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De letras a acciones violentas

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Desde hace horas, el algoritmo se las ingenia para mostrarme publicaciones sobre los más recientes acontecimientos en el ámbito reguetonero en Cuba. En las redes sociales se ha viralizado un video en el que se ve a un empleado de seguridad agredir violentamente a una joven que se sube al escenario en un concierto de Oniel Bebeshito en Camagüey.

Los hechos acontecieron durante un evento artístico el pasado fin de semana, como parte de un grupo de presentaciones que el “cantante del momento” se encuentra realizando por algunas zonas del país.

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando el intérprete de “Marca mango, marca mandarina” se encontraba en el escenario, una joven se abalanzó sobre él con la presunta intención de abrazarlo, siendo detenida por el personal de seguridad que se dispuso a retirarla del área. Hasta ahí, todo pudiera parecer una normal y justificada acción; pero de pronto, uno de los agentes de seguridad, de robusta complexión, agredió con extrema violencia a la menuda muchacha que, resalto, ya había sido neutralizada.

En el video se aprecia con total claridad, como la toma fuertemente del cabello, le aplica una maniobra y la lanza coléricamente desde la altura del escenario, ante el asombro de algunos presentes; mientras que otros y otras gritaban frenéticos que la sacaran de allí y que continuara el espectáculo; como si la violencia no importara, como si esa joven no fuera una persona que merece respeto, como si la diversión justificara el abuso.

Me indigna la acción en sí, la violencia desmedida, el apañamiento, el desinterés por el semejante, la falta de empatía. La ausencia de sororidad más que evidente en los gritos de mujeres clamando por escarmiento para otra mujer. Y mientras escuchaba sus gritos, pensaba en Ana Betancourt, esa mujer irreverente y patriota, que, en esa misma tierra camagüeyana, alzó su voz por los derechos de las mujeres, convirtiéndose en un referente de la defensa de la emancipación femenina, tanto en Cuba como en Latinoamérica.

Un asunto es el deber y otro el atropello. ¿Cuándo se naturalizó la violencia de género? ¿Puede un pullover con las letras SEGURIDAD dar carta blanca para que se cometa una injusticia? ¿Tienen los contenidos de las canciones de música urbana responsabilidad en la indiferencia ante la violencia?

Nuestra sociedad se erosiona por la pérdida de valores, en medio de un éxodo significativo que repercute en la cotidianidad educativa, productiva y de desarrollo de la nación, que también batalla contra la feroz penetración cultural y la industria del entretenimiento que somete incluso, al ejercicio del pensamiento. Aun así, no podemos pasar de largo ante hechos como este, ni esquivar la mirada.

Si bien las letras de las canciones de la música urbana no son causales de la violencia; para nadie es un secreto que muchas temáticas de sus composiciones exaltan el abuso a la mujer, la cosifican, la menosprecian, la reducen a elemento sexual; y esto, unido a otras variables sociodemográficas, culturales y educativas, se vuelve una potente influencia de transmisión de valores a la juventud que es el principal público de ese género musical.

Incluso, vemos como nuestros jóvenes llegan a cuestionar los valores transmitidos por la familia y el sistema educativo. Corean las líricas que ponderan las relaciones tóxicas y glorifican las expresiones violentas. Un estudio reciente realizado en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua aborda las repercusiones psicosociales que afectan a los estudiantes que escuchan el género musical trap y señala que presentan “cambios de comportamiento inadecuados de igual forma en la manera en que se expresan, que tienen un lenguaje inapropiado y que los cantantes de este género musical están imponiendo moda, antivalores y perdida de cultura”.

Este texto no es un ataque al género, ni siquiera al “artista”, pero sí un llamado de atención a la sociedad, a las autoridades responsables, al personal de seguridad, al equipo de producción, al personal de cultura de la provincia, a todos y cada uno de nosotros que habitamos este archipiélago. Nada justifica la violencia. Nadie tiene el derecho de ejercer la fuerza bruta contra otra persona, además, en clara posición de desventaja.

Tenemos responsabilidad como consumidores, como padres, como sociedad en general, sobre lo que nuestros hijos escuchan y dónde lo escuchan, porque tristemente estamos siendo testigos de cómo se pasa de letras a acciones violentas.

Se han publicado 86 comentarios



Este sitio se reserva el derecho de la publicación de los comentarios. No se harán visibles aquellos que sean denigrantes, ofensivos, difamatorios, que estén fuera de contexto o atenten contra la dignidad de una persona o grupo social. Recomendamos brevedad en sus planteamientos.

  • Raúl Sánchez Cordovi dijo:

    Mal proceder con la muchacha que irrumpió en el escenario contra el artista. Cierto es que hay una respuesta desproporcionado y nada profesional. Deben responder los responsables y autores. Pero hay que recordar que en los años 70 cuando tocaban las orquestas populares con letras que incitaban a la violencia y vulgares se producían muchas agresiones que resultaban en fallecidos, heridos y mutilados.....navajazos, machetazos, disparos, lanzamiento de bengalas...eso ocurría con los Van Van, Irakere, los Reyes 73, la Monumental, Los Bocucos, Los Latinos, la Ritmo Oriental.....en los 90 sucedía lo mismo con las grandes actuaciones de rap, rock y demás ritmos incluidos los de la Charanga Habanera y otras agrupaciones......siempre han existido letras y actuaciones simples y groseras....no es de ahora...y habían instituciones culturales, radio y televisión....

  • Osvaldo Cartaya dijo:

    A estas horas ya debería estar formulada la denuncia ante las autoridades competentes, los responsables de tamaña agresión deben responder ante la ley. La FMC también debe tomar cartas en el asunto. A las mujeres, no se daña ni con el pétalo de una rosa.

  • Idania dijo:

    Lo más triste es que la policía estaba ahí y no hizo nada tampoco y entonces Programa de Adelanto a las Mujeres?

  • Gustavo dijo:

    El usar letras chabacanas en canciones y permitir su uso exagerado en motociclistas es una cuestión que a diario vemos y no existe autoridad que le ponga freno. A veces utilizan esa música en algunos sitios a demoras de la noche y en cualquier lugar y tampoco se le pone freno . Sería mucho pedir que se tomen medidas al respecto? Gracias

  • Gerardo Iglesias Montero dijo:

    Si bien todas las letras del género urbano no invitan a la violencia, sí una buena parte de ellas, y al final es el género quién exhibe esa violencia simbólica. No obstante, para mí es verdaderamente chocante el hecho de la existencia de esos "SECURITY" ( casualmente en inglés). ¿Acaso son otra clase de Mypime? ¿Ya no hacen falta los agentes del orden oficiales? Pues como se puede apreciar, aparecen al final del vídeo, como en las películas del sabado.

  • Rey dijo:

    Lo que cometió ese individuo con la muchacha es un delito y EXIJO que sea juzgado por ese acto de agresión. Además, que se le retire la licencia a ese lugar donde ocurrieron los hechos. Y que se llame a capítulo al "artista", por propiciar con su espantoso anti-arte, el marginalismo y la agresividad

  • DavidS dijo:

    Alguien medianamente normal podría esperar algo bueno de algún reguetonero o re partero...que para el caso es lo mismo?
    Perdón, pero para mi deberían estar vetados todos, tanto en la radio como en la televisión.
    Nos harían un gran favor, de veras

  • MGP dijo:

    Hace poco tiempo, por el Canal Clave, tuve la posibilidad de volver a ver una grabación de los Van Van en las que Pedrito Calvo cantaba y varias muchachas subían al escenario, pero la reacción de este artista era bailar junto a ellas. Para nada, a pesar de la fama de esta agrupación se apreció maltrato o violencia, con las que no se pudieron contener disfrutar desde abajo del escenario. Cierto cada época y cada generación tienen sus propias claves, pero nada justifica la violencia. Es triste ver estas acciones, en los conciertos de "estos famosos"

  • bello dijo:

    Hace unos años, jaco pastorius, excelente bajista y uno de los mejores exponentes de ese instrumento dentro del jazz, sufrió un ataque de un guardia de seguridad, que para colmo era versado en artes marciales, resultado: victima del brutal ataque, jaco llegó inconsciente al hospital, nunca recuperó el conocimento y calló en estado de coma, para luego morir, lamentablemente, estaría bueno saber, en qué condiciones quedo la admiradora de nuestro artista del momento, a lo mejor, ni se inmutó con lo qué pasó y continuó brindando de su arte......

  • RA dijo:

    Ojalá que el volumen de comentarios sea medida del rechazo a este acto, e implique una denuncia a su autor. Es un abuso de ese hombre contra esa mujer, que pudiese haber sido contra cualquier otra persona. El abuso de autoridad es también condenable. Incluso como bien dicen en otros comentarios esa autoridad no la da un mero impreso de Seguridad en su vestimenta.
    ¡Por el bien de la Patria!

  • Yuleiski Moré Arma dijo:

    Totalmente de acuerdo con tu comentario, Day. Ahora solo falta que se tomen medidas ejemplarizantes contra esta persona. No podemos seguir naturalizando la violencia; al parecer no es suficiente con que las letras de las canciones esas reproduzcan los estereotipos de género y dejen en desventaja a las mujeres. Mucho se ha hecho y se hace en nuestro país para lograr la igualdad y equidad de género. No a la violencia.

  • Tico dijo:

    La violencia en los conciertos es algo que también veo con mucha preocupación. Pero somos tan insensibles que solo preocupa nuestra vida, el otro "no es familia mía".

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Daylén Vega Muguercia

Daylén Vega Muguercia

Periodista cubana. Realizadora audiovisual. Directora General de la Casa del ALBA Cultural y el Centro Multimedial y de Prensa del MINCULT. Integrante del proyecto Mujeres Al Sur. Colabora con Cubadebate y otros sitios digitales.

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