Intelectuales del mundo denuncian a Forbes: No el séptimo, ¡Fidel es el hombre más rico del mundo!
La última venganza del Imperio
Mario Benedetti Uruguay
Bien sabemos los puntos que calza la revista Forbes, siempre al servicio de los dictados del Imperio. No obstante, su reciente denuncia sobre una presunta fortuna personal de Fidel Castro, que llegaría nada menos que a 900 millones de dólares, pasa todos los límites y es imposible de calificar.
Quienes hemos residido en Cuba durante largos períodos, podemos dar testimonio del estilo modesto, sencillo, frugal, de la vida de Fidel. Su gran fortuna es el afecto y la adhesión de la mayor parte de su pueblo. Ni siquiera quienes no concuerdan con aspectos de su política, han sugerido jamás que el lider cubano tenga una fortuna. En Cuba todo se sabe y si lo que denuncia Forbes fuera cierto, nadie lo ignoraría.
Ya que los Estados Unidos han fracasado en sus varios intentos de invadir la isla y de eliminar a Fidel, esta maniobra de ahora parece una última venganza pero, como las anteriores, también está condenada al fracaso.
Por la infamia de la revista Forbes
Cintio Vitier y Fina García Marruz Cuba
"No hay patria sin virtud". La radicalidad de esta sentencia de nuestro padre Felix Varela, maestro a su vez de José de la Luz y de Rafael María de Mendive, mentores de Martí, que al primero lo llamó "el silencioso fundador" y fue discípulo directo del segundo, tardaría tantos años en comenzar a cumplirse como los que corren mancillados hasta el primero de enero de 1959.
La supuesta excepción inicial de Tomás Estrada Palma pecó nada menos que de tendencia anexionista y solapado racismo. Lo que vino después fue de mal en peor hasta desembocar en Gerardo Machado y en Fulgencio Batista, callejón sin salida aparente que provocó nuestra tercera guerra independentista en la Sierra Maestra. Ya Martí lo había previsto en el Manifiesto de Montecristi, que la Revolución Cubana tendría "varios periodos de guerra". No en vano el último fue iniciado por la "generación del Centenario", que en la persona de Fidel Castro la preside hasta hoy.
Lo más significativo de todo aquel amargo proceso fue que nuestra hoy llamada "seudo-república" tuvo que soportar como neocolonia la Enmienda Platt y las cínicas relaciones con los gobiernos sucesivos de Estados Unidos.
Hay una secuencia indudable entre la última carta de Martí a Mercado, su categórico testamento antimperialista, el ataque al Cuartel Moncada y la lucha en la Sierra. No significa esto que, por arte de magia histórica, "el país de pillos" que en plena Colonia vio Ramón Meza en su alucinante y realista novela Mi tío el empleado, se convirtiera de pronto en la patria soñada por Varela. Las consecuencias de los pecados históricos y de las injusticias sociales tardan en desaparecer. Pero lo cierto es que la renovación moral comenzó con la entrada en Santiago y en La Habana del Ejército Rebelde comandado por Fidel Castro Ruz, que antes de ser comunista militó en el Partido Ortodoxo lidereado por Eduardo Chibás, cuyo grito de guerra era Vergüenza contra dinero, y que no llegó al poder para enriquecerse sino después de haber dejado definitivamente atrás el latifundio familiar.
Empieza pronto para la Revolución Cubana la batalla con el Imperio más poderoso de la historia, el mismo que apoyó en la patria desvirtuada y neocolonizada a todos los corruptos gobiernos anteriores. Como también lo previó Martí, con la decidida militancia antimperialista comenzó la renovación moral de la política cubana, y el honor de encabezar esa renovación dentro de un socialismo desprovisto o superador de tendencias sectarias, dentro de un socialismo sinceramente ecuménico, lo tiene, con entera virtud personal, Fidel Castro, acompañado hoy por Hugo Chávez Frías y Evo Morales.
En cuanto a la llamada "campaña mediática", por un estudio de Eliades Acosta titulado: Los colores secretos del Imperio (2002), hemos sabido que ya antes de empezar la guerra dirigida por Martí, tal género de campaña se inauguró en Estados Unidos contra Cuba. La revista Forbes no hace más que seguir una tradición.
28 de mayo de 2006
Forbes en el banquillo de los embusteros
Volodia Teitelboim Chile
La revista Forbes olvidó dichos de la sabiduría popular: "La mentira tiene piernas cortas. Y antes se pilla a un mentiroso que a un ladrón". Practican un principio de Goebbels, de infausta memoria: "Miente, miente que algo queda".
El embuste, por lo absurdo y cínico, merece entrar al Libro Negro de la Mentira Universal.
Forbes se promociona a sí misma como la más destacada publicación sobre el mundo financiero, el mercado global, las transnacionales y el llamado "neoliberalismo". Ahora se ha hecho a sí misma un flaco servicio. No ha podido escapar al detector de mentiras, las que fabrica creyéndose impune. Es engañadora y calumniadora.
La gigantesca patraña ocupa el más ancho espacio y se transmite a máximo columniaje en todos los medios al servicio del imperio. Descubierta la infamia y lo grosero del infundio, el desmentido se relega al sitio menos visible. Lo que reconocen los falsarios es que cometieron el delito y trataron de engañar al mundo mediante una torpe metodología que pretende confundir las entradas fiscales, propiedad de la nación, que van a las arcas públicas, y las hacen aparecer como fortuna personal de un estadista, gobernante, figura moral contemporánea, que raya a multitud de años luz sobre los falsificadores.
La prueba corresponde al que fabricó la falacia pérfida y escandalosa.
Fidel Castro exige a los que fraguaron el colosal embuste, a Forbes, a quienes la manejen y al gobierno que permite tales invenciones, un desmentido real. Los calumniadores no contestan. Sufren un ataque de mudez. La verdad, como dice el gobernante cubano, con quien solidarizan todos los pueblos, la humanidad que cree en la decencia, simulan no estar interpelados. En rigor "se han metido en un callejón sin salida".
Como dice Fidel Castro, se han autoentrampado solos, se han propinado un autogolpe. Con todo derecho y razón la persona difamada exige que Forbes y sus mentores se excusen ante la opinión pública internacional y manda un mensaje indirecto a Míster Bush. Le aclara: "toda mi fortuna cabe en el bolsillo de su camisa", señor de la Casa Blanca.
Fidel pertenecía a una familia de agricultores acaudalados. Cuando triunfó la Revolución entregaron sus tierras a la Reforma Agraria. No es hombre de mercado. No tiene cuentas secretas en el Banco Riggs ni en ninguno del mundo. No es Fidel Castro el que tiene que defenderse. Son Forbes y sus manipuladores, los autores de esta infamia, con la cual se han ganado algo más que un dolor de cabeza. Nadie asegura que será pasajero.
Forbes olvidó otro decir popular: "Para mentir y comer pescado hay que tener mucho cuidado". Está archidemostrado que el ilustre ofendido sabe restablecer la verdad y defender su honor.
No el séptimo, ¡Fidel es el hombre más rico del mundo!
Thiago de Mello Brasil
Fidel es de verdad el hombre más rico del planeta, porque tiene la riqueza más preciosa, que todo el dinero del mundo no compra: el amor de su pueblo. Del pueblo que se siente amado de verdad por su hermano grande que trabaja mañana, tarde, noche y madrugada, trabaja sobretodo cuando sueña, por el bien de cada uno y de todos los hijos de la patria de Martí.
Las visiones de Forbes
Humberto Arenal Cuba
Los que me conocen a partir de l959, que fue cuando retorné a Cuba después de once años de estancia en los Estados Unidos, me califican como escritor y teatrista, y en verdad es así, pero soy eso y otras cosas más. Entre ellas periodista. En mi adolescencia empecé a leer diariamente los periódicos que llegaban a mi casa, que eran El Mundo, Hoy y El País. Y las revistas Bohemia, Carteles y Vanidades. Ahí comenzó mi vocación periodística. Cuando fui a vivir a Nueva York compraba el renombrado The New York Times (que no es tan honesto ni tan serio como proclaman), las revistas Time y Newsweek (bien informadas cuando les conviene) y una revista de poco renombre pero limpia de intenciones que se llama, o se llamaba, The Nation, que sin ser un ejemplo libre de pecados, entonces pensaba era muy valiosa. Jamás me preocupé por leer The Wall Street Journal ni The Herald Tribune, por razones obvias de interés personal y criterios políticos opuestos. Y siempre que podía compraba la revista Bohemia que me mantenía bastante bien informado sobre la realidad cubana. Compraba con frecuencia The Daily Worker, el diario del Partido Comunista norteamericano, que era parcial y consecuente en sus juicios. Leía casi a diario los periódicos en español La Prensa y sobre todo El diario de Nueva York donde trabajaría años después. Eran los tiempos de búsqueda y formación de mis ideas y criterios en todos sentidos, aunque no dudo, por supuesto, que pudieron ser mejores, o hasta peores, pero a la larga me condujeron a decisiones mayores que voy a tratar de abordar.
Como esta no es mi autobiografía ni mucho menos, voy a obviar los primeros y difíciles años 1948, 49, 50 y 51. Entonces, después de pasar un curso de periodismo, comencé a trabajar en 1952 como reportero y fotógrafo en el ya mencionado El Diario de Nueva York. Esta experiencia ahora creo que fue muy fructífera en todos sentidos. Me acercó a los problemas de los hispanos, me hizo cobrar conciencia de quién yo era, de dónde venía, a quiénes tenía que comprender y ayudar de alguna manera. Día a día me fui adentrando en la realidad de la compleja y discriminada población latinoamericana de Nueva York. Los periódicos en inglés, por el contrario, jamás reflejaban su problemática. ¿Para qué iban a perder el tiempo en eso? Ellos tenían bastante con los suyos. Es bueno que aclare que El Diario no era tampoco el adalid absoluto de los hispanoparlantes. Pero en sus páginas aparecía con frecuencia lo que otros obviaban o callaban. El diario La prensa era igual o peor.
Eran tiempos muy difíciles. Estados Unidos estaba en guerra con Corea. En algún momento apareció el Comité de Actividades Enemigas del perverso senador MacCarthy. Y la reacción y el antisovietismo iban ganando terreno en Estados Unidos.
En 1954 una empresa netamente norteamericana fundó en Nueva York la revista Visión, que era una copia fiel, en todos sentidos, de Time y Newsweek, de donde venían sus directivos. Visión Incorporated seguiría fielmente los dictados del Departamento de Estado, su principal patrocinador y propulsor, sirviendo a sus muchos y prominentes anunciantes (General Motors, Kodak, United Fruit Company, Ford, Coca Cola, etc). Entre sus accionistas estaban el dictador dominicano Rafael Leónidas Trujillo y Fulgencio Batista, como pude comprobar después. Y por supuesto allí se hacía sentir la mano de la siniestra CIA y el FBI. Aparecían artículos encubiertos o impúdicamente abiertos contra todos los movimientos revolucionarios de América Latina, aunque no fueran de extrema izquierda ni mucho menos comunistas como ellos proclamaban. Sus páginas estuvieron abiertas para defender las dictaduras del venezolano Pérez Jiménez, del colombiano Rojas Pinilla, del nicaragüense Anastasio Somoza y por supuesto de Fulgencio Batista. El gobernador de Puerto Rico, Muñoz Marín -que había ideado la ambigua y provechosa fórmula del Estado Libre Asociado-, era para ellos un demócrata de cuerpo entero. Visión fue una hábil y productiva fórmula del gobierno norteamericano y de sus intereses más reaccionarios para vender en América Latina una falsa fórmula de paz y concordia. Si había que callar callaban, si había que mentir lo hacían sin recato, si había que engañar lo hacían con hábiles manejos. Yo asistía día a día a aquella productiva lección de la democracia representativa. Aunque no lo parecía de mucho me sirvió después.
Desde sus comienzos en 1954 hasta 1959 fui miembro de la redacción de Visión, por eso puedo ahora mencionar sus manejos. Nunca ocupé cargos de verdadera importancia. Fui redactor de notas cinematográficas y teatrales, traductor, casi siempre un simple redactor. Y en los últimos años corrector de estilo y ayudante del subdirector. Cuando apenas había pasado un año de estar trabajando en Visión sabía dónde estaba y lo que se esperaba de mí y de todos los que laborábamos allí: obediencia, complicidad, silencio, sumisión. En los consejos de dirección a donde asistía con cierta frecuencia se trazaba la línea de cada número que por lo demás era la misma. Visión era, y en eso teníamos que estar muy claros, un instrumento incondicional de los intereses norteamericanos en América Latina. En 1954 crearon para el mercado brasileño la revista Visao con los mismos propósitos: servir los intereses más bastardos de Estados Unidos.
En esos años surgieron otras revistas similares en sus fines como Life en Español, Selecciones del Readers Digest, y otras menos prominentes, pero con los mismos propósitos y finalidades, eran instrumentos de la política yanqui, de la seudofilosofía de la democracia representativa que todavía, sin mucho éxito, hoy nos quieren vender.
¿A dónde voy a parar? Es obvio desde el título de este artículo. La revista norteamericana Forbes, propiedad del multimillonario y rabioso instrumento del Partido Republicano y de los intereses más ruines de Estados Unidos, Mr. Steve Forbes, es también un incondicional instrumento, igual que Visión y engendros parecidos, de los peores intereses económicos, políticos y sociales de Estados Unidos, por eso de una manera descarada, despreciable y abyecta ha acusado -no hay que dudarlo: es una acusación-, a nuestro Comandante Fidel Castro Ruz de tener una fortuna personal tan inmensa que necesitaría varias vidas para gastarla. En una evidente maniobra con burdos fines politiqueros, sin ninguna base ni apego a la verdad, Forbes ha acusado a Fidel de tener una fortuna personal, nada menos que de 900 millones de dólares. No me sorprende la maniobra. Visión hubiera hecho lo mismo. Mejor, hizo lo mismo. Cuando en abril de 1959 Fidel fue a Estados Unidos con el ánimo de entrevistarse con el presidente Eisenhower, el que lo recibió fríamente fue el vicepresidente Nixon. Me imagino cómo fue la entrevista. Para ellos ya Fidel era un peligroso comunista y nada menos. Tuve el privilegio de hablar brevemente con él en Washington y en una nota periodística reflejé mis opiniones más sinceras sobre su visita. El director de Visión la rechazó indignado, y como le contesté con la misma violencia me despidió después de seis años de trabajo que ellos mismos calificaban de profesionalmente eficiente. No sabía el bien que me hacía. De ahí me fui a fundar con el periodista argentino Jorge Ricardo Masetti la agencia de Prensa Latina en Nueva York. Recuerdo algo que nos dijo a Masetti y a mí en la redacción de The New York Times el periodista Herbert Mathew, el que había entrevistado en 1957 en la Sierra Maestra a Fidel Castro: "El Times no va a comprar los servicios de su agencia Prensa Latina señor Masetti, por buenos que sean. Todos los grandes periódicos de este país tienen sus propios periodistas y criterios", dijo en su buen español que había aprendido en Barcelona durante la Guerra Civil Española. El conocía mejor que nosotros las entrañas del monstruo y posiblemente las aborrecía.
Pero los tiempos han cambiado. América Latina despierta de una terrible pesadilla histórica, y las mentiras de Forbes encuentran algo más que la respuesta viril y rotunda de Fidel Castro. Los pueblos responden por él. El mundo sabe que hace unos pocos días Fidel retó a Mr. Forbes y a su sucia revista a probar esa burda mentira. Si existiera un solo dólar a su nombre en alguna cuenta bancaria del mundo, el Comandante proclamó que renunciaba a todos sus cargos y responsabilidades. Pero no hay respuesta. No la habrá. No la puede haber. Mr. Forbes y sus secuaces la inventaron para crear una sucia imagen de Fidel, el que está limpio de sospechas y suspicacias ante el tribunal de la historia. Y pienso que ellos lo saben, aunque pretendan ignorarlo.
Visión y Forbes serán juzgados por sus patrañas y mentiras. Y los pueblos los sancionarán, ahora y siempre. El tiempo está a su favor. Esperemos todos el dictamen, indignados pero con toda la calma que dan la integridad y la vergüenza.
Otra vuelta de la mentira
Roberto Fernández Retamar Cuba
En el lejano y tan importante año de 1959, cuando solía colaborar frecuentemente en el periódico Revolución, publiqué allí un artículo con el título irónico "Elogio de la mentira". Ya eran frecuentes entonces los infundios sobre nuestro proceso revolucionario, y en mi artículo señalé que ese hecho demostraba cómo los enemigos, al carecer de verdades que esgrimir, se veían obligados a valerse de tales infundios, lo que constituía un involuntario reconocimiento de nuestra obra. La verdad, recordé, es pobre, porque es sólo una, mientras la mentira es millonaria.
De entonces a la fecha, las mentiras sobre nuestra Revolución no han dejado de multiplicarse. Recuerdo al pasar una, que dañó la vida de tantas personas: la referente a una supuesta ley cubana que arrebataría a los progenitores la patria potestad de sus hijos. Por increíble que parezca, tal brulote confundió incluso a personas inteligentes y de buena fe. Recuerdo cuando una de esas personas me vino a ver, alarmada, ante lo que daba por sentado que era una verdad. Y desde luego que no lo era. Pero por haber sido engañados los padres, millares de niños y niñas fueron enviados, solos, en lo que constituyó la siniestra Operación Peter Pan, a los Estados Unidos, donde vivieron terribles experiencias, de algunas de las cuales muchos no pudieron reponerse. Los ejemplos podrían multiplicarse hasta la náusea. Pero ahora quiero detenerme en uno que se añade a la copiosa familia de infamias. Me refiero a la calumnia lanzada por la revista Forbes, una cínica revista que ha echado su suerte con los ricos de la tierra, la cual ha proclamado a todos los vientos que el compañero Fidel posee una de las grandes riquezas del planeta. La revista se refiere, claro está, a riqueza material, la única que ellos conciben. Al desafío lanzado por Fidel según el cual renunciaría a todos sus cargos si se le probara que es poseedor no ya del monto que se le ha atribuido, sino de un solo dólar en cualquier banco del extranjero, los calumniadores no han podido ni podrán replicar nada. Para ellos se trata de una mentira más. Pero el hecho, verdadero tiro por la culata, ha servido para que desde los más variados lugares se eleven las voces de los pueblos que saben, a pesar de la lluvia de falsedades a la cual (debido a gobernantes venales y a medios corruptos) están sometidos, que la máxima figura de la Revolución Cubana es rica, sí, pero de valores morales, de admirables hechos solidarios, de razones para confiar en que un mundo mejor es posible. Las voces de entrañables compañeros como el brasileño Emir Sader, el chileno Volodia Teitelboim y el mexicano Pablo González Casanova, para sólo mencionar a algunos, se han alzado con el fin de desnudar a los falsarios y ratificar su confianza en quien, habiendo renunciado a la holgura material de la familia en que naciera, ha dedicado su vida de creación y sacrificio no a enriquecerse, sino a servir sin cansancio a su pueblo y a los demás pueblos del mundo. Esto es lo que no pueden perdonarle los opresores y sus alabarderos. Pues la injuria de Forbes implica hacer creer que Fidel es como ellos. Y nada más lejos de la verdad. La estirpe de Fidel no es la de los millonarios, sino la de los luchadores por la justicia, la libertad, el decoro, la dignidad. Por eso se le ataca de mil modos, incluyendo los centenares de atentados que el imperialismo y sus secuaces han urdido contra él. Si se quiere conocer la familia a la que pertenece Fidel, basta con evocar a la pléyade de mártires que ennoblecen nuestra historia; con recordar a los cinco héroes cubanos encarcelados en los Estados Unidos por combatir al terrorismo auspiciado por los gobernantes de aquel país (los inventores de Posada Carriles y de ese Posada Carriles del Medio Oriente que es Bin Laden); con mencionar a los presidentes Hugo Chávez, de Venezuela, y Evo Morales, de Bolivia. También estos últimos conocen y conocerán ataques de toda laya procedentes del imperialismo y de sus cómplices locales. Entre dichos ataques, por supuesto, las mentiras. También éstas, como otras maniobras, se estrellarán ante el muro de la verdad, que es pobre porque es una, pero es invencible porque es la voz del pueblo.
Fidel y Forbes, Forbes y Fidel
Chiqui Vicioso República Dominicana
Borrega, pensaba que la mafia, así como el Opus Dei, eran invenciones de afiebrados cineastas, como Francis Ford Coppola y sus Padrinos I, II y III, hasta que leí en Nueva York un reportaje sobre la captura del "ultimo" jefe de la mafia, quien precisamente fue arrestado por un investigador italiano que le había seguido los pasos ¡durante 23 años!, cerca de su pueblo natal llamado, nada mas y nada menos, que Corleone.
¡Ah Caray!, la mafia si existe, me dije, observando el rostro de aquel campesino italiano, escondido durante anos en una fábrica de quesos provolone, ante la bandada de periodistas que se traslado a Corleone para entrevistarle.
Ese mismo asombro he experimentado leyendo la ultima novela Son de Almendra de esa extraordinaria novelista cubana que es Mayra Montero, no solo una maestra de la lengua (no hay recursos falsos en el lenguaje de sus personajes), sino un ejemplo de lo que es una escritora que practica su oficio, ya que dedica entre cinco y diez anos de investigación para fundamentar los temas de sus novelas, cuando el sujeto de su ficción trasciende los linderos de su experiencia personal, o el de sus familiares. Entonces mezcla ficción con realidad y lo que logra, en términos de la convincente veracidad de sus tramas, es extraordinario.
Aunque he transitado por las destartaladas calles de la Habana Vieja y de Centro Habana, tratando de imaginar lo que era, el esplendor detrás de una arquitectura extraordinaria y unas avenidas que nada tenían que envidiar a las de cualquier gran urbe, nunca había podido reconstruir la vida de sus grandes hoteles: El Nacional, el Capri, el Riviera, el Sevilla, cuando eran propiedad de reconocidos mafiosos de Nueva York, Florida, Chicago y Las Vegas, y Meyer Lanski era algo mas que el personaje de El Padrino II, que reparte la isla de Cuba entre sus colaboradores.
Los norteamericanos de entonces viajaban a esa Cuba a practicar golf, a "mulatear" y sobretodo a jugar en los grandes casinos, con sus maquinas traganickeles, las cuales eran propiedad de reconocidas figuras de la mafia como Sam Giancana, Frank Costello, Lucky Luciano, Vito Genovese, Meyer Lanski y el Coronel Fernández Miranda, cunado de Fulgencio Batista, y jefe de la Guardia del Palacio, una policía secreta encargada de la seguridad de los casinos y que trabajaba con el Servicio de Inteligencia Militar (SIM), equivalente del tenebroso aparato de seguridad que operaba aquí en Santo Domingo, con el mismo nombre, durante la dictadura de Trujillo.
Además de la impunidad de los mafiosos, la función de la llamada "seguridad de los casinos, consistía en asegurarse de que las "comisiones" o tajadas que le tocaban al Presidente Fulgencio Batista, se correspondieran con las ganancias de los casinos y maquinas traganickeles. Un negocio que echaron a perder unos "barbudos" que bajo el liderazgo de Fidel Castro provocaron, entre otras cosas, que el casino del Habana Hilton, hoy Libre, cuya construcción se inicio en el 1958 (motivo de guerra entre las mafias italiana y judía), permaneciera un sueno truncado que quizás, algún dia, podría retomarse en otras islas del Caribe. Y ¿Qué tiene esto que ver con Malcom Steve Forbes, actual dueño de la revista FORBES, candidato a la presidencia por el Partido Republicano, colaborador de Ronald Reagan y miembro de la Fundación Presidencial que lleva su nombre; supervisor de las emisiones de las emisoras Radio Europa Libre y Radio Libertad hacia Europa, entre 1985 y 1993, y destacado colaborador de la CIA?
Es que Forbes, como cerebro del informe titulado "Comisión para la Reconstrucción Nacional Cubanoamericana", e impulsor de la doctrina de la guerra preventiva, como parte del "proyecto para el Nuevo Siglo Americano", acaba de incluir a Fidel Castro entre los diez hombres mas ricos del mundo y, como no hay un solo Banco, a nivel mundial, donde haya podido encontrar un solo dólar a nombre del Comandante o sus allegados, ha dicho que basa el calculo de la fortuna de Fidel en "las comisiones" que este debe haber recibido (y que el ha venido calculando progresivamente desde el 1998) de los "negocio" del Estado Cubano con el exterior, sobretodo con el turismo.
Y, dentro de su lógica, Forbes tendría razón, porque en la Cuba que el conoce, a la que fue a jugar golf, o a jugar blackjack, las mafias le pagaban una comisión al Presidente de la Republica para poder funcionar libremente, y a sus ministros para asegurar la aprobación de sus iniciativas y su colaboración. Como Ronald Reagan, detenido en el tiempo de Marilyn Monroe, Tony Curtis, Joan Crawford, Edith Piaff, o Nat King Cole, todas luminarias de Hollywood que participaron en las inauguraciones de los grandes hoteles y casinos habaneros, el Sr. Forbes se detuvo en el tiempo. Vive en su tiempo, y jamás podrá entender el tiempo de los "barbudos", esos que renunciaron no solo a las "comisiones", sino al pago de sus servicios (en el caso de Fidel, como abogado) desde muy jóvenes, en función de un ideal que hoy se traduce en una Cuba con una pobreza repartida, pero justa. La tragedia del Alzheimer tiene, como vemos, sus beneficios, y si (como creemos los dominicanos) las cosas se cogen de quien vienen, Fidel debería ver en esta nueva acusación, apenas un esfuerzo por echarle a perder la celebración mundial de su (80) cumpleaños.
Tener y no tener
Fernando Butazzoni Uruguay
Nada mejor que el título de esa hermosa novela del gran Ernest Hemingway para situar en su justa dimensión el dilema planteado en estos días con la presunta fortuna de Fidel Castro. Como se sabe, la revista norteamericana Forbes, en su edición del 5 de mayo, le atribuyó al presidente de Cuba una riqueza personal de unos 900 millones de dólares. El asunto ha sido paradigmático en varios aspectos. El primero, casi obvio, es la disparatada invención de un medio periodístico de Estados Unidos con respecto a Cuba y a Castro. En los hechos, la propia revista confiesa sin pudor su argucia, al señalar que los cálculos respecto a la presunta fortuna de Fidel fueron hechos "con más arte que ciencia", y luego coloca en el haber del mandatario cubano los producidos de muchas empresas estatales, el Palacio de las Convenciones de La Habana y "un conglomerado de ventas al por menor", entre otros delirios. Con ese criterio, Tabaré Vázquez pasaría en un instante de presidente oncólogo a magnate financiero, y sería el dueño de la telefónica estatal uruguaya, de la planta petrolera de La Teja, del agua potable, etc.
El invento de Forbes -que no es nuevo, pues ya en años anteriores había instrumentado similares provocaciones- tiene un objetivo político claro. El mismo Forbes, amigo de los Bush y hombre de una inmensa riqueza personal, es el presidente de Honor de la Fundación Nacional Cubano Americana, una organización creada por Ronald Reagan en los años 80 para articular y dirigir los esfuerzos de los cubanos millonarios de Miami por derrocar a Castro. Es decir: un hombre, dueño de un medio de comunicación, utiliza ese medio en función de sus intereses políticos y económicos. La libertad de prensa se convierte así, una vez más, en la libertad de empresa. El razonamiento es: la revista Forbes es mía, lleva mi propio nombre, así que digo y hago lo que quiero. Para ello, para conseguir ese resultado, la revista y su dueño cuentan con un pequeño ejército de periodistas a sueldo, los consabidos analistas internacionales, varios "cubanólogos", algunas fuentes que siempre son mantenidas en el anonimato de la inexistencia, y muchos cagatintas a la orden. El resultado es el que ya estaba diseñado a priori: Fidel Castro es multimillonario.
Pero hay otro paradigma que es menos obvio y más interesante: el de los valores y el de la ética política. Para Forbes y muchos de sus lectores, cuyo único patrón de medida es el dinero, resulta acaso incomprensible que alguien se agravie por estar en una de sus célebres listas. Yo, que soy un simple ciudadano de a pie, conozco personalmente por lo menos a tres ex presidentes latinoamericanos que le venderían el alma al diablo con tal de figurar en la revista Forbes. Y, sin embargo, Fidel se agravia. Se indigna y exige una reparación. Sería divertido ver qué hace la justicia de Estados Unidos si el propio Fidel presenta una demanda por difamación contra Forbes. Habría que imaginarse el desconcierto legal: ¿Es difamatorio decir que alguien es millonario? ¿Tiene derecho Castro a litigar en tribunales norteamericanos? ¿No es de 900 millones la mentada fortuna? ¿Entonces, de cuántos millones estamos hablando?
En un mundo en el que la lógica capitalista se ha impuesto con todas sus calamidades, para mucha gente puede resultar disparatado pensar que alguien pueda estar al margen de las ambiciones monetarias y de la seguridad de los bienes materiales. Cuando Fidel afirma que toda su fortuna cabe en el bolsillo de la camisa de George W. Bush, además de una sutil metáfora del deseo lo que dice es la más estricta de las verdades, esto es que no tiene un centavo. Y lo dice con orgullo. Con el orgullo de un viejo luchador que, de manera porfiada y consecuente, ha dedicado su vida a construir un sueño en el que no estaban incluidos ni el dinero ni la riqueza monetaria. Lo dice con la suprema sabiduría que quien ha comprendido la diferencia entre tener y no tener.
En Cuba cualquiera sabe que esto es cierto. Lo saben los revolucionarios y los adversarios de la revolución. Lo saben los más enérgicos antiyanquis y los que anhelan irse de Cuba para acceder a un trabajo como lavaplatos en algún restaurante de Miami. Es una verdad tan grande como la legendaria Plaza de la Revolución habanera. Se puede ver desde el aire, y hasta puede ser fotografiada por los satélites. Fidel Castro no tiene un centavo.
En mi opinión es de esos despojamientos personales y de esa vida espartana que surgen las mayores fuentes de legitimidad moral y política de Castro, que acaso sean únicas en el mundo actual. Eso es lo que le ha permitido una y otra vez renovar los vínculos de comunión con su pueblo. Esa pobreza material que es riqueza espiritual lo sustenta y lo ampara. Y nos plantea a todos, una vez más, los viejos dilemas de la revolución latinoamericana que aún espera por nosotros, por nuestro amor desinteresado, lo que equivale a decir por una entrega total que no admite en su estrategia ni el cálculo mezquino ni los bienes personales.
El gran dinero
Guillermo Rodríguez Rivera Cuba
Así tituló el joven izquierdista John Dos Passos uno de los libros de su trilogía USA. Estaba nombrando uno de los fetiches de su sociedad, que ya había visto Martí, desde los días de aquella crónica magistral sobre el proceso y ejecución de los anarquistas de Chicago.
Martí escribía sobre lo que llamaba "el culto desmedido a la riqueza" como uno de los grandes males de esa sociedad, que entonces apenas empezaba su proceso de intento de conquista del mundo.
Y es que la riqueza es fácilmente fetichizable. No es malo disponer de dinero, y no seré yo quien - como al bongó que cantaba en los versos de Guillén - lo desprecie en público para besarlo a solas. El dinero es la solución de muchas cosas. La famosa tarjeta de crédito American Express tiene un ingenioso lema que seguramente ideó algún intelectual necesitado: "Hay cosas que el dinero no puede comprar Para todo lo demás, American Express".
Lo habían dicho, rabiosamente, el Arcipreste de Hita: quien no tiene dinero, no es de sí señor, y de otra manera - que era la misma -- don Francisco de Quevedo: poderoso caballero es Don Dinero. Pero el publicista de American Express tenía razón, y de ahí parte la efectividad del lema: "hay cosas que el dinero no puede comprar".
Lo digo desde una perspectiva que es casi personal. Conozco y tengo excelentes amigos entre los profesores de mi especialidad en Estados Unidos, en España o en México. Y acaso podría ganar los casi o a veces más de tres mil dólares que devenga un catedrático en una de estas sociedades, donde la desigualdad permite ese bienestar de los profesores, que otros ciudadanos no disfrutan. Pero me habría obligado a abandonar mi país o a vivir en uno - como ocurre en casi todos los de América Latina - donde la miseria de los otros te da en la cara. No soy un fanático de la austeridad. pero hay valores a los que ciertos disfrutes no me han hecho ni me harán renunciar.
En sociedades cada vez más materializadas -- ¿materialistas, cabría decir, a despecho de Demócrito y de Feuerbach? - ese culto al "gran dinero" se vuelve cada vez más aberrante, si es que la aberración resiste comparativos.
En unos meses en que estuve en Francia, haciendo unos cursos en la Universidad de Paris 8, descubrí una tienda que fundó un argelino para competir con los carísimos almacenes que dominaban en la capital francesa. "Tati" se convirtió en la tienda donde el ciudadano de pocos recursos podía comprar una camisa, una gabardina, un abrigo, unos zapatos, sin pagar los precios onerosos que cobraban los almacenes de lujo. Y pude ver como las señoras de la clase media parisina iban a comprar a "Tati", y colocaban sus compras en una bolsa de las Galerías Lafayette. Había que mantener, al menos, la apariencia del status.
Me ha parecido excelente la intervención del comandante Fidel Castro en la que dice que nuestra sociedad tiene que resolver, crecientemente, las necesidades materiales de los cubanos. No seremos una sociedad de consumo, pero pienso que tampoco debemos ser una de "sinsumo", como muchas veces nos ha tocado ser. Debemos ser una sociedad (digámoslo en esa terminología económicamente metafórica y absurda que me invento) de "sumo", donde el hombre pueda solventar los problemas de su mantención y la de su familia.
Pero ahí va la revista Forbes no a convencer a los cubanos de lo que no van a creer, sino a intentar desacreditar a un hombre que ha puesto su vida más allá - o más acá, no estoy seguro - de la obtención de cualquier bienestar material.
Lo primero que aquel que intenta destruir a su enemigo debiera hacer, es conocerlo. Los equipos de béisbol estudian minuciosa, exhaustivamente los lanzamientos del pitcher que deben enfrentar en un encuentro crucial. Los políticos que quieran tener éxito debían ser, al menos, tan cuidadosos como lo fueron Leo Durocher y Casey Stengel en su trabajo.
Cualquiera que con un poco de atención haya seguido la vida de Fidel Castro tendría que conceder que el amor por el bienestar material no es una de las cosas que coloca en un plano esencial de sus intereses. Si así hubiera sido, esos millones que le atribuyen los hubiera tenido desde hace mucho, seguramente acompañados de alguna islita - de las Hawaii o de las Marshall, o quién sabe si alguna tropical de las Bahamas - que los Estados Unidos hubieran estado prestos a conseguirle para hacerle torcer ese rumbo que siempre combatieron, porque acaso todo eso hubiera sido más barato que lo que costó, únicamente, financiar la invasión de 1961 por Playa Girón.
El desaparecido y esencial crítico e historiador del teatro cubano, Rine Leal, quien fuera mi amigo, establecía la necesidad de un logro laboral simpático y absurdo que el consideraba esencial para el ser humano: la jubilación adelantada. Rine sostenía que el hombre debía jubilarse a los veinte años y disfrutar a todo dar el tiempo de su juventud sin necesidad de trabajar. Son los años en que más se disfrutan los placeres, y Rine quería concederle al hombre todo el tiempo y los recursos en los mejores años de su vida. Rine proponía que el hombre empezara a trabajar a los cincuenta, hasta su muerte. La broma, como casi todas, tenía algo de lógica que vamos a aprovechar para nuestro razonamiento: si voy a decidir enriquecerme lo haría, si tengo esa posibilidad, en plena juventud y no en la vejez, en la que realmente estaría enriqueciendo a mis herederos. Fidel Castro tuvo esa dorada oportunidad a sus treintaicinco años, cuando proclamó el carácter socialista de la Revolución Cubana y la CIA gastaba un millonario presupuesto para derrocar esa misma revolución.
En fin, que Fidel Castro ha perdido nada menos que cincuenta años de riqueza, los mejores de su vida. Pero todavía hoy, si quisiera renunciar a unos propósitos en los que evidentemente no creería si enriquecerse fuera su finalidad, le entregarían los millones que no podemos imaginar y no tendría que gastar un dólar en su defensa personal, pues habría pactado con los que llevan medio siglo intentando asesinarlo. Me pregunto: ¿a cuánto ascendería el 10% de los costos de ese sostenido intento de asesinato?
¿Saben lo que ocurre? Que quieren llevar a cabo - a falta de algo mejor - un asesinato en vida. Demostrar que ese hombre, que lo desprecia, es igualmente un fiel del "culto desmedido a la riqueza" execrado por Martí. Asesinar lo que significa. Y confían en que han globalizado tanto ese culto que no habrá nadie que no pensará que lo más importante en la vida es enriquecerse. En cualquier caso, la cuenta del millonario no aparece.
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