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GENOCIDIO EN IRAK: 100 MIL CIVILES HAN MUERTO DURANTE LA GUERRA.

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La prestigiosa revista británica de medicina The Lancet ha publicado  en su más reciente edición una investigación sobre la muerte de civiles iraquíes en la guerra que Estados Unidos desató ilegal e injustificablemente contra esa nación árabe.                                      

 El estudio, patrocinado por varias instituciones norteamericanas y suizas,  denuncia la muerte de más de 100 mil civiles iraquíes desde el inicio de la guerra y refleja la responsabilidad de las fuerzas ocupantes con la mayor parte de esos crímenes. Cubadebate le ofrece a sus lectores fragmentos de un comentario introductorio de la revista y un resumen de esta importante investigación.

 

La guerra en Irak: bajas civiles y responsabilidad política (Comentario introductorio)

 

Esta semana The Lancet  publica el primer estudio científico de los efectos de esta guerra sobre los civiles iraquíes.

 

En una colaboración excepcional entre los Estados Unidos e Iraq, Les Roberts y colaboradores informan muchas más muertes en ese país desde que comenzó la guerra que durante el periodo inmediatamente anterior al conflicto. Gran parte de esta mayor mortalidad es consecuencia del clima de violencia que prevale en el país, y muchas de las bajas civiles que se describen se atribuyeron a las acciones de las fuerzas de la coalición. Esas conclusiones -y las tentativas de proyecciones de la mortalidad en todo el país que las avalan- tienen consecuencias de política inmediatamente traducibles para los encargados de la administración después de la invasión.

 

           La investigación que publicamos hoy se realizó en las circunstancias más difíciles, o sea, durante una guerra en curso. Por consiguiente, algunas limitaciones fueron inevitables y hay que reconocerlas inmediatamente. La cantidad de grupos de población escogidos para la muestra es pequeña; los intervalos de confianza alrededor de las estimaciones puntuales de mortalidad son amplios; el grupo de Fallujah tiene una mortalidad especialmente elevada y, por ende, es atípica con respecto al resto de la muestra; y evidentemente es posible que el recuerdo entre los entrevistados sea parcializado.

 

          Pese a esos desafíos inusuales, la observación central es convincente, a saber, que la mortalidad entre civiles desde la guerra ha aumentado debido a los efectos de los ataques aéreos.

 

En retrospectiva, y desde una perspectiva puramente de salud pública, es evidente que cualquier planificación que se hubiese hecho estaba seriamente errada. La invasión contra Iraq y el intento de imponer una democracia liberal por la fuerza, por si solos han sido insuficientes para llevar la paz y la seguridad a la población civil.  El imperialismo democrático ha conducido a más muertes, no a menos. Este fracaso político y militar sigue ocasionando muchas bajas entre los no combatientes. Es un fracaso que merece ser  tema serio de investigación. Este informe es más  que una investigación académica.

 


Mortalidad antes y después de la invasión de 2003 contra Iraq: Encuesta por grupos

 

Les Roberts, Riyadh Lafta, Richard Garfield, Jamal Khudhairi, Gilbert Burnham

 

Resumen                                         

 

Antecedentes: En marzo de 2003, las fuerzas militares, fundamentalmente de los EE.UU. y el Reino Unido, invadieron  Iraq. Hicimos una encuesta para comparar los niveles de mortalidad durante el período de 14,6 meses antes de la invasión con los 17,8 meses posterior a la invasión.

 

Métodos: Se realizó una encuesta en base a una muestra por grupos en todo Iraq durante septiembre de 2004.  Se entrevistó a 33 grupos integrados por 30 hogares cada uno acerca de la composición del hogar, los nacimientos y los decesos ocurridos desde enero de 2002.  Se recogieron los datos de los hogares sobre las defunciones, la fecha, la causa, y las circunstancias de muertes violentas. Evaluamos el riesgo relativo de la muerte asociada a la invasión y ocupación de 2003,comparando la mortalidad en los 17, 8 meses después de la invasión con el período de 14,6 meses que la precedió.

 

Conclusiones: Se estimó que el riesgo de muerte era 2,5 veces mayor (95% CI 1,6 a 4,2) después de la invasión en comparación con el período previo a la invasión. Las dos terceras partes de las defunciones se reportaron en un grupo de la ciudad de Fallujah. Si excluimos los datos de Fallujah, el riesgo de muerte es 1,5 veces (1,1 a 2,3) mayor después de la invasión. Calculamos que ocurrieron 98 000 muertes más de las previstas (entre 8000 y 194 000) después de la invasión fuera de Fallujah y muchas más si se incluye el grupo atípico de Fallujah.

 

Según la información recogida en 15 de los 33 grupos, las muertes violentas eran generalizadas, y se atribuían básicamente a las fuerzas de la coalición.

 

La mayoría de las personas presuntamente asesinadas por las fuerzas de la coalición eran mujeres y niños. El riesgo de muerte violenta en el período posterior a la invasión era 58 veces superior (95% CI 8,1 a 419) que en el período previo a la guerra.

 

Interpretación: Partiendo de supuestos conservadores, creemos que se han producido unas 100 000 muertes o más de las previstas desde la invasión de 2003 contra Iraq. La violencia es básicamente responsable del mayor número de muertes, y  los ataques aéreos de las fuerzas de la coalición la principal causa de violencia. Hemos demostrado que es posible reunir información sobre salud pública incluso durante períodos de violencia extrema.

 

Introducción

Se desconoce la cantidad de iraquíes muertos debido al conflicto o las sanciones desde la guerra del Golfo de 1991. Lo aducido va desde negar que ha aumentado la mortalidad, hasta millones de muertes más de las previstas. Según la Autoridad Provisional de la Coalición y el Ministerio de Salud de Iraq, el principal objetivo es reducir la mortalidad infantil a la mitad. Ahora bien, al no contar con ninguna encuesta, se han basado en los registros del Ministerio de Salud. Esos datos indican una disminución de la mortalidad de niños pequeños desde febrero de 2001 pero, como solo la tercera parte de las defunciones se producen en hospitales, tal vez esos datos no reflejen con exactitud las tendencias.  Hace más de un decenio que en Iraq no se realizaban encuestas, ni estimaciones basadas en censos, de la mortalidad bruta, y la estimación más reciente de la mortalidad de niños menores de cinco años procede de una encuesta demográfica patrocinada por el UNICEF que se realizó en 1999.

 

Los datos basados en la vigilancia de las morgues indican que la tasa de homicidios después de la invasión es muy superior a la tasa antes de la invasión. En Bagdad, ciudad de 5 millones de habitantes, se produjeron 3000 muertes relacionadas con armas de fuego en los primeros ocho meses de 2004 [13]. Un proyecto ha llevado un registro de la muerte de ciudadanos iraquíes asesinados por las fuerzas de la coalición reportadas en la prensa: en estos momentos las estimaciones oscilan entre 13 000 y 15 000 personas (http://www.iraqbodycount.net). Aparte de la probabilidad de que lo reportado por la prensa esté incompleto, esa fuente no registra las defunciones como resultado indirecto del conflicto armado.

 

Según otras fuentes, el número de víctimas fatales es mucho mayor. En un artículo reciente de la BBC que condena la falta de un conteo fiable de los civiles muertos a causa de la guerra en Iraq, Ken Roth, de Human Rights Watch, alega que "en el mejor de los casos solo se podría tratar de adivinar cuál es el costo civil definitivo" [14].

 

 Resultados

Las principales causas de muerte notificadas de los 14,6 meses anteriores a la invasión fueron el infarto del miocardio, los accidentes cerebrovasculares y las consecuencias de otras afecciones crónicas, lo que representa 22 (48%) defunciones notificadas. Tras el comienzo de la guerra, la violencia constituyó la causa de muerte más comúnmente notificada, incluidos (73/142 [51%]) o excluidos (21/89 [24%]) los datos sobre Fallujah, seguida del infarto del miocardio y los accidentes cerebrovasculares (n = 18) y los accidentes (n = 13).

 

Se observó un aumento de las muertes violentas durante la ocupación, una generalización de la violencia desde el punto de vista geográfico y muertes violentas notificadas en 15 de los 33 grupos (45%). La tasa de mortalidad específicamente por violencia aumentó 58 veces (95% CI 8·1- 419) durante el período posterior a la invasión.  De los 28 niños asesinados por las fuerzas de la coalición (edad media de 8 años), diez eran niñas, 16 varones, y dos eran lactantes (no se registró el sexo). Excepto un niño de 14 años,  todas esas muertes correspondían a niños de 12 años de edad o menos.

 

Las pruebas indican que la tasa de mortalidad fue más alta en todo Iraq después de la guerra que antes, incluso excluida Fallujah. De acuerdo con nuestras estimaciones, ocurrieron  98 000 muertes adicionales (95% CI 8000-194 000) durante el período posterior a la guerra en el 97% del territorio de Iraq, representado por todos los grupos, excepto Fallujah. En nuestra muestra de Fallujah, registramos 53 defunciones cuando sólo se preveía 1,4 de acuerdo con la tasa nacional del período anterior a la guerra. Ello indica una estimación puntual de unas 200 000 muertes adicionales en el 3% del territorio iraquí representado por este grupo. Empero, la incertidumbre de este valor es sustancial y supone muertes adicionales por encima de la tasa medida en el resto del país.

 

Análisis

 

La presente encuesta indica que el número de muertes asociadas a la invasión y la ocupación es probablemente de unas 100 000, y tal vez sea mucho más alta. Hemos demostrado que incluso en circunstancias extremadamente difíciles, se pueden compilar datos válidos, aunque con una precisión limitada. En este caso, la falta de precisión no impide una determinación clara del principal problema de salud pública en el Iraq, a saber, la violencia.

 

Existen varias limitaciones con relación al presente estudio. Lo más importante es que la calidad de los datos sobre los nacimientos, las defunciones y la composición de los hogares depende de la precisión de las entrevistas. 

 

En 63 de 78 (81%) hogares donde se trató de realizar las confirmaciones, los encuestados pudieron presentar el certificado de defunción del fallecido. Cuando los hogares no pudieron presentarlo, los entrevistadores consideraron en todos los casos que la explicación ofrecida era razonable, por ejemplo, la muerte había sido muy reciente, el certificado estaba guardado bajo llave y solo el esposo, quien no estaba en casa, tenía la llave. Creemos que es poco probable que se hayan registrado muertes falsas. Asimismo, los entrevistadores opinaron que, en la cultura iraquí, era improbable que los encuestados inventaran las muertes.

 

…la tasa de mortalidad de lactantes anterior al conflicto (29 defunciones por 1 000 nacimientos vivos) que registramos es similar a las estimaciones de países vecinos. En segundo lugar,  en el período de enero de 2002 a marzo de 2003, la tasa aplicada a los 366 nacimientos registrados en los hogares de la entrevista posteriores a la invasión proyectaría 10,4 muertes de lactantes, mientras que observamos que habían ocurrido 21. De éstas, tres se atribuyeron a los bombardeos provocados por la coalición y tres a nacimientos ocurridos en el hogar, cuando los agentes de seguridad impidieron el traslado al hospital para realizar el parto. En consecuencia, es perfectamente posible que la mayor parte del aumento de la mortalidad de lactantes esté relacionada con el conflicto, aunque reconocemos la posibilidad de que el sesgo del período de referencia de lugar a un aumento aparente de la mortalidad de lactantes.

 

El aumento en la mortalidad infantil que arrojan las entrevistas a las familias resulta consecuente con el bien documentado patrón que  se da en los conflictos armados.  Muchas madres informaron que, a partir de la invasión, decidieron dar a luz en sus casas por razones de seguridad. Resulta sorprendente que aparte del aumento en la mortalidad infantil  y en la tasa de muertes violentas, la  mortalidad en Iraq es similar al período previo a la invasión.  Esta similitud puede ser un reflejo de la eficiencia y desempeño del sistema de salud iraquí, o de la capacidad de la población para adaptarse a las condiciones de inseguridad.

 

Los sistemas de vigilancia pasiva a menudo son de poca sensibilidad y no debe sorprendernos el hecho de que el estimado de muertes causadas por la coalición que aparece en http://www.iraqbodycount.net sea de una tercera a una décima parte del estimado que arroja esta encuesta.  Lo que resulta particularmente revelador del sistema Iraqbodycount es que como sistema que vigila las tendencias, sus resultados se asemejan mucho a los arrojados por esta encuesta: la mayoría de las muertes ocurrieron tras el fin de las hostilidades en mayo de 2003, y la tasa de muertes de civiles ha estado aumentando en los últimos meses. 

 

Se ha citado mucho la frase del General estadounidense Tommy Franks de que "nosotros no contamos los cadáveres" (14).  Los Convenios de Ginebra establecen directrices bien definidas sobre las responsabilidades de los ejércitos de ocupación sobre la población civil que controlan.  El hecho de que más de la mitad de las muertes que según informes han sido causadas por las fuerzas de ocupación correspondan a mujeres y niños, es motivo de preocupación.  El Artículo 27 del Convenio IV de Ginebra, en particular, establece que las personas protegidas "…Siempre serán tratadas con humanidad y protegidas especialmente contra cualquier acto de violencia…". Resulta difícil comprender como una fuerza militar puede monitorear el grado de protección que reciben los civiles contra cualquier acto de violencia sin realizar un conteo permanente de los cadáveres o al menos analizar el tipo de bajas que inducen. Esta encuesta demuestra que con modestos recursos, cuatro semanas y siete  iraquíes miembros del equipo dispuestos a arriesgar sus vidas, se puede obtener un cálculo valioso del número de muertes de civiles.  Al parecer, las fuerzas de ocupación no tienen muchas excusas para no brindar un conteo más exacto.  Ante la importancia política de este conflicto, estos resultados deberán ser confirmados por un órgano independiente como el ICRC, Epicentro o la OMS.  Mientras tanto,  la decencia y un lógico interés propio exigen una reevaluación de las consecuencias del empleo de las armas que utilizan  las fuerzas de la coalición en zonas pobladas.

 

 

 

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