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La crisis migratoria no es solo europea

En este artículo: Crisis, Europa, Inmigrantes, Migración
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Crisis migratoria

Por Leonel Gorrín Mérida*

Desde algunos meses una tragedia acapara los titulares y los espacios noticiosos de la gran prensa mundial. Miles de personas huyen de la guerra, el hambre, el caos reinante en sus países de origen y buscan refugio en la rica Europa. Miles han muerto en el intento al tratar de cruzar el Mediterráneo: Son, además, víctimas de las acciones inescrupulosas de traficantes de personas que se llenan los bolsillos con la desesperación de la gente. Mujeres, niños, hombres, familias enteras son los protagonistas de esta crisis, calificada como la peor desde la Segunda Guerra Mundial. Ya se habla de cerca de 300 mil refugiados. Tampoco son pocas las vicisitudes que tienen que vivir a diario en busca del ansiado refugio. Avanzan por un largo itinerario. Han chocado con fuerzas del orden, con alambradas que le obstaculizan el avance. Se han visto limitados de agua y comida. Los más débiles, es decir las mujeres con niños, se ven relegados ante el empuje de los más fuertes.

Europa se ha escandalizado ante esta tragedia. Los gobiernos corren pidiendo ayuda a los grandes centros del poder financiero y han exigido una distribución de los emigrantes en correspondencia con sus posibilidades económicas. Las Naciones Unidas convocó para este mes una Cumbre para analizar este fenómeno. Esos miles de emigrantes que buscan refugio en Europa merecen de la máxima atención y debe denunciarse cualquier atropello en su contra.

En 1951 fue aprobada la Convención sobre el Estatuto de Refugiado. Allí se establece claramente el llamado principio de la prohibición de expulsión y de devolución (“refoulement”). Al respecto se plantea en el artículo 33: ningún Estado Contratante (y todas las naciones europeas son Partes de dicha Convención) podrá, por expulsión o devolución, poner en modo alguno a un refugiado en las fronteras de los territorios donde su vida o su libertad peligre por causa de su raza, religión, nacionalidad, pertenencia a determinado grupo social, o de sus opiniones políticas. Para todos está claro que esos que llegan a las costas europeas vienen huyendo de situación en las que sus vidas están seriamente amenazadas, por lo tanto la “expulsión” o devolución está de hecho prohibida.

Pero paralelamente a esta tragedia hay otra aún mucho mayor que nunca ha encontrado el destaque periodístico que la actual emigración hacia Europa ha provocado. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas para los Refugiados, el pasado año se calculaban en más de 60 millones el total de desplazados a nivel mundial. De ellos 26 millones son refugiados, es decir se han visto obligados a salir de su propio país. ¿Dónde están esos millones de seres humanos en los reportes de la gran prensa mundial, en las ocupaciones y preocupaciones de los gobiernos de las naciones poderosas y de los centros del poder financiero? Solo de Siria más de 10 millones de personas son calificadas como desplazadas, de las cuales cerca de la mitad se han refugiado en naciones vecinas como Turquía, Líbano, Jordania, etc. Los organismos humanitarios, como la Cruz Roja Internacional, se han pasado años buscando recursos para poder atender esa crisis y solo han podido conseguir algunas migajas. Entonces: ¿Qué es lo que le preocupa a Europa? ¿Le preocupa la vida de esos seres humanos amenazados por la guerra, el hambre y el caos existente en sus naciones de origen o les preocupa su sacrosanta tranquilidad?

¡Hay que enfrentar las verdaderas causas que provocan la actual emigración y en general la situación de millones de desplazados en todo el mundo! ¿Qué puede esperarse cuando se presiona a países como Bulgaria y Grecia para impedir que aviones rusos con asistencia humanitaria sobrevuelen esas naciones con destino a Siria? ¿Dónde queda con esas presiones el conocido principio humanitario que demandan los convenios internacionales para la protección de las víctimas de los conflictos armados? El Primer Protocolo Adicional a los Convenios de Ginebra subraya en su artículo 24 el carácter obligatorio de las Partes de “proteger y respetar las aeronaves sanitarias”. Incluso, el artículo 40 del Segundo Convenio de Ginebra establece los derechos de las aeronaves sanitarias de países beligerantes de volar a través del espacio aéreo de naciones neutrales y anota que tales naciones solo podrán fijar condiciones o restricciones de vuelo, pero en ningún caso prohibiciones. En el caso que nos ocupa no se trata de vuelos de naves sanitarias de Potencias beligerantes, no son naves sirias a las que se le intenta prohibir el sobrevuelo, sino de una tercera nación interesada por prestar ayuda a un país que vive una tragedia humanitaria. En esas presiones dirigidas a prohibir tales sobrevuelos quedan evidenciadas hasta dónde llega la hipocresía de los verdaderos culpables de la actual crisis emigratoria.

Hoy se habla que gobiernos europeos destinarán varios miles de millones de dólares para atender a los refugiados que arriban a ese continente. ¿Cuándo se reaccionará ante las causas? ¿Cuánto necesitan esas naciones que históricamente han sido explotadas por las naciones que hoy se alarman ante la emigración para dar respuesta a sus necesidades más apremiantes? ¿Qué hacer para poner fin a las guerras provocadas para arrebatar recursos, como el petróleo y otros minerales o adueñarse de posiciones geográficas estratégicas? ¿Qué hacer para poner fin al caos y la ingobernabilidad existente en naciones arruinadas por las guerras, como es el caso de Libia? En el África Subsahariana miles de seres humanos se ven obligados a abandonar sus hogares para desplazarse hacia otras regiones limítrofes con situaciones similares o peores a las que las obligaron a huir.

La crisis no es emigratoria en Europa. La crisis es humanitaria. Europa y el mundo no solo deben hablar de los miles que llegan al viejo continente en busca de algún refugio. La comunidad internacional debe demandar el fin de las causas que provocan esas emigraciones.

*Dr. C. Profesor de Derecho Internacional Humanitario

Se han publicado 2 comentarios



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  • teresa dijo:

    nadie se contenta con lo q tiene, dentro de poco no se va a poder ir ni a la esquina. eso es así, cuando se tiene un bohío se piensa en una casa de madera, luego de ladrillos, luego q no sea en el campo, después en un reparto residencial, y después en otro lugar más tranquilo q era el q tenías antes, ja

  • aramendia dijo:

    El Estatuto del Refugiado tiene un escape, incomprensible pero verdadero. Cómo se entiende que p.e. un cubano solicite asilo político en USA o en Canada y a los 6 meses de residir ahí solicita ir de vacaciones a Cuba. Y lo bueno es que si se lo deniegan se enfadan. Un oximoron que nadie entiende o Ustedes sí lo entienden

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