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Apostillas a un texto de Kapuscinski

En este artículo: Cuba, Cultura, México, Revolución, Venezuela
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protestas-estudiantiles-en-londresLa única ley universal de las revoluciones es que no se dejan reducir a leyes. Sea cual sea su signo y orientación, ocurren de maneras muy diversas, transcurren por caminos insospechados, brotan en el momento menos esperado. “Su estallido, el momento en que se produce, sorprende a todos, incluso a aquellos que la han hecho posible”. Pueden desencadenarse por un incidente menor en la plaza de un pueblo remoto, pueden coronar el esfuerzo constructivo y organizativo de décadas, pueden brotar de una grieta súbita que aparece en la fachada del poder. No es posible prever qué sector social o demográfico se pondrá a la cabeza de las movilizaciones. A veces se abren paso a sangre y fuego, o por la fuerza pero (casi) sin sangre (como la revolución de octubre en Rusia), o por medio de las urnas, como ocurrió en Chile en 1970, en Venezuela en 1998 y en Ecuador en 2006. Fidel Castro, que algo sabe del asunto, dijo hace unos años que gracias al poder de la comunicación y la transmisión “no harán falta las revoluciones”(armadas, se entiende) y que en la circunstancia actual “estamos ante el arma más poderosa que haya existido, que es la comunicación”.

En un capítulo de El Sha o la desmesura del poder (Anagrama, Barcelona, 1987) que se titula “La llama muerta”, el fallecido periodista polaco (pero universal) Riszard Kapuscinski afirma que para el surgimiento de una revolución “es imprescindible la palabra catalizadora y el pensamiento esclarecedor” que conducen a “la toma de conciencia de la miseria y de la opresión, al convencimiento de que ni la miseria ni la opresión forman parte del orden natural del mundo”. Para ello, se requiere de palabras: “palabras que circulan libremente, palabras clandestinas, rebeldes, palabras que no van vestidas de uniforme de gala, desprovistas del sello oficial”.

En las postrimerías del virreinato las autoridades aduaneras ponían más celo en localizar, en la barriga de los barcos procedentes de la metrópoli, libros prohibidos (particularmente, de enciclopedistas y filósofos de la Ilustración) que en perseguir al contrabando. Con un celo casi simétrico, el cura Hidalgo decía que una imprenta era mejor arma que 10 cañones. En el libro del que hablamos, Kapuscinski cuenta cómo los adeptos del imán Jomeini hallaron la manera de introducir a Irán la palabra grabada del líder religioso -exiliado en París- en cassettes de audio que luego circularon y fueron escuchados en reuniones clandestinas por todo el país. Los medios occidentales han celebrado la utilización de las tecnologías contemporáneas de comunicación horizontal en las revueltas del mundo árabe. En entrevista con Carmen Lira, Fidel Castro propuso erigir un monumento a Wikileaks y se regocijó: “¿Te das cuenta de lo que esto significa? Internet ha puesto en manos de nosotros la posibilidad de comunicarnos con el mundo. Con nada de esto contábamos antes.”

Desde la vieja formulación de David Hume, “quien tiene el saber tiene el poder”, hasta la sintética frase actual “información es poder”, puede inferirse que, en buena medida, la toma del poder -y una revolución empieza con la toma del poder por un sector empeñado en transformar a la sociedad- exige el dominio de la información (o la desinformación) y de la comunicación. En contraparte, los poderosos a los que se busca desalojar de su sitial ejercen el control, en forma primordial, con información y comunicación. En el México contemporáneo puede apreciarse ese ejercicio en la resistencia casi sistemática de las instancias gubernamentales a acatar los resolutivos del Instituto Federal de Acceso a la Información (Ifai), pero también en el inocultable acuerdo de protección mutua entre la administración pública y los medios electrónicos.

De ese principio -información es poder- deriva también la noción de que el avance democrático ha de pasar obligadamente por la democratización de los medios informativos, los cuales se otorgan a sí mismos el título ostentoso de”cuarto poder” aunque, en su mayoría y en los hechos, formen parte indistinguible del primero y mantengan doblegado al segundo. De súbito, en el curso de este mes, el reclamo de la democratización de los medios ha pasado de algunas camarillas académicas y políticas a una masa de jóvenes que ha descubierto las correas de transmisión entre el aparato político y las televisoras.
Otra cosa que puede decirse de las revoluciones es que son escasas y que ocurren muy de vez en cuando; a lo sumo, una vez cada dos o tres generaciones. Ello es así porque “toda revolución es un drama, y el hombre evita instintivamente las situaciones dramáticas”. Aunque las sociedades vivan sumidas en la miseria y/o en la opresión, “aspiran a la tranquilidad, a la rutina de cada día”. Si una sociedad se decide a emprender una transformación radical (en la tercera acepción de la RAE, “partidario de reformas extremas, especialmente en sentido democrático”, o en la segunda de María Moliner, “cualquier cosa que obra o se produce de manera completa, sin limitación, atenuaciones o paliativos”) es porque “una larga experiencia le ha enseñado que no le queda ninguna otra salida”. Kapuscinski lo dijo en una crónica reflexiva sobre la revolución islámica de 1979 en Irán, pero los indígenas zapatistas de Chiapas, que no tienen nada que ver con el autor polaco ni con los chiítas iraníes, explicaron en su momento, con palabras casi idénticas, la razón de su revuelta armada: “no nos han dejado otro camino”.

En la larga antesala de las revoluciones da la impresión de que la gente es capaz de tolerarlo todo, que tiene una paciencia infinita y que, en contraparte, el poder, o los poderes, pueden hacer lo que les dé la gana sin temor a causar una revuelta: “un escándalo tras otro, una injusticia tras otra, quedan impunes. El pueblo permanece en silencio; se muestra paciente y cauteloso. Tiene miedo, todavía no siente su fuerza. Pero, al mismo tiempo, contabiliza minuciosamente los abusos cometidos contra él, y en un momento determinado hace la suma”.

Para provocar una revolución no bastan ni las malas condiciones de vida ni la existencia de un régimen opresivo. Se requiere de información que desemboque en una toma de conciencia. Y se necesita un ingrediente más: la provocación insoportable desde el poder, la gota que derrama el vaso de la paciencia social: “El poder es el que provoca la revolución. Desde luego, no lo hace conscientemente. Y, sin embargo, su estilo de vida y su manera de gobernar acaban convirtiéndose en una provocación. Esto sucede cuando entre la élite se consolida la sensación de impunidad.” Lo que esa provocación inesperada consigue es que el poder de la indignación supere la capacidad de contención del miedo y la gente se decida a enfrentar al poder en cualquiera de sus caras: la policial, la mediática o la corruptora; la que reparte garrotazos, la que otorga becas y despensas o la que descalifica, abruma y condena a los opositores al escarnio, al ridículo y a la marginalidad.

Y dice Kapuscinski: “Todos los libros dedicados a las revoluciones empiezan por un capítulo que trata de la podredumbre de un poder a punto de caer o de la miseria y los sufrimientos de un pueblo. Y, sin embargo, deberían comenzar por uno sobre el aspecto sicológico de cómo un hombre angustiado y asustado de pronto vence su miedo y deja de temer.”

Ello es así porque ningún régimen opresivo puede sostenerse, a mediano o largo plazos, por la fuerza de las armas. Su principal mecanismo de poder -además de la información y la comunicación- , no son las armas, sino el miedo a ellas y a los instrumentos judiciales y policiales.

¿Se encuentra México en el preludio de una transformación revolucionaria? No hay forma de saberlo, como se dice al principio de esta entrega. Por si sí o por si no, lean a Kapuscinski.

(Tomado de La Jornada)

Se han publicado 6 comentarios



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  • Srećko Vojvodić dijo:

    ¡Excelente!

  • Luis M. Domínguez Batista dijo:

    Las revoluciones sociales verdaderas no pueden encajonarse, son esencialmente producto del pensamiento más avanzado de su época, parten de la esencia de ser producto de las necesidades más apremiantes de los seres humanos y son puesta en marcha por una vanguardia de lo más avanzado de la sociedad en que nacen.

    No se generan revoluciones sociales sino por la necesidad de generación de cambios para más y esto crea un clima de desarrollo en que las contradicciones de lo que envejece y de lo que nace hace la posibilidad del cambio.

    Toda fuerza nueva en base a las necesidades llegará el momento en que será superior a la fuerza que gastadas sus energía tiene que ceder el camino a la fuerza nueva.

    Las revoluciones propian un cambio en virtud de crear un ser conceptual y realmente diferente y este ser no es el generador de la revolución sino su producto final.

    Quien genera la revolución es el ente que aclimatado por la necesidad de cambio se constituye en vanguardia y lleva a efecto la concreción de la fuerza necesaria para que aparezca el ente nuevo que propiciará la generación nueva, la vanguardia será una clase social, que renovada y en nombre de todos actúa.

    La revolución será democrática en tanto lo viejo ceda, pero pudiera ser producto de la necesidad y haya que arrollar lo viejo e imponer lo nuevo, dependerá siempre de las circunstancias y habrá que crear condiciones para que no haya que partir de cero a reconquistar la vida, sino que solo sea de la inteligencia de ir a más.

    Lo viejo se aferra al no cambio y cuando parece que lo propicia es que lo remienda tratando de que la criatura no aparezca, pero como el ser supremo, cuando las circunstancias se hayan dado, la vírgen será cargada por el ser nuevo y este emergerá poderoso y ya no habrá tiempo al temor.

    Recuerden: no es de revolucionario pararse en la puerta de la casa a ver pasar el cadáver del imperialismo.

  • Roberto Dante dijo:

    roberto dante

    Lanús, Argentina, mayo 2012

    “El hombre debe ser siempre flexible como la caña, no rígido como el cedro”. Johann J. Engel.

    A partir de este valioso artículo que nos induce a leer al, por merito personal, no ortodoxo Kapuscinski, me permito desempolvar algunos items no resueltos en el pensar y el accionar de los militantes de la vida (entiéndase: revolucionarios).

    ¿Que podemos plantear ante la siguiente problemática?

    Sobre Internacionalismo Proletario O Multiculturalismo Indoamericano: ¿Opuestos? ¿Se Complementan?

    Ante tanto silencio, por no decir mordaza, que los grandes medios de desinformación imponen en Latinoamérica sobre todos los aspectos de las actividades del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, es gratificante leer las opiniones expresadas por el firmante Cuini en su articulo: “Cápsula crítica a la declaración de los comunistas que votarán por Andrés Manuel López Obrador. V y última”, publicado en México DC recientemente.
    Aunque las mismas, creo, se sostienen en un andamiaje demasiado dependiente de las bases de un marxismo ortodoxo que el devenir histórico las volvió otoñales.

    Latinoamérica (mas precisamente, Indoamérica) se nutre de una gran riqueza mítica y de profundas vivencias que incluyen la racionalidad, pero la superan.
    Por estas tierras intuyen que 2 + 2 son 5… Y aciertan.

    Marx y Engels generaron un pensamiento revolucionario dentro de la lógica occidental. Su revolución rompe el cascaron del huevo, pero no pueden salir de el.

    La Europa oficial es incapaz de incluir el pensamiento mítico Indoamericano, lo menosprecia. Un claro ejemplo de esto es el texto de Marx sobre Bolívar. Quizás, es su escrito con menor jerarquía literaria.
    No es casual.
    Para el etnocentrismo europeo, un “bárbaro caudillo de las Indias” no merecía ni el cuidado en el estilo de escritura. Marx –aunque grande en muchos aspectos-, no puede superar la visión europea sobre “el nuevo continente”.

    Recordemos que el proyecto de Reforma Agraria a de Artigas es muy anterior al surgimiento del marxismo europeo. Y que Tupac Amaru accionó revolucionariamente sin esperar que alguien creara el marxismo científico para darle validez a su lucha.

    La lucha no niega el pensamiento; pero es en la acción, a través de la confrontación entre acierto/error, donde se generan las ideas esquematizadas por la actividad racional.

    El escritor indígena mexicano Natalio Hernández Xocoyotzin afirmo, con claridad y precisión, que “Una de las utopías del siglo XXI es el reconocimiento de la diversidad cultural. Esta utopía se sustenta en el principio de que la diversidad es riqueza cultural, es fuente de imaginación y creatividad. La construcción del proyecto de sociedad multicultural conlleva la ruptura de la concepción de unidad nacional sustentada en un estado nacional homogéneo, monolítico, centralizado y todopoderoso. En contraparte, implica abrir los cauces sociales e institucionales para que fluya y se manifieste la creatividad popular y la participación de los diferentes grupos sociales organizados.”

    Esta “creatividad popular y la participación de los diferentes grupos sociales organizados”, de las que nos habla Xocoyotzin, es el sustento de la actividad Zapatista. Lo cual nos desnuda los errores de los sistemas sociales producidos por los seguidores del marxismo científico ortodoxo (sin ignorar sus aciertos). Quienes no pudieron superar la burocratización generada en su supuesto camino hacia el socialismo. Esta buro-cracia erosionó la reproducción de líderes y de cuadros multi creativos que hubieran posibilitado superar el estadio de “simples seguidores ”.

    En el caso de la afirmación citada en el articulo que originó este texto: “quien tiene el saber tiene el poder” ; es necesario preguntarse: ¿Qué se entiende por saber?

    Si hablamos del saber como una acumulación de informaciones destinadas a generar conceptos racionales, nos perderemos dentro de los esquemas constructivitas originados por siglos de decadente cultura occidental.

    Pero, si hablamos de saber en tèrminos de “sabiduría “ nos estaremos adentrando en un mundo con múltiples lecturas y puntos de vista mucho mas abarcadores que, la necesaria, pero insuficiente racionalidad.

    De esta sabiduría deben nutrirse los procesos revolucionarios de nuestra Latinoamérica Indoamericana. Ignorarlo nos generará reiterativas frustraciones. .

  • Amauris Domínguez Meriño dijo:

    A revolucionar el mundo carajo!!!
    !Viva la revolución Cubana!
    Y a encontrar el libro de Kapuscinski.

  • Roberto Dante dijo:

    roberto dante
    Lanús, Argentina, mayo 2012

    “El hombre debe ser siempre flexible como la caña, no rígido como el cedro”. Johann J. Engel.

    A partir de este valioso artículo que nos induce a leer al, por merito personal, no ortodoxo Kapuscinski, me permito desempolvar algunos items no resueltos en el pensar y el accionar de los militantes de la vida (entiéndase: revolucionarios).
    ¿Que podemos plantear ante la siguiente problemática?:

    Sobre Internacionalismo Proletario O Multiculturalismo Indoamericano: ¿Opuestos? ¿Se Complementan?

    Ante tanto silencio, por no decir mordaza, que los grandes medios de desinformación imponen en Latinoamérica sobre todos los aspectos de las actividades del Ejército Zapatista de Liberación Nacional, es gratificante leer las opiniones expresadas por el firmante Cuini en su articulo: “Cápsula crítica a la declaración de los comunistas que votarán por Andrés Manuel López Obrador. V y última”, publicado en México DC recientemente.
    Aunque las mismas, creo, se sostienen en un andamiaje demasiado dependiente de las bases de un marxismo ortodoxo que el devenir histórico las volvió otoñales.

    Latinoamérica (mas precisamente, Indoamérica) se nutre de una gran riqueza mítica y de profundas vivencias que incluyen la racionalidad, pero la superan.
    Por estas tierras intuyen que 2 + 2 son 5… Y aciertan.

    Marx y Engels generaron un pensamiento revolucionario dentro de la lógica occidental. Su revolución rompe el cascaron del huevo, pero no pueden salir de el.

    La Europa oficial es incapaz de incluir el pensamiento mítico Indoamericano, lo menosprecia. Un claro ejemplo de esto es el texto de Marx sobre Bolívar. Quizás, es su escrito con menor jerarquía literaria.
    No es casual.
    Para el etnocentrismo europeo, un “bárbaro caudillo de las Indias” no merecía ni el cuidado en el estilo de escritura. Marx –aunque grande en muchos aspectos-, no puede superar la visión europea sobre “el nuevo continente”.

    Recordemos que el proyecto de Reforma Agraria a de Artigas es muy anterior al surgimiento del marxismo europeo. Y que Tupac Amaru accionó revolucionariamente sin esperar que alguien creara el marxismo científico para darle validez a su lucha.

    La lucha no niega el pensamiento; pero es en la acción, a través de la confrontación entre acierto/error, donde se generan las ideas esquematizadas por la actividad racional.

    El escritor indígena mexicano Natalio Hernández Xocoyotzin afirmo, con claridad y precisión, que “Una de las utopías del siglo XXI es el reconocimiento de la diversidad cultural. Esta utopía se sustenta en el principio de que la diversidad es riqueza cultural, es fuente de imaginación y creatividad. La construcción del proyecto de sociedad multicultural conlleva la ruptura de la concepción de unidad nacional sustentada en un estado nacional homogéneo, monolítico, centralizado y todopoderoso. En contraparte, implica abrir los cauces sociales e institucionales para que fluya y se manifieste la creatividad popular y la participación de los diferentes grupos sociales organizados.”

    Esta “creatividad popular y la participación de los diferentes grupos sociales organizados”, de las que nos habla Xocoyotzin, es el sustento de la actividad Zapatista. Lo cual nos desnuda los errores de los sistemas sociales producidos por los seguidores del marxismo científico ortodoxo (sin ignorar sus aciertos). Quienes no pudieron superar la burocratización generada en su supuesto camino hacia el socialismo. Esta buro-cracia erosionó la reproducción de líderes y de cuadros multi creativos que hubieran posibilitado superar el estadio de “simples seguidores ”.

    En el caso de la afirmación citada en el articulo que originó este texto: “quien tiene el saber tiene el poder” ; es necesario preguntarse: ¿Qué se entiende por saber?

    Si hablamos del saber como una acumulación de informaciones destinadas a generar conceptos racionales, nos perderemos dentro de los esquemas constructivitas originados por siglos de decadente cultura occidental.

    Pero, si hablamos de saber en tèrminos de “sabiduría “ nos estaremos adentrando en un mundo con múltiples lecturas y puntos de vista mucho mas abarcadores que, la necesaria, pero insuficiente racionalidad.

    De esta sabiduría deben nutrirse los procesos revolucionarios de nuestra Latinoamérica Indoamericana. Ignorarlo nos generará reiterativas frustraciones. .

  • José Antonio Quintana Veiga dijo:

    Tan valioso el artículo como los comentarios de Domínguez Batista y Roberto Dante. Sin embargo, considero justo hacer algunas precisiones. Es cierto que Marx opinó sobre el accionar de Bolivar a partir de su eurocentrismo juvenil, pero también es cierto que en ese momento Marx tenía, sobre América Latina, muchísima menos información de la que dispone el compañero Dante de Argentina. El peruano José Carlos Mariátegui, con el método y los objetivos del propio Carlos Marx, hizo un aporte sustancial en su valoración del papel indoamericano en la transformación revolucionaria del subcontinente, lo cual la realidad actual valida constantemente como acertados, a ambos: a Marx y a Mariátegui.
    Según la información que poseo, ni Marx era estalinista, ni Stalin era marxista (ni en los objetivos ni en el método). Algunos se suelen poner la etiqueta que le conviene, no la que le corresponde. Solo en este sentido se pueden relacionar a Stalin y sus compinches con Carlos Marx.
    El marxismo es más que un método, pero es esencialmente un método; y como decia el húngaro Lukast, “…en cuestiones de marxismo, la ortodoxia siempre se refiere al método.”

    Respecto a México, no se puede asegurar que Manuel López Obrador inicie una revolución que transforme a ese país y lo convierta en la “joya humanista” que debiera ser, dada su riqueza material y social, pero sí pudiera abrirle las puertas a un proceso que a la larga conduciría a eso. Si los revolucionarios mexicanos se aprovechan o no de las circunstancias es otro tema. Ahora bien, es oportuno que el pueblo mexicano sepa, que si inicia un proceso de cambios de esa magnitud, va a tener el apoyo (sustancial) de muchos gobiernos y de todos los pueblos latinoamericanos. Hay que empujar para que la relación indignación-miedo se incline definitivamente a favor de la indignación.

    Muchos mexicanos creen que sin la anuencia de EE UU no pueden vivir. Eso también creían algunos cubanos hace cincuenta años. Ya todo el mundo sabe que se puede, no solo sin los yanquis, sino incluso contra los yanquis (el “contra” es porque no le dejamos pasar una sin denunciarlos).

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