Luis David, voluntario de la Cruz Roja en Matanzas: “Pensé que no íbamos a salir de ahí”

Luis David, voluntario de la Cruz Roja en Matanzas. Foto: Andy Jorge Blanco/ Cubadebate
A las cuatro de la mañana del sábado la dirección del viento cambió en el norte de Matanzas. No hubiera sido un dato relevante si no fuera porque el aire varió el rumbo del humo, y del fuego, y del vapor. Los llevó hacia el segundo tanque. Y alguien gritó: “¡Corran, que esto va a explotar! ¡Corran, coño!”. Y la gente se desprendió, corrió, y “no me puedo morir aquí”, y el fuego ardía, y “esto se jodió, coño”, y la gente corrió, pero no corrió tanto. El vapor les quemaba la nuca.
Poco después de las cuatro de la madrugada explotó por completo la caldera del primer tanque. Desde la tarde del viernes ardía, luego de que un rayo impactara ese depósito de combustible en la Base de Supertanqueros de Matanzas.
Luis David Castillo Corrales –treinta y seis años, voluntario de la Cruz Roja en Matanzas– estaba a cien metros de allí, cerca de los tanques de agua que abastecen el sistema contra incendios de la Base. Un fuego intenso se alzó e iluminó toda la ciudad. Los matanceros en vilo. El tanque se rajó y expulsó el crudo, y el fuego parecía tragarse todo aquello, engullirse lo que tuviera cerca.
“Empezó a salir crudo y les cayó arriba a varias personas que no se pudieron rescatar. Nosotros tuvimos que retirarnos y llevarnos a la mayor cantidad de personas posible. Esa llamarada provocó una ola de vapor grandísima. La radiación de ese vapor, de ese fuego, fue lo que nos quemó a todos los que estábamos allí”, cuenta Luis David desde el comando de bomberos, ubicado en la zona industrial de Matanzas. Una venda le cubre el cuello. Señala las heridas en la nuca y las orejas, lo que explica que el fuego vino de atrás.
Apagar el incendio –dice– es difícil, pero se puede trabajar en disminuir la temperatura. “En ese momento se le echaba agua en una pipa para el enfriamiento, pero después estaban como 10 minutos sin echar agua hasta que llegaba la otra pipa. En ese tiempo el fuego lo que hacía era avivarse. Eso pudo ser uno de los factores de todo, más el cambio del viento”.
Cuando el primer tanque se abofó en la madrugada del sábado y el fuego se levantó con rabia, Luis David corrió hacia la maleza: “Nos metimos tras las hierbas que tenían más de dos metros de altura. Nos cubrimos con las hierbas. Luego salimos, rescatamos a algunas personas y nos mandamos a correr. Hubo personas que entraron en pánico y fue difícil. Hubo un momento en que pensé que no íbamos a salir de ahí”.
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Mientras señala una de las carpas que establecieron como puesto de mando a un kilómetro del incendio, Luis David dice que “por culpa de ese cabrón que está allá adentro, el marido de mi jefa, es que estoy en la Cruz Roja hace seis años”. Se ríe y dice que “lo metió a la fuerza”. Entró a formarse como rescatista luego de graduarse de Ingeniería Industrial en la Universidad de Matanzas. Aprendió de primeros auxilios, rescates en tierra, agua y cuerda. “No es entrar a la Cruz Roja por entrar, tiene que predominar el valor humano”. Luis David, voluntario de la Cruz Roja, estaba a cien metros del incendio cuando ocurrió otra explosión y él sintió que se quemaba.
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A las cinco de la tarde del viernes 5 de agosto, una llamada de la jefa del grupo de Rescate y Salvamento de Matanzas lo hizo correr. Había explotado uno de los tanques de la Base y debía estar con urgencia en los almacenes de la Cruz Roja para recoger los equipamientos. De allí salieron a la zona del siniestro, organizaron los grupos y relevos. Uno de los equipos se quedó fuera, otro, más experimentado, se aproximó al fuego. Luis David fue de los que entró. Dice que ellos no pensaban en la vida ni en la muerte, sino en las personas que estaban allí y cómo sacarlos si sucedía lo peor.
La espesa nube de humo negro no cesaba. Chillaban las sirenas constantemente, sirenas de bomberos, sirenas de ambulancias, sirenas de patrullas. Sirenas arrancándole el silencio a esta ciudad. Y la escena le confirmaba a Luis David que nunca antes había vivido un momento como aquel en los seis años que lleva de voluntario en la Cruz Roja. Ni en rescates en cuevas, ni en el mar, ni en las circunstancias más duras.
Tras la primera explosión lograron rescatar a siete personas y llevarlas en una camioneta hasta el Hospital Pediátrico. En el camino dieron los primeros auxilios. “Viramos para la escena y allí explotó otro tanque más, levantando un hongo de más de 200 metros de altura, un hongo de fuego que nos hizo retirarnos por completo. En esos momentos estábamos a un kilómetro de la caldera. Cuando llegamos el tanque número dos ya estaba incendiado y explotó. Eso fue casi al amanecer.
“De regreso al puesto de mando yo lloré, solito, en la guagua, me senté y lloré. Pensé que los compañeros míos de años, amigos, familia, no nos íbamos a ver”.
El miedo…
“Siempre tenemos que tener miedo. Es lo que nos hace mantenernos vivos. Si vamos sin miedo vamos muy confiados y cualquier cosa pensamos que es pasajera. Y nosotros no somos Superman, ni Aquaman. No somos superhéroes. Somos humanos como todo el mundo. No nos podemos guiar por la emotividad. Tenemos que tener los nervios bien plantados. Cada vez que nos movilizan es para muertos, es la realidad. Y vemos cosas muy desagradables. Sé que ahorita nos vamos a enfrentar a eso. Tenemos que entrar nada más que se logre recuperar esa zona del fuego. Tenemos que ir a ver si los cuerpos están”.
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A la medianoche regreso al cuerpo de bomberos. Pregunto por Luis David. Me dicen que no saben. No lo han visto. Bomberos y rescatistas meriendan y se acuestan sobre colchones que han ubicado a la intemperie. Uno le dice a otro: “Aquí el jefe eres tú”. Y recibe por respuesta un “yo no soy jefe de nada, aquí todos estamos en lo mismo”.
No veo a Luis David. Debe estar dentro, en medio de aquel infierno de humo, buscando a nuestra gente.
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cuántos héroes anónimos.... Fuerza muchachos, Cuba premiará vuestro heroismo.
Hay que tener mucho amor en el pecho, para hacer cosas como esas, en las que el valor se sobrepone al miedo. Benditos los hombres que llenos de amor batallan por sofocar el incendio. Que se cuiden mucho y que sabiamente puedan cumplir con su deber. Aqui hay un pueblo agradecido y orgulloso que confia en su valor y los admira y pide por sus vidas y su salud.
LUIS DAVID FUISTE MUY VALIENTE QUE DIOS TE PROTEGA Y TE ILUMINES.