historia

El Movimiento se vertebró como una organización que abarca todo el territorio nacional, sus redes se extendieron a todas las localidades y municipios del país.

En el curso de la lucha surgieron las secciones estudiantiles y obreras, pero éstas fueron evolucionando y en la práctica se convirtieron en el Frente Nacional (FEN), que movilizaba a los estudiantes de diversos grados de militantes y que tenían como base de operaciones los planteles estudiantiles. Entre ellos el Movimiento 26 de Julio ejercía la hegemonía. La sección obrera canalizó a través del Frente Obrero Nacional su principal tarea de organizar los Comités de Huelga en los centros de trabajo y canalizar la actividad de una masa de obreros y activistas en tareas colaterales del Movimiento 26 de Julio.

Por otra parte se organizó el Movimiento de Resistencia Cívica con la finalidad de agrupar personalidades, operar instituciones profesionales, recaudar fondos, organizar campañas de denuncias a través de instituciones de prestigio, ayudar a los presos políticos e incluso reunir recursos materiales y de infraestructura.

Una red de delegaciones en el exilio, establecidas en EE.UU., México, Venezuela y otros países desarrollaba una intensa labor de propaganda de fondos y adquiría o introducía en la Isla armas u otros pertrechos (14).

A partir del desembarco del Granma, las actividades del Movimiento 26 de Julio estuvieron orientadas en dos direcciones: mantener un clima insurreccional en las ciudades y allegar recursos al naciente Ejército Rebelde.

El aparato de acción urbano, con sus constantes actos de sabotaje, ajusticiamiento de esbirros y chivatos, etc., llevó la guerra civil a las ciudades desde el mismo 30 de noviembre de 1956 en que el Movimiento se lanzó a la pelea. Siendo un frente secundario, militarmente sufrió grandes bajas, posiblemente en mayor número que el Ejército Rebelde, y sirvió par entrenar cuadros, crear un ambiente político y psicológico adecuado y para obligar a la tiranía a mantener fuertes guarniciones en las ciudades protegiendo las propiedades, vidas de funcionarios, etc. De modo que de sus 50 mil hombres no pudo Batista emplear simultáneamente más de 12 mil frente al Ejército Rebelde (15).

La correspondencia de Frank País es una fuente de incalculable valor para analizar esta etapa. En ella vemos la planificación nacional del sabotaje, de la propaganda, la reorganización del Movimiento de acuerdo a las necesidades de la lucha e incluso niveles de precisión en el abastecimiento de la Sierra Maestra.

El primer refuerzo de combatientes llegado a la Sierra Maestra procedía del aparato de acción urbano en Santiago de Cuba. Armas, pertrechos suministro de todo tipo fueron acopiados y enviados por el aparato urbano del Movimiento.
Asimismo se crearon redes de seguridad y logística que colaboraron sistemáticamente con el Ejército Rebelde.

También fue una fuente nutricia de cuadros y combatientes.

En este sentido se puede decir que el Movimiento 26 de Julio fue un conjunto orgánico que se articuló como una totalidad en función de la lucha insurreccional y en función de esto dispuso de recursos humanos y materiales de acuerdo a las necesidades de la lucha.

Poco antes de su muerte Frank País había señalado la necesidad de que la huelga general saliera de la primera idea y se tomaran medidas prácticas y organizativas para hacerla realidad. Su muerte vendría a mostrar la justeza de sus previsiones al provocar una huelga espontánea en agosto de 1957.

Frank País, los mártires no saben de edades

Esto significo un punto de viraje en la organización del Movimiento con el fin de provocar la huelga general que diera el golpe final, sin embargo en la organización de ésta, el Movimiento revolucionario incurrió en lo que pudiéramos calificar de una apreciación subjetiva de las condiciones reales de la lucha (16) y en el intento de huelga constituyó un duro revés para el Movimiento revolucionario.

A raíz del fracaso de la huelga de abril, la dirección nacional del Movimiento pactó las elecciones pertinentes determinándose que Fidel sería el Secretario General del Movimiento y Comandante en Jefe del Ejército Rebelde, trasladando la sede de la misma a la Sierra Maestra y determinando a partir de entonces que seguiría la línea de la lucha armada directa y que las acciones del Ejército Rebelde serían el medio fundamental para extender la lucha y alcanzar la victoria.

Con lo cual se entra a una nueva etapa del Movimiento, en la cual el Ejército Rebelde subordina los aparatos urbanos de la organización en función de extender la guerra revolucionaria.

Este proceso es también expresión de un nuevo fenómeno, durante el proceso insurreccional el Ejército Rebelde ha crecido orgánicamente y se ha radicalizado ideológicamente.

Y es que la guerra no era sólo el acto de combatir, fue también un ejercicio de poder y de transformación del medio social. En ese proceso de hacer la Revolución, se revolucionaron los hombres que la hacían.

Se dieron revolucionariamente tierras a los campesinos, se fundaron escuelas, se estableció una justicia revolucionaria. La preocupación por las condiciones de vida del campesinado y las medidas para paliar su miseria se convirtieron en parte de las acciones del Ejército Rebelde (17).

En el curso de la guerra en los territorios libres surgió el embrión del Estado Revolucionario.

En la Finca de Epifanio Díaz, campesino colaborador del Ejército Rebelde. Fidel en el centro junto a los guerrilleros Frank País, Faustino Pérez, Raúl Castro, Armando Hart y Universo Sánchez, a raíz de la primera reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, 17 de febrero de 1957. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas

En la Finca de Epifanio Díaz, campesino colaborador del Ejército Rebelde. Fidel en el centro junto a los guerrilleros Frank País, Faustino Pérez, Raúl Castro, Armando Hart y Universo Sánchez, a raíz de la primera reunión de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio, 17 de febrero de 1957. Foto: Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado/ Sitio Fidel Soldado de las Ideas.

A partir de un cierto momento de desarrollo del proceso insurreccional en que predomina la guerra revolucionaria como forma fundamental de lucha, el centro de gravitación se traslada al Ejército Rebelde, que constituye en un gobierno militar y un partido político al mismo tiempo.

El mismo objetivo que combatía, distribuía tierras, fundaba escuelas y hospitales administraba los territorios libres, organizaba un Congreso Campesino en Oriente y uno de trabajadores en Las Villas. Es decir las labores políticas, militares y administrativas iban de la mano.

Pero además en la fase de su predominio el Ejército Rebelde se constituyó en el instrumento unitario de la Revolución, al aceptar en sus filas a todos los que querían combatir a la tiranía activamente con las armas.

En la práctica el Ejército Rebelde sobrepasó los límites de la organización de la que nació.

Esto plantea una situación nueva al derrumbarse la tiranía, el Ejército Rebelde no sólo fue fundamental para la victoria sino que también se constituía en una garantía para el desarrollo ulterior de la revolución.

El nuevo Ejército era un verdadero dinamo revolucionario que generaría cambios cada vez más profundos hasta dar al trasto con el sistema establecido.

Notas:

  • (1) Eduardo R. Chibás, fundador de la Ortodoxia, fue miembro del Directorio Revolucionario Estudiantil de 1927, luchador contra la tiranía de Machado y la primera dictadura de Batista. Fue legislador por el Partido Revolucionario Cubano (auténtico) del cual se separó en 1947 fundando el Partido del Pueblo Cubano (Ortodoxo) cuyo eje de campaña política fue la corrupción política y administrativa. El 16 de agosto de 1951 se suicidó al calor de una polémica con el Ministro de Educación del Gobierno, Aureliano Sánchez surgido por la denuncia de la corrupción en esa dependencia, al no poder aportar los documentos que la comprobaban.
  • (2) Raúl Castro, “VIII Aniversario del 26 de julio”, en Fundamentos número 175, Habana junio-julio de 1961 p. 9
  • (3) Fidel Castro, “Frente a Todos”, Revista Bohemia.
  • (4) Jesús Montané, “La generación del Centenario libra sus primeros combates contra la tiranía. Moncada: antecedentes y preparativos”. Editora política. La Habana 1980 p. 154
  • (5) Fidel Castro, “Recuento Critico del Partido del Pueblo Cubano Ortodoxo en Moncada: antecedentes y preparativos” p. 167
  • (6) Jesús Montané, “El estilo de trabajo de los combatientes en Moncada” Op. Cit. p.205
  • (7) Jesús Montané, Op. Cit. P. 204
  • (8) Marta Rojas, “Ochenta pesos de tiro en Moncada” Pág. 302
  • (9) Ver Mario Mencia, El Grito del Moncada, Ed. Política, La Habana 1986
  • (10) Ver German Sánchez. “El Moncada. Crisis del sistema neocolonial, inicio de la Revolución latinoamericana” en Casa de las Américas número 9, julio-agosto de 1973 págs. 47-90.
  • (11) Un estudio acucioso de esta etapa lo constituye el libro de Mario Mencia La prisión Fecunda. Ed. Política, La Habana 1980.
  • (12) Ver Mario Mencia, Óp. Cit
  • (13) Manifiesto número 1 del 26 de julio al Pueblo de Cuba, en Pensamiento Crítico, La Habana
  • (14) Ver José A Tabares. “Apuntes para la historia del Movimiento 26 de Julio”, en Pensamiento Crítico número 31 de agosto de 1969.
  • (15) Jose A. Tabares, óp. Cit pp. 139 -140
  • (16) Fidel Castro, “El Partido Unido de la Revolución Socialista en El Partido marxista-leninista”, La Habana 1963.
  • (17) Ver Ernesto Che Guevara y Población Campesina, Proyecciones Sociales del Ejercito Rebelde y otros artículos en Obras, Ed. Casa de las Américas, La Habana, 1970.

(Descargar el texto original en PDF en Rebelión)

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Ismel dijo:

    Muy bueno el artículo, se hace una revisión de lo que aconteció a partir de este día. Sin embargo, cuando se trata de publicar algún acontecimiento histórico de este tipo, no se puede ignorar que ese día fue también asaltado el cuartel “Carlos Manuel de Céspedes”, de Bayamo. Hago esta reflexion, porque cualquier sujeto extranjero que lea este artículo, se lleva la sensación de que ese día sólo se produjo el asalto al cuartel Moncada, de Santiago de Cuba. Gracias

Se han publicado 1 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

José Bell Lara

Es doctor en Ciencias Filosóficas. Licenciado en Sociología. Máster en desarrollo social caribeño. Profesor titular y profesor consultante de la Universidad de la Habana.

Vea también