Cuba: Secretos en las ruinas de un ingenio trinitario (+ Video)
Crónica de Prensa Latina
Trinidad, Cuba (PL).- La torre campanario de tres niveles, símbolo del principio y el fin de cada jornada para los esclavos del ingenio San Isidro de los Destiladeros, se alza aún airosa en medio de las ruinas de esta fábrica de azúcar.
Al Valle de los Ingenios -declarado por la UNESCO en 1988, junto al Centro Histórico Urbano de Trinidad, Patrimonio Cultural de la Humanidad- pertenece San Isidro de los Destiladeros, considerado por los expertos el más completo que ha llegado hasta nuestros días, el cual igualmente exhibe la casa-vivienda y la singular torre campanario con sus 14 metros de altura.
Catalogado como uno de los sitios de mayor valor arqueológico de este Valle, el ingenio encierra una larga historia de propietarios, progresos y retrocesos.
Con un área aproximada de 276 kilómetros, el Valle de los Ingenios está integrado a su vez por los valles de San Luis y Santa Rosa, la Depresión de Meyer y la Llanura Costera Sur de Trinidad, así como se encuentra atravesado por el río Agabama.
A unos 360 kilómetros al este de La Habana se halla Trinidad, fundada en
1514 por el Adelantado Diego Velázquez.
Además de los relevantes valores paisajísticos, el Valle de los Ingenios atesora importantes testimonios de la arquitectura vernácula e industrial con diferentes grados de conservación, entre ellas las casas haciendas, las cuales evocan un pasado de gloria y esplendor.
Cuenta con 73 sitios arquitectónicos y arqueológicos, uno de los cuales, San Isidro de los Destiladeros, es objeto de estudio en la actualidad.
Desde hace varios años se efectúan excavaciones arqueológicas y talleres relacionados con el sitio, llamado a ser un museo a cielo abierto que aborde la temática de la industria azucarera y sus procesos de producción.
DE SAN JUAN A SAN ISIDRO En cuanto al número de fábricas de azúcar existentes en el Valle, las licenciadas Lizbeth Chaviano y Yousy Pérez, en el trabajo San Isidro de los Destiladeros, Un pasado por revelar -publicado en tres partes en Jurabaina, Boletín Informativo de la Oficina del Conservador-, afirman que había 44 ingenios o trapiches según el censo de
1860.
Una de las más prósperas fábricas de la región lo era San Juan Nepomuceno, posteriormente nombrada San Isidro de los Destiladeros.
Perteneció primero a José del Rey Álvarez contaba entonces con 10 esclavos, tres yuntas de bueyes e igual número de caballos- y luego a Pedro Malibrán, hacendado trinitario de origen catalán.
El ingenio está ubicado en los terrenos llamados Los Destiladeros y de su existencia se conoce desde el último cuarto del siglo XVIII en que se registra como trapiche San Juan Nepomuceno con sus fábricas, cañaverales y aperos de labranza , señalan las especialistas. En 1828 era propiedad de Pedro Matamoros.
Así lo describen: ... posee una casa de vivienda de 32 metros de frente por 16 metros de fondo, una casa de pailas, una de purga, enfermería, cocina, casa de esclavos, una casa con cubierta de media naranja o trapiche, aljibe para el servicio doméstico y un área para jardines . En ese momento la fuerza de trabajo era de 150 esclavos y 100 yuntas de bueyes.
Al llegar la mitad del siglo XIX y posterior a esa fecha, el ingenio se sumerge en una gran crisis y pasa a manos de uno y otro propietario. Entre
1883 y 1891 es demolido y convertido en el potrero San Isidro de los Destiladeros, condición en la que llega hasta nuestros días .
A inicios del siglo XX, la aristocracia trinitaria escoge ese lugar para su recreación durante el verano.
Roberto López Bastida, el fallecido Conservador de la Ciudad de Trinidad y el Valle de los Ingenios, afirmó: Clasificada como una fábrica del período pre-industrial, o semi-mecanizada, San Isidro se enmarca en la etapa de los ingenios que funcionaban esencialmente mediante la mano de obra esclava .
TREN JAMAIQUINO
Entre sus ruinas se destacan las áreas dedicadas a los barracones o casa de esclavos, almacén, caballería y o herrería, casa de purgas, casa de calderas donde se conserva en casi su totalidad uno de los trenes (jamaiquino) usado para la cocción del guarapo, así como el pozo artesiano con su brocal empedrado.
Para el historiador Julio Le Riverand, la expresión típica de la revolución industrial en los ingenios azucareros fue el tren jamaiquino, consistente en un sistema de cinco calderas sometidas al fuego de un horno único .
El nombre pudiera confundir porque parece indicar que vino de Jamaica aunque ya en 1800 se había implantado como sistema francés , apuntaba Le Riverand, citado en ambos casos por López Bastida.
Y un aspecto interesante: la ubicación de cada una de las estructuras que integraban el sitio fue estudiada con sumo cuidado tomando en cuenta la dirección del viento, para impedir la contaminación del aire por los malos olores.
Chaviano y Pérez mencionan: como una de las obras más asombrosas de la ingeniería industrial, presente en este ingenio, se conserva el dique y la represa con su compuerta central, aliviadero y sus canales hidráulicos encargados de llevar el agua a cada una de las instalaciones que intervienen en el ciclo productor azucarero .
Pese a su evidente deterioro, el San Isidro de los Destiladeros aún conserva asimismo los vestigios de sus antiguas fábricas ocultas entre la maleza.
Descubiertas y protegidas desde finales de los años 80, del siglo XX, hoy las ruinas de San Isidro se han convertido en un importante sitio donde aún queda mucho por indagar y en el cual sobresalen las especies de la flora y la fauna endémica, junto a los cristalinos manantiales y arroyos.
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