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CUBA NO SE CANSARÁ DE LUCHAR

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Intervención de Juan Antonio Fernández Palacios Representante de la Republica de Cuba.
Ginebra, 14 abril de 2005

Señor Presidente:

Si esta no fuera la Comisión de la mentira y la hipocresía, nos resultaría difícil creer lo que está ocurriendo hoy. Estados Unidos, el mayor y más contumaz violador de los derechos humanos en el mundo, nos acaba de presentar un ridículo papel que, aunque nada dice, permite, simplemente por su título, "Situación de los derechos humanos en Cuba", singularizar injusta y discriminatoriamente a mi país.

En la farsa de Ginebra parece que todo es posible. Hay, sin embargo, un hecho cierto. El Imperio ha tenido que quitarse de una vez por todas la máscara. Ya no pudo encontrar a un lacayo de turno que le hiciera el trabajo sucio. Su desprestigio es tan mayúsculo, su falta de credenciales éticas es tan manifiesta, y su orfandad de argumentos es tan clara, que han tenido que asumir con mano propia este bochornoso ejercicio.

Aún así, ya han pasado los tiempos en que podían endosar en sus textos anticubanos cuanta mentira se fabricaba en Washington y Miami. Una tras otras sus mentiras han ido a parar al vertedero de la historia. Se estrellaron siempre contra al acero de nuestra resistencia, contra nuestra voluntad indoblegable de luchar y vencer.

Hoy nos apena el triste papel de sus cómplices. La Unión Europea, claudicante y servil, no puede articular una política independiente de su poderoso y temido aliado; además, ahora suma entre sus filas a los otrora países socialistas, que pasaron de una órbita satelital al satelitalismo global y que, como caballos de Troya, actúan dentro de la llamada Unión al servicio de la gran potencia.

Señor Presidente:

Mientras la credibilidad y el prestigio de esta Comisión son cada día más cuestionados, mientras la politización, la selectividad y los dobles raseros la desacreditan cada día más, fuera de esta sala los pueblos del mundo y lo mejor de la intelectualidad mundial levantan su voz para defender a Cuba, para alertar sobre los planes del Imperio y denunciar sus atroces crímenes. Esos son los que cuentan, porque luchan por un mundo mejor.

En el manifiesto "Detengamos una nueva maniobra contra Cuba" más de cuatro mil firmas de todas partes del mundo avalan el llamado de artistas, maestros, escritores, periodistas, activistas sociales y defensores de los derechos humanos, incluidos seis Premios Nobel. Los firmantes solicitan a los Gobiernos de los países aquí representados "que no permitan que la Comisión sea utilizada para legitimar la agresividad anticubana de la administración Bush, en momentos en que la actual política belicista de Washington hace previsible una eventual escalada de muy graves consecuencias".

Ellos representan la voz de ese mundo posible por el cual luchamos. Ellos nos dan nuevas fuerzas en nuestros empeños, porque demuestran que no estamos solos, que suman millones los que nos apoyan y se apoyan también en nuestra resistencia, y ven en Cuba un ejemplo de dignidad e hidalguía, porque jamás hemos renunciado a nuestros principios, porque jamás hemos traicionado al amigo y porque creemos firmemente, como nos enseñó José Martí, el Apóstol de nuestra independencia, que "Patria es Humanidad".

Señor Presidente:

Todos aquí sabemos que en esta Comisión se intenta estigmatizar a Cuba por su irreductible rebeldía contra el injusto orden mundial imperialista, por la defensa inclaudicable de nuestra independencia y soberanía, y por la decisión de construir nuestro propio camino sin aceptar injerencias externas.

Es por el ejemplo que resulta de nuestra democracia verdaderamente participativa y popular; es por el ejemplo de nuestras conquistas y por nuestros índices de educación, salud, pleno empleo y justicia social para todos, a pesar del más cruel y prolongado bloqueo que ha debido sufrir pueblo alguno a lo largo de la historia. Es también por el ejemplo de brindar solidaridad, de compartir lo que tenemos con los que nada tienen en este mundo.

Son estas y no otras las razones que explican la enfermiza obsesión de sucesivas administraciones estadounidenses y sus protegidos grupos extremistas y terroristas de origen cubano en Miami. Durante ya más de 45 años, nuestra pequeña isla rebelde, se ha tenido que enfrentar a la más poderosa potencia de los tiempos modernos. El imperialismo norteamericano ha recurrido a todas sus armas contra la Revolución Cubana: invasiones mercenarias, terrorismo de Estado, guerra biológica y radiolectrónica, incontables planes de asesinato de sus principales líderes, fabricación de una quinta columna de asalariados a su servicio, y un bloqueo genocida que intenta rendirnos por hambre y enfermedades.

Cuba es, pues, un pequeño país al que se impone una guerra política, económica y mediática sin tregua alguna; es también una trinchera de las ideas y los sentimientos más justos y nobles. Es por eso que Estados Unidos trata de someternos y negarnos el derecho a ser libres.

Señor Presidente:

El gobierno de Estados Unidos no tiene la más mínima calificación moral para hablar sobre Cuba ni sobre ningún otro país en esta sala. Todos sabemos que es una camarilla fascista que aterroriza al mundo, que ha proclamado para sí el supuesto derecho de intervenir y librar la "guerra preventiva" en 60 o más países, de recurrir al asesinato de líderes extranjeros, de consumar la política de "cambio de régimen", y de legalizar de facto la tortura contra los prisioneros,

¿Qué moral puede tener para condenar a Cuba el país que hoy recibe en su territorio a Luis Posada Carriles, que ha sido calificado en los propios Estados Unidos como el terrorista más peligroso del Hemisferio? ¿Cómo puede arrogarse el derecho de juzgar a Cuba el gobierno que no ha sido siquiera capaz de responderle a Cuba si ese connotado terrorista, que fuera detenido en Panamá por preparar un atentado contra la vida del Presidente de la República de Cuba y fraudulentamente indultado por la Entonces Presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, en agosto de 2004, se encuentra en territorio norteamericano? ¿Por qué el gobierno de Estados Unidos somete a las más crueles condiciones carcelarias, a cinco jóvenes cubanos, luchadores contra el terrorismo, mientras acoge y da abrigo a los más connotados terroristas, responsables de los más graves crímenes, como lo hizo antes con otros tres terroristas cómplices de Luis Posada Carriles? ¿Cómo es posible que los países de la culta Europa, que se consideran paradigma de la defensa de los derechos humanos, sean capaces de copatrocinar un engendro en el que ni ellos mismos creen, mientras no dicen una sola palabra sobre el refugio que el gobierno de Estados Unidos brinda al terrorista que ha asesinado a decenas de cubanos, arrancándoles su derecho humano primario y fundamental: el derecho a la vida? ¿No es esa la prueba más patente de doble moral de la que esta Comisión puede ser testigo?

Los círculos de poder en Estados Unidos han demostrado ser los peores violadores de los derechos humanos en todo el mundo, con su historial probado de guerras de agresión y conquista; con los bombardeos indiscriminados de sus "armas inteligentes" contra poblaciones civiles, escuelas y hospitales; con la aplicación abusiva de la pena de muerte; con sus cacerías de inmigrantes mexicanos y latinos en la frontera del Río Grande; con su racismo endémico y estructural que afecta a su propia población afroamericana e indígena, víctimas principales de su siniestro sistema penitenciario.

El gobierno de George W. Bush, que ha hecho de Guantánamo un centro internacional de torturas, de Abu Ghraib un infierno de crímenes y vejámenes, y de Faluya una ciudad arrasada en el corazón de la antigua civilización mesopotámica, no posee la más mínima autoridad para erigirse en implacable fiscal de terceros.

El Sr. Bush también tiene un plan para Cuba. Bien lo sabe el pueblo cubano. Se trata de un verdadero catálogo de cómo quitarle los derechos conquistados: la democracia verdadera, la libertad, la dignidad, la educación, la salud, la vivienda, las tierras y la seguridad social. Pero nosotros tenemos otro plan. Tenemos claro nuestro destino. Sabemos por qué luchamos y qué es lo que queremos: una patria libre e independiente, una sociedad cada vez más justa, culta y democrática, más socialista. Y como revolucionarios que somos, eternos inconformes con nuestra propia obra, seremos capaces de seguirla defendiendo y perfeccionando. Ya lo estamos haciendo.

Cuba no se cansará de luchar. No se rendirá. No hará jamás concesiones. No apagará nunca su voz, ni tan siquiera en esta Comisión de los poderosos, donde repugnan tanta hipocresía, miedos y complicidades. Estaremos siempre junto a los que no se resignan, a los que apuestan por el valor de las ideas y los principios, a los que no renuncian al sueño de conquistar toda la justicia para todos en un mundo mejor.

Muchas Gracias.

 

 

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