“Aterrizando” los efectos del calor global

Junio de 2024 hiló 13 meses consecutivos de temperaturas récord, provocando olas de calor prolongadas en muchos países. Foto: Reuters.
Muy a tono con los caminos por los que va este verano, vamos a hablar de calor. Ya en varias ocasiones hemos tocado el tema de las altas temperaturas a nivel global, su alarmante tendencia al aumento y las cifras récord a nivel regional y planetario. En casi todas hemos conversado sobre los efectos y consecuencias en el clima y en general en la naturaleza de este comportamiento, que influyen sobre los seres humanos de manera indirecta, pero no hemos tocado como es esta influencia de manera directa.
En un estudio publicado el pasado mes de junio en Nature Climate Change, una de revistas científicas más prestigiosas e influyentes del mundo en el campo de la investigación sobre el clima, precisamente se busca analizar el comportamiento a nivel global del estrés térmico en los seres humanos.
Los resultados revelan que el estrés térmico está cambiando no solo en intensidad, sino también en frecuencia, duración y extensión geográfica.
Estrés térmico
El estrés térmico se define como el desequilibrio fisiológico que sufre el cuerpo humano cuando la carga térmica neta (la combinación del calor que generamos internamente y el que intercambiamos con el ambiente) supera la capacidad del organismo para mantener su temperatura. Esto abarca los casos en que el organismo necesita calentarse y aquellos en que necesita disipar el calor que genera (enfriarse).
Por supuesto vemos que cuando las temperaturas (“ayudadas” por el comportamiento de otras variables) se van de un rango inducen sobre el organismo diferentes efectos, tanto si lo hacen hacia valores muy bajos como muy altos.
En este caso solo hablaremos de los valores altos, que generan estrés por calor. El estrés térmico (calor extremo) es la principal causa de mortalidad relacionada con el clima en el mundo y agrava enfermedades cardiovasculares, respiratorias y de salud mental.

Se espera que en el país las temperaturas aumenten a entre 40 y 42 grados Celsius. Foto: La Jornada
El estrés térmico por calor, como podemos tomar de la definición genérica, se refiere a la acumulación de calor corporal generado internamente por el uso de los músculos o externamente por el ambiente. Ocurre cuando el calor que el cuerpo absorbe del entorno supera su capacidad para disiparlo.
En el caso de este estudio se basaron en diferentes índices e indicadores: los valores de la sensación térmica, los días con estrés térmico por calor y las noches tropicales.
Hace uso del Índice Universal de Clima Térmico (UTCI por sus siglas en inglés), este índice es el estándar internacional para evaluar el confort térmico humano. Como otros índices que calculan la sensación térmica, busca medir el impacto de las temperaturas en el cuerpo humano. Tiene en cuenta la temperatura, la humedad, la velocidad del viento y la radiación ambiental.
Como todo cálculo de este tipo tiene sus limitaciones, que casi todas se originan por asumir condiciones iguales para características que en la realidad son diferentes. El UTCI modela a un individuo estándar y no considera variaciones por edad, aclimatación o composición corporal.
Está claro que hay personas que por su avanzada edad son mucho más vulnerables a los efectos del estrés térmico por calor, además que en ciertas regiones del mundo los individuos están más acostumbrados a lidiar con estas condiciones por características hasta genéticas. Por tanto en regiones donde son habituales condiciones de estrés térmico por calor, en la realidad los individuos nativos lo sufren menos que aquellos que no son oriundos.
A partir de ciertos valores del UTCI se define el estrés térmico por calor y el otro término, quizás el más llamativo: las noches tropicales se definen como aquellas en que la temperatura mínima no desciende de los 20 grados Celsius. Lo típico en condiciones de verano en nuestras latitudes, por lo que de seguro ya le suena más cercana esta terminología.
La comparación de los valores de la década de 1970 con la de 2015-2024 indica que la temperatura máxima de sensación térmica en los diez días más cálidos del año ha aumentado 0,27 grados Celsius por década desde los años 70, mientras que las mínimas nocturnas de los diez días más cálidos han aumentado aún más rápido, a 0,32 grados Celsius.
En la distribución de ambos valores extremos (máximo y mínimo) de la temperatura de sensación térmica podemos ver aquellas regiones en que han cambiado cada uno de ellos y se denota que es mayor la extensión de las zonas en que ha aumentado el valor mínimo diario, ya que incluso hay algunas regiones (aunque escasas) en que el valor máximo ha sufrido una disminución.

Las palabras de Rebecca Emerton, la autora principal, define como el calor nocturno tiene un papel cada vez más importante: “El calor nocturno se está convirtiendo en una parte cada vez más importante de la historia porque las noches cálidas reducen la oportunidad de que el cuerpo humano se recupere del calor diurno.”
El aumento de estas temperaturas de sensación térmica, aunque ha sido general no ha cambiado de la misma forma en todas las regiones del globo, como vimos en el mapa.
Las temperaturas máximas diarias de sensación térmica en los diez días más cálidos del año han aumentado en la mayoría de las regiones, con el calentamiento más fuerte en Europa, el norte de África y la Península Arábiga, donde los valores son hasta 4 grados Celsius y, localmente, 5 grados Celsius más cálidos que en los años 70. En otras regiones predominan aumentos de 2-3 °C.
Las mínimas nocturnas más cálidas han aumentado en casi todas partes, con los mayores incrementos en los extratrópicos del norte.
Con este aumento también se han incrementado los días de estrés térmico y las noches tropicales se han multiplicado a nivel mundial.
En el siguiente mapa vemos la diferencia numérica entre la década de 1970 y las de 2015 a 2024. En él se ve el aumento en casi todas las regiones de la cantidad de noches tropicales, aunque en algunas zonas ha existido una disminución, pero para nada comparable con los valores de incremento.
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Las expansión espacial de las zonas bajo estrés térmico por calor ha provocado que regiones no afectadas como el sur de América del Norte, el sur de Europa, el norte y sur de África, Sudamérica y Australia, experimentan ahora hasta 50 días más al año (poco más de la séptima parte del año) con al menos estrés térmico por calor fuerte que en los años 70.
En zonas donde es más común el calor fuerte también existe un aumento, pero de los días con estrés térmico por calor muy fuerte, e incluso se ha visto un aumento del rango extremo en partes del norte de África, la Península Arábiga, Australia y el oeste de América del Norte. Cuando vemos estos datos representados en un mapa resultan aún más impactantes.
Como mencionamos, en todos los continentes, las temperaturas de sensación térmica superan ahora los umbrales de estrés térmico por calor muy fuerte y extremo con más frecuencia que en los años 70. Por ello ha aumentado su frecuencia, pero no de manera uniforme, ahora ocurre 2.5 veces más en Europa y Sudamérica, 2 veces más en Norteamérica y 1,8 y 1,7 veces más en África y Oceanía respectivamente. En Asia el aumento ha sido menos pero ocurre un 20 por ciento más que antes.
La combinación de este comportamiento, indica que las temporadas con estrés térmico por calor son cada vez más largas, con comienzos más tempranos y finales más tardíos que en décadas anteriores.

Ola de calor en España. Foto: Archivo
Por ejemplo, en Europa una de las regiones con el cambio más pronunciado, el estrés térmico por calor moderado comienza ahora de media a mediados de mayo en lugar de principios de junio y persiste hasta casi octubre, mientras que el estrés térmico por calor fuerte comienza en junio en lugar de julio. Es por ello que la temporada más corta observada en los últimos diez años fue más larga que la temporada más larga registrada en los años 70.
Plantea dicho estudio que “El aumento de los días de estrés térmico por calor y de las noches tropicales también está impulsando un incremento de los eventos de calor compuestos —periodos en los que el estrés térmico diurno va seguido de noches tropicales—.
Estos eventos se han vuelto más frecuentes y prolongados a nivel mundial, especialmente en Europa, África y Norteamérica. En Europa, los eventos compuestos de un solo día han aumentado un 73 % desde los años 70, mientras que los eventos de 15 a 30 días son ahora 3,4 veces más comunes.”
Cuando llevamos estos números espaciales y temporales a cantidad de población expuesta, es de esperar que también haya un crecimiento, ya que “más personas están expuestas, durante más días y a un estrés térmico más intenso.”
Algunos datos de dicha publicación ilustran el impacto: “En los años 70, el 55 % de la población mundial experimentaba al menos 90 días de estrés térmico fuerte al año. En el clima actual, esa cifra ha aumentado al 70 %. La exposición a al menos un día de estrés térmico extremo ha pasado del 16 % al 22 % de la población mundial. Teniendo en cuenta el crecimiento demográfico, esto representa mil millones de personas adicionales que experimentan al menos un día de estrés térmico extremo al año.”
Entre las regiones en donde hay una mayor exposición poblacional al estrés térmico muy fuerte se incluyen África subsahariana, el sur y sudeste de Asia, la Península Arábiga y el Mediterráneo. Este incremento se analiza con datos a gran escala, por lo que condiciones locales que pueden exacerbar el estrés térmico por calor de manera puntual que no se tienen en cuenta.
Este estudio, nos “aterriza” un poco los efectos en la población de manera directa de la tendencia al incremento de las temperaturas a nivel global, otro “bombillo rojo” de alerta para un futuro cercano.
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