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En pie y sin descanso el reclamo de esclarecimiento del asesinato de Carlos Muñiz Varela

En este artículo: Asesinato, CIA, FBI, Puerto Rico
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Carlos Muñiz

Carlos Muñiz

El pasado 28 de abril, amigos y familiares de Carlos Muñiz Varela nos reunimos en el Cementerio de la Capital para recordar la vida de nuestro compañero Carlos. Como ha ocurrido a lo largo de los pasados 36 años, la reunión nos convoca a la indignación conocedores de que los asesinos materiales e intelectuales de este vil asesinato permanecen en la impunidad, ocultos tras el velo cómplice del gobierno de Estados Unidos, en particular, el Negociado Federal de Investigaciones (FBI), y a base de un conocimiento más reciente luego de la desclasificación de importantes documentos, de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos.

En la conspiración, ejecución y encubrimiento del asesinato de Carlos, también es importante mencionar la participación directa e indirecta de la entonces División de Inteligencia de la Policía de Puerto Rico y de sus Divisiones de Homicidios, Robos y Delitos contra la Propiedad. Incluso, del entonces Instituto de Ciencias Forenses, operado bajo la dirección de un siniestro patólogo de origen español llegado a Puerto Rico luego de la caída de la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana, el Dr. Rafael Criado Amunátegui, también formó parte  del entramado conspirativo de este asesinato. Fue precisamente Criado Amunátegui quien proveyó ilegalmente a la entonces Revista de la derecha exiliada en Puerto Rico, La Crónica, las fotos tomadas al cuerpo de Carlos durante el  proceso de su autopsia.

La Policía de Puerto Rico fue responsable de romper la escena del crimen entregando a amigos y familiares importantes piezas de evidencia, necesarias en el proceso de investigación de un caso con el único y deliberado propósito de que en el futuro, al quedar rota la cadena de custodia de la evidencia, ésta no pudiera ser utilizada con éxito en un procesamiento criminal a los autores materiales e intelectuales de este asesinato. Igualmente, la desaparición de elementos claves en la investigación de los sucesos, como fue un boceto hecho a base de testimonios de personas que presenciaron el crimen, también desapareció del expediente investigativo por años hasta que finalmente resultó estar “guardado” entre sus archivos por el técnico que lo dibujó.

Existe amplia documentación aún en manos del FBI y la Agencia Central de Inteligencia totalmente pertinentes a la investigación de este asesinato. A pesar de ello, las agencias federales concernidas se niegan a entregar a las autoridades en Puerto Rico la información en su poder alegando consideraciones de seguridad nacional para Estados Unidos. Ésta podría muy bien arrojar información en torno a los conspiradores, autores intelectuales, financiadores y ejecutores del crimen contra Carlos Muñiz Varela. Sin embargo, todo apunta a que el interés de ocultar a sus asesinos tiene mayor peso para estas agencias que la responsabilidad que debería guiar sus acciones en el propósito de que el crimen fuera finalmente esclarecido y sus responsables, aún hoy 36 años después de acaecidos los sucesos, como ocurre con los criminales de guerra durante la Segunda Guerra Mundial, no queden impunes sus crímenes.

Para algunos que no vivieron aquellos años y para los cuales el nombre de Carlos Muñiz Varela es total o parcialmente desconocido, es importante refrescar en nuestra memoria colectiva quién fue Carlos Muñiz Varela y cuáles fueron las circunstancias que llevaron a su asesinato aquel sábado 28 de abril de 1979 en momentos en que Carlos se dirigía a visitar a su madre en su residencia. En aquella ocasión, un autodenominado “Comando Cero” compuesto por asesinos vinculados con la organización terrorista del exilio cubano CORU, disparó contra el vehículo donde Carlos viajaba. Luego de herirle, le remataron disparándole a la cabeza y otras partes de su cuerpo.

Quizás uno de los casos donde más se evidencia la indiferencia y el silencio cómplice del Departamento de Justicia de Estados Unidos con relación a los puertorriqueños, es la actitud que durante años ha mantenido el FBI, tanto en Puerto Rico  como a nivel de sus estructuras centrales en Estados Unidos, con relación al asesinato y encubrimiento de los responsables del crimen perpetrado contra Carlos Muñiz.

Carlos Muñiz Varela era un joven cubano que había sido enviado a Estados Unidos por sus padres como parte de la llamada “Operación Peter Pan”. Mediante este operativo, la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos, en complicidad con la Iglesia Católica en Cuba, persuadió a los padres de miles de niños cubanos para enviarlos fuera de su país hacia Estados Unidos bajo el falso supuesto de que de no hacerlo, serían enviados a la Unión Soviética para someterlos a escuelas de adoctrinamiento en el comunismo y el ateísmo.  La campaña en sí misma era una de terror contra la Revolución Cubana.

Durante sus años universitarios, Carlos se vinculó con las luchas sociales de los trabajadores en Puerto Rico, destacándose como Subsecretario de Asuntos Obreros de la Juventud Independentista Universitaria en el Recinto de Río Piedras de la UPR y con el Movimiento Acción Obrera en su pueblo de Guaynabo. Más adelante, junto a otros jóvenes cubanos residentes y no residentes en Puerto Rico, idearon un proyecto dirigido a contribuir a la reunificación de la familia cubana promoviendo viajes a Cuba para reencuentros entre familiares. En momentos en que la contrarrevolución cubana cerraba todo tipo de iniciativas de diálogo con el gobierno cubano y arreciaba en Puerto Rico su campaña contra el independentismo solidario con la Revolución Cubana, las gestiones de Carlos y sus compañeros resultaban en una contracorriente que se interponía a su campaña de terror contra dicha Revolución. Por eso decidieron asesinarlo.

A lo largo de los años, no ha habido pausa entre sus amigos, compañeros y familiares para que las autoridades del Gobierno de Puerto Rico y de Estados Unidos asuman su responsabilidad en la investigación y procesamiento criminal de los autores materiales e intelectuales de este crimen. Sin embargo, han sido múltiples los escollos puestos en el camino para lograr que las demandas hechas por amigos, compañeros y familiares no logren su objetivo.

Como hemos indicado antes y repetimos  hoy, desde antes del asesinato de Carlos, el gobierno de Estados Unidos contaba con información y documentación sobre las actividades de estos sectores del exilio cubano que podría contribuir significativamente al esclarecimiento del caso. Desde el primer día, amigos, compañeros y familiares hemos recabado del FBI y de las autoridades federales la entrega de la información en su poder, de manera que los responsables directos e indirectos de la comisión de este asesinato sean procesados por su delito.

El hijo de Carlos, quien lleva también su nombre, Carlos Muñiz Pérez, ha hecho múltiples gestiones con el gobierno de Estados Unidos para que la información en su poder sea puesta a la disposición de las autoridades de Puerto Rico responsables de la investigación de este asesinato. Entre las gestiones hechas se encuentra una carta al Secretario de Justicia de Estados Unidos el 9 de abril de 2010. Lo mismo ocurre con otra que Muñiz Pérez envió el 3 de octubre de 2008 al entonces director de la Oficina del FBI en Puerto Rico, Luis Fraticelli, o la enviada por el exgobernador de Puerto Rico, Aníbal Acevedo Vilá, el 15 de diciembre de 2008 al presidente Barack Obama. Sobre estas comunicaciones aún se espera alguna respuesta.

Carlos Muñiz Pérez también le escribió el 26 de marzo de 2011 a Robert S. Mueller como jefe del FBI y tampoco obtuvo una respuesta afirmativa a su reclamo.

En una columna publicada el pasado 17 de julio de 2014 en el periódico El Nuevo Díacoincidiendo con la visita a Puerto Rico del entonces Procurador de Justicia de Estados Unidos, Eric Holder, Muñiz Pérez le indicó que “su obligación ministerial es hacer cumplir las leyes y garantizar que la justicia sea para todos y no para unos pocos.” En su columna, Carlos le cuestionó a Holder cuál sería su posición si se asesinara a su padre y el Gobierno de Estados Unidos, sabiendo quiénes fueron los responsables, se negara a proveer la información en su poder.

En Puerto Rico, a diferencia de Estados Unidos, el asesinato es un delito que no prescribe. En consecuencia, independientemente del tiempo transcurrido, obtenida la prueba necesaria para encausar a una persona por dicho delito, el Estado puede iniciar el correspondiente procesamiento criminal de los responsables en el delito de asesinato.

Es importante destacar que en estos momentos el Departamento de Justicia de Puerto Rico sí ha asumido su responsabilidad, procurando el esclarecimiento de este crimen, aunque igual que los esfuerzos de los amigos y familiares de Carlos, ha tropezado con la muralla infranqueable que hasta el presente continúa oponiendo el gobierno de Estados Unidos a través del sus agencias, el FBI y la CIA.

Han transcurrido treinta y seis años desde que se cometiera este crimen. Los amigos, compañeros y familiares de Carlos Muñiz Varela aún esperamos porque el gobierno de Estados Unidos entregue la información en su poder relacionada con este asesinato político.

Al igual que en el caso de Carlos, el pueblo independentista aguarda porque las autoridades de Puerto Rico y de los Estados Unidos también atiendan el reclamo por el esclarecimiento de otros asesinatos políticos cometidos en Puerto Rico contra otros luchadores independentistas y otros luchadores sociales, entre ellos el de Santiago Mari Pesquera.

El asesinato político en Puerto Rico no debe permanecer impune. Continuar negándose a entregar la información en su poder por parte del Negociado Federal de Investigaciones y la Agencia Central de Inteligencia, coloca al gobierno de Estados Unidos en clara y abierta complicidad con los responsables directos de este vil asesinato.

¿Por qué el gobierno de Estados Unidos, luego de más de tres décadas y media, persiste en su negativa de entregar las pruebas en su poder sobre este crimen y encubrir a los responsables? ¿Qué oculta y a quiénes protege? Ésas son las preguntas que debemos contestarnos.

(Con información de Claridad)

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