Artículos de Puntos DiVersos
Puntos DiVersos »
Con su habitual verborrea, brinda criterio de todo, y ya le han puesto de apodo “el parlanchín de la aldea”. No aporta una sola idea aunque emplee más de una hora sin ver cuánto se demora en una charla sin fin, porque se cree el hablantín que su discurso enamora. Dispara a diestra y siniestra, con tono hostil y arrogante, se convierte en un pedante que la palabra secuestra.
Destacadas