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Las Naciones Unidas

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Naciones Unidas¿De dónde es usted? De Guerrero, de Acapulco, responde el mesero que atiende a una estadunidense, un cubano, un venezolano y otro mexicano en un restaurante en Manhattan, adonde, entre otros, llegan algunos participantes del debate en la Organización de Naciones Unidas. Otro mesero ofrece agua y responde a la misma pregunta: Ecuador. Un tercero comenta que es de Turquía, de Estambul; todos trabajan y conviven todos los días.

Para llegar al lugar desde cerca de la sede de la ONU, donde decenas de jefes de Estado y sus amplias delegaciones asisten al debate anual de la Asamblea General, el taxista maneja por las calles abrumadas de tráfico por las estrictas medidas de seguridad y los convoyes de camionetas negras escoltadas por el Servicio Secreto. ¿Ustedes están aquí para lo de la ONU?, pregunta. Le responden que sí. Y comenta: “todo eso es puro bullshit (algo así como pura paja, puro teatro), ¿no?”

Ya de noche, escapando por vías subterráneas de la zona inundada por los políticos y diplomáticos que asisten a dar sus muy importantes discursos ante la magna sala de la Asamblea General y participar en sus muy importantes reuniones, cenas y cocteles para, supuestamente, decidir el futuro del planeta, aparece otro mundo.

En el metro, cuatro jóvenes regresan del partido de los ya derrotados (para esta temporada) Yanquis, de hecho, el último juego en casa donde apareció el más gran cerrador de todos los tiempos, el panameño Mariano Rivera. Todos con camisetas de su equipo favorito. Uno de ellos, blanco pero tal vez de origen italiano, se acerca y se sienta junto a dos chicas guapas mientras sus cuates se quedan del otro lado del vagón, mirándolo con esa risa nerviosa adolescente al ser testigos de un intento de ligue, o por lo menos coqueteo. Primero es lo más convencional, que si no les gusta alguno de sus cuates, que si se los presenta y más, pero de repente algo cambia. ¿De dónde son?, les pregunta. Una, de ojos brillantes y risa peligrosa, le cuenta que sus padres son de Haití, pero que ella creció en Canadá antes de llegar a vivir aquí. La otra, más cautelosa que su amiga, dice que es de Tailandia, pero creció aquí. De ahí empezó un diálogo sobre la vida de los jóvenes aquí, qué música escuchan, adónde van a bailar, qué estudian.

Del otro lado del vagón se repiten las escenas cotidianas en estas catacumbas de Nueva York: un chino lee el periódico, un hasídico con un texto bíblico, tres musulmanas con parte del rostro cubierto, africanos en una intensa conversación en inglés, unos rusos, unos mexicanos hablando de un patrón y de una fiesta, hindús, y así (muchos se pueden identificar por lo que están leyendo, sobre todo periódicos).

En Washington Square, en una escapada del mundo bien vestido y perfumado, el jazz acompaña una tarde cristalina, mientras un centenar de personas rodea un acto realizado por dos gemelos afroestadunidenses y un baterista. Seleccionando voluntarios entre la gente, acomodan en fila a una europea rubia, una hindú, un japonés, un anglo y una afroestadunidense. Los que observan parecen representar todos los continentes. Piden que los voluntarios ofrezcan sus bolsas, y cuando obedecen les dicen, ¿de verdad le estás dando tus pertenencias a un joven negro desconocido? Obviamente no eres de este país. Piden que se agachen y pongan horizontal la espalda. Uno de los gemelos da varios pasos atrás mientras su hermano declara: ahora van a ver algo muy inusual: un negro corriendo a toda velocidad sin que un policía lo esté persiguiendo. Después de un poco de suspenso, el otro corre y logra saltar a toda la fila antes de caer con una maroma del otro lado. Entre los aplausos y risas se escuchan comentarios en varios idiomas. El jazz sigue en otras esquinas, música nacida aquí pero hecha por sonidos de todo el mundo. Por teléfono llega una invitación: Mono Blanco de Veracruz y Jarana Beat de Brooklyn, entre otros, ofrecen un fandango en el Upper West Side.

Mientras los líderes del mundo hablaban de si incluir o no la amenaza de ataques militares para resolver el asunto de las armas químicas en Siria, o la dramática iniciativa diplomática de Irán en sus relaciones con Washington y Europa, de cómo el presidente de Sudán no llegó porque está acusado de crímenes de lesa humanidad, de disputas sobre la ilegalidad del espionaje mundial por Estados Unidos, y mientras proseguía día con día la infinita lectura de discursos que casi nadie en el mundo escucha, más que las propias cúpulas de los líderes de los estados miembros de la Organización de Naciones Unidas, afuera, a unos pasos, hay otro mundo.

Aquí, en esta ciudad donde casi la mitad de la población es inmigrante, donde se hablan por lo menos 200 idiomas, en esta torre de babel, nadie está amenazando con bombardear a otros, nadie espía a los demás, nadie ofrece grandes discursos sobre la paz, los derechos y la seguridad nacional mientras hace todo lo contrario. No es que no haya broncas que estallan de repente, o enfrentamientos racistas; hace unos días un grupo de jóvenes rodeó a un médico sij que trabaja en la Universidad Columbia al grito de: agarren al terrorista y lo golpeó, suponiendo que era árabe por su turbante y barba. Y a veces hay balaceras y tensiones de todo tipo. Pero lo que más sorprende día a día en esta ciudad, tal vez la más diversa en el mundo, es la convivencia en paz de tantos.

Acá afuera hay otras naciones unidas. En las naciones unidas de las calles no hay tanto temor y mucho menos bull-shit que en esa organización de naciones más bien desunidas. Tal vez es hora de que los distinguidos líderes se atrevan a salir a la calle y, tal vez, aprender otros idiomas, diferentes del que se habla en esos pasillos del poder. En las calles hay aromas de todo tipo, pero, como dijo aquel bolivariano ante la ONU del olor ahí adentro hace unos años, acá afuera no huele tanto a azufre.

(Tomado de La Jornada)

Se han publicado 6 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Pepoxido dijo:

    Naciones Unidas con naciones con derecho al veto , la Asamblea General olimpicamente desconocida por el Consejo de Seguridad no garantiza la Paz y mucho menos la unidad de las naciones

  • VladimirGCaleroDisotuar dijo:

    Se tiene que tener unas Naciones Unidas con un consejo de seguridad que garantice la paz mundial. Pero hay que hacerlo y no solo decirlo.

  • Patricia Lagunas Sotomayor dijo:

    Si hay que primero que nada cambiar la sede de la ONU, no puede estar en un pais que no respeta la democracia, Estados Unidos esta en quiebra, nunca han hecho nada por su propio pueblo, a ellos no les ineresa el bienestar social, no les interesa que ls poblacion se eduque por eso tienen un 50% de la poblacion adulta sin saber leer ni escribir, y eso lo hacen porque asi pueden manipularlos, los pueblos sin educacion es facil de manipularlos.

  • Leandro dijo:

    Es hora ya de que en nombra de los pueblos del mundo exijamos que las Naciones Unidas respondan a los intereses de los más, que son los que menos tienen.
    Es hora ya que verdaderamente sean Naciones Unidas, que se respete el principio a la igualdad de derechos de las naciones grandes y pequeñas que se proclama en su Preámbulo,y a la igualdad de derechos y libre determinación de los pueblos proclamado en su primer artículo. ¿De qué iguladad se habla cuando el Consejo de Seguridad tiene cinco miembros permanentes con derecho al veto?¿En Afganistán, Irak, Libia, Siria… se ha permitido la libre determinación de sus pueblos?

  • Julio Cesar Leyva Fernández dijo:

    Hablando de Naciones Unidas, no cabe duda que EUA y el Estado Sionista de Israel hacen buena “Yunta” unos se creen los gendarmes de universo y los otros sus lideres religiosos. El Sr. Netanyavu habló hoy, con el beneplácido de Obama, como un profeta bíblico lleno de rencor y odio como lo que es, un asesino de hombres, mujeres, ancianos y ninos.

  • Erix-y dijo:

    Leandro estoy de acuerdo contigo lo que pasa es que no se han dado cuenta que no solo es el nombre sino que tienen que tomar una desición que aporte bienestar a los pueblos en conflicto, además cual es la cantidad de reunión si los que van ahí no tienen problemas en sus mansiones ni les preocupa en lo más mínimo la situación de la familia del pakistaní que fue afectada por un ”DRONE” y no los dejan expresarse ante la prensa con su abogado? Que me hagan el favor de mantenerse al margen de la prensa…

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David Brooks

David Brooks

Periodista mexicano, corresponsal del diario La Jornada en los Estados Unidos.