El relato del lector: Mi historia en tiempo de huracanes

Para los cubanos, el tema de los huracanes forma parte de nuestra cotidianidad, acompañándonos como un elemento más de la existencia. Nuestro archipiélago, por su posición geográfica, enfrenta cada temporada ciclónica los embates de estos fenómenos naturales, cuyos impactos hemos sufrido todos, en mayor o menor medida.
Tras el reciente paso del huracán Melissa, que provocó severos daños materiales en el oriente del país, desde Cubadebate extendemos una invitación a compartir esas historias que emergen en medio de la adversidad: relatos de heroísmo colectivo, de resistencia inquebrantable y de esa alegría que persiste incluso frente a las circunstancias más difíciles.
Los invitamos a enviarnos sus testimonios sobre cómo han enfrentado estas situaciones, qué enseñanzas han atesorado o qué momentos particulares los han marcado. No existen límites para la creatividad, pueden usar cualquier formato para contarnos una historia de resiliencia y humanismo.
Participar es muy sencillo. Pueden enviar su contribución al correo electrónico comentacubadebate@gmail.com, o publicarla directamente en la sección de comentarios de esta convocatoria. Para que cada voz tenga identidad propia y refleje su arraigo en nuestra fuerza colectiva, solicitamos que al final del relato incluyan su nombre completo, así como el municipio y la provincia donde residen.
Esta información es fundamental para otorgarle autenticidad y contexto a cada experiencia compartida, construyendo así, entre todos, el relato diverso y unido de nuestro pueblo.
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Soy Ventura Carballido Pupo de Holguín. MI hijo en el Cayo Santa María cuando el Irma 'Historias de Irma: El Orgullo de mis hijos y de mi gente
Por: Ventura Carballido Pupo
En este artículo: Ciclón, Cuba, Desastres Naturales, Holguín, Huracán, Huracán Irma, Villa Clara
12 septiembre 2017 | 5
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Historias de Irma, desde CubadebateEl huracán Irma ha generado y seguirá generando en la fase de recuperación muchas historias increíbles que con el tiempo formarán parte de la memoria colectiva de cada familia, de la sociedad cubana, de su noble pueblo, de nuestra Revolución.
Los historiadores comprometidos tenemos que ser los primeros en atesorar esos heroicos pedazos de hechos extraordinarios, sorprendente, donde en medio de una máxima de que Cuba y su Revolución, de forma responsable como siempre, priorizó en las vidas humanas todo su empeño, debe destacarse que algunos estuvieron en lugares peligrosos y con mucho riesgo cumpliendo con su deber como buenos dignos hijos de la patria de Fidel y Raúl.
Sin ánimo de protagonismo alguno me adelanto en ir emborronando algunas cuartillas y lo hago con mucho orgullo sobre dos hijos, en un acto de justicia con ellos, porque me considero el más claro conocedor de esta pequeña pero apasionante historia. No descarto que también sobre miles y miles de cubanos haya que escribir por sus conocedores.
Mi hija Anabel Carballido García, fue convocada para ocupar puesto en el polo de Guardalavaca ante el paso del peligro huracán. Ella tenía un convincente pretexto para no ir y quedarse al cuidado de sus dos niños pequeños, uno de cinco y otro de nueve año, y en su condición de soltera; sin embargo, decidió dejar sus seres más queridos a nuestro resguardo e ir al cumplimimiento del deber, como así lo hizo.
Mi otro hijo Alejandro de los mismos apellidos, formó parte de un pequeño grupo de trabajadores del turismo que luego que salieran todos los turistas de ese vulnerable entorno, se quedaron en el Cayo Santa María, al Norte de la Provincia de Villa Clara, todavía un poco incomunicado porque el pedraplén, única vía de acceso al lugar, fue fracturado en unas de sus partes por el fenómeno natural. Ahora junto con los demás compañeros en espera de las comunicaciones terrestre, está realizando las primeras labores recuperativas en instalaciones que quedaron muy afectadas y de las cuales tendremos noticias, cuando nuestros comunicadores pueden acceder al lugar.
Confieso que con la tensión que generó Irma, tuve que enfrentar las lágrimas de mi esposa, su progenitora, porque en prácticamente 72 horas no tuvimos comunicación con nuestro querido hijo. Sólo se calmó cuando, mediante un móvil satelital desde el cayo, en breves segundos nuestro hijo le dijo “vieja estoy vivo luego de haber pasado una película de horror”
El momento de las lágrimas de tristeza pasó para dar lugar las lágrimas de alegría, lágrimas de la satisfacción de vencer otro escollo en el camino de la Revolución y de ella; y este que escribe sentirse justificadamente orgulloso de sus hijos.
Ahora ellos, nosotros, ustedes, todos los cubanos, y con la solidaridad internacional, salir a trabajar para que el país vuelva a la normalidad lo más breve posible, resarciendo los daños, y dando continuidad a todos los proyectos económico sociales, para en medio de tanta destrucción material, hacer de este revés, otra victoria; para seguir por el camino revolucionario hasta alcanzar , la mejor opción para los cubanos y cubanas: un socialismo próspero y sustentable.
y mi propio hijo ahora Alejandro Carballido García con Melissa paso su cumpeaños 40 en su centro de trabajo en labores de resarcir daños y la nota de sus trabajadoresEl es Alejandro, él es nuestro jefe… pero más que un jefe, es nuestro líder, nuestro Delegado Territorial de #GaviotaOriente la persona certera que siempre está guiándonos y trabajando junto a nosotros para brindar un mejor turismo en nuestro destino.
El jefe (como todos le decimos), desde el paso del huracán Melisa no ha vuelto a su casa, trabajando incansablemente en la recuperación de nuestro polo, siendo para todos un ejemplo de compromiso y abnegación. Hoy domingo, esta de cumpleaños, pero no esta en su casa celebrándolo, continúa aquí, al frente de las tareas de recuperación y como no podía ser de otra forma, todo su equipo de trabajo, junto a él.
Gracias jefe, por ser siempre guía y ejemplo, feliz día ☺️— con Alejandro Carballido y
10 personas más
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Entiendo que en situaciones como estás nuestros máximos representantes en el gobierno a los diferentes niveles están muy ocupados tratando de resolver las tareas más apremiantes, precisamente por eso creo que debemos ser más activos para incluir a todos los ciudadanos en las tareas de recuperación, donde sea posible, sin que esto demandé recursos adicionales. Debemos de retomar los tiempos de grandes convocatorias a través de las organizaciones de masas.
Corría el 31 de agosto de 2008 en la Isla de la Juventud. Una situación atmosférica se nos venía encima, y los pobladores pineros, que conocíamos de ciclones y huracanes, nos disponíamos a enfrentar a Gustav, un poderoso ciclón que con categoría 5, algunos plantean que categoría 4, se acercaba a nuestra ubicación.
Por suerte pasaría en horas de la tarde, lo que daba un poco de esperanzas que no pasaría en la noche.
Cerca de las 430 pm se empiezan a sentir sus violentas rachas de viento. Era un Huracán poderoso en cuanto a vientos se refería, aunque llovió, no traía tanta agua como otros fenómenos anteriores y posteriores a él.
Previsores como siempre, habíamos retirado antenas, y todo objeto que pudiera volar con el paso de las rachas de viento.
En plena faena de enfrentamiento al huracán van cayendo las ventanillas del cuarto intermedio de la casa, una a una, hasta que el ventanal cae completo y decido cerrar el cuarto, para que no cree un cajón de aire dentro de la casa, pus si no estaría obligado a abrir una puerta y dejar que el aire circulara, con todo lo que esto implicaría...
La puerta de la terraza, de madera dura y con varios pestillos, empieza a temblar y los tornillos a aflojarse, rápido buscamos una cadena y entre varias mujeres y yo a aguantamos la puerta para que no se nos fuera y fuera mayor el desastre.
Se me olvidaba, varias vecinas fueron a resguardarse a mi casa, ubicada en el segundo piso de una biplanta en la localidad de Nueva Gerona. Yo era el único hombre de la casa en ese momento.
Era solo la parte izquierda del huracán, se venía la peor parte, el ala derecha del fenómeno, que siempre viene con más furia.
Pasa el ojo del huracán, fenómeno indescriptible, que vimos desde la rendija de una ventana, pues sabíamos que lo peor estaba por llegar.
En el techo de la casa teníamos un cuarto de desahogo de mampostería, el mismo era de tejas, durante el paso de la parte izquierda del ciclón las tejas volaron, cuando pasó la derecha nos dejó el cuarto en la 3ra hillera de bloques.
Cerca de las 8 de la noche supimos que ya había transitado el huracán por nuestro territotio. Basta con describir que la Isla de la Juventud parecía una zona de guerra, parecía como si la hubieran chapeado a 2 metros de altura. Nuestro famoso palmar, quedó sin ellas, una patana, barco de hierro de toneladas de peso y bien fijado al puerto, resguardado, producto de la subida de nivel del Río Las casas, rompe sus cabos, sogas o amarres bien robustos a prueba de fuerza, e irrumpe en la ciudad. Gracias a un poste eléctrico el hecho no resultó mortal. El poste, contra todos los pronósticos representó el pare a esta mole de hierro. Si digo que las casas estaban a solo unos metros del poste, sabrán de lo que hablo. Por si fuera poco, al doblar de casa, el ciclón fue capaz de sacar una palma real con sus raíces y ponerla arriba de la casa más cercana, por suerte no la tumbó, pues sino, varias personas no estarían haciendo el cuento. cerca del Hospital Municipal Héroes del Baire, una ambulancia militar sufrió de los embates de los vientos, y el ciclón, no solo fue capaz de volcarla, sino que la dobló alrededor de un poste de alumbrado público, la hizo una C alrededor del mismo.
Mientras el fenómeno azotaba a la Isla de la Juventud y luego a Pinar del Río, por la TV, el doctor Rubiera, lanza la frase de que la Isla salió del mapa, de los radares.
Hombres y mujeres de la Isla, trabajadores de Viamar, encargada de la transportación marítima entre los puertos de la Gerona y Batabanó, se encontraban reparando la embarcación Río Las Casas en ASTICAR, Santiago de Cuba. Al oir la frase de nuestro meteorólogo insigne, se le aguan los ojos hasta al más pinto. Mi papá estaba entre ellos. La comunicación es infructuosa, los daños eran incontables. Más de un mes pasamos sin comunicación, mi padre sin saber de nosotros y nosotros sin saber de él. Al tiempo de pasar el ciclón y ya estar en la Isla, mi papá y yo decidimos comprarnos un celular, la necesidad nos hizo darnos cuenta de la utilidad de los mismos.
Luego supimos que a su salida de Pinar del Río, Gustav tumbó un aparato encargado de medir las fuerzas de los vientos de fenómenos atmosféricos, y no fue tanta la sorpresa, cuando presentaron la imagen del mismo, y vimos la aguja, que mide la intensidad de los mismos, pegada al límite de equipo. Si era categoría 4 o 5, nadie lo sabe a cientcia cierta. Solo sé que sopló como nunca y los daños fueron incalculables...No quisiera vivir otra experiencia como esa...
Crónica: La Noche que Rugió Melisa
El miedo, en el oriente cubano, no comenzó con el agua, sino con el sonido. Una queja larga y baja, como de un gigante despertando de mal humor, fue la primera advertencia de que Melisa, la furiosa diosa categoría 4, había llegado para reclamar su territorio. Era la tarde del 28 de octubre, y el cielo, de un plomizo enfermizo, presagiaba el infierno que se avecinaba.
Al principio, el viento era un silbido insistente, un sonido casi musical que se colaba por las rendijas de las puertas y ventanas, selladas con esmero y desesperación con tablas y cinta aislante. Pero Melisa no era paciente. En cuestión de minutos, el silbido se transformó en un rugido. No es una metáfora; era un rugido gutural, profundo, que parecía surgir de las entrañas de la tierra misma. Era el sonido de mil locomotoras desbocadas atravesando el cielo a la vez, un estruendo continuo que no daba tregua, que anulaba el pensamiento y encogía el alma.
Las casas, otrora refugios de serenidad, se convirtieron en cajas de resonancia del pavor. El ruido era una entidad viva. Golpeaba las paredes con furia, ¡BAM! ¡BAM!, como un ariete gigante decidido a derribar cualquier resistencia. Se podía escuchar, con horrible claridad, el crujido de la madera sometida a una tortura extrema, el tableteo frenético de las tejas de zinc al ser arrancadas de cuajo —un sonido metálico y agudo, como de latas siendo trituradas— y el estallido sordo y seco de los árboles centenarios que cedían, partiéndose el espinazo con un quejido final.
Dentro de las viviendas, la desesperación se palpaba. No era un silencio de resignación, sino un terror activo y húmedo. Familias enteras se apiñaban en los baños o bajo las mesas, sus caras eran máscaras pálidas iluminadas por la tenue luz de las velas que bailaban con cada ráfaga. Los niños, antes intranquilos, ahora lloraban en silencio, aterrorizados por el monstruo invisible que quería entrar. Los adultos intercambiaban miradas cargadas de un entendimiento sombrío; eran miradas que preguntaban "¿y si la pared cede?" sin necesidad de palabras.
El sonido más aterrador no era el impacto, sino el vacío que seguía a un estruendo particularmente fuerte. Era el segundo de silencio robado al huracán, inmediatamente lleno por gritos o rezos entrecortados. Se podía oír el viento colándose por donde fuera, un silbido endemoniado que se convertía en un aullido al encontrar una nueva rendija. La presión cambiaba tan rápido que zumbaban los oídos y se sentía un dolor sordo en el tímpano.
Y luego, el agua. No una lluvia, sino una catarata horizontal. Golpeaba los cristales —milagrosamente intactos o estallando en una lluvia de diamantes mortales— con tal fuerza que parecía que el mar entero había sido lanzado contra la ciudad. El rugido del viento ahora tenía un acompañante: el fragor del agua arrasándolo todo, llevándose consigo macetas, muebles, recuerdos.
La noche se hizo eterna. Diez, doce horas en las que el mundo se redujo a ese cuarto, a ese grupo de personas, y al rugido ensordecedor de Melisa. No había afuera. Solo existía el interior, un frágil cascarón, y el exterior, un infierno de viento y ruido que quería devorarlo todo.
Cuando el rugido comenzó a ceder, no fue con un final, sino con un lento desvanecerse. El tren de mil locomotoras se alejaba, dejando tras de sí un silencio nuevo, pesado, roto solo por el goteo del agua y el llanto de alivio de alguien, en alguna parte. Al amanecer, Santiago de Cuba salió a ver el rostro de su verdugo. Y el paisaje, desolado y mutilado, confirmó lo que el rugido de Melisa había anunciado toda la noche: que la naturaleza, en su furia, no pide permiso.
Miguel Medina Jiménez, Santiago de cuba
Un maldito nombre de Mujer.
No sé si Melissa es el peor huracán, pero no cabe duda que es el más mediático.
Las valoraciones de las personas dependen de muchos factores. La intensidad del meteoro, qué tan cerca pasa por la zona en que vives, si estás a la izquierda o derecha y a qué distancia. Dentro de la misma ciudad, el lugar donde habitas, cuáles son los materiales de tu viviendas o que tan previsor fuiste.
Recuerdo un spots de un colega que aprecio que lo percibió como la peor experiencia de su vida en 61 años.
En mi caso vivo en segunda planta con amplios ventanas de cristales que sí la apocalipsis que se anunciaba se cumplía no había lugar seguro en ninguna habitación, excepto el baño.
Con la casa vacia solo esperaba en solitario a Melissa en solo 10 metros cuadrados; Así que pasada la odisea y sin daño en el inmueble, solo pude evocar a una película de la época soviética de forma irónica, "aquí los amaneceres son apacibles" y llegar a la conclusión que después de todo ella sí era terrible, pero sinceramente me preparé para algo peor, consciente que la valoración es muy subjetiva e injusta cuando el golpe de la información recibida me devuelve a la triste realidad.
Hay muchos árboles caídos y miles de personas sin fluido eléctrico y agua potable.
Sabemos que las pérdidas en la agricultura serán enormes y las personas afectadas, en sitios vulnerables, es un hecho doloroso e impactante.
Tal vez suframos como nunca la vuelta a la normalidad, al sobrepasar la realidad el impacto esperado, agudizado por las limitaciones materiales presentes y la interrogante ciudadana sí hay conciencia real de la magnitud de los problemas a que nos enfrentamos y la necesidad de volcar al país y sus centros de toma de decisiones a la solución en el sitio de las dificultades.
En una carrera loca contra el tiempo y a favor de la vida, de eso se trata. Las prioridades: electricidad, agua y alimentos accesibles al bolsillo, quién no lo sabe.
A pesar de todos nos recuperaremos,
por aquello de que hay mucho amor y deseo de vivir de los cubanos.
Jose Zayas. Bayamo. Granma